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martes, 10 de abril de 2018

Aleluyas blancas de los zarzales floridos

Aleluya blanca


"La primavera ha venido.
Nadie sabe cómo ha sido.
La primavera ha venido.
¡Aleluyas blancas
de los zarzales floridos!"

"Nubes, sol, prado verde y caserío
en la loma, revueltos. Primavera
puso en el aire de este campo frío
la gracia de sus chopos de ribera
Los caminos del valle van al río
y allí, junto al agua, amor espera"

"Tejidos sois de primavera,amantes,
de tierra y agua y viento y sol tejidos.
La sierra en vuestros ojos los campos florecidos,
pasead vuestra mutua primavera,
y aún bebed sin temor la dulce leche
que os brida hoy la lúbrica pantera,
antes que, torva, en el camino aceche."

"Tú y yo, silenciosamente,
trabajamos , compañera,
en esta noche de marzo,
hilo a hilo, letra a letra
¡con cuánto amor! mientras duerme
el campo de primavera"

"La primavera besaba
suavemente la arboleda,
y el verde nuevo brotaba
como una verde humareda.
Las nubes iban pasando
sobre el campo juvenil..."

Primavera , en la obra de Antonio Machado




viernes, 24 de febrero de 2017

Sol de invierno, verdinosa piedra

Sol de invierno

Es mediodía. Un parque. 
Invierno. Blancas sendas; 
simétricos montículos 
y ramas esqueléticas. 
Bajo el invernadero, 
naranjos en maceta, 
y en su tonel, pintado 
de verde, la palmera. 
Un viejecillo dice, 
para su capa vieja: 
«¡El sol, esta hermosura 
de sol!...» Los niños juegan. 
El agua de la fuente 
resbala, corre y sueña 
lamiendo, casi muda, 
la verdinosa piedra.


Antonio Machado Soledades, Galerías y otros poemas (1899-1907).

martes, 3 de enero de 2017

Camino

Extracto de Proverbios y cantares (XXIX)

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.

Antonio Machado



A veces pienso en cómo haría las cosas si volviera a tener 17 años y tuviera tantas puertas abiertas como entonces sabiendo lo que todo lo que sé ahora de la vida.
Supongo que eso nos lo hemos planteado todos llegados a cierto punto de nuestras vidas, cuando parece que ya está todo el pescado vendido y nos hemos quedado con la sensación de que las cosas podrían haber sido mucho mejores.
Claro, y esa vocecita interior optimista y positiva que dice: "pero aún puedes hacer muchas cosas y cambiar tu vida", salta, con mayor o menos fuerza, pero salta.
Sin embargo, las cadenas del miedo son cortas y pesan.
Quién, en su sano juicio, sabiendo cómo están las cosas, se arriesgaría a emprender un nuevo camino.
Sobre todo, cuando no se tiene claro cuál sería ese nuevo camino a seguir. Aún la senda está oculta entre las sombras, apenas se vislumbra, qué miedo, qué náusea.
A mis 17 años ni siquiera sabía que podía existir una senda diferente al camino que pensaba que debía seguir indefectiblemente. Sabía que éste no me ilusionaba, que no me motivaba, que lo seguía con resignación y pasividad.
Los años me han ido enseñando que hay muchas cosas en ese camino que no me gustan, he ido apartándome sin darme cuenta, me han apartado y he sufrido mucho por ello.
Si pudiera volver atrás... realmente, no sé muy bien qué haría, me siento tal vez tan confundida como al principio.





miércoles, 14 de diciembre de 2016

La sombra de Caín

 “En España, de cada diez cabezas, nueve embisten y una piensa.” 

