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jueves, 3 de septiembre de 2020

La confianza

"Es muy importante permanecer abiertos y ser receptivos a lo que podamos aprender de otras fuentes, pero, en definitiva, es mi vida la que tengo que vivir, y eso solo puedo hacerlo “yo” en este momento. Al practicar la atención plena, asumimos la responsabilidad de ser nosotros mismos y de aprender a escuchar nuestro propio ser y a tener confianza en él. Paradójicamente, cuanto más cultivemos esta confianza, más fácil nos parecerá confiar en otras personas y ver también en ellas su bondad básica".

Jon Kabat-Zinn




Confianza es la creencia, esperanza y fe persistente que alguien tiene, referente a otra persona, entidad o grupo en que será idóneo para actuar de forma apropiada en una situación o circunstancia determinada; la confianza se verá más o menos reforzada en función de las acciones. Este término también es usado para referirse a la seguridad que tiene un ser en sí mismo.

Confiar etimológicamente tiene que ver con "vivir con “fe”, con fiarse de que algo que no sabemos con certeza va a funcionar. Y esto es una habilidad que se puede cultivar. No obstante, la confianza nace en nosotros, no tiene que ver el afuera, con lo que ocurre a nuestro alrededor. Normalmente nos sentimos confiados cuando las cosas salen como nosotros nos esperábamos, y dejamos de confiar y empezamos a dudar cuando el mundo no responde a nuestras expectativas. Confiar implica andar con seguridad más allá de la incertidumbre y del miedo que nos acompañe en cada paso que damos, sin saber qué ocurrirá en el momento siguiente.

 Mientras que la confianza nos lleva a la alegría y por tanto nos hace más libres, la desconfianza deriva en el miedo y por tanto nos reprime.  La confianza requiere tomar riesgos, entre ellos depositar las expectativas en los otros y por tanto el comportamiento de los otros se escapa de nuestro control. 
Entrenar la confianza supone aprender a darse a uno mismo, sin cargar con lo anteriormente vivido. De este modo, cuanto más cultivamos la confianza en nosotros mismos, más podremos confiar en nuestras relaciones, en la naturaleza, etc….

Confiar conlleva otras dos actitudes implícitas: ser confiable y ser confiado. Para ser una persona confiable debemos empezar por tener confianza en nosotros mismos y esto, a su vez, requiere que nos conozcamos. Y ser confiados no significa ser ingenuos, pero sí requiere de una actitud inicial al abordar a otra persona: no juzgar, no permitirnos prejuicios sobre esa persona. Con el mindfulness, nos damos un corto espacio de tiempo antes de responder y en ese espacio de tiempo estamos observando bidireccionalmente: hacia el mundo exterior y hacia nuestro mundo interior. Hacia el mundo exterior con cierto candor y hacia nuestro mundo interior con curiosidad y objetividad.Ser confiados es dar el beneficio de la duda a los demás; confiar en nosotros mismos, porque nos conocemos, nos hace más confiables.

En la vida estamos sometidos a la duda, la incertidumbre, el temor... Por eso es importante tener al actitud de confiar en uno mismo y en que las cosas irán bien dentro de lo que podemos controlar sin angustiarnos ni paralizarnos en la duda.

Para mí es fundamental esforzarme en la confianza por ejemplo cada mañana al levantarme. Muchas  veces me doy cuenta de que me repito que estoy cansada, harta, que no soy capaz de afrontar la jornada laboral y sé que si me dejo llevar por esos pensamientos cargados de desconfianza en mí misma y en mis capacidades al final el día será más duro porque estaré más triste y más a la defensiva.

si por lo contrario hago el esfuerzo activo de no dejarme llevar por esa tendencia derrotista y catastrofista y me recuerdo que sí puedo, que soy capaz, que no pasa nada, que basándome en mi propia experiencia lo más seguro es que pueda afontar el día sin que pase  nada que no pueda resolver, me sentiré más tranquila y con más fuerzas para seguir adelante. 

No se trata de una confianza ciega e infundada, sino de darse ánimos a una misma para poder seguir adelante con la vida.



https://conceptodefinicion.de/confianza/
https://escuelatranspersonal.com/confianza-actitud-mindfulness/
https://www.mindfulnessparati.com/actitudes-fundamentales-del-mindfulness-2-dejar-ir-confianza-paciencia/
https://www.almudenadeandres.es/confianza-y-mindfulness/

jueves, 11 de abril de 2019

Aceptación


La aceptación radical es “reconocer con claridad lo que estamos sintiendo en el presente, de manera que podamos lidiar con esa experiencia con compasión”. Tara Brach




Con origen en el término latino "acceptatio", el concepto de aceptación hace referencia a la acción y efecto de aceptar. Este verbo, a su vez, está relacionado con aprobar, dar por bueno o recibir algo de forma voluntaria y sin oposición. Se suele distinguir entre aceptar las ideas de otro y compartirlas: en el primer caso, no es necesario estar de acuerdo, por otro lado, compartir indica claramente que se piensa del mismo modo.


