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martes, 19 de enero de 2021

Psicología del servilismo

 La noción de servilismo se asocia a lo servil: aquello propio de un siervo (un esclavo o alguien sometido). Una persona que acata órdenes sin realizar ningún tipo de reflexión o cuestionamiento por más que sean contrarias a sus deseos o intereses, o incluso si sus consecuencias son dañinas, está realizando un acto de servilismo. Hacer la pelota viene a ser lo mismo: el intentar agradar o adular a alguien para conseguir algún beneficio presente o futuro.



El servilismo se refiere a una tendencia desmedida a satisfacer a quien ocupa una posición de poder o se sitúa en un nivel superior en una escala jerárquica. El sujeto servil es lisonjero y no se atreve a expresar su punto de vista si es contrario al del poderoso ni se anima a defender los intereses de sus pares, aun poniendo en riesgo su integridad física, su moral y su ética y la de sus compañeros.

Es importante señalar que a grandes rasgos, las personas serviles, según Christopher Freiman (en su artículo “Why be inmoral?”, publicado en 2010), son aquellas que se caracterizan por ser individualistas y dispuestas a trasgredir la moral. Entre ellas podemos encontrar personas con muy bajo nivel intelectual y otros con gran inteligencia. Si nos adentramos desde el perfil psicológico, el servil sería una persona que tiene problemas en su autoestima e imagen, que probablemente ha tenido una historia marcada por el abuso y que tiene algún desajuste en su juicio de realidad e identidad del Yo, lo que manifiesta que estará dispuesto a lo que sea para satisfacer a su superior absoluto. Manifiestan en muchas ocasiones procesos de despersonalización lo que se manifiesta en acciones autoritarias, relaciones conflictivas y muchas veces centradas en prácticas marcadas por perjudicar a sus iguales.

Freiman afirma que los serviles inteligentes generalmente disponen todo para que su influencia sobre el poderoso no sea amenazada con la presencia de ideas y propuestas de otros. Hacen lo necesario para volver inaccesibles a sus "jefes" y lograr que toda comunicación con ellos pase por sus manos. 


Según la Sociología, las actitudes de complacencia de intereses del otro son condición para la cohesión grupal y/o colectiva. Sin embargo, la complacencia del otro olvidando el sí mismo (como es el caso del servil), son causa de la descomposición de los intereses y prioridades de un grupo y/o colectivo. 
En política se afirma que el servilismo es la principal motivación del autoritarismo y motor de la creación de relaciones conflictivas. Una persona servil se dedica a sobrevalorar las cualidades del poderoso y hacerlas valer aun sacrificando su integridad, o poniendo en riesgo la estabilidad del grupo o colectivo al que se pertenece.



Estudios de Psicología Política indican que las personas con comportamientos de servilismo son las más propensas al fanatismo. Su conducta, en representación del poderoso, es como si poseyera la verdad, tuviera todas las respuestas y no necesitara seguir buscándolas más allá del pensamiento de la persona con quien se es servil. En el contexto actual, se ha visto que las prácticas políticas y económicas, están siendo teñidas desde el servilismo y la corrupción, lo que en definitiva ha generado movimientos tecnócratas, serviles a los intereses de algunos por encima del de todos, buscando la satisfacción del modelo neoliberal, que va desmedro de lo social.




El sistema vertical y represivo es una parte más del sistema capitalista que no sobreviviría sin los esclavos felices e infelices, sin los sumisos, los alienados y los egoístas, dado que el sistema represivo juega un papel clave mediante la amenaza preventiva y la producción de miedo. Hoy en día constatamos que las democracias neoliberales ya no cumplen la función de limitar y regular al poder sino que, por el contrario, implican un retorno al absolutismo del “poder real”, encarnado actualmente por las corporaciones. Esta es producida por los medios de comunicación que instalan una cultura de masas.

La masa, modo social paradigmático tanto del nazismo como del neoliberalismo, constituye un dispositivo privilegiado para obtener la obediencia inconsciente. Por vía de la sugestión, la idealización, la fe ciega y la identificación la masa se somete inconscientemente al entramado de imposición, lo que lleva a reformular el carácter “voluntario” o consensuado de la servidumbre al poder exterior para situar en su lugar la obediencia inconsciente. No se trata de un consentimiento tácito, una aceptación resignada o pasividad ante la dominación, sino de un carácter compulsivo, activo y decidido de sumisión inconsciente.