Por tierras de españa

      El hombre de estos campos que incendia los pinares
y su despojo aguarda como botín de guerra,
antaño hubo raído los negros encinares,
talado los robustos robledos de la sierra.
      Hoy ve a sus pobres hijos huyendo de sus lares;
la tempestad llevarse los limos de la tierra
por los sagrados ríos hacia los anchos mares;
y en páramos malditos trabaja, sufre y yerra.
      Es hijo de una estirpe de rudos caminantes,
pastores que conducen sus hordas de merinos
a Extremadura fértil, rebaños trashumantes
que mancha el polvo y dora el sol de los caminos.
      Pequeño, ágil, sufrido, los ojos de hombre astuto,
hundidos, recelosos, movibles; y trazadas
cual arco de ballesta, en el semblante enjuto
de pómulos salientes, las cejas muy pobladas.
      Abunda el hombre malo del campo y de la aldea,
capaz de insanos vicios y crímenes bestiales,
que bajo el pardo sayo esconde un alma fea,
esclava de los siete pecados capitales.
      Los ojos siempre turbios de envidia o de tristeza,
guarda su presa y llora la que el vecino alcanza;
ni para su infortunio ni goza su riqueza;
le hieren y acongojan fortuna y malandanza.
      El numen de estos campos es sanguinario y fiero:
al declinar la tarde, sobre el remoto alcor,
veréis agigantarse la forma de un arquero,
la forma de un inmenso centauro flechador.
      Veréis llanuras bélicas y páramos de asceta
—no fue por estos campos el bíblico jardín—:
son tierras para el águila, un trozo de planeta
por donde cruza errante la sombra de Caín.


Antonio Machado, "Campos de Castilla"






Somos víctimas —pensaba yo— de un doble espejismo. Si miramos afuera y procuramos penetrar en las cosas, nuestro mundo externo pierde en solidez, y acaba por disipársenos cuando llegamos a creer que no existe por sí, sino por nosotros. pero, si convencidos de la íntima realidad, miramos adentro, entonces todo nos parece venir de fuera, y es nuestro mundo interior, nosotros mismos, lo que se desvanece. ¿Qué hacer entonces?"
Antonio Machado (1917)



miércoles, 3 de agosto de 2016

desesperanza


Recuerdos
Oh Soria, cuando miro los frescos naranjales 

cargados de perfume, y el campo enverdecido, 
abiertos los jazmines, maduros los trigales, 
azules las montañas y el olivar florido; 
Guadalquivir corriendo al mar entre vergeles; 
y al sol de abril los huertos colmados de azucenas, 
y los enjambres de oro, para libar sus mieles 
dispersos en los campos, huir de sus colmenas; 
yo sé la encina roja crujiendo en tus hogares, 
barriendo el cierzo helado tu campo empedernido; 
y en sierras agrias sueño ?¡Urbión, sobre pinares! 
¡Moncayo blanco, al cielo aragonés, erguido!? 



Y pienso: Primavera, como un escalofrío 
irá a cruzar el alto solar del romancero, 
ya verdearán de chopos las márgenes del río. 



¿Dará sus verdes hojas el olmo aquel del Duero? 


Tendrán los campanarios de Soria sus cigüeñas, 
y la roqueda parda más de un zarzal en flor; 
ya los rebaños blancos, por entre grises peñas, 
hacia los altos prados conducirá el pastor. 



¡Oh, en el azul, vosotras, viajeras golondrinas 
que vais al joven Duero, rebaños de merinos, 
con rumbo hacia las altas praderas numantinas, 
por las cañadas hondas y al sol de los caminos 
hayedos y pinares que cruza el ágil ciervo, 
montañas, serrijones, lomazos, parameras, 
en donde reina el águila, por donde busca el cuervo 
su infecto expoliario; menudas sementeras 
cual sayos cenicientos, casetas y majadas 
entre desnuda roca, arroyos y hontanares 
donde a la tarde beben las yuntas fatigadas, 
dispersos huertecillos, humildes abejares!... 



¡Adiós, tierra de Soria; adiós el alto llano 
cercado de colinas y crestas militares, 
alcores y roquedas del yermo castellano, 
fantasmas de robledos y sombras de encinares! 



En la desesperanza y en la melancolía 
de tu recuerdo, Soria, mi corazón se abreva. 



