Mostrando entradas con la etiqueta amistad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta amistad. Mostrar todas las entradas

martes, 2 de marzo de 2021

El exceso de confianza da asco

 "Donde hay confianza, da asco"

Esta frase hecha se suele utilizar cuando el exceso de confianza entre dos o más personas hace que el comportamiento o respeto entre ellos se pierda. Se refiere a un comportamiento inadecuado causado por una familiaridad excesiva en el trato en un contexto particular, por ejemplo burlas y bromas sobre aspectos personales que no siempre tienen que ser bien recibidos ni aceptados por parte del otro.



Una de las acepciones de "confianza" se refiere, de forma diferente a lo que se ha tratado previamente en este blog, a la familiaridad en el trato entre las personas. Para la psicología social y la sociología, la confianza es un hipótesis que se realiza sobre la conducta futura del prójimo. La confianza supone una suspensión, al menos temporal, de la incertidumbre respecto a las acciones de los demás. Cuando alguien confía en el otro, cree que puede predecir sus acciones y comportamientos. La confianza, por lo tanto, simplifica las relaciones sociales. 

Por otro lado, también podemos designar como confianza el grado de familiaridad o llaneza que tenemos en el trato con alguien, bien sea por amistad o por parentesco, y que se basa en un afecto recíproco. Por extensión, se llama también confianza cierta forma de familiaridad o libertad que llega a ser excesiva, al punto de ser desagradable e inapropiada.



Hay situaciones sociales en las que el exceso de familiaridad es poco deseable y puede causar incluso malestar y rechazo. Esto puede darse hasta en las relaciones más cercanas, cuando el respeto se pierde y se llega a tratar al otro con ironía, sarcasmo o burlas que, aunque en un prinicipio pueden parecer apropiadas en el contexto, dejan de ser graciosas y agradables para una de las partes. Un abuso del trato de confianza por una de las partes en la relación puede acabar con la misma. 

Es cierto que la confianza, en un grado adecuado al contexto social, facilita las relaciones y las situaciones, pero si no es adecuada o no es compartida por todas las partes, resulta molesta y obstaculiza y hasta puede romper la relación. Cada relación entre dos personas o un grupo tiene sus pautas y sus límites y cuando estos se ven forzados sistemáticamente esta relación puede estar en peligro. 



En mi caso, al ser una persona en principio desconfiada, rehúyo por sistema de los excesos de confianza y de trato familiar. No es algo que sólo me ocurra a mí, en general todos los seres humanos debemos trabajar y cultivar esa confianza, puesto que estamos depositando muchas cosas en el destinatario de la misma, y no puede otorgar a la ligera  ni se puede mantener sin esfuerzo y un respeto a la persona y a la misma relación. 

Cuando alguien se toma muchas confianzas conmigo automáticamente me causa rechazo. Porque normalmente esas confianzas se traducen en indiscreción, peticiones (de favores sobre todo) inadecuadas, bromas molestas o una larvada falta de respeto disfrazada de relajada hilaridad (llegar tarde, entorpecer las actividades, risas extemporáneas, de nuevo burlas más o menos bienintencionadas...). Y a mí me gusta andar sobre terreno firme. Las bromitas y las gracias están para cuando tienen que estar, y los comentarios jocosos o irónicos también (si es que tiene que estar, que es otra cuestión). Así que para mí lo más importante es el respeto primero, y las risas después. 

Ocurre que en ciertas actividades grupales (laborales, familiares, deportivas, solidarias, etc...) a veces el grupo tiende a la familiaridad de forma efusiva y algo precipitada, como si el grupo se abandonase con una alegría casi orgiástica al jolgorio y el entusiasmo que proporcionan la sensación de cohesión y de  pertenencia al mismo. Al mismo tiempo que el grupo se abandona a la alegría de la cohesión, puede haber un chivo expiatorio que cargue con las culpas de los aspectos no funcionales del mismo. Esa suelo ser yo, por mi desconfianza y mis características individuales. Y normalmente suelo huir de ese grupo puesto que eso es lo que es más fácil para la supervivencia del mismo. 

Y no pasa nada, así son las cosas y al menos me doy cuenta de ellas aunque de momento no sepa cambiarlas. 


https://es.wikipedia.org/wiki/Confianza

https://www.significados.com/confianza/

https://www.ailmalaga.com/es/top-5-refranes-espanoles-sobre-la-amistad/#:~:text=Donde%20hay%20confianza%2C%20da%20asco,por%20el%20exceso%20de%20confianza.

lunes, 28 de diciembre de 2020

Soy tóxica y poco compasiva

Muchas veces siento que soy una persona de esas tóxicas, de las que las webs de psicología positiva y los gurús del bienestar dicen que hay que huir. 
No soy una persona con vibraciones altas, sea lo que sea eso, ni soy un Moai, ni traigo luz a los demás seres ni irradio mi amor a todos los seres del universo. Soy más bien un ser humano bastante imperfecto, con luces y sombras, temores, dudas, inseguridades y dificultades para sentir compasión por mí misma y por ciertas personas. Incluso a veces me frustro y me enfado, maldigo y digo palabrotas. Tan tóxica soy que hasta a veces me cabreo con la gente porque hace cosas que me molestan en vez de sentir compasión y amor por ellos y por la humanidad compartida de la que somos parte. 



 Toda esta introducción es una sátira burda de en lo que se han convertido ciertas prácticas y disciplinas muy valiosas en su origen para el saber popular (mindfulness, filosofía budista, ciertas ramas de la psicología, etc...). Ya nos creemos gurús del crecimiento personal por haber leído un par de artículos y un libro o haber hecho un retiro de yoga. Ya sabemos el secreto de la felicidad y hemos alcanzado el Nirvana. Cuando en realidad no se trata de llegar a ser un ser de luz, un buda o un ser semidivino, sino de conocer y reconocer las fortalezas y debilidades propias que además compartimos con miles de millones de otros humanos que no son menos especiales y únicos que una misma. Lo difícil es predicar con el ejemplo o pasar de la teoría a la práctica.