El sujeto servil introyecta exigencias e imperativos ilimitados fundamentados en el empuje al consumo, que lo van conduciendo a una autoexplotación compulsiva. La obediencia inconsciente de la masa tiene como uno de sus fundamentos la ignorancia. Esto implica no querer escuchar, ver, ni saber y va de la mano de una promoción del narcisismo, una exacerbación de la imagen de sí cuya función es tapar la falta, promoviendo un individualismo descarnado que no se afecte por el lazo social. Encontramos con frecuencia creciente individuos que prefieren no saber, satisfaciéndose en la ignorancia y en la cobardía, el horror al saber en tanto podría conmocionar las creencias. Esta pasión por la ignorancia resulta funcional al capitalismo, constituyendo uno de los mayores obstáculos para transformar la posición del sujeto. Una subjetividad sometida al actual dispositivo del mercado, cruel e insaciable, creyéndose libre y ciudadana resulta en verdad una esclavitud en versión posmoderna.



Todo esto muestra la importancia de un análisis crítico del servilismo y la ignorancia impuestos. Una apuesta decidida y comprometida hacia una política de la fraternidad, la solidaridad, la preeminencia de la vida y el amor será el mejor antídoto contra la obediencia inconsciente, acrítica y sacrificial, nueva versión del servilismo en la época neoliberal.

En la vida es indispensable distinguir a los serviles, pues dificultan la actividad porque intentan a toda costa que la voluntad del poderoso sea la regla. Son los típicos compañeros de trabajo sin conciencia de clase, que van a lo suyo y que les parecen bien todas las ocurrencias absurdas del jefe inútil e inoperativo que sin doblar el lomo sólo exige más y más productividad sin mejorar las condiciones laborales. Esos pelotas que creen que van a heredar la empresa y que fiscalizan al compañero, que se chivan al jefe de las pequeñas disgresiones que los trabajadores se ven obligados a hacer para que la empresa y el trabajo no los asfixien. Hay que guardarse del servil, del pelota, porque aunque es un currito como los demás se siente protegido y de otra casta, se siente una prolongación del poderoso, intocable y vigilante. Y en todos los trabajos, grupos y comunidades hay unos cuantos. Son la gangrena que mata a la solidaridad y la conciencia de clase. Son los obreros que votan a la derecha.



https://definicion.de/servilismo/

https://lahora.gt/hemeroteca-lh/servilismo-y-autoestima/

https://www.elquintopoder.cl/politica/la-mirada-del-servil/

https://www.aporrea.org/actualidad/a259732.html

https://cronicon.net/wp/nueva-forma-del-servilismo-voluntario-la-obediencia-inconsciente/

viernes, 13 de noviembre de 2020

Autoindulgencia, autoestima y autocompasión

La definición de autocompasión o "self compassion" es tratarse a uno/a mismo/a con amabilidad, sin criticarse ni juzgarse por los errores. Por ejemplo, una persona que sufre en el presente por un error del pasado puede aprender bajo la luz de esta expresión de afecto que en aquel momento actuó del mejor modo que supo hacerlo a partir de sus propias circunstancias y de su etapa vital. El hacernos conscientes, en el momento presente, de que estamos luchando con sentimientos de inadecuación, desesperación, u otras emociones dolorosas nos permite responder con amabilidad y comprensión hacia nosotros mismos y hacia los demás. 



La autocompasión implica ser cálido y comprensivo hacia nosotros mismos cuando sufrimos, nos rechazan o nos sentimos inadecuados, en lugar de ignorar nuestro dolor o flagelarnos con la autocrítica. Cuando hay autocompasión reconocemos que el ser humano es imperfecto. Por tanto, va a ser inevitable experimentar dificultades en la vida, por lo que hemos de tender a ser amables con nosotros mismos cuando nos enfrentemos a experiencias dolorosas, en lugar de frustrarnos cuando la vida y los demás no están a la altura de los ideales establecidos. Cuando esta realidad se niega o se lucha en su contra, el sufrimiento aumenta en forma de estrés a través de la frustración y la autocrítica. Cuando esa realidad vital es aceptada con simpatía y amabilidad, se experimenta una mayor ecuanimidad emocional, lo que lleva a un menor sufrimiento.

 

La frustración por no tener las cosas exactamente como queremos suele ir acompañada de un sentimiento irracional de aislamiento, como si "yo" fuera la única persona que sufriera o cometiera errores. Sin embargo, todos los seres humanos sufren. La propia definición de ser "humano" significa que uno es mortal, vulnerable e imperfecto. Por lo tanto, la autocompasión implica reconocer que el sufrimiento y la inadecuación personal es parte de la experiencia de humanidad compartida: “algo que todos pasamos” en lugar de ser algo que sólo me pasa a "mí". También significa reconocer que los pensamientos, sentimientos y acciones se ven afectadas por factores "externos", como la crianza, la cultura, las condiciones genéticas y ambientales, así como el comportamiento y las expectativas de los demás. Thich Nhat Hahn llama a esa intrincada red de causa y efecto recíproco en el que todos estamos involucrados: "inter-ser."


