Mostrando entradas con la etiqueta Melancolía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Melancolía. Mostrar todas las entradas

domingo, 18 de abril de 2021

Sola, perduta, abbandonata...

 Sola, perduta, abbandonata

in landa desolata! Orror!
Intorno a me s’oscura il ciel.
Ahimè, son sola!
 
E nel profondo deserto io cado,
strazio crudel, ah,
sola, abbandonata, io la deserta donna!
Ah, non voglio morir!
 
Tutto dunque è finito.
Terra di pace mi sembrava questa!
 
Ah, mia beltà funesta
ire novelle accende –
strappar da lui mi si volea;
or tutto il mio passato orribile risorge,
e vivo innanzi al guardo mio si posa.
 
Ah, di sangue s’è macchiato!
Ah, tutto è finito!
 
Asil di pace ora la tomba invoco.
No, non voglio morir!
Amore, aita! No!

De la ópera Manon Lescaut, G. Puccini, libreto de varios autores sucesivos

(sola, perdida, abandonada/ en tierra desolada, ¡Horror!/ entorno a mí se ocusrece el cielo/ ¡ay de mí, estoy sola!/ y en elprofundo desierto me caigo/ desgarro cruel, ay/ sola, abandonada, yo, la mujer desierta/ ah, no quiero morir!/ Todo entonces ha terminado/ tierra de paz me parecía esta/ ah, mi belleza funesta/ ha encendido nuevas iras/ me querían arrancar de él/ ahora todo mi pasado horrible resurge/ y vívido frente a mi mirada se muestra/ ah, de sangre está manchado!/ ah, todo ha terminado!/ como descanso de paz la tumba invoco/ no, no quiero morir!/ amor, ayuda, no!)




Este aria final de Manon, cuando tras mucho luchar de forma incansable y denondada por su vida, por su paz y su amor acaba muriendo sola y abandonada en el desierto, transmite la angustia de la desesperación extrema. No sólo la de Manon en esta historia, sino que como toda gran obra toca sentimientos universales y profundos. 
La pimera vez que la escuché no pensé en la historia de la obra, pensé en mi propia angustia, en mi propia soledad, en la angustia y soledad del ser humano que se siente vencido por la vida, por los azares y reveses de la fortuna y que finalmente ya no puede luchar más.
El dolor de la soledad y de la incomprensión, la ausencia de la mano amiga, del abrazo, de alguien que enjugue tus lágrimas y te diga que no te preocupes, que todo va a ir bien, que vas poder seguir, que no todo está acabado. 
El grito desesperado de ¡no quiero morir! sabiendo que estás muriendo por dentro, que la vida carece de sentido pero que la última esperanza asoma persistente y atávica en el fondo del corazón porque la vida es lo único que tenemos y la muerte la certeza más grande.
La petición de auxilio que nadie va a escuchar enmedio del desierto del corazón humano, de la soledad inefable de quienes sufren, de la vida carente de asideros, de una sociedad individualista y descarnada que no recoge a quienes no pueden más. 

https://lyricstranslate.com/es/giacomo-puccini-sola-perduta-abbandonata-lyrics.html

martes, 4 de agosto de 2020

Sonríe, aunque la vida te vaya en ello

La sonrisa es uno de los reflejos simples más valorados en la sociedad contemporánea. Aquellos que sonríen con frecuencia son considerados más amigables, competentes, sociables e incluso más atractivos. Sonreír nos acerca al resto de personas (y al resto de los mamíferos). Evidentemente, estamos hablando de sonrisas genuinas, no las artificiales que se saben que no son sinceras y que también percibimos. 


Sonreímos a menudo para expresar disfrute y satisfacción y eso no depende de la cultura a la que pertenezcamos. De los 19 tipos de sonrisas -reflejados en un estudio de la Universidad de San Francisco, en California, Estados Unidos- sólo 6 ocurren cuando estamos pasando un buen momento. El resto se produce cuando sentimos dolor, vergüenza, incomodidad, horror o cuando estamos tristes. Lo que se conoce como una sonrisa "sentida" o "Duchenne" y está asociada con sentimientos genuinos de placer y felicidad. 