Y creo que en este paso de lo que creemos que tenemos que ser a lo que somos en realidad es donde se nos van toda la fuerza, la luz, las vibraciones y los chakras. Y donde se ven las pocas ganas de cambiar de verdad de cada uno. 
Seguimos perdiéndonos en las expectativas. Discutimos a ver quién medita mejor y más tiempo, quién alcanza un trance o un estado concreto, nos comparamos con el otro y nos seguimos creyendo seres únicos y exclusivos con un sufrimiento que nadie puede entender. Es decir, nos perdemos en el individualismo y en el logro. No porque seamos peores seres humanos, tóxicos y carentes de compasión (bueno, algunos sí, todo hay que decirlo) sino porque vivimos en una sociedad imbuida del pensamiento occidental que nos ha grabado a fuego el individualismo, la necesidad de competir y de alcanzar metas. Y de sentirnos culpables si no somos lo suficientemente buenos. 




A mí, como humana de a pie de esta sociedad occidental, industrializada y postcapitalista, me cuesta mucho acordarme de esto. Intento ser compasiva y no dejarme llevar por mis reacciones, pero hay personas a las que no soy capaz de desear el bien y la felicidad. Y no porque yo sea peor persona, sino porque eso nos pasa a todos (recordemos: la humanidad compartida). La diferencia es que  yo me doy cuenta y al menos intento mejorar esa parte de mi ser. No sé si con mucho éxito, pero en eso estoy, en intentar ser mejor persona y en no sufrir inútilmente. 



jueves, 17 de diciembre de 2020

Baco, malito.

 Baco está muy enfermo. Nunca podría haber imaginado que antes de que se cumpliera un año de la muerte de Simba esto pudiera ocurrir. "Demasiada mala suerte", pensaba. "Baco está sano, fuerte, gordo, no puede pasarle nada. Es como la Mami, que tiene 17 años y nunca ha estado enferma". Eso me decía a mí misma mientras afrontaba la pérdida de Simba a lo largo de este fatídico 2020. Fatídico no solo por la pandemia, sino porque empezó con la pérdida de mi rubio tierno y acaba con la enfermedad de mi ojito derecho.

En lo más profundo de mi corazón tenía miedo a que la historia se pudiera repetir. Mientras iba reviviendo el avance de la enfermedad de Simba a lo largo de los últimos meses, un eco lejano reverberaba: "Baco tiene la misma edad que tenía Simba, puede repetirse la historia, ¡cuidado!".

Y te sientes tan sola y desamparada ante esto. Ante la verdad descarnada de la enfermedad y la sombra de la muerte. Nada te puede consolar ni aliviar. Realmente es algo que tienes que pasar sola, con él, porque por mucho que busques palabras de aliento nunca te llegan.

Todo esto evidencia que estamos solos, que nadie puede pararnos los golpes de la vida y que contra eso no podemos resistirnos ni luchar, sino aceptarlo con humildad y paciencia.

Por supuesto que hay gestos que llegan al alma, como las personas que ofrecen su tiempo y su esfuerzo y hasta su dinero en ayudar (mil gracias, Lorena, nunca podré compensarte) y las que muestran una preocupación y un interés genuino en el estado de Baco. Pero las horas robadas al sueño a su lado velándolo pendiente de que no vomite, de alimentarlo por la sonda y que lo tolere, de recogerlo de la clínica y no saber si te van a dar buenas o malas noticias, esas son para mí y no hay nada ni nadie que pueda librarme de pasar por ello. 

Sólo espero que remonte, que vuelva a comer, que me lo encuentre esperándome en casa cuando llego y que se acueste a mi lado a dormir como siempre ha hecho en estos 12 años. Y que dure lo que dure, que sea un tiempo de calidad para él.

Ponte bien.



lunes, 10 de febrero de 2020

Depresión y suicidio, cómo ayudar.

Tuve una amiga muy querida que se suicidó.
Cuando eso ocurrió yo estaba viviendo lejos de ella, el trabajo nos había separado y aun así me siento culpable de no haber podido ayudarla más.



Ella era una persona que llevaba años con depresión, que no seguía los tratamientos y tendía a automedicarse. A veces era frustrante ser su amiga, porque tenía rachas en que no cogía el teléfono, no contestaba a los mensajes, no era posible contactar con ella. Cuando estaba bien era una persona entrañable, divertida, empática, con ganas de hacer cosas nuevas...
En aquella época ambas estábamos lejos de nuestras respectivas tierras y de nuestras familias, y apenas nos teníamos la una a la otra. El entorno laboral en el que estábamos era hostil y muy exigente a nivel profesional y emocional.
Yo no supe lo que le pasaba hasta que intentó suicidarse por primera vez. Sabía que tenía problemas, que se sentía sola, pero poco más. Esa primera vez yo no me enteré de nada, las compañeras de trabajo lo ocultaron y cuando volví de unas vacaciones sólo supe que estaba de baja. Se hizo un silencio sepulcral en torno al intento de suicidio de nuestra compañera y amiga. No se hablaba de ello en un entorno en el que tratábamos con personas con trastornos mentales. Admitir que una de nosotras era vulnerable y estaba sufriendo era como admitir que éramos humanas igual que nuestros usuarios y que podíamos enfermar también.


Creo que fui la única que habló con ella del tema, que le preguntó y que le insistía en que buscara ayuda profesional fuera de nuestro entorno. No porque yo fuera mejor o más solidaria o mejor amiga, sino porque la depresión es mi vieja compañera de viaje y sabía perfectamente por lo que estaba pasando. También sabía que lo que más necesitas es tener a una persona de tu lado que te escuche, que esté ahí y que te perdone todas tus neuras y altibajos. Creo que lo intenté al menos. Claramente no fue suficiente.

De las otras compañeras sólo percibía un interés superficial, porque al fin y al cabo, ¿quién quiere hablar del suicidio?, ¿quién tiene la capacidad de manejar todo lo que este tema remueve sin sentirse perturbada? Hubo incluso alguna compañera profesional de la salud mental que se atrevió a hacer su diagnóstico con juicio de valor incluido como si no estuviéramos hablando de una amiga, sino de un "caso" que no le concernía.
Sí, a todas nos concernía que una compañera dentro de un equipo de salud mental estuviera mal y que se hubiera intentado suicidar, pero ni siquiera en un entorno del que se podría esperar algo de comprensión y apoyo hubo una reacción no solo para ayudarla a ella, sino para detectar qué estaba ocurriendo y protegernos a todas de algo tan frecuente en un trabajo así como el burn-out.



