martes, 10 de octubre de 2017

Culpa y verguenza

“La liberación es no sentirse ya nunca más avergonzado de uno mismo” Nietzsche, F.

La culpa es la experiencia disfórica que se siente al romper las reglas culturales (tanto religiosas, como politicas, familiares, de un grupo de pertenencia, etc), o por el pensamiento de cometer dicha transgresión.Puede designar un estado afectivo consecutivo a un acto que el sujeto considera reprensible, pudiendo ser la razón que para ello se Invoca más o menos adecuada (remordimientos del criminal o autorreproches de apariencia absurda), o también un sentimiento difuso de indignidad personal sin relación con un acto Preciso del que el sujeto pudiera acusarse.

Por lo demás, el sentimiento de culpabilidad se postula en psicoanálisis como sistema de motivaciones inconscientes que explican comportamientos de fracaso, conductas delictivas, sufrimientos que se Inflige el sujeto, etc. En este último sentido, la palabra sentimiento sólo puede utilizarse con reservas, ya que el sujeto puede no sentirse culpable a nivel de la experiencia consciente.
Tanto en lenguaje especializado, como en el de uso ordinario, la culpa es un estado afectivo en el que la persona experimenta conflicto por haber hecho algo que cree no debió haber cometido (o de manera contraria, por no haber hecho algo que la persona cree debió hacer). Esto da origen a un sentimiento difícil de disipar impulsado por la conciencia. Sigmund Freud describió esto como el resultado de una pelea entre el ego y el superego. Freud describía otra, la fuerza del inconsciente del individuo que contribuye a la enfermedad. Freud llegó a considerar que “el obstáculo de un sentido inconsciente de culpa […] es el más poderoso de todos los que se tienen para llegar a la recuperación”.​ Para su posterior explicador, Jacques Lacan, la culpa es el acompañante inevitable del sujeto significante quien da cuenta de la normalidad en la forma del orden simbólico.

Alice Miller afirma que “mucha gente sufre todas sus vidas por este opresivo sentimiento de culpa, el sentimiento de no haber vivido a la altura de las expectativas de sus padres [...] ningún argumento puede superar estos sentimientos de culpa, pues estos tienen sus inicios en los períodos más tempranos de la vida, y es de este hecho del que derivan su intensidad.”​ Esto puede estar ligado a lo que Les Parrott ha llamado “la enfermedad de la falsa culpa[...] en cuya raíz está la idea de que lo que sientes debe ser real. Si sientes culpa, ¡debes ser culpable!"​
El filósofo Martin Buber subrayó la diferencia entre la noción freudiana de culpa, basada en conflictos internos, y la culpa existencial, basada en daños reales ocasionados a otros.​
La culpa es asociada comúnmente con la ansiedad. En estados de manía, de acuerdo a Otto Fenichel, el paciente logra aplicar a la culpa el “mecanismo de defensa de la negación por sobrecompensación [...] recreando el ser una persona sin sentimientos de culpa”.​
Las defensas contra la culpa se pueden convertir en un aspecto primordial en la personalidad del individuo.​ Existen múltiples métodos que se pueden utilizar para evadir la culpa. Estos incluyen lrepresión  y lproyección 
El sentimiento de culpabilidad fue encontrado al principio, sobre todo, en la neurosis obsesiva, en forma de autorreproches, de ideas obsesivas contra las que el sujeto lucha porque le parecen reprensibles, y Por último en forma de vergüenza provocada por las mismas medidas de protección. Ya a este nivel se puede observar que el sentimiento de culpabilidad es, en parte, inconsciente, en la medida en que la naturaleza real de los deseos que intervienen (especialmente agresivos) es ignorada por el sujeto.

El estudio psicoanalítico de la melancolía debía conducir a una teoría más elaborada del sentimiento de culpabilidad. Esta afección se caracteriza especialmente por autoacusaciones, autodesprecio y tendencia al autocastigo, que puede conducir al suicidio. Freud muestra que existe aquí una verdadera escisión del yo entre acusador (Superyo) y acusado, escisión que es el resultado, por un proceso de interiorización, de una relación ínter subjetiva.