La autocompasión también se deriva de la voluntad de observar nuestros pensamientos y emociones negativas con franqueza y claridad, de modo que se mantengan en la conciencia. La atención plena (mindfulness) es un estado mental no-crítico, receptivo en el que se observan los pensamientos y sentimientos tal como son, sin tratar de suprimirlos o negarlos. 

 



La autoindulgencia es el sentimiento de pena hacia uno mismo que experimenta un individuo en situaciones percibidas como adversas cuando dicha situación no ha sido aceptada y no se tiene la confianza o la habilidad para adaptarse a ella. Es un sentimiento asociado al autoconsuelo, que tiene un importante papel en las relaciones humanas y puede abarcar desde un comportamiento breve, ocasional y transitorio hasta un trastorno de personalidad que se expresa sin una provocación externa o a consecuencia de percepciones distorsionadas de la realidad, que provoca sufrimiento a uno mismo y a los que le rodean. El individuo autoindulgente cree ser víctima de una situación negativa y por tanto merecer condolencia. La autoindulgencia es, de forma general, considerada un sentimiento negativo que no sirve de ayuda para tratar con situaciones adversas; sin embargo, en un contexto social puede dar lugar a despertar simpatía o consejo. 

Cuando las personas sienten lástima de sí mismas, se ven inmersas en sus propios problemas y se olvidan que los demás tienen problemas similares. No hacen caso de sus interconexiones con otras personas, y creen que son los únicos en el mundo que están sufriendo (olvidan la humanidad compartida y el interser). La pena y la lástima ponen de relieve que existen sentimientos egocéntricos de separación de los demás, que exageran la magnitud del sufrimiento personal. Sin embargo, la autocompasión le permite a uno ver las experiencias relacionadas con el “yo y el otro” sin tales sentimientos de aislamiento y desconexión.



A pesar de que la autocompasión puede parecer similar a la autoestima, son diferentes en muchos aspectos. La autoestima se refiere a nuestro sentido de auto-valía o valor percibido. En la cultura actual, la autoestima se basa a menudo en lo diferentes que somos de los demás, lo mucho que destacamos o lo especiales que somos (totalmente lo opuesto a la humanidad compartida). En nuestra sociedad no está bien ser "normal", sino que tenemos que sentirnos por encima de la media para estar bien con nosotros mismos. Esto significa que los intentos de elevar la autoestima pueden provocar comportamientos narcisistas, egocéntricos, o nos pueden llevar a despreciar a otras personas para hacernos sentir mejor con nosotros mismos. También tendemos a enojarnos y ser agresivos hacia los que han dicho o hecho algo que potencialmente nos hace sentirnos mal con nosotros mismos. La necesidad de una alta autoestima puede animarnos a ignorar, distorsionar u ocultar los defectos personales de modo que no podemos ver con claridad y precisión. Por último, nuestra autoestima a menudo depende de si tenemos éxito o fracasamos, lo que significa que nuestra autoestima fluctúa en función de circunstancias siempre cambiantes.



En contraste con la autoestima, la autocompasión no se basa en la autoevaluación. La gente siente compasión por sí misma, porque todos los seres humanos merecen compasión y comprensión, no porque posean un conjunto particular de características (belleza, riqueza, etc.). Esto significa que con la autocompasión no tenemos que sentirnos superiores a los demás para estar bien con nosotros mismos. La autocompasión también permite una mayor auto-claridad, porque las faltas personales pueden ser reconocidas con amabilidad y no es necesario ocultarlas. Por otra parte, la autocompasión no depende de circunstancias externas, sino que siempre está disponible (especialmente cuando uno se siente muy abatido). Las investigaciones indican que, en comparación con la autoestima, la autocompasión se asocia con una mayor capacidad de recuperación emocional, con autoconceptos más precisos, con comportamientos de relación más solidarios, así como con un menor narcisismo y con menor ira reactiva.

Dedicado a mi maestra, Pilar Ariza



Fuentes:

https://es.wikipedia.org/wiki/Autocompasi%C3%B3n

https://www.iepp.es/autocompasion/

https://msc.mindfulness.global/autocompasion/

https://www.mindfulnessyautocompasion.com/autoestima-vs-autocompasion

miércoles, 1 de julio de 2020

"Nueva" normalidad

Nos hablan y nos hablamos de que hay una "nueva normalidad" después del confinamiento por la Pandemia.