Al final, poco después de que yo tuviera que marcharme de allí, ella lo volvió a intentar y lo consiguió. Se le hizo un homenaje, se le pusieron ramos de flores y se celebraron misas, pero la realidad es que ella estaba sola, aislada y agobiada por un trabajo altamente demandante a nivel emocional. Nadie se dio cuenta, nadie se le acercó, pero todos decían después del fatal desenlace que "no estaba bien". ¿Qué hicimos por ella?
No sé si había algo que pudierámos haber hecho para salvarla. No sé qué habría pasado si algunas de las circunstancias que la rodearon en sus últimos meses hubieran cambiado, pero sí sé que necesitaba dejar de trabajar y estar con su familia, y que alguien la ayudara a pedir ayuda dado que ella era incapaz habría sido determinante.

Cuento todo esto para recordarnos a todos que las personas con depresión necesitan ayuda, y que es difícil ayudarlas, y muchas veces una labor ingrata, pero tal vez al llamar, al apoyar, al ir a ver a alguien le estemos salvando la vida. Nadie quiere estar mal ni sufrir, nadie se queda en el sofá o en la cama días o tardes enteras porque sea una vaga, nadie pierde la ilusión por la vida porque sí.



La melancolía es una losa en el pecho que paraliza, un agujero negro en el corazón que impide sentir, una nube en la mente que impide pensar, es la falta de alegría y de razones para vivir.
Nos dicen que pidamos ayuda, que no nos callemos ni nos encerremos en nosotros mismos, pero luego resulta que muy poca gente es capaz de dar una respuesta a quien se atreve a decir que está mal y necesita apoyo. Nadie quiere lidiar con ello, nadie sabe lo que tiene que hacer o decir. La depresión genera rechazo y cansa, porque encima es aburrida y tediosa, da mal rollo, y oye, mira, yo no soy una ONG, no tengo por qué comerme esto. Que la ayude su familia, que vaya al médico, que se tome las pastillas.
Y no, no es así. Todas las personas que rodean al depresivo pueden ayudarlo sin comprometerse demasiado. Basta con una llamada, un paseo, un abrazo, una sonrisa, sólo con estar ahí ya se puede salvar a alguien. Porque no hay que ser profesional, ni una ONG, ni familia, basta con ser persona, con empatizar, con dar un poco de cariño y de tiempo. Y sí hay que tener paciencia.
Pero es que el depresivo no se tiene paciencia, se desespera, lo ve todo negro y las ideas de muerte y de suicidio aparecen con facilidad ante un fin de semana de soledad, de 48h de encierro sin escuchar una voz amiga o recibir un abrazo.

Ayudad, ayudemos, no dejemos tiradas a las personas que más lo necesitan, que tienen la vida pendiente de un hilo. Que no vuelva a ocurrir lo que le pasó a mi amiga.


miércoles, 5 de febrero de 2020

El hacer y el ser

En este mundo hiperconectado y orientado hacia el logro y la acción en el que nos ha tocado vivir el tema de cómo empleamos y vivimos nuestro tiempo es muy significativo.
Nos enseñan desde la infancia a ser eficientes, a hacer muchas cosas y a valorar la actividad a la vez que la inactividad está mal vista y se considera una carga o un defecto.


Ya los niños desde muy pronto aprenden a compartimentar su tiempo y a aprovecharlo en cosas "útiles" como hacer los deberes, las actividades extraescolares que cada vez están más orientadas a la productividad futura y a seguir horarios muy estrictos como los que sus padres se ven obligados a seguir, siempre corriendo y siempre mirando el reloj.

Los adultos estamos siempre mirando la hora y empeñados en ser eficientes y no perder tiempo en cosas inútiles o improductivas. Nos levantamos muy temprano, echamos la jornada laboral que suele estar muy marcada por la productividad y la medida de cada minuto empleado en cada tarea, con un control estricto de las horas de entrada y salida. Salimos y seguimos corriendo porque no hay tiempo que perder, hay que hacer cosas: recoger a los niños, limpiar la casa, cocinar, comprar, trasladarse, etc...

Entre el descanso (muchas veces escaso)  y la actividad productiva queda poco tiempo para el ocio, que además también está mediatizado cultural y socialmente, volviéndose cada vez más individualista gracias a las nuevas tecnologías (plataformas de series en streaming, videojuegos online, redes sociales...). Incluso nuestra froma de relacionarnos como humanos ha cambiado, también es más eficiente. Mandamos un whatsapp para quedar, felicitar o preguntar algo a otra persona en lugar de llamar y tener una conversación.

Todo está enfocado en la eficiencia y en el hacer, y al final nos quedamos vacíos cuando tenemos tiempo para parar y pensar. No sabemos mirarnos, reconocernos y detectar las señales que nos mandan nuestro cuerpo y nuestra mente y por eso muchas veces enfermamos de estrés y de cansancio, ya sea por trastornos de ansiedad y depresión, trastornos psicosomáticos o patologías físicas asociadas a la falta de autocuidado (dieta, descanso, ejercicio...)

Como se habla en el mindfulness, estamos la mayor parte del tiempo en el "modo hacer" y casi no nos permitimos vivir en el "modo ser". Es decir, que estamos orientados a producir y actuar, pero no a pararnos y vivir. Me llama mucho la atención que aparentemente la gente enferma por temas relacionados con la falta de tiempo o con el exceso de tiempo. Me explico: todos podemos entender que las personas que van a toda prisa por la vida, corriendo del trabajo a casa, de casa al gimnasio, del gimnasio a recoger a los niños, de allí al supermercado, etc... acaben desarrollando los problemas de salud mencionados, o si  no al menos sintiendo que su vida es un sinvivir, un huir hacia adelante, una corriente que los arrastra sin verla pasar. Pero lo que más nos cuesta entender es que las personas que disponen de un exceso de tiempo "improductivo" (parados, jubilados, enfermos, discapacitados, etc...) también enferman, incluso más, porque la culpa y la carga de no ser alguien "útil" para la sociedad es muy grande. Tenemos a personas haciendo mil cosas a la vez y personas que no saben qué hacer. Personas que se quejan de que no tienen tiempo ni de sentarse a comer y personas que sienten que su vida es inútil y vacía porque no trabajan, no producen, no cuidan a otros o no aportan nada (aparentemente) a la sociedad.

