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jueves, 12 de septiembre de 2019

Las relaciones líquidas del whatsapp

“Internet permite la creación en red, más allá de una suma de individualidades”.
-Manuel Castells-
¿Qué nos pasa con los móviles y el whatapp?
Cada vez hablamos menos, la palabra hablada escasea y se racanea, nos mandamos breves y monosilábicos mensajes para comunicar lo esencial o lo futil, pero no nos llamamos para hablar.
¿Dónde queda la comunicación? ¿Dónde la conversación? Por qué nos estamos deshumanizando tanto?
Parece que nunca tenemos tiempo para los demás, para estar con ellos, para tener una charla entre amigos y contar cómo va la vida. No quedamos a tomar café porque ya tenemos contacto diario mediante mensajes y eso nos da la falsa impresión de que estamos cuidando las relaciones.
Mandamos un ¿qué tal todo? y ya sentimos que hemos cumplido, pero la realidad es que nunca por escrito y con tan escaso tiempo de reacción además de la falta de atención que ponemos en lo que leemos y escribimos mientras estamos pendientes de otras cosas y de otras conversaciones, vamos a contestar con sinceridad. Un ¿qué tal? aislado no invita a sincerarse, a contar, a echar ese ratito de conversación tan necesario para los humanos.
A todos nos gusta que nos pregunten si estamos bien, cómo nos va la vida, en fin, tener contacto directo con otros humanos.



Esto es propio de la sociedad de la información y el consumo en que nos encontramos. Las personas dan más valor a la experiencia presente, al consumo puntual y poco responsable y a la satisfacción inmediata de las necesidades corporales e intelectuales. 
El amor líquido, pues, hace referencia a la fragilidad de los vínculos sentimentales, alude a la necesidad de no establecer raíces emocionales profundas con las personas con que nos cruzamos en la vida, a fin de permanecer desvinculados emocionalmente y así poder encajar en un entorno en constante mutación.
La aparición de las  redes sociales y las nuevas tecnologías ha tenido un papel a la hora de consolidar esta tendencia. Vivimos en un mundo en constante cambio, donde lo virtual y lo real se confunden con pasmosa facilidad.  La sociedad nos empuja a ello, a tener cada vez vínculos más débiles y flexibles, a echar pocas raíces allá donde vayamos. Así nos educan, así somos. Esto promueve la sensación de que no solo los objetos sino también las personas son consumibles.


El amor líquido puede ser divertido pero también es efímero, cosa que nos puede dejar  una sensación de vacío existencial. Las personas consumistas siempre están deseosas de comprar más cosas, pero eso no las hace felices porque lo material siempre acaba desvaneciéndose. 
El propio Bauman nos explica que muchas relaciones de hoy en día son «conexiones» más que «relaciones». Ya no estamos hablando únicamente de la primacía de las nuevas tecnologías y las redes sociales, ésas que nos unen con múltiples personas en el momento en que nosotros elijamos.
El individualismo busca sólo satisfacer necesidades puntuales con un principio y un fin, de ahí la idea de amor líquido, emociones que no se pueden retener y que se escapan fugazmente de las manos hasta desaparecer. vivimos en un mundo dinámico donde lo real en ocasiones se conjuga con lo virtual, una modernidad líquida donde muchas cosas parecen escaparse de nuestras manos. Establecemos relaciones inestables porque nuestra sociedad parece ensalzar a su vez unas relaciones humanas más flexibles
Bauman nos dice que para ser felices, debemos tener en cuenta dos valores imprescindibles: libertad y seguridad. La seguridad sin libertad es esclavitud, pero la libertad sin seguridad es un caos total. Todos necesitamos de ambas dimensiones para encontrar el equilibrio en nuestras vidas.