Tierra de alma, toda, hacia la tierra mía, 
por los floridos valles, mi corazón te lleva.
Antonio Machado


Estatua en Baeza

no comprendes mi soledad atrincherada
mi miedo dolorido
ya nunca habrá amor
ni caricias ni risas
este corazón se paró.
no fuerces mi tristeza inveterada
mi desesperanza en vida.
no oigo las mentiras que
resuenan por el mundo.
todo está acabado, apagad las luces,
tirad el mundo a la basura.



lunes, 9 de mayo de 2016

Quién te volviera a soñar...

La Primavera besaba 
  

  La primavera besaba
 suavemente la arboleda,
 y el verde nuevo brotaba
 como una verde humareda.

 Las nubes iban pasando
 sobre el campo juvenil...
 Yo vi en las hojas temblando
 las frescas lluvias de abril.

 Bajo ese almendro florido,
 todo cargado de flor
 -recordé-, yo he maldecido
 mi juventud sin amor.

 Hoy, en mitad de la vida,
 me he parado a meditar...
 !Juventud nunca vivida
 quién te volviera a soñar!


  Antonio Machado






Alta-Tadema


Juventud sin amor, juventud nunca vivida... eso viene a decirnos el poeta.
La juventud con desamor es una juventud mustia, una vejez prematura, una tristeza que desgasta el corazón antes de tiempo y nos hace sentir alejados de todos los que aman y son amados.
El desamor hace perder la esperanza, las primaveras se esfuman para siempre, las flores se marchitan antes de nacer, las lágrimas se evaporan antes de correr.
Nunca llegarste a ser amada, nunca te acariciaron con amor, nunca te miraron con devoción, pobre sombra sin cuerpo, pétalo sin flor, nube sin lluvia.
El amor es una farsa, eso crees tú, que no lo has conocido. No existe, es una mentira, son palabras que se lleva el viento.
Si existe, ¿por qué no lo has conocido? Quién te volviera a soñar...

miércoles, 27 de abril de 2016

Una tarde cenicienta y mustia

Es una tarde cenicienta y mustia,

  Es una tarde cenicienta y mustia,
destartalada, como el alma mía;
y es esta vieja angustia
que habita mi usual hipocondría.
    La causa de esta angustia no consigo
ni vagamente comprender siquiera;
pero recuerdo y, recordando, digo:
-Sí, yo era niño, y tú, mi compañera.
    Y no es verdad, dolor, yo te conozco,
tú eres nostalgia de la vida buena
y soledad de corazón sombrío,
de barco sin naufragio y sin estrella.
    Como perro olvidado que no tiene
huella ni olfato y yerra
por los caminos, sin camino
, como
el niño que en la noche de una fiesta
    se pierde entre el gentío
y el aire polvoriento y las candelas
chispeantes, atónito, y asombra
su corazón de música y de pena,
    así voy yo, borracho melancólico,
guitarrista lunático, poeta,
y pobre hombre en sueños,
siempre buscando a Dios entre la niebla.

                                   Antonio Machado

La melancolía acompaña al poeta desde la infancia, y en esa su melancolía se siente solo y olvidado como el perro abandonado y despreciado por todos vaga como una sombra huidiza, desorientado, mendigando un trozo de pan duro con que aliviar el hambre que le consume, buscando un rincón donde echarse a dormir extenuado fuera de la vista de los que lo odian y lo quieren echar de su humilde refugio improvisado.
Una persona melancólica es como un perro abandonado, nadie la quiere a su lado, inspira repugnancia, incomprensión, todos quieren echarla lejos por temor a que les ensucie o contagie. 
Que otros se encarguen del perro sucio y famélico, visión incómoda y desgarradora que nadie quiere tener en casa.
Que se lo lleven a la perrera, con sus semejantes, para que yo, sin ensuciarme las manos, me quede tranquilo, sin pensar en lo que pasa en esa perrera. Como en los manicomios a donde llevaban a los que hacían y decían cosas que molestaba oír  y ver y cuestionaban el orden imperante, locos o no.
El perro abandonado busca una mano amiga que lo acaricie como quien busca un dios. Una mano que lo consuele en su desfallecimiento, que lo acune en sus pesadillas, que le limpie las heridas, que le ofrezca un poco de comida, la que sea, pero ofrecida desde el amor y la compasión. No seguirá a cualquiera que le tire unas migajas porque sabe cuándo lo poco o mucho que le dan se lo han dado con amor de verdad.
A ese perro abandonado por la manada humana feliz y ciega a veces le cuesta confiar.
 Es posible que no llegue a hacerlo nunca si las heridas de su alma son profundas, porque a un ser que ha sufrido el rechazo y la traición de aquellos a quienes más amó, a veces el alma rota no vuelve a recomponérsele.
Será un alma con cicatrices profundas, dolorosas, que cuando haga frío sentirá que se le retuercen las fibras más profundas y tendrá que huir y esconderse en lugar seguro.
No es fácil querer a un perro abandonado, a un corazón sombrío, a un barco sin naufragio y sin estrella, a un alma destartalada.