Yo defiendo que tenemos que estar más en el "modo ser" y dejar de vernos como seres productores. Tenemos que valorar la calma, el descansar y el remolonear, la introspección, la relación con los otros y dejar pasar el tiempo con más naturalidad.



martes, 15 de octubre de 2019

Tipos de "amigos"


Ya hemos hablado en este blog de que vivimos en un mundo que tiende a convertir las relaciones en algo superficial e impermanente, en una sociedad narcista y de falsa autosuficiencia que se mira en el espejo oscuro (black mirror) de las nuevas tecnologías.
En esta situación de base es difícil mantener relaciones significativas que duren y que sobrevivan a la liquidez de la realidad diaria en la que tendemos a preferir escribir un twit o un whatsapp en lugar de conversar con un ser querido.
Pero hay cosas que no cambian, hay situaciones que se repiten desde la era del teléfono fijo y el correo postaal y supongo que desde mucho antes. La esencia del ser humano no cambia tanto como para que dejen de darse ciertos conflictos universales.



En mi continuo y vano intento de recuperar amistades me he reencontrado con diferentes patrones de amistad, que cansan y frustran, y desde luego no pretendo quitarme mi parte de responsabilidad, pero ese análisis me lo guardo para mí.

-Relación invasiva: para mí es la relación personal con alguien que pretende cambiarte y llevarte a su terreno, ya sea ideológico, profesional o del tipo que sea, pero con una total falta de respeto y de empatía, machaconamente y de manera invasiva. Por ejemplo, el amigo que te arrastra a ir de discotecas por mucho que tú le hayas dicho que no te gusta y que no te lo pasas bien, pero insiste y te coacciona llegando a hacerte sentir mal mediante la descalificación y el chantaje "es que eres una reprimida", "tú no sabes divertirte", etc... Suelen ser personas que llaman insistentemente y a deshora, resultando inoportunas y molestas. Este tipo de personas son las que más dañinas me han resultado y con ellas no hay otra solución que cortar la relación y alejarse lo más posible, pues no te quieren por tí misma, sino que desean moldearte a su gusto. Aquí entra perfectamente el/la psicoplanner.


Invasión


- Relación de "apego inseguro": llamo así a la amistad que te da una de cal y otra de arena, generando un vínculo ambivalente. Aparece y desaparece de forma arbitraria e impredecible. Un día te propone un plan fantástico, te hace regalos y te promete cosas fabulosas y de repente desaparece sin cumplir nada de lo que prometió. Como su nombre indica, no sabes si puedes confiar en esta persona y cuando estás con ella te sientes insegura y con cierto sentimiento de culpa por dudar de ella. También a evitar.



-Relación "límite": Inicialmente la relación es muy buena, la otra persona te halaga, te rinde una admiración a veces desproporcionada y a posteriori sospechosa, te llama su mejor amiga y te dice que eres imprescindible en su vida, pero en un momento dado deja de hablarte sin motivo aparente, no te contesta a las llamadas ni a los mensajes y te deja más tirada que una colilla. Has caído del pedestal y también habla mal de tí a otras personas. Normalmente estamos tratando con una persona inestable y/o con rasgos límites de personalidad, por lo que también es totalmente necesario alejarse lo más posible y evitar nuevos contactos si se quiere evitar ser dañada de nuevo.


-Relación "ausente": como el padre ausente es esta amistad ausente, a la que ves una vez al año o al lustro, la que no te contesta al teléfono, la que de cada 5 whatsapp que le mandas te contesta a 1. Suele haber una amistad de toda la vida de base o una relación familiar que dificulta la ruptura o que genera culpa y tristeza cuando te das cuenta de la situación. Muy difícil de llevar, pero en muchos casos inevitable.



Hasta aquí mi pobre y humilde visión de la cuestión. Para mí lo ideal es buscar la simetría en las relaciones, que tú recibas lo mismo que das, y si en malos tiempos la otra persona está más ausente, perdonarlo porque sabes que ella lo hará cuando tú falles.
Sólo desde la igualdad, la empatía y el perdón mutuos puede funcionar una amistad.
Y por eso es tan difícil encontrar una.


Simetría


jueves, 12 de septiembre de 2019

Las relaciones líquidas del whatsapp

“Internet permite la creación en red, más allá de una suma de individualidades”.
-Manuel Castells-
¿Qué nos pasa con los móviles y el whatapp?
Cada vez hablamos menos, la palabra hablada escasea y se racanea, nos mandamos breves y monosilábicos mensajes para comunicar lo esencial o lo futil, pero no nos llamamos para hablar.
¿Dónde queda la comunicación? ¿Dónde la conversación? Por qué nos estamos deshumanizando tanto?
Parece que nunca tenemos tiempo para los demás, para estar con ellos, para tener una charla entre amigos y contar cómo va la vida. No quedamos a tomar café porque ya tenemos contacto diario mediante mensajes y eso nos da la falsa impresión de que estamos cuidando las relaciones.
Mandamos un ¿qué tal todo? y ya sentimos que hemos cumplido, pero la realidad es que nunca por escrito y con tan escaso tiempo de reacción además de la falta de atención que ponemos en lo que leemos y escribimos mientras estamos pendientes de otras cosas y de otras conversaciones, vamos a contestar con sinceridad. Un ¿qué tal? aislado no invita a sincerarse, a contar, a echar ese ratito de conversación tan necesario para los humanos.
A todos nos gusta que nos pregunten si estamos bien, cómo nos va la vida, en fin, tener contacto directo con otros humanos.