Este descubrimiento de la noción de Superyo había de conducir a Freud a atribuir al sentimiento de culpabilidad un papel más general en el conflicto defensivo. Ya en "Duelo y melancolía" (Trauer und Melancholie, 1917), reconoce que "[...] la instancia crítica que aquí se ha separado del yo por escisión podría demostrar su autonomía también en otras circunstancias [...]"; el capítulo V de "El yo y el ello" (Das Ich und das Es, 1923), dedicado a las «relaciones de dependencia del yo», distingue las diversas modalidades del sentimiento de culpabilidad desde su forma normal hasta sus expresiones en el conjunto de las estructuras psicopatológicas. En efecto, la diferenciación del Superyo, como instancia crítica y punitiva, con respecto al yo, introduce la culpabilidad como relación intersistémica dentro del aparato psíquico: "El sentimiento de culpabilidad es la percepción que, en el yo, corresponde a esta crítica [del Superyo ]".

La psicopatología del sentimiento de culpa aparece cuando la culpa es agobiante y los hace fracasar en lo que emprenden, e implica un Superyo severo. Esto se ve en la melancolía y en la neurosis obsesiva. En la neurosis obsesiva el sujeto trata siempre, sin éxito, de recomponer algo, por ejemplo anulando una idea con otra, con el fin de ocultarse a sí mismo que el odio es más poderoso que el amor. En la melancolía la culpa se expresa como autorreproche, se hace cargo de todos los males, pero al hacerlo evita tomar contacto con su propia destructividad personal (temor a que el odio sea mayor que el amor).

La culpa que interesa, en psicoanálisis, es la culpa inconsciente. Es decir aquella de la cual el sujeto sabe nada (concientemente) y que se expresa como necesidad de castigo y que sólo un análisis psíquico puede descubrir la significación verdadera, de tal necesidad de castigo, y con ello aludir a la lucha intergeneracional amoroso-destructiva, con sus afectos incestuosos y criminosos y a la culpa inexorablemente acompañante que calificamos como inconsciente. Esto llevó a Freud, como hemos dicho, a recordar al “Edipo Rey” de Sófocles y, entonces, a llamar con el alusivo nombre de: edípico, a este conflicto prototípico, al que atribuyó universalidad, y en el que se involucraría, pues, inconscientemente todo ser humano.


De la misma manera la vergüenza, es la vergüenza inconsciente. Obviamente, y tal como la culpa, existen en su forma consciente pero no son de éstas de las que nos ocupamos especialmente los psicoanalistas.
La misma contradicción que le corresponde a la culpa, esto es, la de un sentimiento que no es sentido, le corresponde, también, a la vergüenza. Ambos sentimientos inconscientes se expresan por sus sustitutos o retoños, capaces de consciencia, y que conllevan cierta mortificación o desdicha. 




Para comenzar a señalar algunas diferencias, por lo pronto, la vergüenza es algo que le sucede preferentemente a uno con uno mismo. Desde luego que cuando decimos que le ocurre a “uno con uno mismo” tal cosa la imaginamos dentro de un universo de representaciones psíquicas que caracterizan a la psiquis humana pero en la que intervienen, en este caso, unos “otros significativos” (objetos/self) que han sido catectizados con libido narcisista. Es decir catexis narcisistas que dan significación narcisista, valga la redundancia, o sea que se espera de esos objetos/self lo mismo que se puede esperar de un brazo o una mano propias, es decir de una situación psicológica con muy poca discriminación yo-no yo e incorporados psíquicamente a la manera de instancias o representaciones ideales o especulares (polos del self bipolar) y frente a las cuales, (polos del self) justamente, nos podemos sentir en algún momento expuestos asimétricamente y por no concordancia con la comparación idealizada o por no lograr acceder a la especularidad necesitada se moviliza y subyace un sentimiento inconsciente, en este caso la vergüenza, que el sujeto no reconoce como tal pero que se expresa por sus retoños mortificantes como pueden ser el enojo, el silencio excesivo, la inhibición o retraimiento, hasta el enrojecimiento de la piel de la cara y / o en los casos severos, la furia narcisista.

