Mostrando entradas con la etiqueta individualismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta individualismo. Mostrar todas las entradas

viernes, 13 de noviembre de 2020

Autoindulgencia, autoestima y autocompasión

La definición de autocompasión o "self compassion" es tratarse a uno/a mismo/a con amabilidad, sin criticarse ni juzgarse por los errores. Por ejemplo, una persona que sufre en el presente por un error del pasado puede aprender bajo la luz de esta expresión de afecto que en aquel momento actuó del mejor modo que supo hacerlo a partir de sus propias circunstancias y de su etapa vital. El hacernos conscientes, en el momento presente, de que estamos luchando con sentimientos de inadecuación, desesperación, u otras emociones dolorosas nos permite responder con amabilidad y comprensión hacia nosotros mismos y hacia los demás. 



La autocompasión implica ser cálido y comprensivo hacia nosotros mismos cuando sufrimos, nos rechazan o nos sentimos inadecuados, en lugar de ignorar nuestro dolor o flagelarnos con la autocrítica. Cuando hay autocompasión reconocemos que el ser humano es imperfecto. Por tanto, va a ser inevitable experimentar dificultades en la vida, por lo que hemos de tender a ser amables con nosotros mismos cuando nos enfrentemos a experiencias dolorosas, en lugar de frustrarnos cuando la vida y los demás no están a la altura de los ideales establecidos. Cuando esta realidad se niega o se lucha en su contra, el sufrimiento aumenta en forma de estrés a través de la frustración y la autocrítica. Cuando esa realidad vital es aceptada con simpatía y amabilidad, se experimenta una mayor ecuanimidad emocional, lo que lleva a un menor sufrimiento.

 

La frustración por no tener las cosas exactamente como queremos suele ir acompañada de un sentimiento irracional de aislamiento, como si "yo" fuera la única persona que sufriera o cometiera errores. Sin embargo, todos los seres humanos sufren. La propia definición de ser "humano" significa que uno es mortal, vulnerable e imperfecto. Por lo tanto, la autocompasión implica reconocer que el sufrimiento y la inadecuación personal es parte de la experiencia de humanidad compartida: “algo que todos pasamos” en lugar de ser algo que sólo me pasa a "mí". También significa reconocer que los pensamientos, sentimientos y acciones se ven afectadas por factores "externos", como la crianza, la cultura, las condiciones genéticas y ambientales, así como el comportamiento y las expectativas de los demás. Thich Nhat Hahn llama a esa intrincada red de causa y efecto recíproco en el que todos estamos involucrados: "inter-ser."


La autocompasión también se deriva de la voluntad de observar nuestros pensamientos y emociones negativas con franqueza y claridad, de modo que se mantengan en la conciencia. La atención plena (mindfulness) es un estado mental no-crítico, receptivo en el que se observan los pensamientos y sentimientos tal como son, sin tratar de suprimirlos o negarlos. 

 



La autoindulgencia es el sentimiento de pena hacia uno mismo que experimenta un individuo en situaciones percibidas como adversas cuando dicha situación no ha sido aceptada y no se tiene la confianza o la habilidad para adaptarse a ella. Es un sentimiento asociado al autoconsuelo, que tiene un importante papel en las relaciones humanas y puede abarcar desde un comportamiento breve, ocasional y transitorio hasta un trastorno de personalidad que se expresa sin una provocación externa o a consecuencia de percepciones distorsionadas de la realidad, que provoca sufrimiento a uno mismo y a los que le rodean. El individuo autoindulgente cree ser víctima de una situación negativa y por tanto merecer condolencia. La autoindulgencia es, de forma general, considerada un sentimiento negativo que no sirve de ayuda para tratar con situaciones adversas; sin embargo, en un contexto social puede dar lugar a despertar simpatía o consejo. 

Cuando las personas sienten lástima de sí mismas, se ven inmersas en sus propios problemas y se olvidan que los demás tienen problemas similares. No hacen caso de sus interconexiones con otras personas, y creen que son los únicos en el mundo que están sufriendo (olvidan la humanidad compartida y el interser). La pena y la lástima ponen de relieve que existen sentimientos egocéntricos de separación de los demás, que exageran la magnitud del sufrimiento personal. Sin embargo, la autocompasión le permite a uno ver las experiencias relacionadas con el “yo y el otro” sin tales sentimientos de aislamiento y desconexión.



A pesar de que la autocompasión puede parecer similar a la autoestima, son diferentes en muchos aspectos. La autoestima se refiere a nuestro sentido de auto-valía o valor percibido. En la cultura actual, la autoestima se basa a menudo en lo diferentes que somos de los demás, lo mucho que destacamos o lo especiales que somos (totalmente lo opuesto a la humanidad compartida). En nuestra sociedad no está bien ser "normal", sino que tenemos que sentirnos por encima de la media para estar bien con nosotros mismos. Esto significa que los intentos de elevar la autoestima pueden provocar comportamientos narcisistas, egocéntricos, o nos pueden llevar a despreciar a otras personas para hacernos sentir mejor con nosotros mismos. También tendemos a enojarnos y ser agresivos hacia los que han dicho o hecho algo que potencialmente nos hace sentirnos mal con nosotros mismos. La necesidad de una alta autoestima puede animarnos a ignorar, distorsionar u ocultar los defectos personales de modo que no podemos ver con claridad y precisión. Por último, nuestra autoestima a menudo depende de si tenemos éxito o fracasamos, lo que significa que nuestra autoestima fluctúa en función de circunstancias siempre cambiantes.