Esto es propio de la sociedad de la información y el consumo en que nos encontramos. Las personas dan más valor a la experiencia presenteal consumo puntual y poco responsable y a la satisfacción inmediata de las necesidades corporales e intelectuales. 
El amor líquido, pues, hace referencia a la fragilidad de los vínculos sentimentales, alude a la necesidad de no establecer raíces emocionales profundas con las personas con que nos cruzamos en la vida, a fin de permanecer desvinculados emocionalmente y así poder encajar en un entorno en constante mutación.
La aparición de las  redes sociales y las nuevas tecnologías ha tenido un papel a la hora de consolidar esta tendencia. Vivimos en un mundo en constante cambio, donde lo virtual y lo real se confunden con pasmosa facilidad.  La sociedad nos empuja a ello, a tener cada vez vínculos más débiles y flexibles, a echar pocas raíces allá donde vayamos. Así nos educan, así somos. Esto promueve la sensación de que no solo los objetos sino también las personas son consumibles.


El amor líquido puede ser divertido pero también es efímero, cosa que nos puede dejar  una sensación de vacío existencial. Las personas consumistas siempre están deseosas de comprar más cosas, pero eso no las hace felices porque lo material siempre acaba desvaneciéndose. 
El propio Bauman nos explica que muchas relaciones de hoy en día son «conexiones» más que «relaciones». Ya no estamos hablando únicamente de la primacía de las nuevas tecnologías y las redes sociales, ésas que nos unen con múltiples personas en el momento en que nosotros elijamos.
El individualismo busca sólo satisfacer necesidades puntuales con un principio y un fin, de ahí la idea de amor líquido, emociones que no se pueden retener y que se escapan fugazmente de las manos hasta desaparecer. vivimos en un mundo dinámico donde lo real en ocasiones se conjuga con lo virtual, una modernidad líquida donde muchas cosas parecen escaparse de nuestras manos. Establecemos relaciones inestables porque nuestra sociedad parece ensalzar a su vez unas relaciones humanas más flexibles
Bauman nos dice que para ser felices, debemos tener en cuenta dos valores imprescindibles: libertad y seguridad. La seguridad sin libertad es esclavitud, pero la libertad sin seguridad es un caos total. Todos necesitamos de ambas dimensiones para encontrar el equilibrio en nuestras vidas.

https://lamenteesmaravillosa.com/el-amor-liquido-o-la-fragilidad-de-los-vinculos/
https://psicologiaymente.com/pareja/amor-liquido

viernes, 5 de julio de 2019

No hay amigos

Originariamente, en los tiempos homéricos, el término philía, que heredamos como amistad, se refiere al modelo de relaciones familiares, consanguíneas, era el lazo que unía a padres e hijos, esposos y hermanos entre sí, y, por extensión a camaradas de armas. La palabra philós tiene valor posesivo y designa lo que es suyo, para cada uno su pariente próximo. Predomina el sentido jurídico del término. Y este sentido alcanza todavía la época de Aristóteles, que considera que la philía se sostiene en una especie de identidad entre los miembros de la familia restringida y que, por otra parte, hace de él un concepto político. 


En el capítulo 4 del libro IX de la Ética a Nicómaco, Aristóteles afirma que la amistad (philia) deriva del amor de sí (philautia). En efecto, todas las definiciones que pueden darse de la amistad — aquel a quien se hace bien, se desea una vida prolongada, con quien se comparten alegrías y tristezas, etc.— dependen de la relación que cada uno tenga consigo mismo. He aquí el núcleo de la relación especular con el semejante. Lacan permite extraer una conclusión respecto de la relación con el prójimo a partir de la relación especular: “desear el bien de alguien quiere decir […] someterlo”. Por esta vía, el amor en que se funda la amistad lleva, finalmente, a la guerra con el otro. Se trata, entonces, del amor basado en el narcisismo y en el reconocimiento, donde la falta de este último introduce la discordia. 



La amistad pasa por el reconocimiento de la extrañeza común que no nos permite hablar de nuestros amigos, sino sólo hablarles, no hacer un tema de conversación, sino el movimiento del convenio de que, hablándonos, reservan, incluso en la mayor familiaridad, la distancia infinita, esa separación fundamental a partir de la cual lo que separa se convierte en relación. 

Poco a poco fue adquiriendo una connotación afectiva y psicológica que definía al amigo como al “amable”, ya que sólo se ama lo que es digno de ser amado. 
Con las grandes migraciones empezó a plantearse a los helenos la cuestión del extranjero, el xenos, y en consecuencia la institución de la hospitalidad. El ajeno, que no habla nuestra lengua, comparte sin embargo nuestra casa, nuestro alimento ¿Es entonces un philós o un xenos? Ya el amigo no será sólo de la familia, sino que el philós alberga al extranjero.

El éros, en cambio, se refiere al deseo amoroso dirigido a “otro” distinto a uno mismo. El comercio sexual une opuestos, no semejantes. No tiene función de posesivo sino de dirección.
Las oposiciones socráticas no explican la amistad. La clave no está ni en el agente ni en el objeto, ni en la semejanza ni la diferencia, ni en el bien ni en el mal. Ambos términos de las oposiciones actúan simultáneamente y de modo no recíproco, la asimetría es manifiesta en la amistad, por más que la reciprocidad es una línea directriz de la mayéutica socrática (el que no paga amistad con amistad no es amigo de la persona que le ama). Conclusión: la amistad es una acción y no una categoría ontológica. 