Se dice: que lo activo del culposo lo lleva a confesar, en cambio lo pasivo del vergonzoso lo lleva a callar y a aislarse,




Wikipedia
http://www.angelfire.com/ak/psicologia/culpa.html
http://www.aperturas.org/articulos.php?id=0000356

lunes, 2 de octubre de 2017

Alma muerta


“Alma muerta”

Piedras enormes, rojo sol y el polvo
alzado en nubes sobre tierra seca…
El sol al irse musitó al oído:
el alma tienes para nunca muerta.
Moviéndose serpientes a mi lado
hasta mi boca alzaron la cabeza.
El cielo gris, la piedra, repetían:
el alma tienes para nunca muerta.
Picos de buitre se sintieron luego
junto a mis plantas remover la tierra;
voces del llano repitió la tarde:
el alma tienes para nunca muerta.
Oh sol fecundo, tierra enardecida,
cielo estrellado, mar enorme, selva,
entraos por mi alma, sacudidla.
Duerme esta pobre que parece muerta.
Ah, que tus ojos se despierten, alma,
y hallen el mundo como cosa nueva…
Ah, que tus ojos se despierten, alma,
alma que duermes con olor a muerta…
Alfonsina Storni

C. D. Friedrich "El mar de hielo"
El mar de hielo no es sólo el mar de la obra de Friedrich, es el mundo en que viven personas que se sienten solas y aisladas como Alfonsina Storni.
Personas que se sienten solas y desconectadas de todo, que no son capaces de estar vinculadas a nadie, que no encajan en ninguna parte, que se sienten muertas en vida porque la vida no les ofrece nada.
Personas que tienen un alma que ya pertenece a otro mundo. 
Un alma que apesta a muerte, que nadie quiere cerca, que nadie aprecia, que nadie valora.
Un alma muerta y enterrada que no merece cariño ni compasión.
Todos los que viven felices y despreocupados huyen y desprecian a estas pobres almas errantes y solitarias. Claro, es normal. Nadie que tenga todo lo necesario en la vida para ser feliz se puede arriesgar a mirarse al desnudo.

martes, 26 de septiembre de 2017

Blas Infante y el andalucismo

"Mi nacionalismo, antes que andaluz, es humano. Creo que, por el nacimiento, la naturaleza señala a los soldados de la Vida el lugar en donde han de luchar por ella. Yo quiero trabajar por la Causa del espíritu en Andalucía porque en ella nací. Si en otra parte me encontrare, me esforzaría por esta Causa con igual fervor".
"El problema andaluz es lisa y llanamente una cuestión de hambre". 
"Yo tengo clavada en la conciencia desde la infancia la visión sombría del jornalero. Yo le he visto pasear su hambre por las calles del pueblo".

Blas Infante Pérez de Vargas nació en la localidad malagueña de Casares el 5 de julio de 1885. Su padre fue Luis Miguel Infante Andrade, licenciado en Derecho y secretario del Juzgado de Casares, y su madre, Ginesa Pérez de Vargas, procedía de una familia de labradores de clase media. Estudió bachillerato en las Escuelas Pías de Archidona hasta 1899. Cuando por vacaciones regresaba a Casares instruía a los jornaleros en los campos, pues había mucho analfabetismo. Los Infante sufrieron la crisis económica derivada del desastre de 1898. Era una época inestable y convulsa con revueltas debido a las malas cosechas. Andalucía estaba inmersa en una profunda y total regresión debido a la crisis económica y social,  produciéndose un éxodo de nuestra población hacia otros lugares, debido a que nuestros recursos eran casi exclusivamente agrícolas. Apenas podíamos competir con el exterior, porque además el sector industrial y energético escaseaba habiendo fracasado la industrialización. Por ello, Blas tuvo que dejar el colegio y el último curso de bachillerato lo hizo por libre. Desde 1900 trabajó como escribiente en el juzgado de Casares, al tiempo que estudiaba por libre en la facultad de Derecho de la Universidad de Granada, a la que viajaba en los meses de junio y septiembre para examinarse, finalizando la carrera en 1906. Los apuntes se los suministraba su amigo, el poeta Alberto Álvarez de Cienfuegos, perteneciente a una familia granadina muy conocida, que luego fue miembro de la Asamblea Andalucista de Córdoba en 1919.

