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miércoles, 17 de octubre de 2018

¡Cortesanos, raza vil y rastrera!

Cortigiani, vil razza dannata,
Per qual prezzo vendeste il mio bene?
A voi nulla per l'oro sconviene,
Ma mia figlia è impagabil tesor.
La rendete! o, se pur disarmata,
Questa man per voi fora cruenta;
Nulla in terra più l'uomo paventa,
Se dei figli difende l'onor.
Quella porta, assassini, m'aprite!

Ah! voi tutti a me contro venite …
piange
Tutti contro me! ...
Ah! Ebben, piango … Marullo ... Signore,
Tu ch'hai l'alma gentil come il core,
Dimmi tu ove l'hanno nascosta?
È là ... non è vero? … Tu taci ... ahimè! ...

Miei signori... perdono, pietate...
Al vegliardo la figlia ridate ...
Ridonarla a voi nulla ora costa,
Tutto al mondo tal figlia è per me.
Signori, perdono, pieta ...
Ridate a me la figlia,
Tutto al mondo tal figlia è per me.
Pietà, pietà, Signori, pietà.


Rigoletto, Verdi




(Cortesanos, raza vil y rastrera /¿a que precio vendisteis mi bien?/A cambio de oro nada os repugna,/pero mi hija es un tesoro impagable./Devolvédmela…o esta mano,/aunque desarmada, os podría herir;/nada en la tierra asusta al hombre/cuando defiende el honor de sus hijos./¡Abridme esa puerta asesinos!/¡Ah, todos estáis contra mí!/Sí, lloro,… Marullo… señor,/tú que eres noble de alma y corazón,/dime, ¿donde la han escondido?/¿Está ahí, verdad?/¡Calláis! ¿Por qué?/Señores, perdón, piedad…/devolved su hija a un anciano…/Nada os cuesta devolvérmela,/esta hija lo es todo para mí./Piedad, señores, piedad)




En plena desesperación, con la inmensa sospecha de que su señor y los cortesanos han raptado a su hija, Rigoletto se dirige al palacio del Duque de Mantua. Cuando las dudas se disipan, el bufón reclama, ante la estupefacción de los cortesanos, a su hija. El bufón da paso al padre que busca desesperadamente a la hija que le ha sido arrebatada, y se revuelve contra esos cortesanos a los que hacía reír, abriendo su corazón y dejando salir la rabia el dolor y el amor que siente.
Rigoletto, el bufón que se humilla ante el señor y sus cortesanos dándoles gusto en su vida ociosa e improductiva de nobles renacentistas, se rebela ante la idea de que las bajezas que cometen diariamente contra otros se las hagan a él. Pueden secuestrar y violar a adolescentes para que el señor se entretenga, eso a él no le importa, incluso lo alienta, pero en el momento en que la  afectada es su hija Gilda estalla su ira. Pero no porque le indigne lo que hacen con las chicas o porque tenga una conciencia de clase. No, porque es un egoísta incapaz de amar, parapetado en su disfraz de bufón y su joroba, y cuando atacan a su hija lo atacan a él. Ninguna injusticia le remueve en su nihilismo egoísta, le da igual que violen a otras mujeres o arruinen a otros por capricho, él sólo piensa en sí mismo y en su joroba. Es un ser sombrío y egocéntrico que ha ido amargándose con los años y que finalmente recibe un merecido castigo a su maldad en su pobre e inocente hija, víctima de la lujuria del duque y de la negligencia egoísta de su padre.


A principios de 1851, el teatro de La Fenice de Venecia invitó a Verdi a componer una nueva ópera para ser estrenada allí, en una época en que ya era un compositor bien conocido con un grado de libertad a la hora de elegir las obras que prefería orquestar. Verdi pronto dio con el drama francés Le Roi s’amuse (El rey se divierte), del escritor Víctor Hugo: «Contiene posiciones extremadamente poderosas... El tema es grande, inmenso, y tiene un personaje que es una de las más importantes creaciones del teatro de todos los países y todas las épocas». Era un tema muy controvertido y el propio Hugo había tenido problemas con la censura en Francia, que había prohibido producciones de esta obra después de su primera representación casi veinte años antes (y continuaría prohibida durante otros treinta años). La obra de Hugo representaba a un rey (Francisco I de Francia) como un seductor cínico e inmoral, algo que resultaba inaceptable en la Europa de la Restauración posterior a las guerras napoleónicas.

