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miércoles, 1 de julio de 2020

La pequeña higuera

Durante  la cuarentena creció una pequeña higuera en una calle asfaltada. Se abrió paso en contra de todas las probabilidades entre el pavimento y el muro de un edificio abandonado. La vi crecer cada día en esas jornadas de primavera en que los humanos no hoyaban la vida que resurgía en las calles solitarias.
Alcanzó casi un metro de altura, con varias ramas, altiva y humilde a un tiempo, creciendo despreocupada y verde y fresca a la espera de poder dar sus frutos algún día de principios de verano.
Pero volvimos a las calles, nosotros los amantes del cemento, y cada día fui notando cómo iban cercenando ramas y hojas, cómo esa planta llamada a ser un orgulloso árbol era amputada hasta la muerte.
Como Atila vamos dejando un rastro de muerte y de caos.
Esa pequeña higuera luchó por su vida, por su existencia, convivió con mascarillas de papel y guantes de plástico usados, aguantó el viento, las tormentas, el calor extremo, la orina de los animales, pero no la actividad destructiva de las manos humanas.
La pequeña higuera está muerta.
Tal vez pueda resurgir porque es fuerte, pero su lucha será la de un Sísifo vegetal, renacerá para ser pisoteada, arrancada y envenenada de nuevo cada vez que lo intente.
En un mundo sobrepoblado por humanos egoístas que no se preocupan ni de proteger a sus semejantes de ese castigo merecido de la naturaleza que es la pandemia la pequeña higuera tiene pocas esperanzas de sobrevivir.
Ojalá que aguante hasta el día no tan lejano en que los humanos nos hayamos extinguido por culpa de nuestra voracidad sin límites y ella llegue a ser un enorme árbol cuyas raíces agrieten el asfalto.


miércoles, 3 de enero de 2018

Los asesinos y violadores no son enfermos


En los medios de comunicación, cada vez que ocurre un crimen especialmente truculento, como un asesinato, una violación la reacción de los tertulianos e incluso de los propios informadores es la de intentar buscar una enfermedad mental que "justifique" estos actos de inhumanidad extrema. Los llaman locos, enfermos, se empieza a rumorear que si tenían esquizofrenia o trastorno bipolar, o vaya a saber usted qué. Demandan las masas que sean encerrados en "psiquiátricos", sean lo que sean esos sitios, para castigarlos duramente.
Para empezar, debe de quedar bien patente el hecho demostrado de que la población de personas diagnosticadas de trastornos mentales, como la esquizofrenia, tiene exactamente el mismo índice de criminalidad que la población "normal".
Una vez aclarado este hecho científicamente demostrado hay que aclarar otro concepto básico. Los asesinos, violadores, descuartizadores, maltratadores y demás delincuentes violentos NO son enfermos. Son psicópatas o como mucho sociópatas. No padecen un trastorno psíquico que les cause sufrimento y que les lleve a cometer delitos violentos.


Sufrimiento psíquico
Al decir que un criminal que ha violado y asesinado a una chica es un loco y un enfermo estamos llamando violadoras y asesinas a todas las personas que sufren depresión, ansiedad, esquizofrenia, trastorno bipolar, etc... que son personas que sufren, que forman parte de la sociedad y de nuestras vidas, que pueden ser nuestros vecinos, amigos, profesores, fruteros, médicos, familiares, etc... y que por padecer un trastorno mental no son más propensos a cometer crímenes violentos como los medios de comunicación se empeñan en hacernos creer, en su labor insidiosa de desinformar y estigmatizar día a día.
Las personas que cometen este tipo de crímenes violentos y que tanta repulsa nos causan a todos son psicópatas o sociópatas. Y no tienen tratamiento ni se rehabilitan. Y tampoco sufren ni sienten empatía por sus víctimas.
Nos reconforta pensar que este tipo de persona capaz de hacer atrocidades presenta alguna anomalía patológica que le diferencia del resto de humanos, nos alivia pensar que las personas malvadas no existen, pero lo cierto es que SÍ existen humanos malvados, que dañan por dañar, por sentirse poderosos. Es algo que tenemos que asumir y la historia de la humanidad ya nos ha dado evidencias de sobra para irlo aceptando.
Hay varios comportamientos y características que son relativamente comunes entre los psicópatas. Las personas con trastorno psicopático, o psicópatas, suelen estar caracterizadas por tener un marcado comportamiento antisocial, una empatía y remordimientos reducidos, y un carácter desinhibido.​ Este carácter psicopático puede hallarse en diferentes dimensiones de la personalidad, en diferentes combinaciones en el conjunto de la población. La definición exacta de la psicopatía ha ido variando sustancialmente a lo largo de los años y sigue siendo una materia bajo investigación. Algunas definiciones que continúan siendo usadas en la actualidad son parcialmente complementarias y a veces son contradictorias.
C. Manson, psicópata.

