A los zombis los llaman muertos vivientes, y nosotros somos eso, vivos físicamente pero muertos humanamente.
En realidad me pregunto cúando hemos sido eso que nosotros llamamos "humanos", porque esas cualidades superiores que nos autoatribuimos son menos frecuentes que el sentido común.
Con toda esta situación del confinamiento por el coronavirus nos empeñamos en las redes sociales en autoconvencernos de que somos graciosos, buenos y positivos ante la situación, pero yo veo a diario tantas pequeñas vilezas y mezquindades que no me cabe duda de que en una situación de mayor emergencia la vecina, la compañera de trabajo, la amiga, me pisotearían por conseguir un rollo de papel del culo "para los suyos".
No nos autoengañemos más, somos una especie egoísta y ruin por naturaleza, o mejor dicho, tal vez en los inicios de la civilización, cuando vivíamos en tribus, nos cuidáramos desinteresadamente unos a otros, pero en el devenir de la historia y particularmente con el capitalismo nos hemos vuelto peores que el animal con peor fama (inmerecida).
Vamos a los supermercados a acaparar comida "pa mí" y que se jodan los que llegan después, me pongo una mascarilla innecesariamente porque YO YO YO no quiero contagiarme y los que realmente trabajan expuestos que se mueran si se quedan sin suministro.
Si toso un poco ya voy corriendo al centro de salud porque no vaya a ser que YO YO YO tenga el virus, y a los sanitarios que me atienden y a los otros enfermos de la sala de espera que les den y que se mueran mientras a mí no me pase nada.
Fácil es hacer la pantomima del puto aplauso en el balcón aprovechando para que nos de el fresco y saludar a los vecinos y cotillear, pero a la hora de comportarse cívicamente y tratar con amor y respeto a nuestro sistema de salud todos los días de todos los años no tenemos tanto entusiasmo.
No, nos extinguirá el coronavirus, nos extinguirá nuestra naturaleza voraz y egoísta, seremos un día esos muertos vivientes que vagan por las carreteras devorando lo que pillan, nos mataremos los unos a los otros porque ya lo estamos haciendo en gestos simbólicos y cotidianos.
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jueves, 19 de marzo de 2020
jueves, 13 de julio de 2017
The Walking Dead, reflexiones
Después de mucho resistirme empecé a ver la serie The Walking Dead, porque muchas personas que merecen mi confianza me la recomendaban. No me gusta el género de terror porque no me gusta ver el sufrimiento y la violencia gratuita que suelen ir asociados al mismo.
Por eso mismo me sorprendí mucho al encontrar en la famosa serie de zombis una profunda reflexión sobre la naturaleza humana. Lo de menos son los zombis, los que dan miedo son los humanos en esa serie. Y lo que da miedo es que ese mundo postapocalíptico que podemos contemplar a través una pantalla no es ninguna ficción. Ahora, en este instante, hay seres humanos como nosotros que huyen de hordas de asesinos ciegos e inmorales por carreteras intransitadas en constante peligro de muerte.
Hay miles de personas que han tenido que abandonar su hogar con una mochila al hombro, con un niño en brazos, y echarse a correr hacia lo desconocido, muy probablemente hacia la muerte y hacia el hambre. Se refugian en rincones abandonados, comen basura, son rechazados por otros que se sienten con más derecho que ellos a estar allí, son ejecutados por seres sin cerebro ni alma, pasan semanas y meses atravesando desiertos sin esperanza para acabar pereciendo en una cuneta sin que nadie les cave una tumba.
¿No os suena?
Los zombis somos nosotros.
No hay que esperar a un apocalipsis zombie para que estas cosas pasen. Ya están pasando, han pasado siempre, el terror más absoluto está presente en este mundo y es culpa de los seres humanos. Veamos lo que algunos filósofos y autores tiene que decir del tema zombie.
"Lo más interesante que aporta el género, dice el filósofo Darío Sztajnszrajber es esa zona de indistinción entre la vida y la muerte. El zombi y el ser humano son extremos de lo mismo, conjugan la vida y la muerte. El humano es un ser vivo potencialmente muerto, y el zombi es un muerto potencialmente vivo."