Desde el principio, Verdi era consciente del riesgo, lo mismo que Piave. En una carta, Verdi escribió a Piave: «Usa cuatro piernas, corre por toda la ciudad y encuéntrame una persona influyente que pueda obtener permiso para hacer Le Roi s'amuse». Incluso el amistoso Guglielmo Brenna, secretario de La Fenice, que les había prometido que no tendrían problemas con los censores, estaba equivocado.
A comienzos del verano de 1850, empezaron a difundirse rumores de que la censura austriaca iba a prohibir la producción. Consideraban la obra de Hugo en el límite de la lesa majestad, y nunca permitirían que una obra tan escandalosa se representara en Venecia. Tres meses antes del estreno llegó de nuevo la censura que vetó el libreto. Para no desperdiciar el trabajo, Piave intentó revisar el libreto y fue incluso capaz de sacar de él otra ópera Il Duca di Vendome. Verdi se manifestó completamente en contra de esta solución y en lugar de ello prefirió negociar directamente con los censores, argumentando cada punto de la obra. El asunto se resolvió gracias a la diplomacia de los administradores del teatro. Brenna, el secretario de La Fenice, ayudó para mediar en la disputa. Se trasladaron a Busseto y allí se pusieron de acuerdo con Verdi y el libretista para que se cambiasen al menos estos puntos: Trasladar la acción de la Corte de Francia a un ducado de Francia o Italia; y cambiar los nombres de los protagonistas inventados por Víctor Hugo.
Verdi aceptó estos condicionantes y el contrato se firmó. Así fue como nació la ópera Rigoletto que hoy se conoce. Verdi se propuso en esta obra conciliar la estructura tradicional del melodrama con la complejidad del protagonista, Rigoletto, y eso no lo pudo cambiar la censura con sus condiciones. El bufón Rigoletto es un personaje verdiano, que se mueve entre el afecto por su hija y el odio por el Duque y los cortesanos. Es exactamente lo que Verdi quería realizar.


Fuentes:
Wikipedia
http://caminodemusica.com/verdi/cortigiani-vil-razza-dannata
http://operamania.es/momentos-memorablescortigiani-vil-razza-dannata/
https://www.melomanodigital.com/rigoletto-giuseppe-verdi/

lunes, 1 de octubre de 2018

La timidez, qué es y de dónde viene.

La timidez es una sensación de incomodidad que experimenta la persona cada vez que se expone a situaciones sociales y que le impide disfrutar de sus relaciones y desarrollar sus habilidades interpersonales. Es una emoción o sensación de malestar.
Analizando el término desde una perspectiva etimológica, podemos decir que procede del concepto latino "timidus", que significa "temeroso". 

Detrás de la timidez se esconde un sistema de pensamiento muy severo en donde cualquier gesto de los demás puede ser interpretado negativamente. Esto significa que la timidez no responde a una situación específica sino fundamentalmente a un pensamiento negativo sobre sí mismo.
Se considera una pauta de comportamiento que limita el desarrollo social de quienes lo experimentan dentro de su vida cotidiana. No es una enfermedad, aunque si no se controla o modera puede llegar a ser patológico. 
La timidez puede variar su intensidad de unas personas a otras. Habrá personas que simplemente se sientan incómodas en algunas situaciones sociales como estar en grupos grandes o tener que hablar en público pero pueden desenvolverse en sociedad de una manera que no interfiere con su vida. Para otras, la timidez puede ser limitante a nivel laboral, académico, social y/o de pareja. En casos extremos, las personas pueden llegar a sentirse aterrorizadas ante cualquier situación social. Este terror puede llegar a paralizarlas, causar sudoración y temblores y ataques de ansiedad. Estos casos extremos son los que se diagnostican como fobia social.

Es importante saber diferenciar entre carácter introvertido y timidez. La introversión es una característica de personalidad que no tiene por qué suponer un problema. La persona introvertida se relaciona poco con los demás porque lo elige, por lo que no le provoca ninguna complicación ni sufrimiento. La persona tímida desea relacionarse pero no lo hace porque no puede y eso le provoca ansiedad, frustración e insatisfacción.
Aunque algunos especialistas consideran la timidez como un rasgo de personalidad que podría tener una base genética y que no puede cambiarse, hay otros muchos que piensan que es una respuesta aprendida desde niños y que, por lo tanto, puede variar. Las técnicas y tratamientos utilizados para vencer la timidez y que han demostrado su eficacia, apuntan que esta segunda opción es más adecuada.


