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jueves, 24 de octubre de 2019

La Catrina y el Día de Muertos

El Día de Muertos es una celebración tradicional mexicana y en general mesoamericana que honra a los muertos.​ Tiene lugar los días 1 y 2 de noviembre y está vinculada a las celebraciones católicas de Día de los Fieles Difuntos y Todos los Santos.La tradición del Día de Muertos surge como parte del sincretismo religioso en la época colonial. Durante la etapa prehispánica, el culto a la muerte estuvo presente en distintas culturas a lo largo y ancho de México.
Es una festividad que se celebra en México y en menor grado en países de América Central, así como en muchas comunidades de los Estados Unidos, donde existe una gran población mexicana. En el 2008 la Unesco declaró la festividad como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de México.​


Festividades que se consideran precursoras del Día de Muertos en México son anteriores a la llegada de los españoles. Hay registro de celebraciones en las etnias mexica, maya, purépecha y totonaca. Los rituales que celebran la vida de los ancestros se realizan en estas civilizaciones desde la época precolombina. Entre los pueblos prehispánicos era común la práctica de conservar los cráneos como trofeos y mostrarlos durante los rituales que simbolizaban la muerte. No obstante, la antropóloga Elsa Malvido ha cuestionado la explicación del origen prehispánico del Día de muertos, destacando la continuidad de tradiciones surgidas en la Europa medieval.
El día 1° de noviembre, se celebra el Día de Todos los Santos de acuerdo a la tradición católica. En esta fecha se recuerdan a todos aquellos que murieron sin ser beatos y santos, además de quienes fallecieron a temprana edad como los niños. De acuerdo a la religión católica, el Día de los Fieles Difuntos que tiene lugar el 2 de noviembre, se realiza una oración por aquellos que no han accedido al paraíso. En México, las tradiciones de esta celebración incluyen visitar a los seres queridos que ya partieron en los cementerios y preparar altares con alimentos, veladoras, incienso, fotografías y flores para recordarlos. Es solo durante estos días que las almas de los seres queridos pueden volver del más allá para estar cerca de los suyos.

La Catrina, originalmente llamada La Calavera Garbancera,​ es una figura creada por José Guadalupe Posada y bautizada por el muralista Diego Rivera.​La historia de La Catrina empieza durante los gobiernos de Benito Juárez, Sebastián Lerdo de Tejada y Porfirio Díaz. En estos periodos, se empezaron a popularizar textos escritos por la clase media que criticaban tanto la situación general del país como la de las clases privilegiadas. Los escritos, redactados de manera burlona y acompañados de dibujos de cráneos y esqueletos, empezaron a reproducirse en los periódicos llamados de combate. Estas eran calaveras vestidas con ropas de gala, bebiendo pulque, montadas a caballo, en fiestas de la alta sociedad o de un barrio. Todas para retratar la miseria, los errores políticos, la hipocresía de una sociedad, como es el caso de “La Catrina”.


La palabra "catrín" definía a un hombre elegante y bien vestido, acompañado de alguna dama con las mismas características; este estilo fue una imagen clásica de la aristocracia mexicana de fines del siglo XIX y principios del XX. Es por ello que, al darle una vestimenta de ese tipo, Diego Rivera convirtió en su obra a “La Calavera Garbancera” en “La Catrina” diseñada en Aguascalientes. «Garbancera» es la palabra con la que se conocía entonces a las personas que vendían garbanza y que teniendo sangre indígena pretendían ser europeos, ya fueran españoles o franceses y renegaban de su propia raza, herencia y cultura.​ Desde el punto de vista de Posada, es una crítica a muchos mexicanos del pueblo que son pobres, pero que aun así quieren aparentar un estilo de vida europeo que no les corresponde.
«...en los huesos pero con sombrero francés con sus plumas de avestruz».
Diego Rivera fue quien le dio su atuendo característico, con su estola de plumas, al plasmarla en su mural "Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central", donde la calavera aparece con su creador, José Guadalupe Posada y una versión infantil de Rivera y con Frida Kahlo. El mural fue pintado al fresco en 1947, originalmente fue realizado por Rivera para un hotel muy importante en el Centro Histórico de la ciudad de México y actualmente está ubicado en el Museo Mural Diego Rivera.