Aceptar es abandonar una lucha hacia algo que no tiene solución y buscar otros caminos que nos permitan vivir como nos gustaría, de acuerdo a nuestros valores. 
Practicar la aceptación radical simplemente significa que estás reconociendo la realidad, que reconoces lo que sucedió o está sucediendo, porque luchar contra ello solo intensificará tu reacción emocional. La práctica de la aceptación radical no significa sumisión ni resignación pasiva sino que abre el camino a la resolución de los problemas. Si no te gusta algo, lo primero que debes hacer es aceptar que eso está ocurriendo, porque si estás demasiado ocupada luchando contra esa realidad, no tendrás suficiente energía para cambiarla o mejorarla.

La aceptación radical es una técnica que forma parte de la Terapia Dialéctica Conductual desarrollada por Marsha M. Linehan, una psicóloga de la Universidad de Washington, aunque ha sido Tara Brach, psicóloga y profesora de meditación y budismo, quien la ha popularizado. De hecho, la aceptación radical tiene sus raíces en la filosofía budista, según la cual es fundamental abandonar las expectativas irreales, que son las que alimentan el sufrimiento.
Según Tara Brach, la aceptación radical es “reconocer con claridad lo que estamos sintiendo en el presente, de manera que podamos lidiar con esa experiencia con compasión”. Carl Rogers también se refirió a la aceptación: “La curiosa paradoja es que solo puedo cambiar cuando me acepto a mí mismo tal como soy”. Y hace ya varios siglos William James escribió: “La aceptación de lo que ha sucedido es el primer paso para superar las consecuencias de cualquier desgracia”.

La aceptación radical significa aceptar la vida como es sin resistirse a todo aquello que no podemos cambiar. Por tanto, implica decir sí a la vida, tal como es, tal como viene. Sin embargo, combatir la realidad y resistirse a ella solo crea sufrimiento. Mientras que el dolor es inevitable en la vida, el sufrimiento es opcional. El sufrimiento es lo que te sucede cuando te niegas a aceptar el dolor. El dolor viene de situaciones que no podemos evitar como la enfermedad, la muerte y la pérdida en general. El sufrimiento viene de la resistencia a aceptar que esos hechos que nos causan dolor ocurren y que no podemos cambiarlos, lo que genera rabia, ira, frustración que nos paralizan en el proceso de aceptación del dolor.



De hecho, neurocientíficos de la Universidad de Harvard comprobaron que cuando no somos capaces de aceptar lo ocurrido y pasar página, las vivencias emocionales traumáticas se quedan grabadas como huellas dolorosas en nuestro cerebro, y cada vez que se activan generan sufrimiento. 
La aceptación no significa aprobar la maldad, las injusticias o las desigualdades en la vida.  Nos puede ayudar a ver las cosas de manera más clara y cómo son. Ver por qué las cosas ocurren de la manera como lo hacen.  Al hacer una pausa para aceptar y observar cómo son las cosas y por qué, aumentamos las oportunidades de hacer mejores selecciones y llevar a cabo acciones más sabias que pueden llevarnos a mejorar la situación o al menos a no crearnos un sufrimiento que es innecesario. 

El pararse a conocer las cosas y a nosotros mismos antes de actuar de forma impulsiva e irreflexiva movidos por el sufrimiento y la emoción permite generar un proceso de reflexión, aceptación de lo externo y de nosotros mismos y abre la posibilidad de vivir más intensa y plenamente el presente y la realidad de que estamos vivos en este preciso instante. Debemos amar primero y aceptarnos antes de amar y aceptar a otros.  
Vivimos inmersos en un mundo en el que prima la acción. La reflexión y la contemplación están devaluadas en el seno de una sociedad capitalista y finalista. Sin embargo, centrarse en el ser, en lugar del hacer permite vivir con aceptación, calma y no apegarse a emociones y pensamientos que conducen al sufrimiento. Permitirse ser, no lanzarse a juzgar y hacer, facilita un estado de conexión más íntimo con nuestra propia esencia y nuestra humanidad.