En contraste con la autoestima, la autocompasión no se basa en la autoevaluación. La gente siente compasión por sí misma, porque todos los seres humanos merecen compasión y comprensión, no porque posean un conjunto particular de características (belleza, riqueza, etc.). Esto significa que con la autocompasión no tenemos que sentirnos superiores a los demás para estar bien con nosotros mismos. La autocompasión también permite una mayor auto-claridad, porque las faltas personales pueden ser reconocidas con amabilidad y no es necesario ocultarlas. Por otra parte, la autocompasión no depende de circunstancias externas, sino que siempre está disponible (especialmente cuando uno se siente muy abatido). Las investigaciones indican que, en comparación con la autoestima, la autocompasión se asocia con una mayor capacidad de recuperación emocional, con autoconceptos más precisos, con comportamientos de relación más solidarios, así como con un menor narcisismo y con menor ira reactiva.

Dedicado a mi maestra, Pilar Ariza



Fuentes:

https://es.wikipedia.org/wiki/Autocompasi%C3%B3n

https://www.iepp.es/autocompasion/

https://msc.mindfulness.global/autocompasion/

https://www.mindfulnessyautocompasion.com/autoestima-vs-autocompasion

miércoles, 25 de septiembre de 2019

Ciudades escenario

Forastero:
¿Esto hay en el Arenal?.
¡Oh, gran máquina Sevilla!
Alvarado:
¿Esto sólo os maravilla?
Forastero:
¡Es a Babilonia igual!
Alvarado:

Pues aguardad una flota
y veréis toda esta arena
de carros de plata llena,
que imaginarlo alborota.

Lope de Vega

Se rehabilitan edificios para ser usados como pisos turísticos


El término gentrificación (proveniente del inglés gentry, «baja nobleza») se refiere al proceso de transformación de un espacio urbano deteriorado o en declive a partir de la preconstrucción o rehabilitación edificatoria con mayores alturas que las existentes que provoca un aumento de los alquileres o del coste habitacional en estos espacios. Esto induce a que los residentes tradicionales abandonen el barrio y se afinquen en espacios más periféricos, lo que produce que este «nuevo» espacio termine por ser ocupado por clases sociales con mayor capacidad económica que les permita afrontar estos nuevos costes. Este proceso tiene especial relevancia en los últimos años en ciudades con importante potencial turístico y relevancia económica, como Sevilla.
También se utiliza este término para los usos comerciales o de servicios. Por ejemplo, la construcción de centros comerciales o tiendas pertenecientes a grandes cadenas, relegando a los pequeños negocios. La gentrificación no se centra únicamente en los aspectos físicos, sino que involucra una serie de cambios en la conformación de la población y se caracteriza por el desplazamiento de un estrato social por un estrato superior.


El negocio tradicional sustituido por tiendas de souvenirs

Es por tanto una dinámica del capitalismo que entra perfectamente en la lógica del libre mercado. La gentrificación es un fenómeno complejo y que puede revestir diferentes formas, pero es delimitable y único en la medida en que es producido por dinámicas estructurales del capitalismo post-fordista y juega un papel fundamental en la reestructuración del espacio urbano consecuencia de la reestructuración productiva y social del capitalismo actual.

Estos barrios son el resultado de un proceso de gentrificación que los recuperó de una imagen degradada de "jeringuillas" de los ochenta y que ahora va camino de un proceso de invasión del turismo de masas que les empuja a gentrificar otros barrios cercanos. El modelo que se da en estos barrios no es la economía colaborativa del alquiler de una vivienda mientras el propietario está de vacaciones o compartir una habitación por un módico precio. El modelo que amenaza el barrio lo ven tan voraz que lo definen como "especulativo": edificios completos y viviendas que acaban convertidas en hoteles. Los asistentes exponen experiencias cercanas sobre los envíos de burofax notificando subidas del alquiler que se disparan que obligan a salidas forzosa del inquilino. 


Espacios verdes como la Alameda se convierten en explanadas de cemento.


El barrio en el que crecí, precisamente, ha sufrido un cambio abismal. Pasó de ser una zona degradada y casi marginal en los años 80 a sufrir un proceso de "limpieza de cara" con motivo de la expo del 92 y a partir de ahí ha perdido paulatinamente toda su identidad. Hay pequeñas calles en las que apenas viven sevillanos, porque todo está copado por las viviendas turísticas, y los negocios tradicionales han desaparecido casi totalemente para dar paso a tiendas de souvenirs, negocios de bicicletas y segways, bares para guiris y cadenas de supermercados que abren de lunes a domingo para surtir los pisos de turistas.