Mientras que las sonrisas genuinas existen como una recompensa en momentos en que hemos hecho algo bueno para nuestra supervivencia, las que no están vinculadas con el bienestar tienen menos que ver con cómo nos sentimos y más con lo que le queremos mostrar a los demás. Muchas son un gesto amable para demostrar que estamos siguiendo las reglas, pero también pueden ser una forma efectiva de manipular a los demás o distraerlos de nuestros verdaderos sentimientos. Con mucha frecuencia, este símbolo universal de la felicidad se usa como una máscara.


De hecho, en el ámbito de la Psicología existe lo que se conoce como “depresión sonriente”. Esta persona brinda una apariencia de normalidad e incluso de felicidad, porque vive los síntomas de la depresión en su interior. En sentido general, la sonrisa equivale a un mecanismo de defensa, es una máscara que sirve para ocultar un estado. Un estudio particularmente interesante realizado en la Universidad Estatal de Michigan ha analizado el impacto de una sonrisa falsa en nuestro estado de ánimo.

Desde muy pequeña me han intentado inculcar que debía sonreír siempre, me sintiera como me sintiera. Mi abuela me decía cada vez que veía mi semblante serio "sonríe, la vida es bella". Y no dudo de que lo hiciera con buenas intenciones. Pero como ya hemos visto, una sonrisa forzada es una máscara que no sólo no produce bienestar sino que puede inducir estados de ánimo negativos como tristeza, irritabilidad y ansiedad.

Estamos en una sociedad en la que se valora la apariencia por encima de todo y por eso en incontables ocasiones la sonrisa es esa máscara de la que hemos hablado, ya para ocultar sentimientos dolorosos o simplemente para encajar y agradar. Sin olvidar los mandatos de género, que imponen que las mujeres debemos estar siempre sonrientes y complacientes. ¡Cuántas veces de niña y adolescente gente ajena, sobre todo viejos verdes, me gritaban por la calle sin conocerme de nada: "sonríe, que estás más guapa" o "¿y esa carita tan seria por qué?"!

La sonrisa es un código social que tenemos muy interiorizado, hasta el punto de que hay auténticos expertos en la sonrisa falsa, esa que a mí personalmente (y según los estudios a la mayoría de humanos mínimamente empáticos) me produce un rechazo y una repugnancia enormes. Por hipócrita, por falsa, por mentirosa, por impuesta. Porque no me fío del que siempre sonríe sin mostrar ninguna emoción.


No tengo nada en contra de la sonrisa genuina, de hecho me encantaría poder sonreír más, pero por lo que sea, no puedo. Y muchas otras personas tampoco. Y eso resulta desagradable, la falta de sonrisa resulta incómoda, porque es como quitarse esa máscara de lo socialmente aceptable y de la positividad tóxica. No nos gustan las emociones verdaderas, nos gustan las máscaras porque nos dan seguridad. No estamos preparados para afrontar las emociones negativas, ni en nosotros mismos ni en los demás. 
Hay que gritar a los cuatro vientos "sonríe, la vida es bella", "todo va a salir bien", "no te preocupes, no es para tanto" y seguir huyendo hacia delante hasta morir con la sonrisa puesta. 
Porque más vale morir con la máscara puesta que vivir sin sonreír.




https://lamenteesmaravillosa.com/poder-una-sonrisa/

lunes, 10 de febrero de 2020

Depresión y suicidio, cómo ayudar.

Tuve una amiga muy querida que se suicidó.
Cuando eso ocurrió yo estaba viviendo lejos de ella, el trabajo nos había separado y aun así me siento culpable de no haber podido ayudarla más.