En Aristóteles la amistad es una categoría ya no tan sólo jurídica o afectiva, sino pertinente al campo de la ética y la política. La rígida lógica clasificatoria aristotélica  afirma que la amistad crece entre iguales, es una forma de la igualdad. La amistad perfecta es la de los hombres de bien y semejantes en virtud. En la Ética a Nicómaco es el amor propio el que se transfiere al amigo, que, como espejo, refleja al propio yo. Y como la virtud es un estado siempre a alcanzar, esta especularidad está regida por el ideal del yo. La amistad se da entre semejantes, pero no idénticos, ya que siempre uno encarna retazos del ideal del yo del otro. Se introduce por la ventana una concepción de un sujeto dividido en el vínculo de amistad.
Sin embargo hay un resquicio más fecundo en la idea de que la amistad siempre implica un exceso, razón por la cual sólo es posible tener pocos amigos, si no uno solo. Este exceso está más allá de la reciprocidad y la justicia. 
 “El hombre de bien tiene con su amigo una relación idéntica a la que mantiene consigo mismo.” Esta doctrina de la amistad, basada en el amor de sí, fue retomada en el curso de la Edad Media, especialmente por Tomás de Aquino, 



Si algo ilustra el exceso que Aristóteles pone en juego en la amistad es una frase atribuida a él en sus últimos momentos: “Amigos, no hay amigos”. Así al menos la reproduce Nietzsche, en un pasaje clásico del Zarathustra. Al parecer la cita apócrifa fue mencionada por primera vez por Diógenes Laercio en su “Vida de los filósofos”.
Sobre esta frase supuesta basa Nietzsche su pensamiento sobre la amistad. Su distancia con Aristóteles es máxima. Si para él la amistad es una forma de igualdad, para Nietzsche todo lo contrario. La máxima diferencia, que no debe intentarse reducir, es el fundamento de la amistad. No se trata del amor al prójimo sino al más lejano.
Aristóteles afirmaba que en la comunidad consiste la amistad. Para Nietzsche lo que atrae al amigo es la propia imperfección, es preciso engañarse para amarlo, y saber callar, como acto de indulgencia con el otro y consigo, para conservarlo. Esa es la condición de posibilidad de la amistad, un dispositivo de ficción.  Nietzsche va más allá, se trata del empuje a “vaciarse” en el otro, un don sin aspiración alguna de reciprocidad. Zarathustra es un extranjero, un viajero, que decide retornar al mundo de los hombres, para otorgar y repartir mercedes, traer a los hombres un presente. Pero no limosnas, es decir el excedente, sino que utiliza la metáfora de la copa que desborda, afirmando ...esa copa quiere vaciarse y Zarathustra quiere volver a ser hombre. La locura, la pasión por vaciarse. “El loco viviente” se definirá luego.



Nietzsche subvierte una vez más a Aristóteles, porque mientras para éste la virtud es la meta a alcanzar, para aquél la virtud es voluntad de ocaso y una flecha del anhelo. Ya no sólo lo que impulsa a la vida sino lo que empuja a la descarga.  En el pasaje “Del amigo” afirma que éste tiene un lugar tercero como mediador y sostén del diálogo vehemente entre “Yo” y “Mí”, que desgarra al sujeto. 
Para el solitario, el amigo es siempre el tercero; y tal tercero es el corcho que impide que el diálogo de los dos llegue al fondo. El tercero, el amigo, es ocasión de una acción que ponga en juego ese caos, que ponga tope al impulso al vaciamiento.
Está en cuestión la identificación, que se confronta con sus propios límites: ¿Qué es por lo demás el rostro de tu amigo? Sin duda es tu propio rostro, en un espejo imperfecto y tosco.

La identidad es pensada en psicoanálisis según la metáfora de la fraternidad: los hermanos iguales entre sí, se reúnen y segregan todo lo diferente por amor al padre. Es en la masa donde el yo y el tú se reúnen en el Uno. 
El eminente neurólogo Oliver Sacks en “Despertares” afirma: “La amistad posee virtudes curativas, y todos somos un poco médicos de los demás: ‘no hallaremos mejor medicamento en nuestra vida que un amigo fiel’ dijo Sir Thomas Browne. Y el mundo es el hospital donde tiene lugar la curación.” 



Saber callar. Una virtud que según Nietzsche define a la amistad. Es el modo de respetar al extranjero que es el amigo y al que albergamos en nosotros. Para él ese silencio domeña el odio, en todo caso lo procesa, ya que la amistad está en tensión entre los polos amor-odio, sin detenerse en ninguno. Y lo que la sostiene es precisamente ese núcleo de intimidad, que preserva al amigo como tercero.
Winnicott, en cambio, piensa en una “conexión silenciosa con los objetos subjetivos”, lo que constituye un enunciado positivo de la función del silencio en la construcción y sentimiento de lo real.
Por el contrario, el callar del amigo no se basa en la desconfianza, sino más bien en la incontrastable certeza de que no todo puede ser dicho, es el silencio que organiza el discurso del inconsciente. Lo intransferible de la experiencia subjetiva, que se hace real en el lazo primario con los otros. Es la capacidad de estar solo –en presencia de otro- que Winnicott situaba en el origen de la construcción de la subjetividad, de la creatividad que define lo propiamente humano.
Saber callar, entonces, constituye una cualidad inherente a la condición de amigo. Quien lo dice todo, o, más bien, quien cree decirlo –ya que todo no puede ser dicho-, carece de un saber hacer con el odio, sentimiento que habita el corazón de la amistad y fácilmente desemboca en la crueldad, un exceso si los hay. Si la amistad es un destino del amor, como tal, también lo es del odio, su reverso en todo vínculo interhumano.


Permitir ser penetrado por esa singularidad radicalmente ajena, resonar con la alteridad del otro, que pone en movimiento nuestra propia ajenidad, es un trabajo que se realiza a través del tiempo. No hay amistad a primera vista, si bien hay acontecimientos de amistad que pueden ser instantáneos.

La amistad es un destino del amor que no alcanza a ser definido ni por la sumisión al superyó o al ideal, ni por la inhibición de las metas sexuales. Ni filial, ni paterno, ni fraterno, al amigo nos une un lazo alejado de la intención de dominio o apropiación del otro y que es ocasión de una realización compartida de deseos.



https://aprendeenlinea.udea.edu.co/revistas/index.php/affectiosocietatis/article/view/18309

http://letraurbana.com/articulos/acerca-de-la-amistad/
http://consultoriobosch.com.ar/el-gesto-etico-y-politico-de-la-amistad/
http://www.coldepsicoanalistas.com.ar/biblioteca-virtual/leer/?id=11

viernes, 7 de junio de 2019

El talón de aquiles

Para la mitología griega, Aquiles fue el principal héroe de la Guerra de Troya y el más fuerte, rápido y bello guerrero de la Iliada de Homero. Hijo de Peleo, rey de los Mirmidones en Ftia, y de Tetis, una ninfa marina, Aquiles era considerado invencible, pero no inmortal.
El mito en torno al talón de Aquiles tiene origen en el poema incompleto Aquileida (Achilleis), escrito por Estacio en el siglo I, que contiene una versión del mito del nacimiento de Aquiles que no aparece en otras fuentes. Cuando Aquiles nació, la ninfa Tetis, su madre, intentó hacerlo inmortal sumergiéndolo en el río Estigia. Como lo sostuvo por el talón derecho para sumergirlo en la corriente, ese preciso punto de su cuerpo quedó vulnerable, siendo la única zona en la que Aquiles podía ser herido en batalla. 
Tetis sumergiendo a Aquiles en el Estigia. Rubens