Los psicópatas tienden a crear códigos propios de comportamiento, por lo cual sólo sienten culpa al infringir sus propios reglamentos y no los códigos sociales comunes. Sin embargo, estas personas sí tienen conocimiento de los usos sociales, por lo que su comportamiento es adaptativo y pasa inadvertido para la mayoría de las personas.​ Afín a todo lo antedicho es la personalidad sádico narcisista o de narcisismo maligno.
Según los principales exponentes de la teoría psicoanalítica la persona psicópata lo es porque carece de superyó o, en todo caso, si poseyera un superyó, el superyó que habría internalizado en su más temprana infancia es también psicopático o directamente sociópata.
Los sociópatas se tratan de individuos con un temperamento normal, pero que no tienen adquiridos los atributos socializadores como consecuencia de una crianza negligente e incompetente por parte de los principales agentes de socialización: los padres. Las dinámicas propias del estilo educativo negligente por parte de los progenitores da como resultado, en el futuro, a hijos salvajes incapaces de socializar correctamente y que cometen delitos. Si además, los padres de estos jóvenes también fueron criados bajo una supervisión irresponsable e indiferente, al ser inmaduros en este aspecto es muy difícil que sepan cómo enderezar a sus vástagos, si acaso les preocupa lo más mínimo. David Lykken sugiere que los cambios culturales recientes que se han producido en Estados Unidos, han contribuido al crecimiento de la incidencia de esta educación inepta de los hijos.
American Psycho

Tal y como dice el propio autor: “las personalidades antisociales responsables de la mayoría de los delitos en EEUU, no son psicópatas. Son sociópatas”. Así pues, las personalidades sociópatas son más numerosas y representan un mayor problema social debido al aumento de los índices de delincuencia y violencia. Se encuentran muy presentes en la sociedad occidental, y más en las ciudades que en las poblaciones rurales.La sociopatía es el subgénero más amplio del Trastorno de Personalidad Antisocial. En él encontramos a individuos (normalmente hombres jóvenes aunque la presencia de mujeres está aumentando) que no se socializaron bien en la infancia y adolescencia. Estas carencias en su desarrollo moral y afectivo son la base necesaria para que pueda surgir un caso de sociopatía.
Cabe decir, no obstante, que haber recibido una educación deficiente no es el único factor que explica la sociopatía. No es raro encontrarse con personas que, pese a las muchas dificultades que pasaron durante su niñez, han podido buscar su lugar en el mundo y ser individuos con los que podemos relacionarnos con total normalidad. Esto no debe llevarnos a error, puesto que el temperamento de un sociópata es muchas veces normal a pesar de la torpeza paterna; mientras que otros pueden ser nerviosos o buscadores constantes de estímulos. La mayoría de población reclusa satisface los criterios diagnósticos del Trastorno de Personalidad Antisocial que identifican a más de la mitad de hombres que consideramos “delincuentes comunes”.

Las personas que padecen este trastorno sufren un mal de índole psiquiátrica, un grave cuadro de personalidad antisocial que les hace rehuir las normas preestablecidas; no saben y no pueden moldearse a ellas. A pesar de que saben que están haciendo un mal, actúan por impulso, cometiendo incluso delitos graves. Es común que se confunda este trastorno con otros conceptos parecidos, como podrían ser la conducta criminal, el comportamiento antisocial o la psicopatía. Pero son trastornos, aunque relacionados, de diferentes características, con otros tratamientos y consecuencias.
Esquizofrenia. Angustia extrema.