Pero efectivamente podemos ya comprobar que nada ha cambiado y que no hay nada de nuevo en esto.
Tenemos que llevar mascarillas, eso es nuevo, pero no las llevamos porque son incómodas, antiestéticas y dan calor. Eso no es nuevo, el egoísmo.

No es nuevo que olvidemos lo que hemos sufrido por culpa de nuestra propia irresponsabilidad y volvamos a lo de siempre, al capitalismo salvaje, a la deshumanización, a ignorar la vulnerabilidad de otras personas con diferente color de piel, nacionalidad, sexo o ceros en su cuenta corriente.

Queremos volver a viajar, a contaminar otros parajes con nuestra presencia y nuestro rastro, a usar medios de transporte insostenibles, a gastar un dinero que no tenemos en hacer selfies para seguir aparentando que somos únicos y especiales entre los otros 7000 millones.

Volvemos a comprar cosas innecesarias fabricadas en masa por humanos más pobres que a nadie importan en industrias contaminantes e inmorales para llenar nuestro vacío moral. 

Comemos animales porque siempre lo hemos hecho y no vamos a dejar de hacerlo a pesar de que todas las pandemias que hemos sufrido tengan relación con su explotación y tortura y/o con el contacto indebido con animales salvajes y la destrucción de sus hábitats y de la biodiversidad.

Volvemos a lo mismo, y parafraseando a Bécquer, volverán los oscuros virus de nuestros balcones sus nidos a colgar, porque ya sabemos que ha habido y habrá más pandemias y que no aprendimos ni aprenderemos.

Para los dinosaurios un meteorito, para nosotros varias pandemias.

Sigamos igual, haciendo como si el mundo no se acabara, sigamos como la orquesta del Titanic tocando hasta el hundimiento las notas de la orgía de explotación, consumo y destruccción, no vaya a ser que tengamos que cambiar tantas cosas que ya no valga la pena vivir sin pedir chorradas por amazon, comer animales muertos atiborrados de antibióticos o hacerse selfies en el otro lado del mundo. 


jueves, 12 de septiembre de 2019

Las relaciones líquidas del whatsapp

“Internet permite la creación en red, más allá de una suma de individualidades”.
-Manuel Castells-
¿Qué nos pasa con los móviles y el whatapp?
Cada vez hablamos menos, la palabra hablada escasea y se racanea, nos mandamos breves y monosilábicos mensajes para comunicar lo esencial o lo futil, pero no nos llamamos para hablar.
¿Dónde queda la comunicación? ¿Dónde la conversación? Por qué nos estamos deshumanizando tanto?
Parece que nunca tenemos tiempo para los demás, para estar con ellos, para tener una charla entre amigos y contar cómo va la vida. No quedamos a tomar café porque ya tenemos contacto diario mediante mensajes y eso nos da la falsa impresión de que estamos cuidando las relaciones.
Mandamos un ¿qué tal todo? y ya sentimos que hemos cumplido, pero la realidad es que nunca por escrito y con tan escaso tiempo de reacción además de la falta de atención que ponemos en lo que leemos y escribimos mientras estamos pendientes de otras cosas y de otras conversaciones, vamos a contestar con sinceridad. Un ¿qué tal? aislado no invita a sincerarse, a contar, a echar ese ratito de conversación tan necesario para los humanos.
A todos nos gusta que nos pregunten si estamos bien, cómo nos va la vida, en fin, tener contacto directo con otros humanos.



Esto es propio de la sociedad de la información y el consumo en que nos encontramos. Las personas dan más valor a la experiencia presente, al consumo puntual y poco responsable y a la satisfacción inmediata de las necesidades corporales e intelectuales. 
El amor líquido, pues, hace referencia a la fragilidad de los vínculos sentimentales, alude a la necesidad de no establecer raíces emocionales profundas con las personas con que nos cruzamos en la vida, a fin de permanecer desvinculados emocionalmente y así poder encajar en un entorno en constante mutación.
La aparición de las  redes sociales y las nuevas tecnologías ha tenido un papel a la hora de consolidar esta tendencia. Vivimos en un mundo en constante cambio, donde lo virtual y lo real se confunden con pasmosa facilidad.  La sociedad nos empuja a ello, a tener cada vez vínculos más débiles y flexibles, a echar pocas raíces allá donde vayamos. Así nos educan, así somos. Esto promueve la sensación de que no solo los objetos sino también las personas son consumibles.