Por eso mismo me sorprendí mucho al encontrar en la famosa serie de zombis una profunda reflexión sobre la naturaleza humana. Lo de menos son los zombis, los que dan miedo son los humanos en esa serie. Y lo que da miedo es que ese mundo postapocalíptico que podemos contemplar a través una pantalla no es ninguna ficción. Ahora, en este instante, hay seres humanos como nosotros que huyen de hordas de asesinos ciegos e inmorales por carreteras intransitadas en constante peligro de muerte.
Hay miles de personas que han tenido que abandonar su hogar con una mochila al hombro, con un niño en brazos, y echarse a correr hacia lo desconocido, muy probablemente hacia la muerte y hacia el hambre. Se refugian en rincones abandonados, comen basura, son rechazados por otros que se sienten con más derecho que ellos a estar allí, son ejecutados por seres sin cerebro ni alma, pasan semanas y meses atravesando desiertos sin esperanza para acabar pereciendo en una cuneta sin que nadie les cave una tumba.
¿No os suena?
Los zombis somos nosotros.
No hay que esperar a un apocalipsis zombie para que estas cosas pasen. Ya están pasando, han pasado siempre, el terror más absoluto está presente en este mundo y es culpa de los seres humanos. Veamos lo que algunos filósofos y autores tiene que decir del tema zombie.
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| Refugiados en el campo de Idomeni |
"Lo más interesante que aporta el género, dice el filósofo Darío Sztajnszrajber es esa zona de indistinción entre la vida y la muerte. El zombi y el ser humano son extremos de lo mismo, conjugan la vida y la muerte. El humano es un ser vivo potencialmente muerto, y el zombi es un muerto potencialmente vivo."
Para Sztajnszrajber hay una paropiación de un tema muy cercano a la religión: la idea de sobrevivir a la muerte. "Ése es el éxito
mayor de las religiones, que dan una respuesta a qué es lo que pasa después de
la muerte. El zombi es una respuesta alternativa, pero no hay una metafísica,
sino que es mucho más directo: un ser muerto que come seres orgánicamente vivos
para mantenerse en esta tierra.". "La cercanía entre el ser
humano y el zombi es mucho más directa de lo que pensamos. No es un ángel,
expresa algo mucho más cercano y real: somos algo que se pudre cuando se
muere".
"No nos comemos entre
nosotros, pero nos explotamos, hay matanzas, guerras. Nosotros mismos también
hacemos eso con los animales: nos los comemos", agrega Sztajnszrajber.
El filósofo español Jorge Fernández Gonzalo, autor del libro "Filosofía Zombi" (Anagrama) añade que no importa qué es el zombi, sino qué era, realmente, el ser humano. "En qué nos convertimos cuando las reglas de nuestra civilización sucumben drásticamente. En The Walking Dead encontramos materiales suficientes como para reflexionar sobre nuestras sociedades, sobre aquello que las mantiene en orden y sobre las consecuencias de su derrumbe.". "La aparición de los zombis hace que la vida del hombre entre en una dinámica animal, en una dinámica de cazar y ser cazado, de acecho, amenaza corporal y estrategias de supervivencia".
El filósofo español Jorge Fernández Gonzalo, autor del libro "Filosofía Zombi" (Anagrama) añade que no importa qué es el zombi, sino qué era, realmente, el ser humano. "En qué nos convertimos cuando las reglas de nuestra civilización sucumben drásticamente. En The Walking Dead encontramos materiales suficientes como para reflexionar sobre nuestras sociedades, sobre aquello que las mantiene en orden y sobre las consecuencias de su derrumbe.". "La aparición de los zombis hace que la vida del hombre entre en una dinámica animal, en una dinámica de cazar y ser cazado, de acecho, amenaza corporal y estrategias de supervivencia".
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| En la serie, falta de humanidad |
Los muertos "vivientes" aparecen como "devoradores buscando saciar su hambre con carne humana, pero además de ser torpes, están desvitalizados, vacíos, y al ser golpeados se fragmentan con
gran facilidad. A su vez, los humanos se presentan como muy agresivos,
inteligentes y que no van a entregar su sangre sin combatir. Pero lo que
resalta es la interacción en espejo entre ambos grupos en donde la
supervivencia de uno de ellos supone la aniquilación del otro, y en que los
muertos "vivos" toman forma como un doble del humano, como aquella
contraparte negada, denegada, voraz, vacía, desamparada, escindida y
desesperada por la sangre de los humanos".