Ella era una persona que llevaba años con depresión, que no seguía los tratamientos y tendía a automedicarse. A veces era frustrante ser su amiga, porque tenía rachas en que no cogía el teléfono, no contestaba a los mensajes, no era posible contactar con ella. Cuando estaba bien era una persona entrañable, divertida, empática, con ganas de hacer cosas nuevas...
En aquella época ambas estábamos lejos de nuestras respectivas tierras y de nuestras familias, y apenas nos teníamos la una a la otra. El entorno laboral en el que estábamos era hostil y muy exigente a nivel profesional y emocional.
Yo no supe lo que le pasaba hasta que intentó suicidarse por primera vez. Sabía que tenía problemas, que se sentía sola, pero poco más. Esa primera vez yo no me enteré de nada, las compañeras de trabajo lo ocultaron y cuando volví de unas vacaciones sólo supe que estaba de baja. Se hizo un silencio sepulcral en torno al intento de suicidio de nuestra compañera y amiga. No se hablaba de ello en un entorno en el que tratábamos con personas con trastornos mentales. Admitir que una de nosotras era vulnerable y estaba sufriendo era como admitir que éramos humanas igual que nuestros usuarios y que podíamos enfermar también.


Creo que fui la única que habló con ella del tema, que le preguntó y que le insistía en que buscara ayuda profesional fuera de nuestro entorno. No porque yo fuera mejor o más solidaria o mejor amiga, sino porque la depresión es mi vieja compañera de viaje y sabía perfectamente por lo que estaba pasando. También sabía que lo que más necesitas es tener a una persona de tu lado que te escuche, que esté ahí y que te perdone todas tus neuras y altibajos. Creo que lo intenté al menos. Claramente no fue suficiente.

De las otras compañeras sólo percibía un interés superficial, porque al fin y al cabo, ¿quién quiere hablar del suicidio?, ¿quién tiene la capacidad de manejar todo lo que este tema remueve sin sentirse perturbada? Hubo incluso alguna compañera profesional de la salud mental que se atrevió a hacer su diagnóstico con juicio de valor incluido como si no estuviéramos hablando de una amiga, sino de un "caso" que no le concernía.
Sí, a todas nos concernía que una compañera dentro de un equipo de salud mental estuviera mal y que se hubiera intentado suicidar, pero ni siquiera en un entorno del que se podría esperar algo de comprensión y apoyo hubo una reacción no solo para ayudarla a ella, sino para detectar qué estaba ocurriendo y protegernos a todas de algo tan frecuente en un trabajo así como el burn-out.



Al final, poco después de que yo tuviera que marcharme de allí, ella lo volvió a intentar y lo consiguió. Se le hizo un homenaje, se le pusieron ramos de flores y se celebraron misas, pero la realidad es que ella estaba sola, aislada y agobiada por un trabajo altamente demandante a nivel emocional. Nadie se dio cuenta, nadie se le acercó, pero todos decían después del fatal desenlace que "no estaba bien". ¿Qué hicimos por ella?
No sé si había algo que pudierámos haber hecho para salvarla. No sé qué habría pasado si algunas de las circunstancias que la rodearon en sus últimos meses hubieran cambiado, pero sí sé que necesitaba dejar de trabajar y estar con su familia, y que alguien la ayudara a pedir ayuda dado que ella era incapaz habría sido determinante.

Cuento todo esto para recordarnos a todos que las personas con depresión necesitan ayuda, y que es difícil ayudarlas, y muchas veces una labor ingrata, pero tal vez al llamar, al apoyar, al ir a ver a alguien le estemos salvando la vida. Nadie quiere estar mal ni sufrir, nadie se queda en el sofá o en la cama días o tardes enteras porque sea una vaga, nadie pierde la ilusión por la vida porque sí.