El amor líquido puede ser divertido pero también es efímero, cosa que nos puede dejar  una sensación de vacío existencial. Las personas consumistas siempre están deseosas de comprar más cosas, pero eso no las hace felices porque lo material siempre acaba desvaneciéndose. 
El propio Bauman nos explica que muchas relaciones de hoy en día son «conexiones» más que «relaciones». Ya no estamos hablando únicamente de la primacía de las nuevas tecnologías y las redes sociales, ésas que nos unen con múltiples personas en el momento en que nosotros elijamos.
El individualismo busca sólo satisfacer necesidades puntuales con un principio y un fin, de ahí la idea de amor líquido, emociones que no se pueden retener y que se escapan fugazmente de las manos hasta desaparecer. vivimos en un mundo dinámico donde lo real en ocasiones se conjuga con lo virtual, una modernidad líquida donde muchas cosas parecen escaparse de nuestras manos. Establecemos relaciones inestables porque nuestra sociedad parece ensalzar a su vez unas relaciones humanas más flexibles
Bauman nos dice que para ser felices, debemos tener en cuenta dos valores imprescindibles: libertad y seguridad. La seguridad sin libertad es esclavitud, pero la libertad sin seguridad es un caos total. Todos necesitamos de ambas dimensiones para encontrar el equilibrio en nuestras vidas.

https://lamenteesmaravillosa.com/el-amor-liquido-o-la-fragilidad-de-los-vinculos/
https://psicologiaymente.com/pareja/amor-liquido

miércoles, 17 de octubre de 2018

Quiero ser VIP


Cualquiera que por trabajo tenga que tratar con personas y proveer algún servicio, desde despachar pan hasta operar hernias de disco, sabe que la gente tiene tendencia a sobreestimar su propia importancia y a la vez a minusvalorar el trabajo del otro. Esto se llama explotación y es la base de la naturaleza humana.
Siempre hay gente que se siente superior, que cree que merece un trato especial y preferente porque sí, y esa gente siempre genera rechazo en quien tiene que atenderle. Desde quien se cuela en la cola del supermercado hasta quien llega a un servicio de urgencias médicas y se cree que le tienen que atender antes que a los demás y mejor.


Al final esa gente es simplemente maleducada y sin empatía y lo que hace es instrumentalizar a los demás con el fin de conseguir sus propios objetivos. A la altura de un psicópata podemos poner a quien en un hospital le grita a un médico porque lleva esperando muchas horas a que le atiendan sin reparar en que el sistema es quien le hace esperar, no ese trabajador, porque no es más que un trabajador, que no ha parado de atender a personas enfermas con medios precarios en una situación de precariedad.
Y así pasa con todas las personas que tienen que lidiar con personas a las que dan un servicio o asesoramiento. Muchos usuarios, clientes y pacientes tienden a portarse como explotadores despiadados que desprecian la labor y el esfuerzo del otro, y por eso tenemos que mirar cómo nos comportamos para no caer en lo perverso utilizando al que nos sirve la mesa o nos arregla el coche.



Nadie está al servicio de nadie, se trata de realizar un trabajo del que otros son beneficiarios, y si no hay un respeto básico a ese otro caemos en la barbarie. Al final cuando nos comportamos de forma despótica con un trabajador estamos dejando salir una parte sádica nuestra y permitiendo que se desplieguen todas las ansias de maltratar a otro que está en una situación de vulnerabilidad, por frustración de tener que vernos en nuestro horario laboral en esa posición en que nos maltratan otros sádicos frustrados.
Cada vez que pretendemos pasar por delante de otro, que nos den un trato mejor o que nos dediquen más tiempo sin que sea necesario o esté justificado por las circunstancias estamos utilizando de forma egoísta y desconsiderada al que nos atiende. Cada vez que cuestionamos o ignoramos la información o el consejo que nos da un profesional (médico, psicólogo, pastelero, camarero, albañil...) estamos creyéndonos por encima de su formación y su profesionalidad e ignorando el contexto en que tiene que desplegar su actividad laboral esa persona.
Por eso hago un llamamiento para que todos nos respetemos y aprendamos a convivir de una vez y dejemos de querer ser todos merecedores de un trato mejor que el resto de los humanos.



lunes, 23 de julio de 2018

La larga dependencia.

"El inicial desvalimiento del ser humano es la fuente primordial de todos los motivos morales"
Freud




Es el sentimiento de soledad y  de impotencia ante lo desconocido lo que hace que los humanos hagamos las cosas que hacemos y que seamos lo que somos. Somos seres dependientes emocionalmente debido a nuestra larga infancia, en la que somos vulnerables durante muchos años, como también dijo Lacan "lo que caracteriza al ser humano es la prematuración en el momento de su nacimiento, prematuración que, desde un comienzo, lo pone en manos del "Otro" y lo marca para el resto de su vida, en la que nunca alcanzará el estado "ideal"."