Por otro lado, el tema de la psicopatía estuvo presente en la historia desde la Antigüedad, aunque la conceptualización es más reciente, pero ya en Babilonia aparece la preocupación por las personalidades anormales, que se separan conductualmente del resto pero que no cabían en las categorías de cuerdo o loco.
Al principio, sonríe y saluda a todo el que encuentra a su paso, niega ser tirano, promete muchas cosas en público y en privado, libra de deudas y reparte tierras al pueblo y a los que le rodean y se finge benévolo y manso para con todos [...] Suscita algunas guerras para que el pueblo tenga necesidad de conductor [...] Y para que, pagando impuestos, se hagan pobres y, por verse forzados a dedicarse a sus necesidades cotidianas, conspiren menos contra él [...] Y también para que, si sospecha de algunos que tienen temple de libertad y no han de dejarle mandar, tenga un pretexto para acabar con ellos entregándoles a los enemigos [...] ¿Y no sucede que algunos de los que han ayudado a encumbrarle y cuentan con influencia se atreven a enfrentarse ya con él, ya entre sí [...] censurando las cosas que ocurren, por lo menos aquellos que son más valerosos? [...] Y así el tirano, si es que ha de gobernar, tiene que quitar de en medio a todos estos hasta que no deje persona alguna de provecho ni entre los amigos ni entre los enemigos.
Platón, Politeia, 562a-570c.
Pinel (1745-1826) precisó en 1801 que se trataría de una forma de manía sin déficit en las facultades cognitivas, pero con un grave daño en la capacidad afectiva, lo que constituye una de las características descriptivas del psicópata.
En 1835 James Cowles Prichard definió la "locura moral", una forma de perturbación mental en que no parece haber una lesión en funcionamiento intelectual y cuya patología se manifiesta en el ámbito de los sentimientos, el temperamento o los hábitos. Este psiquiatra inglés explica que en casos de esta naturaleza los principios morales o activos de la mente están extrañamente pervertidos o dañados, no hay un poder de autogobierno y el individuo es incapaz de conducirse con decencia y propiedad en los diferentes aspectos de la vida.
El psiquiatra polaco Andrzej M. Łobaczewski ha estudiado cómo los psicópatas influyen en el avance de la injusticia social y sobre cómo se abren paso hacia el poder, cuya culminación política es lo que ha venido a denominar patocracia. Lobaczewski es el inventor de la ponerología, el estudio interdisciplinario de las causas de períodos de injusticia social, donde el psicópata es un factor clave.


Patocracia

"La patocracia es una enfermedad de grandes movimientos sociales seguidos por sociedades enteras, así como naciones e imperios. Durante el transcurso de la historia de la humanidad, ha afectado a movimientos sociales, políticos y religiosos, al igual que a las ideologías que la acompañan… Y los ha convertido en caricaturas de ellos mismos… Esto ocurrió como resultado de… la participación de agentes patológicos en un proceso patodinámico similar. Esto explica por qué todas las patocracias del mundo son, o han sido, tan similares en sus propiedades esenciales."
Andzrej M. Lobaczewski, Ponerología política: una ciencia de la naturaleza del mal ajustada a propósitos políticos

Sólo cabe decir que los psicópatas NO SON ENFERMOS, NO SON LOCOS, y que su sitio está fuera de la sociedad, porque son incapaces de respetar las leyes, de tener empatía y de rehabilitarse. Los llamados "locos" no merecen ser encerrados en "psiquiátricos", o "manicomios". Eso es un concepto no decimonónico, sino medieval. Segregar y marginar de por vida a los "trastornados", sin cuidados ni posibilidad de relacionarse ni de llevar una vida dentro de la sociedad no les ayuda a menos que se trate de casos muy concretos y con patologías muy invalidantes.

Dejemos ya de diferenciar entre "normales" y "locos", entre "gente decente y buenos ciudadanos" de gente "tarada". Un diagnóstico psiquiátrico no convierte a nadie en anormal ni en indecente.
Manicomio


Wikipedia
http://quantumfuture.net/sp/pages/psicopatia.html

jueves, 10 de agosto de 2017

El perverso narcisista y el acoso moral

“El mal que provoca un perverso es indiscriminado, pero prefieren a las personas cercanas, como familiares o parejas sentimentales”, explica el psicoanalista Paul-Claude Recamier.