En 1909 aprobó una oposición, tras la cual ejerció como notario en Cantillana a partir de 1910. Este destino le permitió entrar en contacto con el ambiente intelectual sevillano y con las ideas regionalistas andaluzas, especialmente con los miembros del Ateneo de Sevilla. Reforzó su conocimiento de las gentes de Andalucía ejerciendo su función de notario en otras localidades, como Isla Cristina, donde trabajó durante la década de 1920.
En 1913, asiste al primer congreso Georgista en Ronda, donde expone las necesidades andaluzas fundándose la revista Bética. En 1914 ofrece en el Ateneo de Sevilla su ideal andaluz. Y a partir de ese momento lidera el movimiento andalucista y en 1916 crea y preside el Centro Andaluz de Sevilla y otros centros en diferentes lugares, siendo el órgano expresivo la revista Andalucía.Al observar las condiciones de vida de los jornaleros andaluces quedó fuertemente impresionado, llegando a escribir años más tarde: "Yo tengo clavada en la conciencia desde la infancia la visión sombría del jornalero. Yo le he visto pasear su hambre por las calles del pueblo" El pensamiento político de Blas Infante se mostró como heredero de los movimientos republicanos y federalistas de la España del siglo XIX, que se basaban en defender la existencia de Andalucía como región española diferenciada del resto. Su objetivo era conseguir la reconstrucción de Andalucía, para obtener la regeneración de España.
Publicó La Sociedad de las Naciones en 1919.​ También escribió Motamid, último rey de Sevilla (1920), Cuentos de animales (1921) y Almanzor.
En 1924 viajó a Marruecos, donde visitó la tumba de Motamid en Agmat y conoció a sus supuestos descendientes. Algunas fuentes sostienen que el 15 de septiembre de 1924 se convirtió al islam mediante la shahada, en una pequeña mezquita de Agmat, adoptando el nombre de Ahmad. Los testigos del acto por el que Infante se habría reconocido musulmán fueron dos andalusíes nacidos en Marruecos y descendientes de moriscos: Omar Dukali y otro de la kabila de Beni-Al-Ahmar.​ Sin embargo, su familia no cree en esta supuesta conversión al islam de Blas Infante. En una entrevista publicada por los diarios del Grupo Joly, su hija, María de los Ángeles Infante niega su filiación islámica.​ Christiane Stallaert, citando a José Luis Ortiz de Lanzagorta, sostiene que no se convirtió al islam, y que se habría caracterizado por el deísmo y el anticlericalismo.​

Durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera rechazó colaborar con ella, por lo que en represalia fueron clausurados los Centros Andaluces fundados por él en 1916, así como la editorial de la revista Andalucía como plataforma del andalucismo político. En 1921 publicó La dictadura pedagógica. En 1928 viajó a Galicia para reunirse con los ideólogos del galleguismo, llegando a participar en la revista galleguista denominada Nós. Durante estos años también viajó por Portugal. En 1930 dio una conferencia política en la Sociedad Económica de Amigos del País de Málaga, donde ensalzó al pueblo andaluz y su historia. En 1931 participó en la candidatura del Partido Republicano Revolucionario a las elecciones generales.
Con la proclamación de la República en 1931 se hizo cargo de la notaría de Coria del Río, donde se construyó una casa que llamó Dar al-Farah (en árabe "Casa de la Alegría") inspirada en la arquitectura de Al-Ándalus​ y encargándose personalmente de su decoración.
Blas Infante presidió la Junta Liberalista de Andalucía (JLA) y volvió a presentarse a distintas candidaturas por el Partido Republicano Federal. Sin embargo, no consiguió representación parlamentaria. Los puntos esenciales de su campaña política fueron: el repudio al centralismo frente a un federalismo, la solución al caciquismo, la reforma del complicado sistema electoral, de la economía y de la justicia, la libertad de enseñanza, de matrimonio, etc.