Negocios emblemáticos desaparecen, calle Sierpes.

Ese barrio, como tantos otros, ha dejado de ser un sitio para los vecinos, que han sido desplazados por las viviendas turísticas y el elevado precio de los alquileres y no es más que un escenario para turistas. La ciudad ya casi no tiene ciudadanos, tiene hordas de turistas que llegan en caravanas de autocares y cruceros y que inundan los tablaos flamencos postizos y las tiendas de recuerdos. No hay comercios tradicionales para surtir las necesidades de una población que vive, sino un negocio en torno al turismo masificado que lo devora todo de manera insaciable. Ya no quedan pequeños bares, mercerías, ultramarinos, ferreterías o droguerías regentados por familias, sino negocios franquiciados y sin alma.

Se terminó el barrio, del que han sido desterrados los vecinos, sino que impera el escenario monumental que surte a la horda sedienta de turistas.

Proliferan hoteles por todas partes


wikipedia

jueves, 12 de septiembre de 2019

Las relaciones líquidas del whatsapp

“Internet permite la creación en red, más allá de una suma de individualidades”.
-Manuel Castells-
¿Qué nos pasa con los móviles y el whatapp?
Cada vez hablamos menos, la palabra hablada escasea y se racanea, nos mandamos breves y monosilábicos mensajes para comunicar lo esencial o lo futil, pero no nos llamamos para hablar.
¿Dónde queda la comunicación? ¿Dónde la conversación? Por qué nos estamos deshumanizando tanto?
Parece que nunca tenemos tiempo para los demás, para estar con ellos, para tener una charla entre amigos y contar cómo va la vida. No quedamos a tomar café porque ya tenemos contacto diario mediante mensajes y eso nos da la falsa impresión de que estamos cuidando las relaciones.
Mandamos un ¿qué tal todo? y ya sentimos que hemos cumplido, pero la realidad es que nunca por escrito y con tan escaso tiempo de reacción además de la falta de atención que ponemos en lo que leemos y escribimos mientras estamos pendientes de otras cosas y de otras conversaciones, vamos a contestar con sinceridad. Un ¿qué tal? aislado no invita a sincerarse, a contar, a echar ese ratito de conversación tan necesario para los humanos.
A todos nos gusta que nos pregunten si estamos bien, cómo nos va la vida, en fin, tener contacto directo con otros humanos.



Esto es propio de la sociedad de la información y el consumo en que nos encontramos. Las personas dan más valor a la experiencia presenteal consumo puntual y poco responsable y a la satisfacción inmediata de las necesidades corporales e intelectuales. 
El amor líquido, pues, hace referencia a la fragilidad de los vínculos sentimentales, alude a la necesidad de no establecer raíces emocionales profundas con las personas con que nos cruzamos en la vida, a fin de permanecer desvinculados emocionalmente y así poder encajar en un entorno en constante mutación.
La aparición de las  redes sociales y las nuevas tecnologías ha tenido un papel a la hora de consolidar esta tendencia. Vivimos en un mundo en constante cambio, donde lo virtual y lo real se confunden con pasmosa facilidad.  La sociedad nos empuja a ello, a tener cada vez vínculos más débiles y flexibles, a echar pocas raíces allá donde vayamos. Así nos educan, así somos. Esto promueve la sensación de que no solo los objetos sino también las personas son consumibles.


El amor líquido puede ser divertido pero también es efímero, cosa que nos puede dejar  una sensación de vacío existencial. Las personas consumistas siempre están deseosas de comprar más cosas, pero eso no las hace felices porque lo material siempre acaba desvaneciéndose. 
El propio Bauman nos explica que muchas relaciones de hoy en día son «conexiones» más que «relaciones». Ya no estamos hablando únicamente de la primacía de las nuevas tecnologías y las redes sociales, ésas que nos unen con múltiples personas en el momento en que nosotros elijamos.
El individualismo busca sólo satisfacer necesidades puntuales con un principio y un fin, de ahí la idea de amor líquido, emociones que no se pueden retener y que se escapan fugazmente de las manos hasta desaparecer. vivimos en un mundo dinámico donde lo real en ocasiones se conjuga con lo virtual, una modernidad líquida donde muchas cosas parecen escaparse de nuestras manos. Establecemos relaciones inestables porque nuestra sociedad parece ensalzar a su vez unas relaciones humanas más flexibles
Bauman nos dice que para ser felices, debemos tener en cuenta dos valores imprescindibles: libertad y seguridad. La seguridad sin libertad es esclavitud, pero la libertad sin seguridad es un caos total. Todos necesitamos de ambas dimensiones para encontrar el equilibrio en nuestras vidas.