La melancolía es una losa en el pecho que paraliza, un agujero negro en el corazón que impide sentir, una nube en la mente que impide pensar, es la falta de alegría y de razones para vivir.
Nos dicen que pidamos ayuda, que no nos callemos ni nos encerremos en nosotros mismos, pero luego resulta que muy poca gente es capaz de dar una respuesta a quien se atreve a decir que está mal y necesita apoyo. Nadie quiere lidiar con ello, nadie sabe lo que tiene que hacer o decir. La depresión genera rechazo y cansa, porque encima es aburrida y tediosa, da mal rollo, y oye, mira, yo no soy una ONG, no tengo por qué comerme esto. Que la ayude su familia, que vaya al médico, que se tome las pastillas.
Y no, no es así. Todas las personas que rodean al depresivo pueden ayudarlo sin comprometerse demasiado. Basta con una llamada, un paseo, un abrazo, una sonrisa, sólo con estar ahí ya se puede salvar a alguien. Porque no hay que ser profesional, ni una ONG, ni familia, basta con ser persona, con empatizar, con dar un poco de cariño y de tiempo. Y sí hay que tener paciencia.
Pero es que el depresivo no se tiene paciencia, se desespera, lo ve todo negro y las ideas de muerte y de suicidio aparecen con facilidad ante un fin de semana de soledad, de 48h de encierro sin escuchar una voz amiga o recibir un abrazo.

Ayudad, ayudemos, no dejemos tiradas a las personas que más lo necesitan, que tienen la vida pendiente de un hilo. Que no vuelva a ocurrir lo que le pasó a mi amiga.


domingo, 20 de octubre de 2019

Winter Blues, más que una simple tristeza invernal

El trastorno afectivo estacional (TAE o SAD en inglés), depresión estacional, depresión invernal o winter blues, es un trastorno del estado de ánimo caracterizado por la presencia de síntomas de depresión durante una cierta época del año, generalmente en invierno.​ Regularmente, los síntomas se manifiestan al final del otoño o principios del invierno y desaparecen durante el verano. Un tipo menos común ocurre durante el verano; comienza al final de la primavera o inicios del verano y desaparece durante el invierno. En cualquiera de los casos, los síntomas pueden ser leves al principio y agravarse a medida que avanza la estación.


La prevalencia de la enfermedad es mayor en lugares con noches invernales de mayor duración.​ Se cree que el TAE es causado «por la respuesta del cerebro a la disminución de la exposición a la luz natural», lo que provoca niveles bajos de serotonina y melatonina, encargados de regular los ciclos de sueño y vigilia y el estado de ánimo. La “estacionalidad” se encuentra en unas cifras de aproximadamente un 6% en la población estadounidense en sus formas más severas, ampliándose hasta un 14% extra en formas más leves (estas formas leves son denominadas por el autor como “tristeza invernal”, y son una forma parcial del síndrome afectivo-estacional, menos incapacitantes que éste). No se encuentran diferencias entre grupos étnicos, clase social, trabajos… aunque sí hay diferencias en cuanto al sexo, siendo 4 veces más común entre las mujeres, y también en cuanto a la edad, apareciendo con más frecuencia en el grupo de edad comprendido entre 20 y 40 años. La depresión estival aparece  en una proporción de 1 de cada 4 pacientes con SAD. El empeoramiento invernal más prevalente en Europa y EEUU, pero en las sociedades japonesa y china, tienen un importante número de depresión estival.


En los casos de depresión de invierno, los síntomas más comunes son: cambios en el apetito, aumento de peso, fatiga, somnolencia (poco común en otros tipos de depresión), desesperación, irritabilidad, ansiedad y anhedonia.​ Se ha comprobado que la exposición repetida a luces brillantes (como el caso de lámparas fluorescentes) es efectiva como tratamiento, probablemente por la implicación de la luz en la restauración de los niveles de serotonina.


Los síntomas que forman el núcleo del SAD, son: SAD como crisis energética: con la aparición de importante fatiga, que imposibilita la realización de actividades habituales como levantarse a las mañanas, trabajar o poner el lavaplatos Cambios en los ritmos y apetencias por las comidas: preferencia por hidratos de carbono, que se objetiva a nivel de la clínica en un aumento de peso del paciente durante el invierno, con disminución de éste durante la primavera-verano. Problemas cognitivos: como disminución de la concentración, de la productividad, del interés, de la creatividad… imposibilidad para finalización de tareas, dificultades en las relaciones interpersonales. 