Para Renny Yagosesky, escritor y orientador conductual, la timidez puede entenderse como una condición innata predisponente a la introversión social, o como una respuesta psicofísica aprendida, de intensidades variables, asociada con la expectativa de evaluación social negativa. Se manifiesta con cambios cognitivos, afectivos y conductuales, y que tiene como características asociadas, ansiedad, incomodidad vincular, estrés, inhibición expresiva, y tendencia a contactos interpersonales erráticos. Cuando es intensa o muy frecuente, suele estar acompañada de alteraciones psicosomáticas. 
La visión neurológica afirma que la timidez puede surgir y sostenerse por la modificación cerebral que causa la repetición de un comportamiento. Esto indicaría que pensamientos, emociones y hábitos reconfiguran áreas de nuestro cerebro y condicionan ya neurológicamente nuestras conductas futuras. Una de las formas más comunes de timidez es la que aparece frente a grupos, y que es mejor conocida como "fobia social".
La etapa clave en la que aparece la timidez es entre los cinco y los siete años de edad. En ese momento se manifiesta como miedo a uno mismo. Posteriormente, durante la adolescencia, se vuelve un mecanismo sistematizado; esto se debe a que el individuo tiene una mayor consciencia de sí mismo y comienza a actuar en consecuencia para conseguir una imagen favorable entre las personas con las que se relacione. En la timidez se produce un desdoblamiento del individuo: por un lado, el yo observador; por el otro, el yo actor. Este último es el que realiza una acción premeditada, cuyo objetivo es generar una opinión positiva en los que lo escuchan. De este modo el individuo consigue proyectar en los otros el concepto que él mismo tiene de sí mismo de una forma irónica y generalmente amenazante.



La tendencia suele ser que el tímido sobrevalore y tema el resultado de la opinión que otros tengan sobre él o sus acciones, lo que detona un círculo vicioso de ansiedad e inhibición que tienden a crecer si no se resuelve la causa de la reacción o si no marca una distancia prudencial con el estímulo o agente.
Denominamos "inhibición" a la una dificultad para poder manifestarse en el mundo exterior (para modificar la realidad según el propio proyecto de vida). Hay personas inhibidas en ciertos aspectos de la vida como el amor, el trabajo, el estudio, el sexo, y que, sin embargo, no presentan esa característica en otras áreas. Una característica propia de la inhibición muchas veces tiene que ver con que no acompaña a este estado ningún afecto, no se siente necesariamente triste ni abatido. La inhibición tendría que ver principalmente con la "no ejecución de tareas", con un "estancamiento" en la vida.




El conflicto del tímido se relaciona con sensaciones de inseguridad y/o vergüenza hacia la exteriorización franca de algún componente de su personalidad (justamente en situaciones en que algo de sí mismo quedó al descubierto ante la mirada de los demás). La timidez viene con la sensación de estar incurriendo en alguna acción incorrecta, indecorosa. Si la inhibición tiene que ver con un no-hacer algo que se debería realizar para sentirnos más plenos con nuestra propia vida, la timidez se emparenta con un "quedar al descubierto" sin poder defenderse exitosamente. 
Cabría preguntarse si acaso la timidez y la vergüenza realizan la misma contribución, cuando podría pensarse que no son idénticas entre sí.  Si en la vergüenza el acento recae sobre el avergonzado de modo directo frente al sentimiento de sentirse mirado, en el pudor es precisa una condición suplementaria: que el otro actúe una forma de transgresión (incluso cuando dicho acto no sea más que la realización de un deseo). De este modo, el asco (el ataque al pudor) es un efecto de la presencia ante un modo de satisfacción en el otro, un supuesto goce en el Otro, que no puede reconocerse como propio. En la vergüenza, en cambio, la división del sujeto tiene la dimensión de lo" in fraganti", de una revelación súbita de la intimidad, en la que es sorprendido un goce escondido o un deseo inesperado. En este punto, la vergüenza es un indicador de la presencia del deseo, como lo demuestran el rubor, bajar la mirada, en definitiva, no saber detrás de qué esconderse, cuando el sujeto se siente mirado desde todos lados.


