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martes, 26 de abril de 2016
miércoles, 20 de abril de 2016
cendal flotante...
Rima XV
Cendal flotante de leve bruma,
rizada cinta de blanca espuma,
rumor sonoro
de arpa de oro,
beso del aura, onda de luz:
eso eres tú.
Tú, sombra aérea, que cuantas veces
voy a tocarte te desvaneces
¡como la llama, como el sonido,
como la niebla, como el gemido
del lago azul!
En mar sin playas onda sonante,
en el vacío cometa errante,
largo lamento
del ronco viento,
ansia perpetua de algo mejor,
¡eso soy yo!
Yo, que a tus ojos, en mi agonía,
los ojos vuelvo de noche y día;
yo, que incansable corro y demente
¡tras una sombra, tras la hija ardiente
de una visión!
G.A. Bécquer
Estos versos los he oído muchas veces repetidos como una burla por su ñoñería.
El poeta, perdido, sin rumbo, persigue a su objeto deseado, etéreo,evanescente, envuelto en el misterio y en lo intangible. Es en este caso el amor romántico de un hombre por una mujer idealizada, pero a mí se me antoja también la búsqueda infructuosa y sin esperanzas del alma doliente. Ese anhelo apenas entrevisto tantas veces en una sonrisa, en un abrazo, en una mano tendida, en nada al final.
Todo queda en soledad, ese mar sin playas, esa ansia eterna de algo mejor.
martes, 1 de marzo de 2016
Las oscuras golondrinas
Rima LIII
Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales,
jugando llamarán;
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales,
jugando llamarán;
pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha al contemplar;
aquellas que aprendieron nuestros nombres,
esas... ¡no volverán!
tu hermosura y mi dicha al contemplar;
aquellas que aprendieron nuestros nombres,
esas... ¡no volverán!
Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde, aun mas hermosas,
sus flores abrirán;
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde, aun mas hermosas,
sus flores abrirán;
pero aquellas cuajadas de rocío,
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer, como lágrimas del día...
esas... ¡no volverán!
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer, como lágrimas del día...
esas... ¡no volverán!
Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón, de su profundo sueño
tal vez despertará;
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón, de su profundo sueño
tal vez despertará;
pero mudo y absorto y de rodillas
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido... desengáñate,
¡así no te querrán!
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido... desengáñate,
¡así no te querrán!
Las oscuras golondrinas vuelven cada año, hacen sus nidos en los mismos sitios, siguen siendo ellas mismas y quieren seguir siéndolo porque llevan miles de años poblando este planeta y formando parte de un paisaje que ha empezado a no contar con ellas.
Ahora los nidos de golondrinas molestan, son sucios y feos. Sobran y los destruyen, veo las fotos de los nidos destrozados con los polluelos muertos y los padres desconcertados buscando dónde anidar. Llevan siglos haciéndolo en los mismos sitios, con el tiempo han ido encontrando casas, se han adaptado a ellas, a la invasión de su territorio por parte de esos animales de dos patas destructivos y ambiciosos, han intentado compartir sus viviendas con las de los humanos, ellas estaban antes pero no se han quejado...
El clima ha cambiado, ellas llegan en las mismas fechas desde lugares lejanos, huyendo de climatologías hostiles, pero están desconcertadas... no es como siempre, hay cambios que no han conocido a través de siglos de migraciones...
viernes, 29 de enero de 2016
Ni aun sé lo que creo
Rima VIII
Cuando miro el azul horizonte
perderse a lo lejos,
al través de una gasa de polvo
dorado e inquieto,
me parece posible arrancarme
del mísero suelo
y flotar con la niebla dorada
en átomos leves
cual ella deshecho.
Cuando miro de noche en el fondo
oscuro del cielo
las estrellas temblar como ardientes
pupilas de fuego,
me parece posible a do brillan
subir en un vuelo
y anegarme en su luz, y con ellas
en lumbre encendido
fundirme en un beso.
En el mar de la duda en que bogo
ni aun sé lo que creo;
sin embargo estas ansias me dicen
que yo llevo algo
divino aquí dentro.
A todos nos gustaba Bécquer y pasamos ratos muertos releyendo sus rimas en la adolescencia en los libros de literatura del instituto. A mí siempre me llamó la atención esta rima, y sus enigmáticos últimos versos. ¿A qué se refería el autor? Yo me resistía a creer que hablara de dios un poeta como él, a quien veía tan rompedor, tan poco convencional para su tiempo. ¿Acaso se refería a su don para la poesía? Quién sabe.
Cuando leo estos versos me transporto a las aulas de BUP, a esas mañanas soñolientas y a esas preguntas sobre la vida... qué poco sabía y qué poco sigo sabiendo... sigo bogando en ese mar de la duda, y espero no dejar de hacerlo.
martes, 12 de enero de 2016
¡Levántate y anda!
Del salón en el ángulo oscuro,
de su dueño tal vez olvidada,
silenciosa y cubierta de polvo
veíase el arpa.
¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas,
como el pájaro duerme en las ramas,
esperando la mano de nieve
que sabe arrancarlas!
¡Ay! -pensé-. ¡Cuántas veces el genio
así duerme en el fondo del alma,
y una voz, como Lázaro, espera
que le diga: «Levántate y anda!»
Siempre me ha gustado la rima VII de Bécquer porque es bonita, porque me gusta imaginar ese arpa arrinconado y polvoriento y porque resulta interesante la idea de una belleza o un genio esperando a ser despertado, como las notas en las cuerdas.
Es un gran error esperar a que vengan a despertarnos. Tengamos genio o no, hay momentos en la vida en que sentimos que sin el impulso de unas palabras de aliento o una mano amiga que se tienda hacia nosotros, no podremos reunir las fuerzas para seguir adelante.
Puede que nos ocurra como al arpa olvidado por su dueño y nos quedemos esperando en un rincón cogiendo polvo. Se acordarán del arpa o tal vez no, no lo sabemos.
Otra opción es asumir que no vendrá nadie y seguir adelante por uno mismo. Aunque sea un camino solitario y doloroso. Pero será tu propio camino.
de su dueño tal vez olvidada,
silenciosa y cubierta de polvo
veíase el arpa.
¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas,
como el pájaro duerme en las ramas,
esperando la mano de nieve
que sabe arrancarlas!
¡Ay! -pensé-. ¡Cuántas veces el genio
así duerme en el fondo del alma,
y una voz, como Lázaro, espera
que le diga: «Levántate y anda!»
Siempre me ha gustado la rima VII de Bécquer porque es bonita, porque me gusta imaginar ese arpa arrinconado y polvoriento y porque resulta interesante la idea de una belleza o un genio esperando a ser despertado, como las notas en las cuerdas.
Es un gran error esperar a que vengan a despertarnos. Tengamos genio o no, hay momentos en la vida en que sentimos que sin el impulso de unas palabras de aliento o una mano amiga que se tienda hacia nosotros, no podremos reunir las fuerzas para seguir adelante.
Puede que nos ocurra como al arpa olvidado por su dueño y nos quedemos esperando en un rincón cogiendo polvo. Se acordarán del arpa o tal vez no, no lo sabemos.
Otra opción es asumir que no vendrá nadie y seguir adelante por uno mismo. Aunque sea un camino solitario y doloroso. Pero será tu propio camino.
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