martes, 26 de abril de 2016

Espíritu sin nombre, indefinible esencia

Rima V
Espíritu sin nombre, 

indefinible esencia, 

yo vivo con la vida  

sin formas de la idea.



Yo nado en el vacío, 

del sol tiemblo en la hoguera, 

palpito entre las sombras 
y floto con las nieblas.



Yo soy el fleco de oro 

de la lejana estrella, 

yo soy de la alta luna
la luz tibia y serena.



Yo soy la ardiente nube 

que en el ocaso ondea, 

yo soy del astro errante 
la luminosa estela.



Yo soy nieve en las cumbres, 

soy fuego en las arenas, 

azul onda en los mares, 
y espuma en las riberas.


En el laúd soy nota, 

perfume en la violeta, 

fugaz llama en las tumbas  
y en las ruinas yedra. 



Yo atrueno en el torrente 

y silbo en la centella, 

y ciego en el relámpago 
y rujo en la tormenta.







Yo río en los alcores, 

susurro en la alta yerba, 

suspiro en la onda pura 
y lloro en la hoja seca.



Yo ondulo con los átomos 

del humo que se eleva

y al cielo lento sube 
en espiral inmensa.



Yo en los dorados hilos

que los insectos cuelgan 

me mezco entre los árboles 
en la ardorosa siesta.


Yo corro tras las ninfas 

que en la corriente fresca 

del cristalino arroyo 
desnudas juguetean.





Yo en bosques de corales 

que alfombran blancas perlas, 

persigo en el océano
las náyades ligeras.



Yo en las cavernas cóncavas

do el sol nunca penetra, 

mezclándome a los gnomos 
contemplo sus riquezas.



Yo busco de los siglos 

las ya borradas huellas, 

y sé de esos imperios 
de que ni el nombre queda. 



Yo sigo en raudo vértigo 

los mundos que voltean, 

y mi pupila abarca
la creación entera.


Yo sé de esas regiones

a do un rumor no llega, 

y donde informes astros
de vida un soplo esperan.



Yo soy sobre el abismo 

el puente que atraviesa, 

yo soy la ignota escala 
que el cielo une a la tierra. 



Yo soy el invisible 

anillo que sujeta 

el mundo de la forma 
al mundo de la idea. 



Yo en fin soy ese espíritu,

desconocida esencia, 

perfume misterioso 
de que es vaso el poeta. 






GA Bécquer

"Recordemos hoy a Gustavo Adolfo, el de las rimas pobres, la asonancia indefinida y los cuatro verbos por cada adjetivo definidor. Alguien ha dicho con indudable acierto: «Bécquer, un acordeón tocado por un ángel». Conforme: el ángel de la verdadera poesía."
Antonio Machado, Juan de Mairena –XLIII. Sobre Bécquer–, 1936