La presencia del otro no necesariamente requiere de su presencia física. Uno puede avergonzarse ante una fotografía, un sueño, o ante el recuerdo de ideales instalados desde la infancia. Vergüenza ante la idea de quedar mal, de no conseguir lo que uno se propone, de no lograr lo que esperan de nosotros… El juicio y la mirada ajena están siempre presentes, y pueden manifestarse en soledad.

La timidez y la vergüenza pueden derivar fácilmente en inhibiciones, como se ha mencionado, es decir, en limitaciones o imposibilidad para realizar determinada tarea o enfrentar alguna situación. La persona transcurre su vida inhibida con el objetivo de evitar la vergüenza, y así l aparición de la ansiedad. De esta manera encontramos personas estancadas, en reserva, o siempre tanteando, ensayando y evaluando garantías antes de dar un paso en la relación con los demás.


La timidez es resultado de una serie de inseguridades que remiten a componentes íntimos de la personalidad. Aquello que atemoriza y genera ansiedad en la persona con timidez, suele relacionarse con aspectos no reconocidos/aceptados de la forma de ser.
El sujeto con timidez suele atribuir a los demás cosas que no poseen, perdiendo de vista los propios atributos que lo singularizan. Aquello que proyecta en los otros es la propia mirada negativa que recae sobre sí, ya que no posee fundamentos reales para sostener que toda la gente podría tener una mala concepción sobre su persona. No podemos agradar a todo el mundo, del mismo modo en que no nos agradan por igual todas las personas; e incluso hay seres que nos desagradan. Lo esencial a retener es que la persona tímida proyecta y generaliza percepciones internas.
A diferencia del miedo a lo desconocido, la timidez se refiere a un miedo a lo conocido pero no valorado de sí mismo. En este sentido, la timidez disfraza y oculta lo más auténtico de cada uno; transformando situaciones que podrían ser agradables en un verdadero calvario.

Para vencer la timidez, será cuestión de flexibilizar el sistema severo de pensamiento que critica, compara, juzga sin cesar. Por otra parte, es necesario quebrar el imaginario que dice que los demás son mejores y están en condiciones de calificarnos. En realidad, todos tenemos la labor de enfrentar distintas dificultades, por este motivo ninguna persona estaría en condiciones de evaluar la personalidad de nadie.  Hay que recordar que cualquiera puede hacer el ridículo en público, pues “nadie es perfecto”.
Pero lo principal será reconocer lo singular que nos caracteriza y valorarlo por encima de cualquier tipo de comparación o evaluador externo. Dejar de tener miedo de mostrar, compartir o intercambiar lo que somos, ya que si actuamos desde un lugar de autenticidad la mirada de los otros pierde relevancia.





Fuentes:
https://definicion.de/timidez/
http://www.latimidez.com/superar-timidez-grupos
wikipedia
http://marcelococholilopsicoanalista.blogspot.com/2011/06/timidez-e-inhibicion-dificultades-para.html
https://www.pagina12.com.ar/88330-el-goce-del-vergonzoso
https://psicologoscordoba.org/timidez-verguenza-e-inhibicion/
http://psicologapaulalucero.blogspot.com/2016/02/vencer-la-timidez.html

viernes, 2 de marzo de 2018

Las peras y el olmo


Yo sé que no se le pueden pedir peras al olmo.
Lo que es triste es tener un peral que no dé peras, ni sombra ni cobijo ni nada.
Para eso querría tener un olmo.
Sabría qué esperar de ese árbol.
Pero de mi peral, no sé ya qué esperar.
A veces me gustaría arrancarlo, de la rabia que me da.
Me gustaría que se secara de una vez y junto con él todas mis esperanzas.
Pero tengo un peral, un peral fuerte y joven, que debería dar peras, y de hecho las da, para otros, pero para mí no.
Y no lo consigo entender. Por qué para mí no hay peras, qué hecho yo para no merecerlas.
Si no tuviera un peral, sería distinto.
Llevaos mi peral, por favor.
Os lo ruego, lleváoslo.
No lo quiero ver más.
Dadme un olmo, un olmo pequeño que me recuerde que no me merezco las peras.