Otra versión cuenta que Tetis lo ponía al fuego del hogar para quemar las partes mortales de su cuerpo y luego ungía al niño con ambrosía, hasta que fue interrumpida por Peleo, quien le arrebató al niño de sus manos y éste quedó con un talón carbonizado. Enfurecida, Tetis los abandonó a ambos y Peleo sustituyó el talón quemado de Aquiles por la taba del gigante Dámiso, famoso por su gran velocidad. Esta versión también comenta por qué le llamaban “el de los pies ligeros”.
En cualquier caso, durante el asedio de Troya, batalla final de la guerra librada entre griegos y troyanos, Paris mató a Aquiles clavándole una flecha envenenada en el talón.
Sin embargo, ninguna de las fuentes anteriores a Estacio hace referencia a esta invulnerabilidad. Al contrario, en la Ilíada Homero menciona que Aquiles es herido: en el Libro XXI el héroe peonio Asteropeo, hijo de Pelegón, desafía a Aquiles junto al río Escamandro. Le arrojó dos lanzas a la vez, alcanzando una el hombro de Aquiles, «del cual brotó negra sangre».​ En la Ilíada, Héctor profetiza la muerte de Aquiles a manos de Paris y de Apolo en las puertas Esceas, pero no se detalla el modo en que se producirá.


Quirón y Aquiles. Pompeya

Tampoco en los poemas fragmentarios del ciclo troyano en los que aparece una descripción de la muerte del héroe —Cipria (autor desconocido), Etiópida de Arctino de Mileto, Pequeña Ilíada de Lesques e Iliupersis de Arctino— hay rastro de referencias a su invulnerabilidad o su famoso talón. En vasijas pintadas posteriores representando la muerte de Aquiles, una flecha (o en muchos casos varias) alcanza su cuerpo.
Aquiles creció junto a Patroclo en el monte Pelión, pupilo del centauro Quirón, donde se alimentaba de fieros jabalíes, entrañas de león y médula de oso para aumentar su valentía. También aprendió el tiro con arco, el arte de la elocuencia y el canto, y la curación de las heridas. Si bien la Ilíada de Homero es el relato más famoso de las hazañas de Aquiles en la Guerra de Troya, ésta solamente abarca unas pocas semanas de la guerra y no narra la muerte de Aquiles. Durante una de las batallas, los troyanos lograron hacer retroceder a las fuerzas griegas y asaltaron sus barcos. Dirigidos por el príncipe Héctor, los griegos parecían estar a punto de caer, hasta que Patroclo logró repeler a los troyanos de las playas, pero murió a manos de Héctor antes de que lograsen tomar la ciudad de Troya.


Ayax y Aquiles

Cuando Aquiles supo la noticia, la ira y el dolor lo invadieron de tal manera que estuvo a punto de quitarse la vida. Patroclo fue velado toda la noche, y Aquiles juró que vengaría su muerte. Le pidió a su madre una nueva y más poderosa armadura y salió al campo de combate, donde mató a Héctor y luego ató su cuerpo inerte a su carro, arrastrándolo por nueve días en torno a los muros de Troya, sin permitir que tuviera los ritos funerales. Hasta que la ayuda del dios Hermes, el rey Príamo lo convenció a Aquiles de que le permitiese celebrar los ritos funerarios de su hijo.
El poderoso Aquiles, aparentemente invencible, finalmente fue derrotado por el príncipe troyano Paris, quien le disparó una flecha envenenada –según algunas versiones- dirigida por el dios Apolo al talón izquierdo y lo mató. Sus restos fueron mezclados con los de su gran amigo Patroclo y su mítica armadura abrió una disputa entre Ulises y Áyax el Grande, primo mayor de Aquiles. Luego su madre Tetis consiguió para su hijo la inmortalidad y esté vivió en la isla de Leuce en la desembocadura del Danubio, donde se le rindió culto.


Estatua de Aquiles en Corfú.

Patroclo es el primo de Aquiles. Hijo de Menecio y su madre que, aunque no se sabe con exactitud quien fue, se sabe que fue hija de Peleo, dándole el parentesco presente con Aquiles, el de los pies ligeros. Considerado un ser querido de Aquiles, tendría un vínculo muy cercano con él. Al ser reclutado para la guerra al igual que su primo y siendo aconsejado por su padre, se encamina a la sangrienta batalla. Un par de años más joven que Aquiles, es entendible su cualidad de infante traducida en acciones que serían cruciales dentro de la historia. Su papel en la guerra fue el de compañero de armas del famoso Aquiles, además de su destreza y habilidad con los caballos. Patroclo es también quien buscaría a Briseida, la amada de su primo, en la Embajada de Aquiles (episodio de la Ilíada) para poder persuadirlo a volver a pelear después de su enfurecimiento. Al tener a su primo como modelo a seguir, es persuadido por sus emociones y también se ve afectado por la cólera de Aquiles.
Aquiles, en su episodio de ira encerrado en su tienda, le permite a Patroclo utilizar su armadura y participar de forma más activa en la batalla. Una vez en las filas de combate con el yelmo de su primo, dio la ilusión de ser el mismo Aquiles, por lo que ningún soldado troyano se atrevió a enfrentarlo más que el mismo Héctor. La furia lo invade al divisar al de los pies ligeros y lo hiere en la garganta, dejando que fuera ahogado en su propia sangre. Menelao, testigo de la escena, rescata su cuerpo para proceder a las tradiciones funerarias de la época y para llevarle los restos a Aquiles. Más que la participación de Aquiles, es su muerte la que implica un importante capítulo en la historia.
Fue el principal hecho desencadenante que traería a Aquiles de vuelta en la batalla, con una sed de venganza que eclipsaba su deseo de gloria y gracias a la cual asesina traumáticamente a Héctor frente a toda su familia. Para velar a Patroclo, Aquiles procede con múltiples sacrificios a los dioses para poder honrarlo. Posteriormente, con la consiguiente muerte del segundo, la íntima relación familiar de estos dos sería retratada al condecorar sus huesos juntos, como un solo muerto y un solo héroe de guerra en una pira funeraria.
Tetis y Aquiles llorando a Patroclo.