Blas Infante formó parte de la masonería aunque se desconoce aún su nombre simbólico y grados alcanzados. Sus primeros contactos con la Orden se remontan a 1915 y en concreto con la Logia Isis y Osiris, dirigida por su amigo Diego Martínez Barrio. En 1925 consta su participación en el acto de inauguración y consagración del Templo de la Logia Redención n° 16 de Ayamonte (Huelva). Ya durante la II República y de regreso en Sevilla perteneció -al menos desde abril de 1932- a la Logia Fe y Democracia n° 22, dependiente de la Gran Logia Española y en cuyo cuadro figuraban algunos de los principales directivos de la izquierda sevillana de aquellos años, como Pedro Vallina (CNT), Carlos Cuerda (Partido Social Revolucionario), Justo Feria (Partido Republicano Democrático Federal), etc.
En 1931 publicó el libro La verdad sobre el complot de Tablada y el Estado libre de Andalucía, que critica fuertemente la manera de actuar de la República y relata el boicot al que fue sometida su candidatura andalucista en las elecciones. En esta obra, su postura se radicaliza en la definición del "Estado libre de Andalucía".

A pesar del boicot anterior se presentó de nuevo en las elecciones de noviembre de 1933 por Málaga, dentro de una coalición llamada Izquierda Republicana Andaluza formada por el Partido Republicano Radical Socialista (PRRS) y por la Izquierda Radical Socialista, candidatura que fracasó y supuso una notable desilusión para Infante.
En 1933 propuso que la melodía del canto religioso Santo Dios, un himno que cantaban segadores de algunos pueblos andaluces a la salida o a la puesta del sol, fuera el Himno de Andalucía,​ cambiándole la letra por un texto suyo. Este himno, junto con la bandera y el escudo elegidos en la Asamblea de Ronda de 1918, son actualmente los símbolos oficiales de Andalucía, según el artículo 6.2 del Estatuto de autonomía de Andalucía de 1981, reformado en 2007.
En enero de 1933 se aprobó en la Asamblea de Córdoba un Anteproyecto de Bases para el Estatuto de Autonomía de Andalucía, con la intención de someterlo a referéndum. En 1935 visitó a Lluís Companys, presidente de la Generalidad de Cataluña, que estaba preso en el Penal de El Puerto de Santa María junto a miembros de su gobierno.

Tras las elecciones de 1936, con la victoria del Frente Popular, el movimiento andalucista recobró fuerzas. Durante la Asamblea de Sevilla celebrada el 5 de julio de 1936 se aclamó a Blas Infante como presidente de honor de la futura Junta Regional de Andalucía. A los pocos días, se produjo el golpe militar que inició la Guerra Civil Española. Varios falangistas le detuvieron en su casa de Coria del Río y fue fusilado, sin juicio ni sentencia, junto a otros dos detenidos el 11 de agosto fue fusilado por las fuerzas de Queipo de Llano , en el kilómetro 4 de la carretera de Sevilla a Carmona, gritando dos veces seguidas antes de morir: ¡Viva Andalucía Libre!.​ Cuatro años más tarde, el Tribunal de Responsabilidades Políticas, creado después de la guerra, le condenó a muerte y a sus herederos a una multa económica, según el documento de 4 de mayo de 1940 escrito en Sevilla:
[...] porque formó parte de una candidatura de tendencia revolucionaria en las elecciones de 1931 y en los años sucesivos hasta 1936 se significó como propagandista de un partido andalucista o regionalista andaluz.