Estas cualidades pueden asemejarse a las que se dan en los
cuadros psicopatológicos que son de actualidad en esta época de sobremodernidad
y que toman el nombre de "patologías del vacío": sujetos cerrados en
máscaras narcisistas, con predominio de una inteligencia instrumental, de
poder, con escaso reconocimiento del semejante, pero con una escisión que hace
que desconozcan la flaqueza, la necesidad, los sentimientos de desvitalización.
Lucha a muerte con otra parte de sí mismo, negando lo que no se puede tolerar,
y por ello la ilusión de la facilidad con que se lo destruye, como en la serie,
pero que siempre retorna, haciéndose siniestro.
En la sociedad consumista actual del pensar tecnológico, de la carencia afectiva, de la soledad masificada, de la falta de compromiso y del intento
de solucionarlas por la vía de la rapidez, los
humanos se desvitalizan, casi como los muertos "vivientes",
desesperados tratan de llenar un vacío a través de la
droga, la comida, el consumismo, la paranoia, y en donde la necesidad nunca se sacia.
En el zombi ya no hay identidad porque también ha dejado de haber
historia. Queda atrapado para siempre en un presente
espeluznante, el acontecimiento –para él la necesidad de agarrar a la presa y
devorarla- le convierte en un rehén del que sólo la muerte –la muerte a todos
los efectos- podría liberarle.
Este vaciamiento no puede dejar de tener consecuencias
políticas. El zombi encarna en grado sumo esa indiferencia de las masas que se
asocia a las democracias catódicas. No se le puede convencer, ni reclutar, ni
tan siquiera manipular… No es productivo, no sujeta su conducta a ningún tipo
de proyecto institucionalizador. Forma parte de una horda, pero ésta no configura
una comunidad, más bien es lo asocial que se aglomera.
Tampoco es lo que clásicamente se ha entendido por un
antagonista. Su condición ansiosa no es la de un narcisista que se rebela
contra aquellas estructuras que pretenden reprimirle. Sus movimientos
automáticos, recurrencia maquinal mediante la que el capitalismo regulariza
nuestras vidas, le permiten continuar en su apática condición de mónada. Es
cierto que siempre ataca en masa, una masa abierta donde el sospechoso es aquél
que se encierra tras una puerta para permanecer sólo siquiera unos instantes.
Pero no es un individuo que se incorpora a la masa. Lleva la masa dentro, no se
ha subsumido en ella a través de una mediación subjetiva, pues lo subjetivo no
ha existido nunca en él. No hay alteridad en esa masa, solo seguimiento pasivo
de una corriente general por la que se deja arrastrar.
Fuentes:
Wikipedia
The walking dead
Darío Sztajnszrajber
![]() |
| Horda de muertos vivientes |
Fuentes:
Wikipedia
The walking dead
Darío Sztajnszrajber
Jorge Fernández Gonzalo, "Filosofía Zombi" (Anagrama)
miércoles, 11 de noviembre de 2015
Zombis
Hace poco, comentando con una amiga lo frecuentes que son ciertas conductas incívicas por nuestras calles, ella sostenía la hipótesis de que estas cosas no se hacen con maldad, sino que quienes tienden a obrar así lo hacen porque no se dan cuenta, que van por ahí sin ser conscientes de lo que hacen, "como zombis".
¿A qué "actitudes incívicas" me refiero? En definitiva, a todo lo que implique generar un trastorno o molestia al otro o al conjunto de la sociedad por falta de observación de normas mínimas de convivencia o de educación básicas, como ir en un transporte público con un móvil con música a todo volumen, conducir de forma agresiva, ir por la calle sin ceder el paso a quien va cargado con las bolsas de la compra,o conductas más graves como agresiones verbales o no ayudar a un amimal herido o abandonado.