El perverso narcisista es una persona sin capacidad de empatía real. Su empatía es utilitaria, pues sólo reconoce las necesidades del otro en la medida que sirvan a su propio beneficio. Esta expresión es una personificación de una serie de desviaciones, las cuales se asocian a un conjunto de síntomas descritos en 1986 por Paul-Claude Racamier como una organización estable caracterizada por la capacidad y el placer de resguardarse de los conflictos internos y en particular del "dolor por el otro," haciéndose valer en detrimento de un objeto manipulado como un utensilio. Racamier desarrolló el concepto como "una disfunción en la interacción".
El término se acota, pues, de forma empírica y sin consenso de la comunidad médico-científica. Sin embargo, los constructos que más se acercan a este concepto son el Trastorno narcisista de la personalidad y la Psicopatía. Sin embargo, este recurso terminológico se utiliza a veces en psicopatología para designar a individuos que presentan una personalidad marcada por rasgos exacerbados de Narcisismo y de perversión, consistente en la satisfacción de deseos y necesidades a expensas de los otros. (más información sobre el narcisismo en  este enlace de este blog).



La psiquiatra francesa Marie France Hirigoyen describe las mecánicas perversas de acoso en distintos ámbitos personales y sociales en su libro titulado "El acoso moral": 

“…El perverso no es un enfermo. El perverso se ha forjado, con probabilidad, en la infancia, cuando no pudo realizarse. Creó férreas defensas contra los demás para protegerse y así una actitud que podía haber sido simplemente defensiva y aceptable se convierte con el paso de los años en una personalidad incapaz de amar y convencido de que el mundo entero es malvado. Insensibles, sin afectos: ésa es su fuerza. Así no sufren”. En la mayoría de los casos el origen de la tolerancia de la víctima o de la agresión del perverso se halla en una lealtad familiar que consiste en reproducir lo que uno de los padres ha vivido: “Agreden para salir de la condición de víctima que padecieron en la infancia, cuando tuvieron que separar las partes sanas de las partes heridas. Ahora siguen funcionando de forma fragmentada, dividiendo su mundo en bueno y malo. Temen la omnipotencia que imaginan en los demás porque se sienten profundamente impotentes. Por ello necesitan protegerse hasta destruir”.
Para Marie-France Hirigoyen, la perversidad no proviene de un trastorno psiquiátrico, sino de una fría racionalidad combinada con la incapacidad de considerar a los demás como seres humanos. El perverso sabe cómo seducir al resto del grupo y conseguir que funcione de manera inhabitual; conoce sus límites y frena su acción cuando percibe que puede ser descubierto.



Los perversos narcisistas, según Alberto Eiguer, intentan crear un vínculo con un otro individuo, atacando muy especialmente su propia imagen de integridad con el fin de desarmarlo. Es decir, atacan el amor propio de los otros, su confianza y la autoestima para hacerles creer que el vínculo con el perverso es irreemplazable y que es el otro quien lo solicita.
El perverso narcisista adolece de capacidad para sentir culpa y sólo le preocupa la imagen que proyecta al resto, sin llegar a considerar a los otros como personas, es decir para él sólo son objetos que puede utilizar. Es importante conocer las formas de actuar del perverso:
-El actuar perverso, según Marie-France Hirigoyen, se caracteriza por la falta de comunicación, ya que este sujeto elude las preguntas directas y como no habla proyecta una imagen de grandeza o de sabiduría.
-El agresor perverso siempre niega la existencia del reproche y del conflicto; neutraliza, pues, a la víctima al hacerle creer que el problema es inexistente.
-El mecanismo de este tipo de personalidades se articula negando a sus víctimas la oportunidad de ser oídas, pues no le interesan otras versiones de los hechos. Con esta supresión del diálogo, el perverso viene a decir que el otro no le importa.
-Hirigoyen también describe que la voz del perverso al dirigirse a su víctima suele ser fría, insulsa y monocorde, sin una tonalidad afectiva, lo que causa inquietud.
-El mensaje del perverso suele ser voluntariamente vago; con ello genera confusión y aún recurre a negar lo dicho para eludir los reproches. Al tiempo que se abstiene de terminar sus frases, utiliza alusiones y envía mensajes sin comprometerse.
-El perverso utiliza la mentira, pero no de una forma directa; más bien prefiere usar un conjunto de insinuaciones y silencios que generen un malentendido en su propio beneficio.
-La agresión perversa se caracteriza por llevarse a cabo en silencio, mediante alusiones e insinuaciones. Con ello, el perverso evita que se pueda determinar cuándo haya podido comenzar, o bien que se pueda catalogar su naturaleza, ya que infunde confusión en la víctima; ésta, si llega a señalar el hecho pernicioso, será refutada por el sujeto perverso y, más aún, la querrá convencer de que es ella la agresora (¿no nos suena la imagen del agresor haciéndose la víctima?).