Pasando a su legado, se conoce como andalucismo político a las distintas corrientes y movimientos políticos que tienen en común una preocupación por la identidad andaluza y que reivindican la existencia de un pueblo andaluz y la necesidad de que este alcance su autogobierno. Dentro del andalucismo político se distinguen distintas tendencias, principalmente el regionalismo andaluz, el nacionalismo andaluz y el andalucismo islamizante. Según algunas fuentes, los precedentes del andalucismo político se sitúan en el siglo XIX, con el desarrollo del cantonalismo en Andalucía. Asimismo se usa la denominación andalucismo histórico para el andalucismo político del primer tercio del siglo XX.
El nacionalismo andaluz es la posición ideológica que defiende el reconocimiento de Andalucía como una nación. Abarca un amplio espectro de opinión, desde partidarios del confederalismo dentro de España, posturas autonomistas o posturas abiertamente independentistasSi bien es cierto que, históricamente y actualmente, el nacionalismo andaluz tiende a identificarse más bien con la izquierda, ya que no surge con los objetivos propios de los nacionalismos europeos del siglo XIX, sino que encuentra sus orígenes en el federalismo y el anarquismo
En 1912 el diario sevillano El Liberal abre información pública sobre la necesidad de la existencia político-regional de Andalucía, lanzándose la idea de una Asamblea Andaluza, provocando gran actividad en el Ateneo de Sevilla. Paralelamente en Ronda se celebraba el I Congreso Internacional de Economistas Fisiócratas, donde acude y hace su primera intervención pública Blas Infante. En 1915 Infante publicó El Ideal Andaluz, convirtiéndose así éste en líder de facto y en coordinador del movimiento andalucista en los años posteriores, hasta su asesinato en agosto de 1936.

Con la dictadura de Primo de Rivera, instaurada en España tras el golpe de Estado de septiembre de 1923, tanto el nacionalismo andaluz como el resto de movimientos y corrientes políticas quedan proscritos, por lo que desciende considerablemente la actividad política de los andalucistas.Sin embargo, no es hasta la Asamblea de Córdoba de 1919 donde el andalucismo político se postura a favor de la abolición de los poderes centralistas y por una Federación Hispánica, y define además a Andalucía claramente y sin ambigüedades como «realidad nacional» y «patria». La última reforma del Estatuto de Autonomía de Andalucía, realizada en 2007, se remite a este manifiesto para justificar la expresión «realidad nacional» que aparece en el preámbulo del mismo. Además, Blas Infante está reconocido oficialmente por la Junta de Andalucía y por el Congreso de los Diputados como «Padre de la Patria Andaluza».

Tras la llegada de la República el 14 de abril de 1931, el nacionalismo andaluz en su mayoría percibe que puede acercarse el momento de la ansiada autonomía. Blas Infante, principal dirigente del movimiento nacionalista, encabeza varias candidaturas de izquierda. En 1933 se publicaron las bases de un Estatuto de Autonomía para Andalucía, que se esperaba fuese aprobado y entrase en vigor en el verano de 1936. No obstante, al igual que otros proyectos autonomistas como el de Galicia, se vio interrumpido por el estallido de la Guerra Civil Española.
Durante la dictadura del general Francisco Franco el nacionalismo andaluz quedó prácticamente reducido al ostracismo debido a la fuerte represión política que el régimen ejercía sobre toda idea que no comulgase con el nacional-catolicismo imperante. No obstante, a partir de la década de 1960, principalmente en Sevilla, empiezan a resurgir ciertos sectores (principalmente de la pequeña burguesía intelectual) que tratan de recuperar el legado de Blas Infante y del movimiento nacionalista de las primeras décadas del siglo XX.