"Hay una poesía magnífica y sonora; una poesía hija de la meditación y el arte, que se engalana con todas las pompas de la lengua que se mueve con una cadenciosa majestad, habla a la imaginación, completa sus cuadros y la conduce a su antojo por un sendero desconocido, seduciéndola con su armonía y su hermosura. Hay otra, natural, breve, seca, que brota del alma como una chispa eléctrica, que hiere el sentimiento con una palabra y huye; y desnuda de artificio, desembarazada dentro de una forma libre, despierta, con una que las toca, las mil ideas que duermen en el océano sin fondo de la fantasía. La primera tiene un valor dado: es la poesía de todo el mundo. La segunda carece de medida absoluta; adquiere las proporciones de la imaginación que impresiona: puede llamarse la poesía de los poetas. La primera es una melodía que nace, se desarrolla, acaba y se desvanece. La segunda es un acorde que se arranca de un arpa, y se quedan las cuerdas vibrando con un zumbido armonioso. Cuando se concluye aquélla, se dobla la hoja con una suave sonrisa de satisfacción. Cuando se acaba ésta, se inclina la frente cargada de pensamientos sin nombre. La una es el fruto divino de la unión del arte y de la fantasía. La otra es la centella inflamada que brota al choque del sentimiento y la pasión. Las poesías de este libro pertenecen al último de los dos géneros, porque son populares, y la poesía popular es la síntesis de la poesía."
Esto dijo el mismo Bécquer sobre su idea de la poesía en la reseña que hizo del libro de su amigo Augusto Ferrán "La soledad".

martes, 5 de abril de 2016

Abril sonreía


Era una mañana y abril sonreía
Era una mañana y abril sonreía. 
Frente al horizonte dorado moría 
la luna, muy blanca y opaca; tras ella, 
cual tenue ligera quimera, corría 
la nube que apenas enturbia una estrella. 
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Como sonreía la rosa mañana 

al sol del Oriente abrí mi ventana; 

y en mi triste alcoba penetró el Oriente 

en canto de alondras, en risa de fuente 

y en suave perfume de flora temprana. 

               Fue una clara tarde de melancolía. 


Abril sonreía. Yo abrí las ventanas 

de mi casa al viento... El viento traía 

perfume de rosas, dolor de campanas... 

Doblar de campanas lejanas, llorosas, 


suave de rosas aromado aliento ... 

... ¿Dónde están los huertos floridos de rosas? 

¿Qué dicen las dulces campanas al viento? 

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Pregunté a la tarde de abril que moría: 

¿Al fin la alegría se acerca a mi casa? 

La tarde de abril sonrió: La alegría 

pasó por tu puerta —y luego, sombría: 

Pasó por tu puerta. Dos veces no pasa.
Antonio Machado, "Soledades", XLIII




Iluso el poeta se pregunta cuándo llegará la alegría a su casa, Ni las brisas de abril ni el canto de la alondra son presagios de bienaventuranza. La tristeza avanza inexorable cuando su hora llega, y sus semillas arraigan fuerte en cualquier tierra, cuanto más pobre y baldía mejor.

miércoles, 16 de marzo de 2016

Recuerdos de un patio de Sevilla











Retrato

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla, 
y un huerto claro donde madura el limonero; 
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla; 
mi historia, algunos casos que recordar no quiero. 

Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido 
—ya conocéis mi torpe aliño indumentario—, 
más recibí la flecha que me asignó Cupido, 
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.

Hay en mis venas gotas de sangre jacobina, 
pero mi verso brota de manantial sereno; 
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina, 
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.

Adoro la hermosura, y en la moderna estética 
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard; 
mas no amo los afeites de la actual cosmética, 
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.

Desdeño las romanzas de los tenores huecos 
y el coro de los grillos que cantan a la luna. 
A distinguir me paro las voces de los ecos, 
y escucho solamente, entre las voces, una.

¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera 
mi verso, como deja el capitán su espada: 
famosa por la mano viril que la blandiera, 
no por el docto oficio del forjador preciada.

Converso con el hombre que siempre va conmigo 
—quien habla solo espera hablar a Dios un día—; 
mi soliloquio es plática con ese buen amigo 
que me enseñó el secreto de la filantropía.

Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito. 
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago 
el traje que me cubre y la mansión que habito, 
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.
Cuando llegue el día del último vïaje, 
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar, 
me encontraréis a bordo ligero de equipaje, 
casi desnudo, como los hijos de la mar.
Antonio Machado, 1906