https://lamenteesmaravillosa.com/el-amor-liquido-o-la-fragilidad-de-los-vinculos/
https://psicologiaymente.com/pareja/amor-liquido

viernes, 2 de marzo de 2018

Las peras y el olmo


Yo sé que no se le pueden pedir peras al olmo.
Lo que es triste es tener un peral que no dé peras, ni sombra ni cobijo ni nada.
Para eso querría tener un olmo.
Sabría qué esperar de ese árbol.
Pero de mi peral, no sé ya qué esperar.
A veces me gustaría arrancarlo, de la rabia que me da.
Me gustaría que se secara de una vez y junto con él todas mis esperanzas.
Pero tengo un peral, un peral fuerte y joven, que debería dar peras, y de hecho las da, para otros, pero para mí no.
Y no lo consigo entender. Por qué para mí no hay peras, qué hecho yo para no merecerlas.
Si no tuviera un peral, sería distinto.
Llevaos mi peral, por favor.
Os lo ruego, lleváoslo.
No lo quiero ver más.
Dadme un olmo, un olmo pequeño que me recuerde que no me merezco las peras.

jueves, 23 de noviembre de 2017

La modernidad líquida

Zygmunt Bauman (Poznań19 de noviembre de 1925-Leeds9 de enero de 2017)​ fue un sociólogofilósofo y ensayista polaco de origen judío. Su obra, que comenzó en la década de 1950, se ocupa, entre otras cosas, de cuestiones como las clases sociales, el socialismo, el holocausto, la hermenéutica, la modernidad y la posmodernidad, el consumismo, la globalización y la nueva pobreza. Desarrolló el concepto de la «modernidad líquida», y acuñó el término.​ Junto con el también sociólogo Alain Touraine, Bauman recibió el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2010.

El interés de la investigación de Zygmunt Bauman se enfocó en la estratificación social y en el movimiento obrero, antes de interesarse en temas más globales tales como la naturaleza de la modernidad. El período más prolífico de su carrera comenzó después de abandonar la enseñanza en Leeds, cuando se acrecentó su importancia más allá de los círculos de sociólogos profesionales con un libro que publicó acerca de la supuesta conexión entre la ideología de la modernidad y el Holocausto.​
La obra de Bauman comprende 57 libros y más de 100 ensayos. Muy influido por Gramsci, nunca llegó a renegar de los postulados marxistas. Sus obras de la década de 1980 y principios de los 90 analizan las relaciones entre la modernidad, la burocracia, la racionalidad imperante y la exclusión social. Siguiendo a Sigmund Freud, concibe la modernidad europea como el producto de una transacción entre la cesión de libertades y la comodidad para disfrutar de un nivel de beneficios y de seguridad.​
Las primeras obras de Bauman fueron proyectos basados en la modernidad dentro del diseño de una mejor sociedad. Hacia 1970 y comienzos de la década de 1980, su atención cambió a cuestiones más generales y teóricas en relación con el papel de las ciencias sociales y cómo estas podrían ayudar a la sociedad. El mayor cambio en la obra de Bauman se produjo a finales de la década de 1980, con la edición de una trilogía de libros (Legisladores e intérpretesModernidad y Holocausto y Modernidad y ambivalencia), en los que criticaba la modernidad y proponía una visión posmoderna distópica de la sociedad. Desde entonces, Bauman editó una línea invariable de libros adicionales, donde había estado explorando su nueva perspectiva.

Aunque a Bauman se le considera un pensador 'posmoderno', no le cabe el término de posmodernista, ya que utiliza los conceptos modernidad sólida y modernidad líquida para caracterizar lo que considera dos caras de la misma moneda. Desde fines de la década de 1990, Bauman ejerció una considerable influencia sobre el movimiento altermundistaEn su libro Vidas desperdiciadas: La modernidad y sus parias, Bauman aborda la consecuencia de la modernidad, la que deja como resultado desechos, pero en este caso son "residuos humanos" producto de las migraciones y la globalización , el flujo de poblaciones no se puede reabsorber y está comenzando a ser un problema serio para diferentes partes del mundo, principalmente en países primer mundistas, como Estados Unidos y la Unión Europea. El problema de la migración se ha ido convirtiendo en uno de los principales temas de la agenda dentro del grupo hegemonía del planeta. Bauman afirma que la producción de "residuos humanos" constituye una consecuencia inevitable de la modernidad.

Cómo convivir con los otros ha sido un problema omnipresente de la sociedad occidental, y Bauman presenta las principales estrategias utilizadas: la separación del otro excluyéndolo (estrategia émica), la asimilación del otro despojándole de su otredad (estrategia fágica) y la invisibilización del otro para que desaparezca del propio mapa mental.

En el planteamiento de Bauman, la búsqueda de la identidad es la tarea y la responsabilidad vital del sujeto, y esta empresa de construirse a sí mismo constituye al mismo tiempo la última fuente de arraigo. Bauman plantea que en la modernidad líquida las identidades son semejantes a una costra volcánica que se endurece, vuelve a fundirse y cambia constantemente de forma. El autor plantea que estas parecen estables desde un punto de vista externo, pero que al ser miradas por el propio sujeto aparece la fragilidad y el desgarro constante.​ Según sus planteamientos, en la modernidad líquida el único valor heterorreferenciado es la necesidad de hacerse con una identidad flexible y versátil que haga frente a las distintas mutaciones que el sujeto ha de enfrentar a lo largo de su vida. La identidad se configura como una responsabilidad reflexiva que busca la autonomía del resto y la constante autorrealización y que, además, está abocada a la constante inconclusión debido a la falta de un telos en la modernidad tardía.
Entiende que la felicidad se ha transformado de aspiración ilustrada para el conjunto del género humano en deseo individual. Y en una búsqueda activa más que en una circunstancia estable, porque si la felicidad puede ser un estado, solo puede ser un estado de excitación espoleado por la insatisfacción. El exceso en los bienes de consumo nunca será suficiente.