martes, 2 de enero de 2018

El tabú del suicidio y el desprecio al suicida

Empecemos con datos objetivos de la OMS:
"Anualmente, cerca de 800 000 personas se quitan la vida y muchas más intentan hacerlo. Cada suicidio es una tragedia que afecta a familias, comunidades y países y tiene efectos duraderos para los allegados del suicida. El suicidio se puede producir a cualquier edad, y en 2015 fue la segunda causa principal de defunción en el grupo etario de 15 a 29 años en todo el mundo".
"El suicidio no solo se produce en los países de altos ingresos, sino que es un fenómeno global que afecta a todas las regiones del mundo. De hecho, en 2015, más del 78% de los suicidios en todo el mundo tuvieron lugar en países de ingresos bajos y medianos".
"El suicidio es un grave problema de salud pública; no obstante, es prevenible mediante intervenciones oportunas, basadas en datos fidedignos y a menudo de bajo coste. Para que las respuestas nacionales sean eficaces se requiere una estrategia de prevención del suicidio multisectorial e integral".
Suicidio de Sócrates

"Si bien el vínculo entre el suicidio y los trastornos mentales (en particular los trastornos relacionados con la depresión y el consumo de alcohol) está bien documentado en los países de altos ingresos, muchos suicidios se producen impulsivamente en momentos de crisis que menoscaban la capacidad para afrontar las tensiones de la vida, tales como los problemas financieros, las rupturas de relaciones o los dolores y enfermedades crónicos. Además, las experiencias relacionadas con conflictos, desastres, violencia, abusos, pérdidas y sensación de aislamiento están estrechamente ligadas a conductas suicidas. Las tasas de suicidio también son elevadas entre los grupos vulnerables objeto de discriminación, por ejemplo, los refugiados y migrantes; las comunidades indígenas; las personas lesbianas, homosexuales, bisexuales, transexuales, intersexuales; y los reclusos. Con diferencia, el principal factor de riesgo de suicidio es un intento previo de suicidio."
Se estima que la presencia de enfermedades mentales al momento del suicidio varía entre el 27​ y más del 90% de los casos. La mitad de las personas fallecidas por esta razón podrían haber padecido un trastorno depresivo mayor.
Los suicidios son prevenibles. Existen algunas medidas que se pueden adoptar entre la población, los grupos de población y las personas para prevenir el suicidio y los intentos de cometerlo.
"El suicidio es un problema complejo y, consiguientemente, las actividades de prevención exigen la coordinación y colaboración de múltiples sectores de la sociedad, incluidos los de salud, educación, trabajo, agricultura, comercio, justicia, derecho, defensa, política y medios de comunicación. Esas actividades deben ser amplias e integradas, dado que ningún enfoque individual por separado puede tener efecto en una cuestión tan compleja como el suicidio."

"En todo el mundo es insuficiente la disponibilidad y calidad de los datos sobre el suicidio y los intentos de suicidio. Solo 60 Estados Miembros disponen de datos de registro civil de buena calidad que se pueden utilizar directamente para estimar tasas de suicidio. La calidad insuficiente de los datos sobre mortalidad no es un problema exclusivo del suicidio, pero dada la sensibilidad de este fenómeno y la ilegalidad de las conductas suicidas en algunos países es probable que la subnotificación y la clasificación errónea de casos sea un problema más significativo en lo que respecta al suicidio que a otras causas de defunción."

Oficialmente, en España se registraron 3.602 muertes por suicidio en 2015, último año con datos del INE. Se quitaron la vida 2.680 hombres y 922 mujeres. Es, con mucha diferencia, la principal causa de muerte no natural. El número de muertes por suicidio que figura en el INE no coincide con el de los Institutos de Medicina Legal. Un estudio en 16 provincias de España realizado por el Instituto de Medicina Legal de Sevilla encontró 563 suicidios sin registrar, solamente en 2007.
El equipo de la epidemióloga Mercè Gotsens ha contrastado con fuentes forenses el número de suicidios entre 2004 y 2006 en Barcelona que consta en el Registro de Mortalidad del INE. Los archivos del Instituto de Medicina Legal de Cataluña revelan la falta de validez de los datos del INE. “Solo el 40% de las defunciones que realmente eran suicidios se codificaron como tales en el Registro de Mortalidad”, detalla Gotsens, de la Agencia de Salud Pública de Barcelona. El nuevo estudio de las investigadoras de la Universidad de Cantabria muestra una tasa media anual de 95 suicidios por cada millón de habitantes en España. Es una cifra baja, comparada con la tasa media mundial de 114 suicidios por cada millón de personas.  “En España no hay programas de prevención en el ámbito nacional. Los que hay son pilotos y muy limitados en personal y recursos”. De hecho, las muertes en carretera eran la primera causa de muerte no natural en 2007 y han pasado en 2013 al quinto lugar gracias a campañas y medidas, que según los investigadores, deben aplicarse ahora a los suicidios.