La psiquiatra Marie-France Hirigoyen opina que los casos más graves de acoso, los que acaban con el suicidio de la víctima, se deben denominar acoso psicológico y ser considerados casos de psicoterrorismo. El acoso moral sumerge a la víctima en una espiral depresiva que puede acabar en suicidio. Para Hirigoyen, los casos extremos de acoso moral son asesinatos psíquicos. Permite desembarazarse de alguien sin mancharse las manos. Para el profesor Iñaki Piñuel y Zabala, el origen del acoso suele encontrarse en el modo en que la víctima resulta, por diferentes razones, una amenaza para el gang (grupo) que la acosa.
Las técnicas de acoso son soterradas y sutiles: palabras, miradas, insinuaciones, mentiras, difamaciones, etc. El acosador impone su voluntad (de forma continuada y progresiva), tergiversando la situación desde una posición de fuerza: posee la verdad y el poder.


Las relaciones de acoso que establecen los perversos narcisistas se desarrollan en dos fases, primero la seducción y luego la violencia. El periodo de seducción puede durar años; Racamier lo llama "privación del seso" cuando explica el proceso de preparación y desestabilización que sufre la víctima, hasta acabar ésta perdiendo la confianza en sí misma.
La seducción se produce a través de un proceso de influencia y dominación. En este proceso de seducción en una sola dirección el perverso procura fascinar sin ser descubierto, a través de una conjura de la realidad y una manipulación de las apariencias.
El dominio se produce a través de tres ejes de control, que tienen un componente destructor, que anula el deseo y la especificidad de la víctima:
- Una acción de apropiación mediante el desposeimiento del otro;
- Una acción de dominación que mantiene al otro en un estado de sumisión y dependencia;
- Una acción de discriminación que pretende marcar al otro.



Según Hirigoyen, la violencia perversa es difícil de detectar por los testimonios externos y es negada por el agresor, que se niega a asumir su responsabilidad en el problema y culpa a la víctima. Para la psiquiatra esto constituye una violencia adicional, que recae sobre la víctima cuyo testimonio es despojado de credibilidad, lo que genera una violencia reactiva en ésta. La violencia del perverso es indirecta, no deja marcas físicas ni heridas pero si daños psicológicos que pueden ser de por vida. Esto constituye un tipo de acoso moral, es decir una repetición frecuente, intencionada, indirecta e invisible.

El agresor no pretende destruir a su víctima de inmediato. Su objetivo es someter y controlar: anular la capacidad de defensa y el sentido crítico, la capacidad de rebeldía. Trata de poner a los empleados en contra de la víctima (manipula al entorno para conseguir aliados entre los compañeros de trabajo, amigos y familiares o su silencio) para ejercitar su acoso. La eliminación de la víctima del acoso moral suele ser la forma habitual de culminar el proceso. 

Como vemos hablar de asesinato psíquico y de psicoterrorismo no es exagerar, más cuando estos mecanismos de desgaste y tortura mental están descritos y son bien conocidos pero a la Ley no le interesa reconocer ni penar.
Racamier

Fuentes: 
Wikipedia
El acoso moral, M-F Hirigoyen
agradecimientos:





viernes, 3 de febrero de 2017

No hables de los muertos



Tú, que no estuviste con ellas,
que no las consolaste ni enjugaste sus lágrimas,
que te envaneces en tu ignorancia y en tu perversión,
no te atrevas a mencionarlas.

Tú que con tu actitud cómplice las dejaste morir
y tomaste parte en su calvario
y que aun así cuando te hablan de culpas te sientes víctima,
cállate.