Esta situación de desamparo inicial es para Freud la causa principal para el surgimiento de eso que llama "motivos morales", noción que debe entenderse en el sentido de que son las demandas que vienen del "Otro", a merced de quien el niño se encuentra en el comienzo de su vida, lo que hace del niño desde un comienzo un ser humano, un sujeto que habla y cuyo deseo tendrá que ser modelado inevitablemente por la palabra que viene de ese "Otro".

En el inicio de su vida el sujeto está en manos del "Otro" de quien depende para sobrevivir. Pero pronto advertirá que la "omnipotencia" que le atribuye es una ilusión que su propio desvalimiento produce. Queda, de todos modos, una nostalgia por esa omnipotencia supuesta y esta nostalgia será la base de toda creencia porque toda creencia se basa en la creación de una instancia dotada de esos poderes plenos que pueden asegurar amparo al sujeto. 
Así, toda la vida añoraremos ese estado de seguridad y dependencia en el que un "Otro" omnipotente nos proveía y estaba ahí de forma permanente para saciar y colmar todas nuestras necesidades (o no, causando la neurosis). Permanecemos en ese estado de incompletud, en esa búsqueda absurda de la media naranja que nos complete cuando la carencia está en nuestra psique y en nuestra neurosis. 
Hemos neurotizado nuestra sociedad y nuestra cultura romantizando esa búsqueda del amor, enalteciendo y cantando a esa completud falsa que no es más que nuestra neurosis y que sólo tiene cura mirándonos con sinceridad a nosotros mismos.




En sus reflexiones, Freud testimonia cómo en su búsqueda racional de las causas de ese estado carencial, el hecho de que la causa es finalmente esa "naturaleza de la enfermedad", el ser en falta, la causa como causa perdida, es decir, eso de lo que el sujeto nada quiere saber y por eso se aferra al creer. 
Necesitamos aferrarnos a nuestra incompletud porque forma parte de nuestra esencia imperfecta e insana, nuestra búsqueda del amor imposible, el estar en el mundo del humano nunca es en armonía como los demás animales.
Los demás animales tienen una infancia más corta y un periodo de dependencia menor, están en armonía con su entorno y consigo mismos y no son tan grotescamente conscientes de sí mismos y de sus egos.
¿Hace falta preguntar quiénes se han adaptado mejor al mundo y quiénes son menos auto y hetero destructivos?



wikipedia-Freud, Lacan
http://www.acheronta.org/acheronta23/gerber.htm

viernes, 13 de abril de 2018

Viva la feria


Ellas van por la vida pisando fuerte
hablando fuerte
arrollando con su mediocridad.
Por esa vida llena de ruido y furia
contada por idiotas que pisan muy fuerte
y que nada significa.
Nada significa tu puto zapato de tacón ruidoso
ni tu mierdoso pintaúñas de colores químicos
Ni tu noche del pescaíto frito en aceites insalubres
ni tus farolillos de papel disueltos por la lluvia.
Tus complementos de flamenca cuidadosamente escogidos
fabricados en china por manos esqueléticas,
tu tapita servida por un currito explotado
tus cacharritos montados por feriantes depauperados
tu comida hecha de animales torturados
tu préstamos de cofidis para pagarlo

Tu vida es idiota
Tú eres idiota
Por meterte en una caseta que huele a sobaco
a no escuchar palabras y a alcoholizarte.
Idiota, ruido y furia.
Eso es lo que quieres.
Es lo que eres.



miércoles, 5 de julio de 2017

estás a mi servicio

Yo te pago por un servicio y por ello me siento con derecho a absorberte como ser humano, en tu esencia y en tu tiempo, todo lo que pueda y lo que tu educación y amabilidad me permitan, hasta el límite de lo humano y lo decente, porque yo pago.
Yo pago y como ser inhumano que soy me siento dueño de tu alma, de tu tiempo, de tu todo.
Te digo cómo hacer tu trabajo, te digo lo que es posible y lo que no, lo que es lícito y lo que no, lo que es moral y lo que no.
Me da igual que vendas un saber o una práctica, porque yo sabré más que tú al tener acceso a internet. Te diré lo que tienes que hacer y te dirigiré en tu labor, te coaccionaré para que no actúes libremente dentro de tu buen hacer y de la buena praxis, y me limpiaré las manos diciendo blandamente que dios no quiera que yo haya querido influir en tus decisiones.
Irrumpiré en tu espacio y en tu tiempo, exigiendo una atención desmedida porque yo valgo más que cualquier otra persona y porque exijo que tú estés pendiente de mí en cada pequeña vicisitud que se me presente, aunque me hayas dicho que tengo que aprender a resolver los problemas por mí mismo.
Tengo un problema, quiero que me lo arregles tú, no quiero que me enseñes a afrontarlo yo.
No soy consciente de que mi problema es que me miro el ombligo y no veo que hay más personas sufriendo a mi alrededor. No, los demás no me importan.
Sólo me importa que me pica el dedo meñique de mi pie derecho.
Arréglalo. Ahora. Ya.