Me gustaría también llamar la atención sobre el escaso número de casos con clínica estacional depresiva importante informados en la sociedad española, quizás por una infraestimación del problema, quizás por enfrentarnos a otras tasas  de prevalencia. Más frecuentes son los cambios estacionales que clásicamente han acompañado a los trastornos bipolares. En cualquier caso, en nuestra sociedad la mayoría de profesionales no se plantean la terapia lumínica como una primera opción de tratamiento en un episodio depresivo mayor (a pesar de estudios refiriendo el comienzo precoz de actuación comparado con la terapia farmacológica). Es más, aunque así fuera, nos encontraríamos con la dificultad del suministro de las cajas lumínicas en este país. Tras tener mayor información acerca de este tema, que está bien sustentado a nivel científico, probablemente esto sea una tendencia a cambiar de forma progresiva.
 
La terapia lumínica es muy eficaz en el TAE
https://www.mayoclinic.org/es-es/diseases-conditions/seasonal-affective-disorder/symptoms-causes/syc-20364651
https://www.aperturas.org/articulo.php?articulo=0000409

lunes, 6 de agosto de 2018

qué solos se quedan los muertos... y los vivos


Rima LXXIII
Cerraron sus ojos 
que aún tenía abiertos, 
taparon su cara 
con un blanco lienzo, 
y unos sollozando, 
otros en silencio, 
de la triste alcoba 
todos se salieron. 

La luz que en un vaso 
ardía en el suelo, 
al muro arrojaba 
la sombra del lecho; 
y entre aquella sombra 
veíase a intérvalos 
dibujarse rígida 
la forma del cuerpo. 

Despertaba el día, 
y, a su albor primero, 
con sus mil rüidos 
despertaba el pueblo. 
Ante aquel contraste 
de vida y misterio, 
de luz y tinieblas, 
yo pensé un momento: 

?¡Dios mío, qué solos 
se quedan los muertos! 



De la casa, en hombros, 
lleváronla al templo 
y en una capilla 
dejaron el féretro. 
Allí rodearon 
sus pálidos restos 
de amarillas velas 
y de paños negros. 

Al dar de las Ánimas 
el toque postrero, 
acabó una vieja 
sus últimos rezos, 
cruzó la ancha nave, 
las puertas gimieron, 
y el santo recinto 
quedóse desierto. 

De un reloj se oía 
compasado el péndulo, 
y de algunos cirios 
el chisporroteo. 
Tan medroso y triste, 
tan oscuro y yerto 
todo se encontraba 
que pensé un momento: 

¡Dios mío, qué solos 
se quedan los muertos! 



De la alta campana 
la lengua de hierro 
le dio volteando 
su adiós lastimero. 
El luto en las ropas, 
amigos y deudos 
cruzaron en fila 
formando el cortejo. 

Del último asilo, 
oscuro y estrecho, 
abrió la piqueta 
el nicho a un extremo. 
Allí la acostaron, 
tapiáronle luego, 
y con un saludo 
despidióse el duelo. 

La piqueta al hombro 
el sepulturero, 
cantando entre dientes, 
se perdió a lo lejos. 
La noche se entraba, 
el sol se había puesto: 
perdido en las sombras 
yo pensé un momento: 

¡Dios mío, qué solos 
se quedan los muertos! 



En las largas noches 
del helado invierno, 
cuando las maderas 
crujir hace el viento 
y azota los vidrios 
el fuerte aguacero, 
de la pobre niña 
a veces me acuerdo. 

Allí cae la lluvia 
con un son eterno; 
allí la combate 
el soplo del cierzo. 
Del húmedo muro 
tendida en el hueco, 
¡acaso de frío 
se hielan sus huesos...! 

* * * 

¿Vuelve el polvo al polvo? 
¿Vuela el alma al cielo? 
¿Todo es sin espíritu, 
podredumbre y cieno? 
No sé; pero hay algo 
que explicar no puedo, 
algo que repugna 
aunque es fuerza hacerlo, 
el dejar tan tristes, 
tan solos los muertos.