Te ofendes cuando levantan el dedo acusador,
te molestas cuando la sospecha se vuelve hacia tí,
te resistes cuando la conciencia intenta despertar.
Cállate.

Pero cállate, cállate, cállate,
porque no sabes nada,
porque no tienes derecho a hablar,
porque tu boca es indigna de mencionar sus nombres.

Cállate, hipócrita.


A mi prima, que se atreve a hablar de alguien a quien dejó tirada.
No sabes nada. No tienes derecho a hablar por ella.
Cállate y piensa en lo que hiciste y en lo que no hiciste, hipócrita. Porque ella se fue muy disgustada contigo.

jueves, 21 de julio de 2016

Callar ante una injusticia


“La vieja práctica de los tiranos es usar una parte del pueblo para tener sometida a la otra parte. Los timoratos prefieren vivir al abrigo del despotismo a aventurarse por el proceloso mar de la libertad. ”
Thomas Jefferson
"Una injusticia hecha al individuo es una amenaza hecha a toda la sociedad".

Montesquieu


"Es peor cometer una injusticia que padecerla porque quien la comete se convierte en injusto y quien la padece no".
Socrates
"El hombre justo no es aquel que no comete ninguna injusticia, si no el que pudiendo ser injusto no quiere serlo".
Menandro de Atenas
Montesquieu

La injusticia es la falta o ausencia de justicia, ya sea en referencia a un suceso, acto o situación de hecho (statu quo). Puede estar referida a un sujeto o a un grupo social.
En el Critón, Platón manifestó no saber qué es la justicia, pero sí qué es la injusticia. Es sin embargo un punto de vista común entre los filósofos, que aunque justicia e injusticia son interdependientes, es la última la que prima cualitativamente, siendo por eso difícil escribir sobre la justicia y ponernse de acuerdo, lo que no ocurre cuando se trata de una injusticia o falta de justicia. 
Heráclito habría sido en Occidente el primer pensador en hablar del concepto de injusticia como cualidad primaria, idea que continuaría y asentaría Aristóteles en la cultura occidental. La justicia en filosofía es una definición que varía según el pensamiento de cada filósofo. Platón decía que el individuo debía salir de la oscuridad, de la caverna del desconocimiento, es decir, la persona se hace justa en la misma medida en que tiene conocimiento, por lo tanto, quien tiene más conocimiento puede ser más justo, lo que traduce una idea de que los gobernantes deben tener amplios conocimientos para saber gobernar y para realmente hacer justicia. El filósofo Aristóteles definía justicia como dar a cada ciudadano lo que le corresponde según sus necesidades y aporte en la sociedad, mientras que Kant decía que la justicia de un Estado debe velar por tres principios fundamentales; la libertad de los individuos, la igualdad entre ellos y la independencia de cada miembro de una comunidad. 
Platón

Hoy en día hay muchas teorías de la justicia muy elaboradas que intentan conglomerar el concepto de justicia e ir más allá de los diversos códigos legales y morales existentes en el mundo.
Es cierto que la mayoría de nosotros no sabemos decir lo que es la Justicia, pero sí que sabemos reconocer lo que es una injusticia. No hay que atenerse a las leyes, las leyes varían y no siempre son justas, y muchas veces las mayores injusticias no están recogidas en el Código Civil ,el Penal o el que sea.
El abuso de poder hacia un débil, la calumnia, el maltrato a un animal son injusticias. Y muchas veces las presenciamos en silencio y sin hacer nada. ¿Por qué?La mayoría de las veces no creo que sea por maldad, sino por abulia, por comodidad, porque creemos que no nos incumbe.
La actitud fundamentalmente hipócrita de "no tomar partido" ante las situaciones injustas que ocurren ante nosotros, me genera tremenda tristeza y también rabia. Hay ocasiones en la vida en que es necesario tomar partido, porque permanecer "neutral" es permanecer en el lado de los opresores.
Y en este punto me acuerdo de Hannah Arendt y del fenómeno de los oficiales y los soldados de las SS como Eichmann que referían "no tener nada en contra de los judíos" pero que con su pasividad  (y sus actos, cumpliendo órdenes que fueron incapaces de cuestionarse) colaboraron en su matanza.
Cada uno sabrá dónde está su límite y hasta dónde puede tolerar. Pero colaborar como cómplice silencioso e hipócrita en una injusticia, callado, pesando que "no hay más remedio que aceptarlo", es más que ceder a la tiranía, es formar parte de ella, colaborar con ella, facilitarle tarea.
Permanezcamos callados y nada cambiará.

