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miércoles, 5 de julio de 2017

estás a mi servicio

Yo te pago por un servicio y por ello me siento con derecho a absorberte como ser humano, en tu esencia y en tu tiempo, todo lo que pueda y lo que tu educación y amabilidad me permitan, hasta el límite de lo humano y lo decente, porque yo pago.
Yo pago y como ser inhumano que soy me siento dueño de tu alma, de tu tiempo, de tu todo.
Te digo cómo hacer tu trabajo, te digo lo que es posible y lo que no, lo que es lícito y lo que no, lo que es moral y lo que no.
Me da igual que vendas un saber o una práctica, porque yo sabré más que tú al tener acceso a internet. Te diré lo que tienes que hacer y te dirigiré en tu labor, te coaccionaré para que no actúes libremente dentro de tu buen hacer y de la buena praxis, y me limpiaré las manos diciendo blandamente que dios no quiera que yo haya querido influir en tus decisiones.
Irrumpiré en tu espacio y en tu tiempo, exigiendo una atención desmedida porque yo valgo más que cualquier otra persona y porque exijo que tú estés pendiente de mí en cada pequeña vicisitud que se me presente, aunque me hayas dicho que tengo que aprender a resolver los problemas por mí mismo.
Tengo un problema, quiero que me lo arregles tú, no quiero que me enseñes a afrontarlo yo.
No soy consciente de que mi problema es que me miro el ombligo y no veo que hay más personas sufriendo a mi alrededor. No, los demás no me importan.
Sólo me importa que me pica el dedo meñique de mi pie derecho.
Arréglalo. Ahora. Ya.


viernes, 1 de abril de 2016

Mundo seco

Acabar con todo

Dame, llama invisible, espada fría, 
tu persistente cólera, 
para acabar con todo, 
oh mundo seco, 
oh mundo desangrado, 
para acabar con todo. 

Arde, sombrío, arde sin llamas, 

apagado y ardiente, 

ceniza y piedra viva, 

desierto sin orillas. 


Arde en el vasto cielo, laja y nube, 

bajo la ciega luz que se desploma 

entre estériles peñas. 


Arde en la soledad que nos deshace, 

tierra de piedra ardiente, 

de raíces heladas y sedientas. 


Arde, furor oculto, 

ceniza que enloquece, 

arde invisible, arde 

como el mar impotente engendra nubes, 

olas como el rencor y espumas pétreas. 
Entre mis huesos delirantes, arde; 
arde dentro del aire hueco, 
horno invisible y puro; 
arde como arde el tiempo, 
como camina el tiempo entre la muerte, 
con sus mismas pisadas y su aliento; 
arde como la soledad que te devora, 
arde en ti mismo, ardor sin llama, 
soledad sin imagen, sed sin labios. 
Para acabar con todo, 
oh mundo seco, 
para acabar con todo.

Octavio Paz

En este mundo seco y desangrado la soledad sin margen invade periódicamente a las almas más frágiles, y entonces vivir se hace insoportable. Salir a la calle se hace insoportable, ver a la gente escupir, empujarse en el metro, carcajearse sin pudor se hace insoportable.
Encerrarse en tu despacho es el único medio para salir indemne de tu jornada laboral, porque el contacto con otros seres humanos  cuyo único anhelo es salir a tomar un café o presumir de un color de lápiz de labios resulta insoportable.
Insoportable, insoportable todo.
Terriblemente insoportable y solitario.