A partir de 1975 tiene lugar el último momento de efervescencia del nacionalismo andaluz, producto de la realidad socio-económica de Andalucía y el debate autonómico. Como han señalado los estudiosos en el tema, la emigración masiva de andaluces desde la década de 1960 hasta la recuperación económica (últimos estudios los cifran en 2 millones) hacia España y Europa fue uno de los factores decisivos en este impulso andalucista por dos razones: la económica, ya que decenas de miles de familias andaluzas fueron conscientes de la gran contradicción entre la potencialidad de su región (territorial, demográfica, agrícola, etc.) y su realidad de pobreza y subdesarrollo. El otro factor que propició la emigración forzada fue de carácter socio-cultural, ya que por primera vez estos andaluces tuvieron conciencia de su propia identidad cultural diferenciada a la de otros territorios como Madrid, Cataluña o el País Vasco. Según el catedrático de Antropología de la Universidad de Sevilla, Isidoro Moreno:
En Sabadell, Colonia o Bruselas, los trabajadores procedentes de las diversas comarcas y pueblos andaluces no se han sentido emigrantes a secas, ni tampoco básicamente sevillanos, cordobeses, granadinos o almerieneses, sino sobre todo, andaluces: miembros de una colectividad definida por su subdesarrollo y dependencia, que están en la base de la propia necesidad de emigrar, pero también por unas características culturales, por unas actitudes, por unas formas de expresar la expierencia, por una identidad, en suma, que ha modelado a un pueblo específico: el andaluz.
Desarrollo y bloqueo del nacionalismo andaluz

Por otro lado tenemos la cuestión autonómica, que privilegiaba a las consideradas como "regiones históricas", es decir: Cataluña, el País Vasco y Galicia, adquiriendo la autonomía en su máxima expresión y por la vía rápida, esto es, mediante el artículo 151 de la Constitución Española de 1978. Así, el pueblo andaluz, viéndose que quedaba fuera de esta opción, fue consciente del agravio comparativo que se iba a producir dando lugar a regiones de primer y segundo orden. La reacción de la población andaluza fue tajante e inmediata, convocándose en octubre de 1977 una comisión de parlamentarios andaluces para sentar las bases del futuro proyecto autonómico. Semanas después, el 4 de diciembre, en todas las ciudades importantes de Andalucía y también en Barcelona (donde se concentraba una importante comunidad de emigrantes andaluces) se vivió una jornada de apoyo a dicha comisión que lanzó a la calle a un millón y medio de andaluces, aproximadamente. En la ciudad de Málaga, el joven Manuel José García Caparrós murió a consecuencia de un disparo por parte de la Policía mientras enarbolaba una bandera de Andalucía.

Desde este día hasta la aprobación en referéndum del Estatuto de Autonomía en diciembre de 1981, se vivirá en Andalucía un momento de efervescencia identitaria que impregnaría el ámbito cultural y político de la sociedad andaluza de la época. Posiblemente, la jornada más importante de este período sea el 28 de febrero de 1980, día en el que el Estatuto de Autonomía fue sometido a referéndum y que hoy es reconocido como Día de Andalucía. No obstante, desde el nacionalismo andaluz se reivindica como "Día Nacional de Andalucía"' el 4 de diciembre, debido a los sucesos antes descritos.

Fuentes:
Wikipedia
Por José Salguero Duarte (elplural.com)
http://www.historiadeiberiavieja.com/secciones/personajes/blas-infante-padre-patria-andaluza

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Viva VERDI!

Durante la época de la unificación de Italia, en los territorios administrados por el Imperio Austro-húngaro en la península italiana empezaron a verse pintadas aparentemente “musicales” en las paredes de muchas ciudades: "Viva V.E.R.D.I.!" pero no era más que una treta para engañar a los ocupantes austríacos. También era un grito que se empleaba para aclamar al rey de Piamonte-Cerdeña. Su significado era "¡Viva Vittorio Emmanuele Re D'Italia!". Mientras que las autoridades austríacas creían que se refería al gran compositor, Giuseppe Verdi, en realidad era un grito nacionalista a favor de la unión de todos los territorios italianos bajo el mando del rey piamontés. 