miércoles, 11 de mayo de 2016

La banalidad del mal

“La ‘banalidad del mal’ es lo que realizamos cuando rehusamos comportarnos como seres humanos, con inteligencia, discernimiento, juicio; cuando justificamos nuestros actos diciendo que sólo tenemos que obedecer, cumplir, seguir lo que otros nos dicen, y aceptamos actuar como piezas sin juicio moral de una estructura que en la práctica se revela monstruosa”.
Luis García Orso


Adolf Eichmann fue el máximo responsable de la logística de la llamada "solución final" en el régimen nazi y tuvo bajo su responsabilidad directa el traslado de centenares de miles de judíos europeos a los campos de exterminio. Se refugió en Argentina después de la guerra y allí fue secuestrado por agentes de los servicios secretos israelíes en mayo de 1960 y trasladado a Israel para ser juzgado por sus crímenes. Fue condenado a muerte por el estado de Israel y ahorcado.
Su juicio, que comenzó al año siguiente, atrajo la atención mediática internacional.
Hannah Arendt, antigua discípula de Martin Heidegger y de Karl Jaspers en su Alemania natal, emigrada a Estados Unidos y destacada intelectual judía, pidió a la revista "The New Yorker" hacer un reportaje del proceso, que fue publicado en 1963 en esta revista y el mismo año en forma de libro, bajo el título de "Eichmann en Jerusalén".
Lo primero que sorprendió a  Hannah Arendt de la figura de Eichmann cuando presenció su juicio en Jerusalén fue su "vulgaridad". La mediocridad de aquel hombre no se correspondía con los horrendos crímenes que había cometido. A partir de su acercamiento a la figura de Eichmann, Arendt llegó a la conclusión de que los crímenes más horribles pueden originarse no sólo desde el sadismo y la perversidad, sino también desde la superficialidad y la frivolidad, la ausencia de pensamiento y de capacidad reflexiva.
Eichmann no parecía un perverso ni un sádico, ni tampoco parecía odiar a los judíos. Arendt sostiene que Eichmann "no supo jamás lo que hacía", no en el sentido de que no conociera el destino final de las personas que deportaba a los campos de exterminio, sino en el sentido de no tener conciencia de la naturaleza criminal de sus actos, de no tener una dimensión clara del significado de lo que estaba haciendo. "A pesar de los esfuerzos del fiscal, cualquiera podía darse cuenta de que aquel hombre no era un "monstruo", pero en realidad se hizo difícil no sospechar que fuera un payaso ".

La personalidad del acusado fue por tanto lo que más impresionó a Arendt durante el proceso. Conocía en detalle los crímenes (ella misma, judía de origen alemán, estuvo en un campo de refugiados y fue apátrida durante años) que estaban a juicio y es razonable suponer que esperaba encontrarse con otra clase de individuo. Si Eichmann hubiese sido un monstruo, habría sido perfectamente esperable y natural las conductas monstruosas y sádicas por las que se le juzgaban. Y sobre todo, el hecho de que hubiera sido un monstruo habría sido muy tranquilizador, porque un monstruo es por definición una aberración, alguien que se aparta de forma muy evidente de lo normal y que es fácilmente identificable como tal. Eichmann, en cambio, aunque no era exactamente un hombre corriente, estaba más cerca de ello que de la caricatura estereotipada del malvado con cuernos y rabo de demonio que muchos necesitaban ver en él.