Sobre lo que defiende mi amiga, que no hay un fondo de maldad en estas conductas, me temo que no puedo estar de acuerdo. Ojalá fuera tan optimista como ella. Maldad en el sentido estricto de intención directa de dañar al otro, tal vez no. Sólo tal vez. Pero se pone en evidencia algo para mí bastante grave, que es el ignorar las necesidades y los derechos del otro. Esto yo lo considero un tipo de maldad en tanto en cuanto se genera un perjuicio a otra persona o ser vivo por negligencia u omisión. Quizá el hecho de que la forma de vida que llevamos al servicio de un horario, detrás de una meta efímera que se nos escapa de las manos, de un tiempo que se va y que no vivimos nos impida detenernos en el momento en que estamos ahora mismo y mirar alrededor. Mirar alrededor para darnos cuenta de si estamos dando un codazo a alguien que va al lado en el autobús, de si tenemos la televisión a todo volumen y estamos impidiendo conciliar el sueño a un vecino que mañana tiene que madrugar, de si los gritos y las risas que estamos pegando a altas horas de la noche al pasarlo tan bien con nuestros amigos por la calle no pueden perturbar el descanso de alguien, tal vez un enfermo o un niño pequeño. Pero no somos zombis. No somos muertos vivientes; esa excusa no me sirve. Todos tenemos nuestras preocupaciones y eso no nos exonera de observar un respeto y una consideración por el otro. Estamos vivos, vivimos en el mundo, nos rodean seres vivos, y si no los consideramos y los tenemos en cuenta, ¿en qué nos convertimos?
Si nuestras pequeñas y grandes miserias, que todos padecemos, sirven de excusa para hacernos incapaces de incluir al otro en nuestro universo, realmente no sé dónde está la grandeza del ser humano (en la que no creo, por cierto).
Estamos perpetuando una sociedad inhumana que hasta en los más pequeños detalles se hunde,y no me queda más remedio que pensar que sí que hay cierta maldad en este tipo de comportamientos, como reflejo de una forma de vida basada en la muerte de la humanidad, entendida "humanidad" como la cualidad supuestamente inherente al Homo sapiens de tener al otro en cuenta y respetarlo.
Una sociedad zombi...¿muerta?
¿A qué "actitudes incívicas" me refiero? En definitiva, a todo lo que implique generar un trastorno o molestia al otro o al conjunto de la sociedad por falta de observación de normas mínimas de convivencia o de educación básicas, como ir en un transporte público con un móvil con música a todo volumen, conducir de forma agresiva, ir por la calle sin ceder el paso a quien va cargado con las bolsas de la compra,o conductas más graves como agresiones verbales o no ayudar a un amimal herido o abandonado.
Sobre lo que defiende mi amiga, que no hay un fondo de maldad en estas conductas, me temo que no puedo estar de acuerdo. Ojalá fuera tan optimista como ella. Maldad en el sentido estricto de intención directa de dañar al otro, tal vez no. Sólo tal vez. Pero se pone en evidencia algo para mí bastante grave, que es el ignorar las necesidades y los derechos del otro. Esto yo lo considero un tipo de maldad en tanto en cuanto se genera un perjuicio a otra persona o ser vivo por negligencia u omisión. Quizá el hecho de que la forma de vida que llevamos al servicio de un horario, detrás de una meta efímera que se nos escapa de las manos, de un tiempo que se va y que no vivimos nos impida detenernos en el momento en que estamos ahora mismo y mirar alrededor. Mirar alrededor para darnos cuenta de si estamos dando un codazo a alguien que va al lado en el autobús, de si tenemos la televisión a todo volumen y estamos impidiendo conciliar el sueño a un vecino que mañana tiene que madrugar, de si los gritos y las risas que estamos pegando a altas horas de la noche al pasarlo tan bien con nuestros amigos por la calle no pueden perturbar el descanso de alguien, tal vez un enfermo o un niño pequeño. Pero no somos zombis. No somos muertos vivientes; esa excusa no me sirve. Todos tenemos nuestras preocupaciones y eso no nos exonera de observar un respeto y una consideración por el otro. Estamos vivos, vivimos en el mundo, nos rodean seres vivos, y si no los consideramos y los tenemos en cuenta, ¿en qué nos convertimos?
Si nuestras pequeñas y grandes miserias, que todos padecemos, sirven de excusa para hacernos incapaces de incluir al otro en nuestro universo, realmente no sé dónde está la grandeza del ser humano (en la que no creo, por cierto).
Estamos perpetuando una sociedad inhumana que hasta en los más pequeños detalles se hunde,y no me queda más remedio que pensar que sí que hay cierta maldad en este tipo de comportamientos, como reflejo de una forma de vida basada en la muerte de la humanidad, entendida "humanidad" como la cualidad supuestamente inherente al Homo sapiens de tener al otro en cuenta y respetarlo.
Una sociedad zombi...¿muerta?
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