Bauman, al plantear la modernidad líquida, se refiere al proceso por el cual el individuo tiene que pasar para poder integrarse a una sociedad cada vez más global, pero sin identidad fija, y sí maleable, voluble. La identidad se tiene que inventar, crear, se tiene que moldear máscaras de supervivencia. Llega a esta conclusión a partir del análisis histórico de los grandes cambios que ha experimentado la sociedad, en especial a partir de la lucha de clases, entre el proletariado y los dueños de los procesos de producción, a finales del siglo XIX, el desintegramiento de las sociedades colectivas, para dar paso a la individualidad en términos de ciudadanía, los cambios vertiginosos que ha provocado la globalización y el imperialismo comercial de los monopolios en contubernio con los gobiernos neoliberales, el resurgimiento de la alteridad (movimientos indígenas), el feminismo, la lucha arcaica en medio oriente, el crecimiento exponencial de la población mundial, hasta llegar a la era de las TIC, donde más se observa la problemática de la identidad en la modernidad líquida. Si antes, en el siglo XVIII, la sociedad se caracterizaba por el sentido de pertenencia del individuo muy marcado entre los distintos estratos sociales, ahora, con el auge de las redes sociales y las TIC, las identidades globales, volubles, permeables y propiamente frágiles, oscilan según la tendencia que marca el consumismo. Sin embargo, esta identidad escurridiza nos hace cada vez más dependientes del otro, y es ahí donde se encuentra la esperanza de crear condiciones de crecimiento en términos de humanidad, conciencia colectiva por el bien individual a partir del común, en unión con la naturaleza.​

Bauman fijaba arbitrariamente, pero creía que de forma útil, el origen de la modernidad en el terremoto de Lisboa de 1755, al que siguió un incendio que destruyó lo que quedaba y luego un tsunami que se lo llevó todo al mar. “Fue una catástrofe enorme, no sólo material sino también intelectual. La gente pensaba hasta entonces que Dios lo había creado todo, que había creado la naturaleza y había puesto leyes. Pero de repente ve que la naturaleza es ciega, indiferente, hostil a los humanos. No puedes confiar en ella. Hay que poner el mundo bajo la administración humana. Reemplazar lo que hay por lo que puedes diseñar. Así, Rousseau, Voltaire o Holbach vieron que el antiguo régimen no funcionaba y decidieron que había que fundirlo y rehacerlo de nuevo en el molde de la racionalidad. La diferencia con el mundo de hoy es que no lo hacían porque no les gustara lo sólido, sino, al revés, porque creían que el régimen que había no era suficientemente sólido. Querían construir algo resistente para siempre que sustituyera lo oxidado. Era el tiempo de la modernidad sólida. El tiempo de las grandes fábricas empleando a miles de trabajadores en enormes edificios de ladrillo, fortalezas que iban a durar tanto como las catedrales góticas”.

La modernidad se hizo líquida. “Hoy la mayor preocupación de nuestra vida social e individual es cómo prevenir que las cosas se queden fijas, que sean tan sólidas que no puedan cambiar en el futuro. No creemos que haya soluciones definitivas y no sólo eso: no nos gustan. Por ejemplo: la crisis que tienen muchos hombres al cumplir 40 años. Les paraliza el miedo de que las cosas ya no sean como antes. Y lo que más miedo les causa es tener una identidad aferrada a ellos. Un traje que no te puedes quitar. Estamos acostumbrados a un tiempo veloz, seguros de que las cosas no van a durar mucho, de que van a aparecer nuevas oportunidades que van a devaluar las existentes. Y sucede en todos los aspectos de la vida. Con los objetos materiales y con las relaciones con la gente. Y con la propia relación que tenemos con nosotros mismos, cómo nos evaluamos, qué imagen tenemos de nuestra persona, qué ambición permitimos que nos guíe. Todo cambia de un momento a otro, somos conscientes de que somos cambiables y por lo tanto tenemos miedo de fijar nada para siempre. Probablemente su Gobierno, como el del Reino Unido, llama a sus ciudadanos a ser flexibles. ¿Qué significa ser flexible? Significa que no estés comprometido con nada para siempre, sino listo para cambiar la sintonía, la mente, en cualquier momento en el que sea requerido. Esto crea una situación líquida. Como un líquido en un vaso, en el que el más ligero empujón cambia la forma del agua. Y esto está por todas partes”.