"Las estrategias eficaces de prevención del suicidio requieren un fortalecimiento de la vigilancia y el seguimiento de los suicidios y los intentos de suicidio. Las diferencias transnacionales en los patrones de suicidio y los cambios en las tasas, características y métodos de suicidio ponen de relieve la necesidad de que cada país mejore la integridad, calidad y oportunidad de sus datos concernientes al suicidio. Esto incluye el registro civil de suicidios, los registros hospitalarios de intentos de suicidio, y los estudios representativos a escala nacional que recopilen información sobre intentos de suicidio autonotificados." (OMS)
Para hacer frente a este fenómeno la OMS y las autoridades y expertos en tema abogan por que las instituciones dejen de considerar este asunto como un tabú y pongan en marcha campañas de prevención en las escuelas y centros de salud ya que es un problema que no va a desaparecer pero puede limitarse con una rápida detección.

La OMS reconoce que el suicidio es una prioridad de salud pública. El primer informe mundial de la OMS sobre el suicidio, «Prevención del suicidio: un imperativo global», publicado en 2014, procura aumentar la sensibilización respecto de la importancia del suicidio y los intentos de suicidio para la salud pública, y otorgar a la prevención del suicidio alta prioridad en la agenda mundial de salud pública. También procura alentar y apoyar a los países para que desarrollen o fortalezcan estrategias integrales de prevención del suicidio en el marco de un enfoque multisectorial de la salud pública.
El suicidio es una de las condiciones prioritarias del Programa de acción para superar la brecha en salud mental establecido por la OMS en 2008, que proporciona orientación técnica basada en pruebas científicas con miras a ampliar la prestación de servicios y atención de problemas de salud mental, neurológicos y abuso de sustancias. En el Plan de acción sobre salud mental 2013-2020 los Estados Miembros de la OMS se comprometieron a trabajar para alcanzar la meta mundial de reducir las tasas nacionales de suicidios en un 10% para 2020. Además, la tasa de mortalidad por suicidio es un indicador de la meta 3.4 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible: «De aquí a 2030, reducir en un tercio la mortalidad prematura por enfermedades no transmisibles mediante su prevención y tratamiento, y promover la salud mental y el bienestar».
El suicida. Manet.

El estigma, particularmente en torno a los trastornos mentales y el suicidio, disuade de buscar ayuda a muchas personas que piensan en quitarse la vida o han tratado de hacerlo y, por lo tanto, no reciben la ayuda que necesitan. La prevención del suicidio no se ha abordado apropiadamente debido a la falta de sensibilización respecto del suicidio como problema de salud pública principal y al tabú existente en muchas sociedades para examinarlo abiertamente. En la actualidad, unos pocos países han incluido la prevención del suicidio entre sus prioridades sanitarias, y solo 28 países han notificado que cuentan con una estrategia nacional de prevención del suicidio.
“Es positivo hablar de un suicidio. No lleva a otro suicidio”: Cecília Borràs, fundadora-presidenta de la asociación Després del Suicidi-Associació de Supervivents (DSAS), la primera asociación española que se dedica a ayudar y prestar servicios a los allegados de las personas que han muerto a causa de un suicidio. Luchan por romper el silencio que envuelve este asunto, para que los sistemas de prevención mejoren y que las administraciones dediquen mayores esfuerzos y recursos a la atención de los supervivientes. “Si se habla públicamente de los suicidios, las personas que están sufriendo se dan cuenta de que pueden hablar de ello, de que pueden exteriorizar sus preocupaciones”, añade.
Gloria Cruceta, psiquiatra barcelonesa, explica, por su parte, que un “90% de los suicidios son impulsivos. Sólo entre 2% y un 5% de los suicidios son totalmente racionales y planificados. 