viernes, 21 de octubre de 2016

Amiga humana

Amiga humana:

He nacido en lo que tú llamas la calle.
He parido en un rincón lleno de basura a mis hijos y los he visto morir.
He pasado hambre, dolor y miedo.
Pero ahora, en este momento, estoy bien.
No pienso en el pasado porque para mí no existe.
No pienso en el futuro porque tampoco existe.
Sé que ahora no tengo hambre, ni frío y ronroneo.
Creo que puedo confiar en tí. Aunque seas humana.
Perteneces a una especie cruel y egoísta.
Pero no he pasado hambre desde que vivo contigo.
No he sufrido dolor por tu causa.
No he pasado frío bajo tu tutela.
La lluvia y las inclemencias del tiempo no son más que un mal recuerdo para mí ahora.
Sé que no eres mala. Tampoco eres buena.
Porque eres humana.
Yo quería vivir en libertad con mis hijos y mis congéneres pero no puedo.
Porque tus congéneres lo han destruído todo.
Mi mundo ahora es el tuyo.
Me tienes en tu casa, en una cárcel de cemento.
Lo acepto, es el mal menor.
Pero no soy libre.
No soy yo.
Y sin embargo tú eres tú, humana, es tu naturaleza cruel y egoísta.

sábado, 9 de abril de 2016

Personas tóxicas

 "...personas problemáticas. Jefes autoritarios y descalificadores, vecinos quejosos, compañeros de trabajo o estudio envidiosos, parientes que siempre nos echan la culpa de todo, hombres y mujeres arrogantes, irascibles o mentirosos… Todas estas personas «tóxicas» nos producen malestar, pero algunas pueden arruinarnos la vida, destruir nuestros sueños o alejarnos de nuestras metas." Así los definen en las reseñas del best-seller famoso.

Es cierto que existen todo este tipo de personajes que pueden complicarnos la vida cuando tropezamos con ellos, y que a nadie le gusta tener que "soportarlos".
Sin embargo da la impresión de que el término más o menos afortunado de "personas tóxicas" se ha extendido y se ha empezado a usar con bastante indiscriminación. Ahora cualquier persona que esté de mal humor, que sea inconformista, esté deprimida o que no esté permanentemente sonriendo y alabando al prójimo corre el riesgo de ser tachada de "persona tóxica".
Aparte de que el término se usa de forma abusiva y con excesiva prodigalidad, tengo mis propias reservas sobre el mismo. Los personajes amargados, desagradables, envidiosos y frustrados que integran la caterva de seres humanos tóxicos y que al parecer merecen ser apartados de la sociedad "no tóxica" muchas veces no son malvados vampiros que se alimentan de la positividad de los demás por afición y amor al arte. Algunos sí merecen ser calificados de "psicópatas", es decir de personas que carecen de empatía y que no son capaces de sentir compasión ante el sufrimiento ajeno. Hay psicópatas cotidianos entre nosotros, y no hace falta remontarse al asesino en serie, pero la mayoría de las llamadas personas tóxicas son personas "normales"; de hecho me atrevo a decir que las llamadas personas "normales" son tóxicas al menos unas cien veces al día. 

Porque es normal y es humano sentir envidia alguna vez, quejarse, estar de mal humor, enfadado... ¿o acaso la naturaleza humana consiste en permanecer impasible ante lo que acontece a nuestro alrededor? ¿Ninguno de nosotros hemos necesitado el consuelo de un semejante porque nos hemos sentido abrumados por una situación que no podemos controlar? Pues entonces hemos sido tóxicos, hemos vampirizado al otro por contarle nuestras cuitas y nuestras penas, hemos pedido ayuda en momentos difíciles como buenos chantajistas emocionales, nos hemos sentido tristes y solos con nuestras miserias, envidiosos y viles gusanos, mientras otros disfrutaban de sus parejas y sus familias bien avenidas... 