Por supuesto, señalaba, esa situación de perpetua inestabilidad tiene efectos sobre la identidad. “Hace no mucho el precariado era la condición de vagabundos, homeless, mendigos. Ahora marca la naturaleza de la vida de gente que hace 50 años estaba bien instalada. Gente de clase media. Menos el 1% que está arriba del todo, nadie puede sentirse hoy seguro. Todos pueden perder los logros conseguidos durante su vida sin previo aviso”. Por un lado, decía Bauman, está la “devastación emocional y mental de muchos jóvenes que entran ahora al mercado de trabajo y sienten que no son bienvenidos, que no pueden añadir nada al bienestar de la sociedad sino que son una carga”. Por otro, concluía, “la gente que tiene un empleo experimenta la fuerte sensación de que hay altas posibilidades de que también se conviertan en desechos. Y aun conociendo la amenaza son incapaces de prevenirla. Es una combinación de ignorancia e impotencia. No saben qué va a pasar, pero ni sabiéndolo serían capaces de prevenirlo. Ser un sobrante, un desecho, es una condición aún de una minoría, pero impacta no sólo en los empobrecidos sino también en cada vez mayores sectores de las clases medias, que son la base social de nuestras sociedades democráticas modernas. Están atribuladas”.

Y concluía que ante esa circunstancia “hoy hay una enorme cantidad de gente que quiere el cambio, que tiene ideas de cómo hacer el mundo mejor no sólo para ellos sino también para los demás, más hospitalario. Pero en la sociedad contemporánea, en la que somos más libres que nunca antes, a la vez somos también más impotentes que en ningún otro momento de la historia. Todos sentimos la desagradable experiencia de ser incapaces de cambiar nada. Somos un conjunto de individuos con buenas intenciones, pero que entre sus intenciones y diseños y la realidad hay mucha distancia. Todos sufrimos ahora más que en cualquier otro momento la falta absoluta de agentes, de instituciones colectivas capaces de actuar efectivamente”.
Zygmunt Bauman ha criticado el impacto de la redes sociales sobre el individuo en diferentes artículos de prensa publicados poco antes de su fallecimiento. Según este sociólogo, aparentemente, las redes sociales constituyen una herramienta para crear una comunidad propia,  pero lo que realmente se genera es una comunidad "sustituta" donde no se necesitan habilidades sociales. Son áreas de confort, donde no hay diálogo real ya que la comunidad creada se realiza a medida del individuo, y por tanto no existe la controversia o el conflicto. Así, su colectivo es seleccionado según necesidad, de forma que es fácilmente escogido o eliminado con un simple “click” de ratón y el capital afectivo que se medirá por el "numero de contactos" que se tiene en las distintas cuentas de Facebook, twitter,instagram y otras.​

Así, el diálogo en las redes sociales sería un lugar para encerrarse de forma confortable y “escuchar el eco de la propia voz”. En la actualidad, pertenecer  a una red social puede ayudar a mejorar la sensación de soledad que tiene el individuo, debido al escenario de gran individualización en el que se vive, pero constituyen una verdadera trampa, ya que realmente no hay una mayor sociabilización de la persona.
Bauman, dentro de su concepto de modernidad líquida, distinguirá entre el concepto de grupo y enjambre. Los enjambres, se diferencian de los grupos por que no incluyen herramientas de supervivencia. Se asocian y se dispersan en diversas ocasiones por determinados temas relevantes que van cambiando, atraídos por objetos, variables y en movimiento. Este concepto de enjambre ha sido extrapolado por algunos autores, a la audiencia social que forma Twitter. Los distintos usuarios se comportan como un enjambre social y no como la definición de grupo, uniéndose para acontecimientos muy variados, sin una identidad importante y actúan en el escenario de ese concepto “líquido” que difine Bauman.​ Por otro lado, a pesar de la utilidad que han tenido algunas redes sociales en distintos movimientos políticos como en la primavera árabe o los indignados, las redes sociales permiten identificar a los disidentes fácilmente por parte del poder. Bauman las califica de “lugares donde la vigilancia es voluntaria y autoinfligida”.

Todas estas críticas, se ajustarían a su concepto de «modernidad líquida» donde la integración de la persona se realiza en una sociedad global pero sin identidad fija, obligando a una adaptación continua, por lo que se depende continuamente de la presencia del otro que ratifica nuestra identidad y nos permite «ser vistos».
Los vínculos humanos vienen debilitándose desde el comienzo de la llamada época moderna y la más clara revelación de esta pérdida de valores la estamos palpando ahora, con la llegada de la posmodernidad y hasta nuestros días. Para Bauman, esta decadencia se traducía en la modernidad líquida, que implica el fin de la era del compromiso mutuo, y donde el espacio público retrocede para dejar paso a un individualismo que conduce a la corrosión y la desafección del concepto de ciudadanía. Una sociedad fragmentada, afirma, en átomos. Y es que ya nada nos aferra unos a otros. Las sociedades posmodernas se han convertido en fábricas de desconfianza que abocan a los individuos a un mercado de competencia y división individualizada. Unos contra otros. Y frente a este individualismo o, mejor dicho, ante esta soledad, Bauman justifica el surgimiento y éxito de plataformas como Facebook. Como el animal depredador, el empresario huele el miedo y crea un espejismo, un salvavidas al que nos aferramos, creándonos una falsa ilusión de comunidad, alimentando superficial e imaginativamente nuestro anhelo de colectividad.