La relación de Aquiles con Patroclo es un aspecto clave de su mito. Su naturaleza exacta ha sido objeto de disputa tanto en el periodo clásico como en la época moderna. En la Ilíada queda claro que los dos héroes tienen una amistad profunda y extremadamente significativa, pero la evidencia de un elemento romántico o sexual es equívoca. Patroclo fue enviado por su padre a Ptía, donde conoce a Aquiles y donde se hace su compañero de armas. Los comentadores del periodo clásico hasta la actualidad han tendido a interpretar la relación a través de las lentes de sus propias culturas. La Ilíada describe a la dupla de héroes como «compañeros de guerra» no sexuales. En el canto IX de la Iliada se presenta a Aquiles y Patroclo durmiendo cada uno con una mujer, Aquiles con Diomeda y Patroclo con Ifis, mujer que por cierto, el propio Aquiles entregó a Patroclo.

Cuando Aquiles oyó las amargas noticias, lloró y se revolvió en el suelo, transido de dolor. Sus amigos trajeron el cuerpo de Patroclo del campo de batalla pero él no les dejó enterrarlo. Se echó sobre él, rodeándolo con sus brazos, sollozando desesperadamente. Su madre, Tetis, vino a consolarle. "Hijo mío, ¿cuánto tiempo seguirás llorando con la mirada extraviada de pena, sin comer ni dormir? Yacer con mujeres y enamorarse de ellas también es bueno." Pero Aquiles no podía pensar en otra cosa que no fuese su compañero enamorado, a quien recriminó amargamente haber jugado con su vida: "No tuviste consideración por mi pura reverencia hacia tus muslos, ingrato a despecho de nuestros muchos besos."
Aquiles y Patroclo

lunes, 25 de marzo de 2019

Whatsapp y las relaciones


El mindfulness consiste en dejar la mente en un estado de atención plena para ver pasar lo que hay en ella sin juzgar y con aceptación. Es una meditación que permite que los contenidos mentales pasen tal y como han venido sin apegarse a ellos para que no nos generen malestar ni nos bloqueen en la vida.


Es inevitable a veces sentir ira, rabia, asco, pena, dolor... por causa de lo que hacen y dicen los demás.
Las relaciones humanas producen mucha carga mental y emocional, por lo que es bueno aprender a poner esas pequeñas cosas en su sitio para no sufrir innecesariamente.
Algunos pensarán que esto es una actitud egoísta, pero no lo es. No es egoísta cuidarse, puesto que nadie puede hacerlo por tí. Cuando estás mal, alterada o, bloqueada por los sentimientos que te producen la interacción con los demás y los sucesos de la vida cotidiana no eres capaz de valorar en su justa medida ni lo bueno ni lo malo, ni de tener una relación satisfactoria con el entorno.


Muchas veces he intentado hablar de las cosas que me preocupan y me abruman con las personas implicadas y no ha ido bien. Puede que por el tono poco asertivo que podido utilizar desde el dolor o la ira, pero también porque ahora es muy difícil conseguir hablar con alguien cara a cara.
Las conversaciones por whatsapp nunca salen bien, y las relaciones que terminan funcionando sólo por esa vía están condenadas a extinguirse, al menos las relaciones con personas significativas con las que has vivido y compartido muchas cosas en vivo y en directo.

Cuando alguien sólo te hace un hueco en su whatsapp ocasionalmente sin darte la opción de una conversación cara a cara o al menos por teléfono significa que no eres más que un contacto en su móvil que  a veces da un poco de ruido para perderse en la vorágine de notificaciones de la red y de las demandas del mundo externo.

Me canso de no ser más que un contacto de whatsapp para personas que han sido importantes en mi vida, que no tienen tiempo de dedicarme un pensamiento ni una conversación, que prefieren abandonarse a su rutina semanal que sacar un rato para verme o conversar conmigo.


Todos tenemos vidas confusas y llenas de ruido, todos tenemos obligaciones que atender y miserias que esconder, pero no debemos permitir que el huracán de la sociedad contemporánea nos arranque de nuestras personas queridas relegándolas a un doble click sin contestar en la pantalla del teléfono móvil. Yo también fallo y me olvido, me entrego a la falacia de las redes sociales y me miro en la pantalla negra que nos devora la humanidad.

Pero siento el anhelo del contacto humano auténtico, del cara a cara, del abrazo, de la voz con aliento.
No me bastan unas migajas de atención o unas horas al año cuando a la otra persona le dedico un sitio privilegiado en mi corazón. No hay niños ni maridos ni enfermedades ni suegras ni cuñadas que oculten la soledad y la dejadez. No juzgo si esa dejadez es voluntaria o inconsciente, si es una fuerza que tira hacia lo cotidiano y lo inmediato dejando de lado a lo que va un poco más allá. A mí también me cuesta salir de mi zona de confort, quitar horas al descanso o al estudio para desplazarme a un sitio que me pilla a trasmano por ver unos minutos a alguien que sé que no va a estar presente, que va a espiar de reojo la pantalla negra para mantenerse conectada a su realidad cotidiana.


Cansa tener en el corazón y en la mente a personas que no te tienen en los suyos, o que te tienen menos y no están dispuestos a darte lo que tú das y quieres dar por ellos.
Migajas de atención, kilobits de emoticonos genéricos y de "jajajas" para despacharte y seguir en lo importante.
No, no voy a seguir en relaciones que gastan tan pocos kilobits en mí.
Necesito dejar de pedir amor sin recibir una llamada al menos.