Pero el estigma del suicidio cae fulminante sobre todo contra los propios suicidas, que son juzgados y condenados por sociedad, familia, amigos y hasta sanitarios. Son personas como cualquier otra, no son malditos ni apestados, y nadie está libre de tener un impulso suicida en un momento de su vida tras caer en una depresión mayor, o sufrir una desgracia terrible, o ser diagnosticado de una grave enfermedad degenerativa. Todos los seres humanos somos susceptibles de suicidarnos. No es algo de lo que podamos estar libres por ser ciudadanos de bien integrados socialmente y perfectamente engranados en la sociedad de libre mercado.
El suicido nos causa repugnancia, desprecio, asco, aunque en el fondo nos da miedo. Porque sabemos que esas pulsiones de muerte están ahí agazapadas en lo profundo de nuestra psique. No queremos escucahrlas y las acallamos con lo que sea: alcohol, sexo, compras, trabajo excesivo, ejercicio extremo... pero el vacío existencial y las preguntas sin respuestas que nos pueden llevar a una angustia extrema se encuentra en el fono de nuestras almas anestesiadas.
Mirar al suicidio a la cara, afrontarlo, empatizar, respetar, nos hace más humanos y nos da mejor comprensión de nosotros mismos. Y posiblemente podremos ayudar a quienes estén solos ante su angustia y su dolor, como puede que algún día nos veamos nosotros mismos.

“Quien se suicida no quiere morir, simplemente quiere dejar de sufrir”, concluye Borràs.







http://www.fronterad.com/?q=tabu-suicidio-medios-comunicacion-tienen-como-norma-no-dar-noticia

http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs398/es/

https://es.wikipedia.org/wiki/Suicidio

https://elpais.com/elpais/2017/06/12/ciencia/1497291180_123865.html
https://www.elconfidencial.com/ultima-hora-en-vivo/2016-01-17/el-gran-error-de-no-hablar-del-suicidio-la-mayor-causa-de-muerte-no-natural_798230/

viernes, 30 de junio de 2017

El vacío existencial

“La gran enfermedad de nuestra época es la falta de rumbo, el hastío y la falta de sentido y finalidad”
 Víktor Frankl

El vacío como condición humana es el sentimiento generalizado de apatía, aburrimiento y alienación social, acompañado frecuentemente de distimia, depresión, desesperanza, sentimiento agudo de soledad o desórdenes emocionales relacionados. Es un concepto que procede del vocablo latino vacīvus. El término hace referencia a aquello que carece de contenidoExistencial, por su parte, es un adjetivo vinculado a la acción de existir (estar, poseer vida, pertenecer a la realidad).
Para los filósofos, esta idea forma parte de la condición humana ya que es inherente a la experiencia vital de las personas. Un ser humano experimenta un vacío existencial cuando no le encuentra sentido a su vida. De este modo, se siente alienado.
El sentimiento de vacío forma también parte del proceso natural de la pena, como resultado de la desaparición de un ser querido o algún cambio significativo. Además, el significado concreto de vacío varía mucho en el contexto de las diferentes tradiciones culturales en que se ubique. Mientras que para la cultura occidental el sentimiento de vacío está ligado como se ha dicho a emociones como la ansiedad o la depresión, en algunas filosofías orientales como el budismo y el taoísmo, el vacío (Śūnyatā) aparece como un estado de realización. En las religiones orientales el estado de vacío emocional no tiene el mismo sentido que en la cultura occidental, ya que se trata de un estado superior del ser humano y no de un estado de malestar.


En filosofía política, el vacío se asocia con el nihilismo. El crítico literario Georg Lukács por ejemplo, argumenta contra el vacío espiritual y la inadecuación moral del capitalismo.
Asimismo, el concepto de vacío fue importante en un cierto tipo de filosofía existencialista y algunas formas del movimiento de Muerte de Dios, movimiento filosófico que da voz al sentido de alienación que proviene del reconocimiento del ser humano de su soledad en un universo que le es indiferente.
Se considera que el citado vacío existencial se ha convertido en un “mal contemporáneo”.  Viktor Frankl, hablando de la falta de identidad de los seres humanos, mencionó que ante la crisis de valores postmoderna el ser humano se queda cuestionándose sobre su propia existencia, sobre cuál es el camino adecuado, el fin de todo lo que hace. Ante esta angustia el humano tiene que elegir, y elegir provoca angustia como ya señalaba Fromm en "El miedo a la libertad".
Según Viktor Frankl, creador de la Logoterapia (la terapia centrada en el sentido de la vida) el vacío existencial es una neurosis de nuestro tiempo, es una neurosis del espíritu. Dice que “Cada época tiene su neurosis y cada tiempo su psicoterapia”. Él cree que hoy no nos enfrentamos ya, como en los tiempos de Freud, con una frustración sexual, sino con una frustración existencial. El paciente típico de nuestro tiempo no sufre tanto, como en los tiempos de Adler, bajo un complejo de inferioridad, sino bajo un abismal complejo de falta de sentido, acompañado de un sentimiento de vacío”(Frankl, 1997, 9).