http://www.lavanguardia.com/cultura/20170109/413213624617/modernidad-liquida-zygmunt-bauman.html
https://elpais.com/cultura/2015/12/30/babelia/1451504427_675885.html
http://lamonomagazine.com/bauman-la-modernidad-liquida-y-el-espejismo-de-las-redes-sociales/
wikipedia

jueves, 2 de febrero de 2017

Don Álvaro el satánico

"¡Infierno, abre tu boca y trágame! ¡Húndase el cielo, perezca la raza humana; exterminio, destrucción!... " (Sube a lo más alto del monte y se precipita). 
Final de "Don Álvaro o la fuerza del sino", Duque de Rivas.


Al final de la obra del Duque de Rivas, Don Álvaro maldice a toda la especie humana a la que hace responsable de su sufrimiento y le desea la extinción.
Lo hace desde el egoísmo propio del antihéroe romántico que desafía las convenciones sociales por interés propio y fracasa. Se suicida en el colmo de la desdicha y en ese momento de frustración e ira supremos maldice a todos sus semejantes, a todos lo que se han opuesto a sus propósitos y a los que en su inmovilismo han favorecido que los villanos se hicieran con la suya.
El egoísmo lleva al deseo de destrucción y de muerte del otro, pues don Álvaro no es más que un pobre egoísta. Las normas sociales estrictas que le impidieron ser aceptado como un hombre de noble estirpe le vetaron el matrimonio con la mujer noble a la que amaba. Luchó por romper unas normas que personalmente le perjudicaban, no porque las considerase injustas con sus semejantes.


Lo curioso es que hay autores que consideran este final "satánico".
Las opiniones están muy divididas en cuanto el mensaje o significado interno de Don Álvaro. Unos enlazan el drama con la tragedia griega y ven en él la realización del hado ciego e implacable, irracional y absurdo. Partiendo de aquí, se ha podido interpretar la obra como existencialista: la vida no tiene sentido, es insoportable, la solución es el suicidio. Particularmente después de la Ilustración , algunas obras como El paraíso perdido, fueron tomadas por los románticos y descritas como la presentación del Satán Bíblico, una alegoría que representa la crisis de fe, el individualismo, el libre albedrío, la sabiduría y el progresismo. 
Otros encuentran en ella el cumplimiento de los designios de la Providencia cristiana. Álvaro sufre el horrendo castigo de la desesperación por haber obrado mal inicialmente, por no haberse sometido a los dictados de la sociedad y de su propia conciencia.
Sin quererlo así, su gesto es todo un desafío a la estructura social, cerrada para él, una afirmación de los derechos individuales más allá de las leyes y las costumbres. Don Álvaro ejemplifica de esta forma uno de los rasgos que, según Hegel, caracterizan la tragedia; la colisión entre personaje y sociedad. 

Es don Álvaro en su desafío a la Iglesia, a a dios, a la Humanidad, un satánico?
No, es un pobre  hombre herido en su orgullo y frustrado en sus pretensiones. Muero yo, mueran todos.


martes, 13 de septiembre de 2016

Socialización

Según las teorías clásicas de la Sociología es un proceso de influjo entre una persona y sus semejantes, un proceso que resulta de aceptar las pautas de comportamiento social y de adaptarse a ellas.
La socialización es vista por los sociólogos como el proceso mediante el cual se inculca la cultura a los miembros de la sociedad. A través de él, la cultura se va transmitiendo de generación en generación, los individuos aprenden conocimientos específicos, desarrollan sus potencialidades y habilidades necesarias para la participación adecuada en la vida social y se adaptan a las formas de comportamiento organizado característico de su sociedad.

Mediante el proceso de socialización, la generación ya madura exterioriza y transmite sus valores, normas y costumbres a la generación posterior. Así constituye la forma en que el sistema se reproduce por sí mismo o por sus propios mecanismos, de ahí la importancia de comprobar y revisar los valores y normas que se transmiten.

 Así, según está definición de lo que es la socialización, podemos asumir que una persona adecuadamente socializada acepta y se adapta a las pautas de comportamiento social de una sociedad determinada.
Esto es en principio una ventaja para el individuo y la sociedad. Tal vez más para la sociedad, que se perpetúa gracias a la cohesión de los individuos bien socializados.
La revisión de los valores sociales es un proceso necesario y que no se suele realizar. Muchas personas dan por sentado que sus creencias, valores y concepción de la vida son únicos e inamovibles, o no se plantean que tal vez no lo son por comodidad e indolencia.

