jueves, 15 de diciembre de 2016

Garza es mi pena

Fuera menos penado si no fuera
nardo tu tez para mi vista, nardo,
cardo tu piel para mi tacto, cardo,
tuera tu voz para mi oído, tuera.

Tuera es tu voz para mi oído, tuera
y ardo en tu voz y en tu alrededor ardo,
y tardo a arder lo que a ofrecerte tardo
miera, mi voz para la tuya, miera.

Zarza es tu mano si la tiento, zarza,
ola tu cuerpo si lo alcanzo, ola,
cerca una vez, pero un millar no cerca.

Garza es mi pena, esbelta y triste zarza,
sola como un suspiro y un ay, sola,
terca en su error y en su desgracia, terca.

Miguel Hernández, El rayo que no cesa, 1936



Este soneto prodigioso, uno de los de más compleja construcción arquitectónica del siglo XX, pertenece a esa colección de sonetos que constituyen en su esencia El rayo que no cesa, el libro que consagró a Miguel Hernández como poeta, recibiendo elogiosas palabras incluso de Juan Ramón Jiménez.

El eje del poema es el amor esquivo. El poeta ama a la amada y la desea, anhela su cuerpo, cómo no.Se cree que el poema puede estar referido a su relación con la que fue su mujer, Josefina Manresa, una muchacha sencilla de Orihuela condicionada por la moral provinciana que impedía las relaciones sexuales antes del matrimonio. Miguel está en Madrid y expresa dramáticamente esa tensión erótica y poética que plantea el petrarquismo
También hay que decir que Miguel está experimentando una crisis de crecimiento poético que le llevará a acercarse a la poesía de Pablo Neruda (Residencia en la tierra)  y Vicente Aleixandre (La destrucción o el amor) y se alejará del influjo clasicista y neocatólico de Ramón Sijé, al que le dedicará una elegía extraordinaria, tras su muerte, pocas semanas  antes de la publicación del libro El rayo que no cesa (24-01-1936).
A partir de este libro, Miguel se alejará del soneto y se dará al verso libre más radical que estallará junto con la guerra civil en ese libro tenso y rabioso que es Viento del pueblo.


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