Lo estoy llevando al extremo y lo sé, pero también es cierto que se tiende a llevar estas "filosofías" al otro extremo. Esas ideas simplistas y en realidad superficiales e insolidarias de "no aceptes en tu vida a quien no te haga bien", "aléjate de personas complicadas, mejorarás tu salud", "me niego a ser una persona tóxica no quiero andar por la vida quejándome y disconforme con todo, prefiero disfrutar más de la vida" (todo esto son ejemplos sacados tal cual de páginas de psicología positiva de internet) las que realmente intoxican a las personas y las relaciones que establecen entre sí, causando que ciertos individuos autojustifiquen sus tendencias egoístas y poco solidarias con los sentimientos y el sufrimiento de los demás. Dar un abrazo a un amigo que sufre, ayudar al que no tiene quien le tienda una mano, escuchar al que lo necesita son cosas que se están perdiendo en este mundo en el que ser humano es convertirse en algo tóxico, y en el que escudarse en el egoísmo es tener un erróneo y sobrevalorado concepto de autoestima.

jueves, 29 de octubre de 2015

Hola, ¿qué tal?

A estas alturas ya todos lo sabemos. O deberíamos saberlo. Cuando nos preguntan cómo estamos realmente formamos parte de un ritual en el que JAMÁS se va a esperar de nosotros que contestemos cómo nos encontramos ni  que hablemos de nuestros sentimientos. Hay que contestar "muy bien, ¿y tú?". Por eso me encanta ese práctico saludo anglosajón que ya de por sí trae una respuesta "How do you do? -How do you do?" y todos tan contentos, sin implicaciones personales, tú con lo tuyo y yo con lo mío, nos hemos saludado, hemos cumplido con el compromiso del contacto no programado con otro humano.
Pero el tramposo "¿cómo te va?" puede llevar a las almas cándidas a suponer que la persona que tiene delante se está interesando sinceramente por su estado, y no simplemente cumpliendo con un convencionalismo social.  No hay un interés genuino  por el otro en esta fórmula estereotipada de saludo. Puedes tropezarte por la calle con un amigo después meses o años sin verlo, y ese "cómo te va" puede llevar a engaño. Lo correcto es decir que estás muy bien, hablar de cuatro trivialidades, tal vez criticar a algún tercero que no se halle presente y por supuesto formular otra promesa vacía: "tenemos que quedar un día". Entiendo que los convencionalismos sociales son eso, pactos para comportarnos entre nosotros de forma previsible para no entrar en un inquietante caos social.
Pero cuando esto ocurre entre personas que se ven a diario, que conviven o que supuestamente se quieren y están para apoyarse, estamos de nuevo ante ese proceso de deshumanización descarnada que va haciendo de esta sociedad en que vivimos un páramo a  nivel emocional y moral.
¿Puede sonar exagerado? tal vez, pero es una pequeña señal que dice mucho. Una señal entre muchas que van dando pistas sobre una forma de relacionarnos cada vez más superficial y con menor implicación emocional. Otra señal muy poderosa, sin ir más lejos, es el tremendo auge de las redes sociales, la forma de relacionarse más superficial que ha existido.
Buscamos lo impersonal, el "me gusta", la falta de implicación personal. Estamos desconectados porque ya ni siquiera hablamos por teléfono de viva voz ni nos podemos contar nuestras vidas cara a cara y en la intimidad, con la fuerza y el apoyo de un abrazo y un hombro sobre el que llorar. Estamos perdiendo la implicación emocional con nuestros amigos, familiares, compañeros, congéneres, y me temo que todo es por comodidad. Sí, porque escuchar al otro y sentir su angustia requiere un esfuerzo, e incluso cierto malestar y no queremos sufrir.
Somos muy hedonistas, vivimos en una sociedad capitalista, todo es desechable, todo se valora en términos de utilidad. alguien que sufre o que tiene problemas es desechable, no lo queremos en nuestras vidas. Valores como la compasión y la solidaridad se ridiculizan porque aparentemente no aportan ninguna ganancia (a niveles no materiales aportan muchísimo, pero es otro tema).
El error de estos planteamientos es que nos olvidamos de que todos somos humanos, que todos somos susceptibles de sufrir, de pasar por un mal momento y por tanto  de necesitar la presencia de un ser compasivo y paciente que nos acompañe cuando nos sintamos mal. Puede que algunos crean que con muchos "me gusta" en facebook puedan suplir el amor genuino, o tal vez con una borrachera en compañía de esos llamados amigos con quienes no puede comunicarse realmente. Pero la soledad está ahí acechando junto a la tristeza y el vacío y  por desgracia de eso no se libra nadie.

Intentemos ser más humanos.