Algunos no estamos conformes con estos valores y sentimos un malestar desde muy temprano en la vida. No sabemos de dónde viene ese malestar, esa dificultad para encajar en los grupos, para caer bien a los demás... después de años de masiva autocrítica, una descubre que la sociedad es una construcción para el bien de la mayoría, y que puede no ser lo mejor para un individuo en concreto...para mí, por ejemplo.
Es bueno hacer lo que lo demás hacen, comportarse como los demás, tener los objetivos vitales y las creencias que tiene los demás... pero cuando en lo más profundo de tu ser algo grita NO cada vez que intentas "amoldarte" y abandonar tu propia forma original, es porque tal vez no sea tan "bueno".
El proceso por el cual llegas a ser consciente de ello puede ser largo y doloroso, lleno de pérdidas y carencias. Hallarse a una misma es cruel. Porque puedes hallar algo que no gusta a la mayoría, tal vez ni a tí misma.
Es más confortable dejarse arrullar en el seno conformista de una sociedad de la que te sientes parte.
Pero si no perteneces a nada, no hallas reposo.
Sin embargo, llega un momento en que todo eso deja de importar, dejas de cuestionarte por no ser como los demás, te aceptas y aceptas y la soledad de tu camino, asumes los errores que creías haber cometido, que no han sido más que tus elecciones particulares no aprobadas por los demás.

Y la vida sigue, por otro camino, desde otro punto de vista, más serena, más apacible...o no... pero menos socializada, desde luego.

miércoles, 17 de febrero de 2016

La fuerza del sino


 ¡Qué carga tan insufrible
es el ambiente vital
para el mezquino mortal
que nace en signo terrible!
¡Qué eternidad tan horrible

la breve vida! Este mundo,
¡qué calabozo profundo
para el hombre desdichado
a quien mira el cielo airado
con su ceño furibundo!


En la obra del Duque de Rivas, Don Álvaro es el héroe romántico por antonomasia, el personaje de oscuro origen y borroso pasado, perseguido por la desgracia y por supuesto presa de un amor imposible.
No nos extrañan pues sus palabras, en las que reniega de la vida y de su destino. Ciertamente, y como era de esperar, Don Álvaro acaba suicidándose tras haber arrastrado en la estela de su fatalidad a todos sus seres queridos y a quienes podrían haberle redimido.
No es raro llegar a sentir la "carga insufrible del ambiente vital" en el devenir de nuestras mezquinas y mortales existencias, aun lejos de las situaciones melodramáticas que nos plantea el drama. Por ello a veces las palabras de este monólogo resuenan en mi mente, porque es parte de la humana esencia lamentarse del sino y la fatalidad, en nuestra ambigüedad y flaqueza.
¿Acaso debemos ser arrogantes y presuponernos invulnerables, sonreír como autómatas y tener un optimismo a prueba de bombas? Envidio a quien nunca haya sentido el peso de la vida.

Infierno, abre tu boca y trágame! ¡Húndase el cielo, perezca la raza humana; exterminio, destrucción...!  (Sube a lo más alto del monte y se precipita.) 




jueves, 15 de octubre de 2015

Por qué un blog sobre la soledad


Día a día observo que nos hacemos más individualistas, que en esta sociedad competitiva y neoliberal del "sálvese quien pueda" cada vez hay más personas solas, abrumadas por el peso de la propia vida. Porque el existir y vivir como humanos en este mundo conlleva presenciar y sufrir injusticias e inmoralidades a veces insoportables y  esos conflictos la mayoría de las veces no ofrecen fácil solución.
Nos van inculcando poco a poco a través del miedo y la impotencia que cada uno tiene que luchar por lo suyo, que lo "normal" es dejar de lado las emociones que nos hacen supuestamente débiles como la compasión y la solidaridad y por lo tanto nos vamos deshumanizando, abandonamos nuestra propia esencia y nos dejamos llevar por esa corriente voraz y hasta cruel...vamos caminando por la vida sin mirar al otro. La gran tragedia de nuestros días es que "el otro" ya no existe, se borra, desaparece, pero a pesar de que no miremos ahí sigue sufriendo ante nosotros aunque creamos que no está.
Quiero llamar la atención sobre el gran peso de la soledad en nuestros días por la falta de reconocimiento del dolor y el sufrimiento ajeno, y eso es lo que me ha movido a emprender esta aventura también solitaria de escribir ante una pantalla de ordenador.
Como humanos todos nacemos solos, vivimos solos, cargamos con una soledad que nos es inherente y de la que intentamos desprendernos encarnizadamente a lo largo de nuestra vida, a veces volviéndonos ciegos a la soledad de los otros y despreciándola en el curso de la batalla contra la propia. Porque no queremos ver lo que nos resulta insoportable y feo y deseamos mirar a otro lado y narcotizarnos para no sentir nuestro propio dolor. Sin embargo ese dolor forma parte de nuestra naturaleza y renunciar a él es renunciar a nuestra humanidad y a las cualidades que nos hacen grandes como especie.
No es mi intención hacer un repaso exhaustivo de los grandes filósofos y pensadores que han escrito sobre este tema, sino compartir mis reflexiones sobre la soledad y todas sus ramificaciones sobre nuestra existencia.
Si con ello puedo aliviar mi propia soledad y acompañar a otros solitarios a quienes el mundo y la existencia en ocasiones les pese más de lo tolerable y no puedan ni quieran cerrar los ojos, me sentiré más aliviada en mi carga.