Las Catrinas también estuvieron acompañadas en los periódicos por las famosas calaveras. Las calaveras literarias, son composiciones en verso tradicionalmente mexicanas que en vísperas del día de muertos se suelen escribir como otra de las manifestaciones de la cultura popular para hacer burla tanto a los vivos como a los muertos, y recordar que todos nos vamos a morir. Están escritas con un lenguaje satírico o burlesco y son textos muy breves pero que reflejan todo el espíritu y festividad del mexicano frente a la muerte. José Guadalupe Posada apuntó: "La muerte, es democrática, ya que a fin de cuentas, güera, morena, rica o pobre, toda la gente acaba siendo calavera".
La imagen de la Catrina se está convirtiendo en la imagen mexicana por excelencia sobre la muerte, es cada vez más común verla plasmada como parte de celebraciones de día de muertos a lo largo de todo el país, incluso ha traspasado la imagen bidimensional y se ha convertido en motivo para la creación de artesanías, ya sea de barro u otros materiales, las cuales dependiendo de la región pueden variar un poco en su vestimenta e incluso su famoso sombrero, pero que igual se les ha dado en llamar "catrinas".


















martes, 5 de julio de 2016

El Penacho de Moctezuma


El penacho de Moctezuma es un tocado de plumas de quetzal engarzadas en oro que actualmente se encuentra en el Museo de Etnología de Viena, en Austria, que según la tradición perteneció al tlatoani Moctezuma Xocoyotzin (1466-1520), aunque no hay certeza histórica de ello, ni autenticidad de su antigüedad. A lo largo de varios siglos, la pieza ha cambiado de dueños en varias ocasiones hasta parar en VienaAustria
El penacho es en realidad un quetzalapanecáyotl, una obra de los amantecas o artistas mexicas especialistas en la creación de objetos con plumas. Tiene una altura de 116 cm y un diámetro de 175 cm. El centro del penacho está hecho con plumas azules del ave xiuh totol, y tejuelos de oro en forma de medias lunas con piedras preciosas. Sigue una zona rosa de plumas de tlauquechol y otra zona de plumas marrones de cuclillo, de donde sale una hilera de plumas verdes de quetzal, algunas de hasta 55 cm. de largo. Sigue otra zona también de plumas de quetzal. En total tiene más de 222 plumas de quetzal

La historiadora e investigadora mexicana Carmen Cook de Leonard afirma que esta pieza es sólo uno de muchos penachos que poseía Moctezuma y que no se trata de una pieza única e irreemplazable. Moctezuma poseía muchas riquezas y utilizaba diferentes ornamentos como éste. Según esta teoría, Hernán Cortés entabló conversaciones con Moctezuma, incitándolo a convertirse a la religión católica monoteísta y a ser vasallo del rey Carlos I. Esto concienció a Moctezuma de la guerra que se aproximaba y probablemente para comprar tiempo para organizarse dio a Cortés en conjunto con otras 158 piezas este penacho, en forma de regalo para su rey, Carlos I. Así, estas piezas fueron inventariadas y enviadas a Europa, a Alemania, donde en ese momento residía el rey.


Los habitantes del México prehispánico desarrollaron culturas mágicas. Los imponentes templos que trataban de alcanzar las nubes, las vestimentas multicolores y la pintura sobre los cuerpos, la obediencia ante el poder maravilloso de las fuerzas de la naturaleza, la confianza ciega hacia los gobernantes reverenciados como vicarios de los dioses, y la sabiduría derivada de la observación del cosmos, convirtieron a los mexicas en una de las civilizaciones supremas del mundo antiguo.
Tres años antes de la llegada de los españoles, Moctezuma II observó desde un mirador de su palacio, el cometa que apareció en Tenochtitlán. El tlatoani dedujo que Quetzalcóatl anunciaba su regreso.
Historiadores aseguran que ni Moctezuma ni los anteriores reyes aztecas utilizaban penacho. En cambio, para indicar su potestad, se ponían una especie de corona de lámina de oro llamada “copilli”, símbolo del más alto poderío, y que según todas las referencias iconográficas,  Moctezuma II portó desde el principio de su reinado.

Las investigaciones históricas sobre esta pieza indican que el penacho que Moctezuma envió de regalo a Cortés fue un tocado de plumas de quetzal engarzadas en oro y piedras preciosas (quetzalapanecáyotl) de origen tolteca, no mexica, que fue elaborado para Quetzalcóatl, rey de Tula, o para alguno de sus sacerdotes a finales del Siglo 10. Por  tanto, la pieza no tiene 500 años, sino mil. 
En noviembre de 2012, tras una minuciosa restauración de ocho años,  el Penacho de Moctezuma regresó a vitrinas del Museo de Etnología. Especialistas de México y Austria trabajaron en el famoso tocado de plumas de quetzal engarzadas en oro y piedras preciosas. El  majestuoso artefacto se exhibe junto a otros objetos de la época precolombina en el Museo de Etnología de Viena, en Austria.
En el Museo de Antropología de México se expone una copia del mismo y se ha reivindicado varias veces la repatriación del original, pero su fragilidad hace que los expertos desaconsejen su desplazamiento.
En todo caso hay que reconocer que es una pieza fuertemente simbólica y cargada de significado que llama poderosamente la atención.
Museo de Antropología de México