Se ha dicho y demostrado que los hombres ordinarios pueden llegar a cometer los crímenes más terribles si las circunstancias de sus vidas los determinan a ello. Lo cierto es que, como se ha mencionado anteriormente, Arendt no pensaba que Eichmann fuera un hombre normal o corriente. Pensaba que era un hombre particularmente superficial e irreflexivo.
Arendt creyó descubrir en el juicio de Eichmann que el mal es un fenómeno superficial, que arrastra sobre todo a los individuos que no se detienen a pensar en sus acciones. Resistimos al mal no quedándonos en la superficie de las cosas, es decir, apartándonos de la vorágine de la vida cotidiana y deteniéndonos a pensar en las cosas que nos rodea, de lo que se deduce que cuanto más superficial sea una persona, tanto mayores serán las probabilidades de que ceda ante el mal.
Arendt no se profundiza en la explicación del fenómeno de la banalidad del mal, tan sólo lo describe,y de hecho en el último capítulo de "Eichmann en Jerusalén". Hay para ella hombres superficiales, sometidos a la tiranía de las cosas que los rodean y de la cotidianeidad, que no llegan a concebir cosas distintas de las que conocen y que no pueden imaginar que sus vidas puedan ser diferentes a como son. Esos hombres pueden llegar a cometer los crímenes más terribles.
Podemos poner en cuestión a Arendt, dudar de los fenómenos que ella creyó ver. Es posible sostener, como otros han hecho, que el Eichmann que ella describe no es el auténtico. En cualquier caso, la verdadera naturaleza de Eichmann es independiente del valor que pueda tener la tesis de Arendt. 
Arendt nos enseña que los crímenes más atroces pueden ser cometidos sin una auténtica intención criminal, sin sadismo o sin un cálculo frío de costos y beneficios, sino meramente por motivaciones superficiales y por individuos también superficiales.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Zombis

Hace poco, comentando con una amiga lo frecuentes que son ciertas conductas incívicas por nuestras calles, ella sostenía la hipótesis de que estas cosas no se hacen con maldad, sino que quienes tienden a obrar así lo hacen porque no se dan cuenta, que van por ahí sin ser conscientes de lo que hacen, "como zombis".
¿A qué "actitudes incívicas" me refiero? En definitiva, a todo lo que implique generar un trastorno o molestia al otro o al conjunto de la sociedad por falta de observación de normas mínimas de convivencia o de educación básicas, como ir en un transporte público con un móvil con música a todo volumen, conducir de forma agresiva, ir por la calle sin ceder el paso a quien va cargado con las bolsas de la compra,o conductas más graves como agresiones verbales o no ayudar a un amimal herido o abandonado.
Sobre lo que defiende mi amiga, que no hay un fondo de maldad en estas conductas, me temo que no puedo estar de acuerdo. Ojalá fuera tan optimista como ella. Maldad en el sentido estricto de intención directa de dañar al otro, tal vez no. Sólo tal vez. Pero se pone en evidencia algo para mí bastante grave, que es el ignorar las necesidades y los derechos del otro. Esto yo lo considero un tipo de maldad en tanto en cuanto se genera un perjuicio a otra persona o ser vivo por negligencia u omisión. Quizá el hecho de que la forma de vida que llevamos al servicio de un horario, detrás de una meta efímera que se nos escapa de las manos, de un tiempo que se va y que no vivimos nos impida detenernos en el momento en que estamos ahora mismo y mirar alrededor. Mirar alrededor para darnos cuenta de si estamos dando un codazo a alguien que va al lado en el autobús, de si tenemos la televisión a todo volumen y estamos impidiendo conciliar el sueño a un vecino que mañana tiene que madrugar, de si los gritos y las risas que estamos pegando a altas horas de la noche al pasarlo tan bien con nuestros amigos por la calle no pueden perturbar el descanso de alguien, tal vez un enfermo o un niño pequeño. Pero no somos zombis. No somos muertos vivientes; esa excusa no me sirve. Todos tenemos nuestras preocupaciones y eso no nos exonera de observar un respeto y una consideración por el otro. Estamos vivos, vivimos en el mundo, nos rodean seres vivos, y si no los consideramos y los tenemos en cuenta,  ¿en qué nos convertimos?
Si nuestras pequeñas y grandes miserias, que todos padecemos, sirven de excusa para hacernos incapaces de incluir al otro en nuestro universo, realmente no sé dónde está la grandeza del ser humano (en la que no creo, por cierto).
Estamos perpetuando una sociedad inhumana que hasta en los más pequeños detalles se hunde,y no me queda más remedio que pensar que sí que hay cierta maldad en este tipo de comportamientos, como reflejo de una forma de vida basada en la muerte de la humanidad, entendida "humanidad" como la cualidad supuestamente inherente al Homo sapiens de tener al otro en cuenta y respetarlo.
Una sociedad zombi...¿muerta?