G.A. Bécquer


Solos se quedan los muertos, pero qué más da, porque no se dan cuenta.
Más solos están los vivos, los que como tristes espíritus habitan ciudades muertas
Los que muertos de pena viven la tristeza del mundo sin humanidad.
Los que sólo hallan entre sus semejantes rechazo y desdén,
Quienes en su sensibilidad herida sólo chocan las risas crueles de los vivos.
Vivos los que ríen, follan, comen, matan, rompen, destruyen
Los muertos buscan la fosa solitaria y fría para no ser testigos mudos
de vuestra viva orgía de anestesia destructiva.
Dejad solos a los muertos en vuestro egoísmo.

viernes, 2 de marzo de 2018

Las peras y el olmo


Yo sé que no se le pueden pedir peras al olmo.
Lo que es triste es tener un peral que no dé peras, ni sombra ni cobijo ni nada.
Para eso querría tener un olmo.
Sabría qué esperar de ese árbol.
Pero de mi peral, no sé ya qué esperar.
A veces me gustaría arrancarlo, de la rabia que me da.
Me gustaría que se secara de una vez y junto con él todas mis esperanzas.
Pero tengo un peral, un peral fuerte y joven, que debería dar peras, y de hecho las da, para otros, pero para mí no.
Y no lo consigo entender. Por qué para mí no hay peras, qué hecho yo para no merecerlas.
Si no tuviera un peral, sería distinto.
Llevaos mi peral, por favor.
Os lo ruego, lleváoslo.
No lo quiero ver más.
Dadme un olmo, un olmo pequeño que me recuerde que no me merezco las peras.

martes, 2 de enero de 2018

El tabú del suicidio y el desprecio al suicida

Empecemos con datos objetivos de la OMS:
"Anualmente, cerca de 800 000 personas se quitan la vida y muchas más intentan hacerlo. Cada suicidio es una tragedia que afecta a familias, comunidades y países y tiene efectos duraderos para los allegados del suicida. El suicidio se puede producir a cualquier edad, y en 2015 fue la segunda causa principal de defunción en el grupo etario de 15 a 29 años en todo el mundo".
"El suicidio no solo se produce en los países de altos ingresos, sino que es un fenómeno global que afecta a todas las regiones del mundo. De hecho, en 2015, más del 78% de los suicidios en todo el mundo tuvieron lugar en países de ingresos bajos y medianos".
"El suicidio es un grave problema de salud pública; no obstante, es prevenible mediante intervenciones oportunas, basadas en datos fidedignos y a menudo de bajo coste. Para que las respuestas nacionales sean eficaces se requiere una estrategia de prevención del suicidio multisectorial e integral".
Suicidio de Sócrates

"Si bien el vínculo entre el suicidio y los trastornos mentales (en particular los trastornos relacionados con la depresión y el consumo de alcohol) está bien documentado en los países de altos ingresos, muchos suicidios se producen impulsivamente en momentos de crisis que menoscaban la capacidad para afrontar las tensiones de la vida, tales como los problemas financieros, las rupturas de relaciones o los dolores y enfermedades crónicos. Además, las experiencias relacionadas con conflictos, desastres, violencia, abusos, pérdidas y sensación de aislamiento están estrechamente ligadas a conductas suicidas. Las tasas de suicidio también son elevadas entre los grupos vulnerables objeto de discriminación, por ejemplo, los refugiados y migrantes; las comunidades indígenas; las personas lesbianas, homosexuales, bisexuales, transexuales, intersexuales; y los reclusos. Con diferencia, el principal factor de riesgo de suicidio es un intento previo de suicidio."
Se estima que la presencia de enfermedades mentales al momento del suicidio varía entre el 27​ y más del 90% de los casos. La mitad de las personas fallecidas por esta razón podrían haber padecido un trastorno depresivo mayor.
Los suicidios son prevenibles. Existen algunas medidas que se pueden adoptar entre la población, los grupos de población y las personas para prevenir el suicidio y los intentos de cometerlo.
"El suicidio es un problema complejo y, consiguientemente, las actividades de prevención exigen la coordinación y colaboración de múltiples sectores de la sociedad, incluidos los de salud, educación, trabajo, agricultura, comercio, justicia, derecho, defensa, política y medios de comunicación. Esas actividades deben ser amplias e integradas, dado que ningún enfoque individual por separado puede tener efecto en una cuestión tan compleja como el suicidio."