"El sentido de la vida" constituye la respuesta ofrecida a las preguntas o problemas que implica la vida: ¿por qué vivir? ¿Para qué vivir? ¿Quién soy? ¿De dónde vengo y a dónde voy? ¿Qué hacer con mi vida? ¿Qué camino seguir? ¿Qué hacer para sobrevivir? ,entre otras tantas cuestiones existenciales. "El sentido de la vida" es un "esquema que reúne modelos de actos de las líneas más diversas y los acomoda en una proyección de un sentido que se extiende desde el nacimiento hasta la muerte".
El desarrollo de un sentido de la vida puede verse frustrado en la medida en que las metas, anhelos o expectativas de vida no sean realizados o nuestros parámetros de vida de seguridad y certidumbre sean afectados por situaciones de crisis donde no se cuenta con las herramientas adecuadas para afrontarlos.
En tales situaciones, la presencia de un conjunto de sensaciones y cambios en nuestro día a día, surgen como "síntomas" de un estado de frustración existencial que afecta nuestro sentido de vida que ha sido denominado por Viktor Frankl como un "vacío existencial": "la pérdida del sentimiento de que la vida es significativa", las personas presentan "el sentimiento de que sus vidas carecen total y definitivamente de un sentido. Se ven acosados por la experiencia de su vaciedad íntima, del desierto que albergan dentro de sí"."Un sentimiento de vacío interior y de absurdidad de la vida, una incapacidad para sentir las cosas y los seres". Se siente que la vida no tiene sentido y que no vale la pena vivirla.

martes, 28 de marzo de 2017

el amor, adónde va

RIMA XXXVIII

Los suspiros son aire y van al aire. 
Las lágrimas son agua y van al mar. 
Dime, mujer, cuando el amor se olvida, 
¿sabes tú adónde va?


G.A. Bécquer




el amor... ¿a dónde va?
¿de dónde viene?
de la región de los sueños imposibles
de los engaños que no consuelan
de los corazones cobardes
de las almas rotas
de las heridas primordiales

el amor es un pájaro rebelde
que nos arranca el hígado
y también la vida
en la ilusión de su ilusión
en el anhelo de su búsqueda
para no ser completos.

el amor, te diré a dónde va...
al vertedero de donde nunca debió salir




viernes, 9 de diciembre de 2016

La comida de navidad

Las comidas de navidad.



Esos actos sociales por excelencia, esa reunión anual obligatoria, esa náusea.
Empieza a acercarse el 25 de diciembre y los lugares comunes se repiten cada vez con más insitencia e intensidad, hasta convertirse en un bombardeo de espumillón y pavo, juguetes de plástico, amigos invisibles, alientos alcoholizados, cristales rotos en el portal y meadas en la pared de enfrente.
Esa maravillosa época del año en que todo es luz e ilusión.
Todo es recordar a los desfavorecidos y entregarse a una orgía desenfrenada de consumismo obligatorio por contrato. Calles inundadas de gente angustiada que tiene que ver las bombillitas parpadeantes y los nacimientos en las iglesias. Todo supura amor.
Amor a la fiesta pagana del capitalismo, miedo a no poder hacerle frente.
Todo belleza, todo luz.
Miedo a la soledad, a no tener una familia con jerséys de reno en torno a una chimenea y una mesa llena de animales muertos.
Oh, blanca navidad, aunque aquí no nieve, aunque el planeta esté a punto de reventar.
Esas masas de compañeros de trabajo que no se quieren ni se respetan y que para pasar unas horas juntos tienen que ingerir grandes cantidades de alcohol, proferir alaridos en mitad de la calle para sentir el grito salvaje de la amistad en su vacíos pechos, manosear los traseros de sus conocidas furtivamente para sentirse más machos.

¡Oh, celebraciones humanas, vacías, colmadas de nihilismo, bellas en vuestra terrible fealdad!