https://lamenteesmaravillosa.com/el-amor-liquido-o-la-fragilidad-de-los-vinculos/
https://psicologiaymente.com/pareja/amor-liquido

miércoles, 12 de junio de 2019

No pidas limosna de amores

DIME QUE ME QUIERES
Si tú me pidieras que fuera descalza
pidiendo limosna, descalza yo iría.
Si tú me dijeras que abriese mis venas,
un río de sangre me salpicaría.
Si tú me pidieras que al fuego me echase,
igual que madera me consumiría,
que yo soy tu esclava 
y tú el absoluto señor de mi cuerpo, 
mi sangre y mi vida.
Y a cambio de esto, que bien poco es, 
oye lo que quiero pedirte a mi vez:

Dime que me quieres, ¡dímelo por Dios!
aunque no lo sientas, aunque sea mentira,
pero dímelo.
Dímelo bajito,
te será más fácil decírmelo así,
y el "te quiero" tuyo será "pa" mis penas
lo mismo que lluvia de mayo y abril.
Ten misericordia de mi corazón, 
dime que me quieres, dime que me quieres,
¡dímelo por Dios!

Si no me mirasen tus ojos de almendra,
el pulso en las sienes se me pararía;
si no me besaran tus labios de trigo,
la flor de mi boca se deshojaría.
Si no me abrazasen tus brazos morenos,
por siempre los míos en cruz quedarían, 
y si me dijeras que ya no me quieres...
¡no sé la locura que cometería!
Y es que únicamente yo vivo por ti,
que me das la muerte o me haces vivir.

Y a cambio de esto, que bien poco es, 
oye lo que quiero pedirte a mi vez:
Dime que me quieres, ¡dímelo por Dios!
aunque no lo sientas, aunque sea mentira,
pero dímelo.
Dímelo bajito,
te será más fácil decírmelo así,
y el "te quiero" tuyo será "pa" mis penas
lo mismo que lluvia de mayo y abril.
Ten misericordia de mi corazón, 
dime que me quieres, dime que me quieres,
¡dímelo por Dios!


Quintero,León y Quiroga


Mendigar es "pedir, implorar o pordiosear una limosna de puerta en puerta o también en las calles o en lugares benéficas. Solicitar, instar o requerir el favor de alguien con importunidad, indiscreción, entremetimiento o impertinencia y hasta con desdén o humillación". (RAE)
En principio, con el vocablo latino ‘mendicus’ se nombraba al que padecía un defecto físico, el cual le impedía poder ganarse la vida y, además, movía a la compasión, pasando después a significar el pobre que obtiene por súplica su sustento. Son de la misma familia los términos latinos ‘mendum’ (defecto), ‘emendo’ (corregir, sacar algo de su estado defectuoso, enmendar), e incluso ‘méndax’ (mentiroso), al relacionarse con la idea de vicio o defecto; y también los castellanos mendicante, mendicidad y enmienda.


Para entender la trascendencia que tiene el reconocimiento en el ser humano, vale la pena recordar la jerarquía de necesidades de Abraham Maslow. Así, una vez que la persona tiene cubiertos los tres primeros niveles de la pirámide (fisiológicas, de alimentación y filiación) llega el cuarto nivel. Maslow define este cuarto escalón como la capacidad de sentirnos bien con el propio autoconcepto. Y lo hacemos gracias al modo en el que nos tratan los demás. Si yo percibo que mi entorno más íntimo y cercano me valora, creceré con mayor seguridad reconocimiento para fortalecer mi autoconcepto y mi autoestima.
En todo esto entra el mito del amor romántico, ese amor que se implora, se ruega y se mendiga porque lo puede todo, que se basa en los celos y en el sacrificio y en la ignorancia del otro. Un mito que refuerza la sociedad heteropatriarcal en su afán por unir a las personas en parejas indisolubles y alienarlas del resto.  
Sin embargo el amor en su sentido más amplio es algo que no se puede mendigar, que no se puede forzar. Si alguien te racanea el tiempo, las palabras y el afecto no te quiere. Dicen que no existe la falta de tiempo, que existe la falta de interés, porque cuando la gente realmente quiere, la madrugada se vuelve día, martes se vuelve sábado y un momento se vuelve oportunidad. No esperes a quien no te espera, valórate y deja de mendigar y de rogar amor. Porque, como hemos dicho, el amor se debe demostrar y sentir, pero jamás implorar. 


Fuentes:
wikipedia