"En todo el mundo es insuficiente la disponibilidad y calidad de los datos sobre el suicidio y los intentos de suicidio. Solo 60 Estados Miembros disponen de datos de registro civil de buena calidad que se pueden utilizar directamente para estimar tasas de suicidio. La calidad insuficiente de los datos sobre mortalidad no es un problema exclusivo del suicidio, pero dada la sensibilidad de este fenómeno y la ilegalidad de las conductas suicidas en algunos países es probable que la subnotificación y la clasificación errónea de casos sea un problema más significativo en lo que respecta al suicidio que a otras causas de defunción."

Oficialmente, en España se registraron 3.602 muertes por suicidio en 2015, último año con datos del INE. Se quitaron la vida 2.680 hombres y 922 mujeres. Es, con mucha diferencia, la principal causa de muerte no natural. El número de muertes por suicidio que figura en el INE no coincide con el de los Institutos de Medicina Legal. Un estudio en 16 provincias de España realizado por el Instituto de Medicina Legal de Sevilla encontró 563 suicidios sin registrar, solamente en 2007.
El equipo de la epidemióloga Mercè Gotsens ha contrastado con fuentes forenses el número de suicidios entre 2004 y 2006 en Barcelona que consta en el Registro de Mortalidad del INE. Los archivos del Instituto de Medicina Legal de Cataluña revelan la falta de validez de los datos del INE. “Solo el 40% de las defunciones que realmente eran suicidios se codificaron como tales en el Registro de Mortalidad”, detalla Gotsens, de la Agencia de Salud Pública de Barcelona. El nuevo estudio de las investigadoras de la Universidad de Cantabria muestra una tasa media anual de 95 suicidios por cada millón de habitantes en España. Es una cifra baja, comparada con la tasa media mundial de 114 suicidios por cada millón de personas.  “En España no hay programas de prevención en el ámbito nacional. Los que hay son pilotos y muy limitados en personal y recursos”. De hecho, las muertes en carretera eran la primera causa de muerte no natural en 2007 y han pasado en 2013 al quinto lugar gracias a campañas y medidas, que según los investigadores, deben aplicarse ahora a los suicidios.

"Las estrategias eficaces de prevención del suicidio requieren un fortalecimiento de la vigilancia y el seguimiento de los suicidios y los intentos de suicidio. Las diferencias transnacionales en los patrones de suicidio y los cambios en las tasas, características y métodos de suicidio ponen de relieve la necesidad de que cada país mejore la integridad, calidad y oportunidad de sus datos concernientes al suicidio. Esto incluye el registro civil de suicidios, los registros hospitalarios de intentos de suicidio, y los estudios representativos a escala nacional que recopilen información sobre intentos de suicidio autonotificados." (OMS)
Para hacer frente a este fenómeno la OMS y las autoridades y expertos en tema abogan por que las instituciones dejen de considerar este asunto como un tabú y pongan en marcha campañas de prevención en las escuelas y centros de salud ya que es un problema que no va a desaparecer pero puede limitarse con una rápida detección.

La OMS reconoce que el suicidio es una prioridad de salud pública. El primer informe mundial de la OMS sobre el suicidio, «Prevención del suicidio: un imperativo global», publicado en 2014, procura aumentar la sensibilización respecto de la importancia del suicidio y los intentos de suicidio para la salud pública, y otorgar a la prevención del suicidio alta prioridad en la agenda mundial de salud pública. También procura alentar y apoyar a los países para que desarrollen o fortalezcan estrategias integrales de prevención del suicidio en el marco de un enfoque multisectorial de la salud pública.
El suicidio es una de las condiciones prioritarias del Programa de acción para superar la brecha en salud mental establecido por la OMS en 2008, que proporciona orientación técnica basada en pruebas científicas con miras a ampliar la prestación de servicios y atención de problemas de salud mental, neurológicos y abuso de sustancias. En el Plan de acción sobre salud mental 2013-2020 los Estados Miembros de la OMS se comprometieron a trabajar para alcanzar la meta mundial de reducir las tasas nacionales de suicidios en un 10% para 2020. Además, la tasa de mortalidad por suicidio es un indicador de la meta 3.4 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible: «De aquí a 2030, reducir en un tercio la mortalidad prematura por enfermedades no transmisibles mediante su prevención y tratamiento, y promover la salud mental y el bienestar».
El suicida. Manet.

El estigma, particularmente en torno a los trastornos mentales y el suicidio, disuade de buscar ayuda a muchas personas que piensan en quitarse la vida o han tratado de hacerlo y, por lo tanto, no reciben la ayuda que necesitan. La prevención del suicidio no se ha abordado apropiadamente debido a la falta de sensibilización respecto del suicidio como problema de salud pública principal y al tabú existente en muchas sociedades para examinarlo abiertamente. En la actualidad, unos pocos países han incluido la prevención del suicidio entre sus prioridades sanitarias, y solo 28 países han notificado que cuentan con una estrategia nacional de prevención del suicidio.
“Es positivo hablar de un suicidio. No lleva a otro suicidio”: Cecília Borràs, fundadora-presidenta de la asociación Després del Suicidi-Associació de Supervivents (DSAS), la primera asociación española que se dedica a ayudar y prestar servicios a los allegados de las personas que han muerto a causa de un suicidio. Luchan por romper el silencio que envuelve este asunto, para que los sistemas de prevención mejoren y que las administraciones dediquen mayores esfuerzos y recursos a la atención de los supervivientes. “Si se habla públicamente de los suicidios, las personas que están sufriendo se dan cuenta de que pueden hablar de ello, de que pueden exteriorizar sus preocupaciones”, añade.
Gloria Cruceta, psiquiatra barcelonesa, explica, por su parte, que un “90% de los suicidios son impulsivos. Sólo entre 2% y un 5% de los suicidios son totalmente racionales y planificados. 


Pero el estigma del suicidio cae fulminante sobre todo contra los propios suicidas, que son juzgados y condenados por sociedad, familia, amigos y hasta sanitarios. Son personas como cualquier otra, no son malditos ni apestados, y nadie está libre de tener un impulso suicida en un momento de su vida tras caer en una depresión mayor, o sufrir una desgracia terrible, o ser diagnosticado de una grave enfermedad degenerativa. Todos los seres humanos somos susceptibles de suicidarnos. No es algo de lo que podamos estar libres por ser ciudadanos de bien integrados socialmente y perfectamente engranados en la sociedad de libre mercado.
El suicido nos causa repugnancia, desprecio, asco, aunque en el fondo nos da miedo. Porque sabemos que esas pulsiones de muerte están ahí agazapadas en lo profundo de nuestra psique. No queremos escucahrlas y las acallamos con lo que sea: alcohol, sexo, compras, trabajo excesivo, ejercicio extremo... pero el vacío existencial y las preguntas sin respuestas que nos pueden llevar a una angustia extrema se encuentra en el fono de nuestras almas anestesiadas.
Mirar al suicidio a la cara, afrontarlo, empatizar, respetar, nos hace más humanos y nos da mejor comprensión de nosotros mismos. Y posiblemente podremos ayudar a quienes estén solos ante su angustia y su dolor, como puede que algún día nos veamos nosotros mismos.

“Quien se suicida no quiere morir, simplemente quiere dejar de sufrir”, concluye Borràs.







http://www.fronterad.com/?q=tabu-suicidio-medios-comunicacion-tienen-como-norma-no-dar-noticia

http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs398/es/

https://es.wikipedia.org/wiki/Suicidio

https://elpais.com/elpais/2017/06/12/ciencia/1497291180_123865.html
https://www.elconfidencial.com/ultima-hora-en-vivo/2016-01-17/el-gran-error-de-no-hablar-del-suicidio-la-mayor-causa-de-muerte-no-natural_798230/