Giuseppe Verdi

El Risorgimento fue el movimiento de resurgimiento nacional de Italia, que apareció a principios el siglo XIX, cuyo objetivo era la unidad del país, en esos momentos bajo dominio e influencia de las grandes potencias europeas. Sus principales inspiradores fueron Giuseppe Mazzini, periodista, político y activista, que fundó el grupo Joven Italia en 1831, y que fue apodado como “El alma de Italia”; Giuseppe Garibaldi, militar y político y el conde de Cavour, ministro del Piamonte. La monarquía de Saboya, que reinaba en Cerdeña y el Piamonte, y era el Estado italiano más poderoso, lideró este proceso de unificación.
Giuseppe Garibaldi (1807 - 1882) quien al mando de los Camisas Rojas, conquistó el Reino de las Dos Sicilias (sur de Italia) lo entregó al rey piamontés. Por el hecho de ser el primer rey de una Italia unida y por ser muy popular en la población, Víctor Manuel II fue apodado el "Padre de la Patria" (Padre della Patria). En un esfuerzo por mantener la continuidad dinástica, y a pesar de ser el primer Rey de Italia, el soberano conservó el número "II" ordinal bajo el cual había gobernado como Rey de Cerdeña. Esta decisión generó malestar en los recientemente unificados territorios del sur.
Cuando hablamos de la Unidad de Italia, sin embargo, deberíamos especificar “bajo el reinado de los Saboya” que, por cierto, no llegaron a mantener su posición en el trono ni un siglo, puesto que lo perdieron tras la Segunda Guerra Mundial, el 2 de junio de 1946, cuando el pueblo italiano, liberado del fascismo, en su primer sufragio optó por la actual república.



En este contexto, encontramos una circunstancia muy especial: el papel que la Ópera va a jugar como medio de expresión del nacionalismo italiano en las figuras de Verdi y Rossini principalmente, transformándose en un vehículo de expresión del pueblo, calando hondo en los ánimos populares y civiles. Muy en concreto, la obra de Giuseppe Verdi se convirtió en seña de identidad de la Italia del siglo XIX. Las óperas que compuso a lo largo de su dilatada carrera –como "Nabucco" o "Don Carlos"– se convirtieron en uno de los principales estandartes del proceso de unificación italiana.


El rey Vittorio Emmanuele II

Nacido en 1813 en el pequeño ducado de Parma –por entonces bajo dominio napoleónico– y muerto en Milán en 1901 –centro económico de la recién unificada Italia–, pocos artistas han sido tan glorificados en vida por sus compatriotas como lo fue Verdi. Y eso casi desde el principio, pues en 1846, cuando sólo tenía 33 años, su fama y el éxito de sus óperas ya daban para que el escritor Benedetto Bermani publicara una biografía suya. 

El coro de los esclavos de la ópera "Nabucco" de Verdi, estrenada en 1842, en pleno dominio austriaco, fue considerado por los italianos como un canto contra la opresión extranjera que vivían. Lo sigue siendo y se ha convertido en un símbolo del nacionalismo en Italia. Cuando se representa la ópera en los teatros italianos el público lo suele escuchar en pie y terminar con el grito ¡Viva Italia!.



“¡Vuela pensamiento, con alas doradas,
pósate en las praderas y en las cimas
donde exhala su suave fragancia
el aire dulce de la tierra natal!
¡Saluda a las orillas del Jordán y a las destruidas torres de Sión!
¡Ay, mi patria, tan bella y abandonada!
¡Ay recuerdo tan grato y fatal!
Arpa de oro de los fatídicos vates [adivino, poeta],
¿por qué cuelgas silenciosa del sauce?
Revive en nuestros pechos el recuerdo,
¡háblanos del tiempo que fue!
Canta un aire de crudo lamento al destino de Jerusalem,
o que te inspire el Señor una melodía
que infunda virtud al partir.”
La segunda ópera de Verdi, "Un giorno di regno", estrenada en La Scala de Milán a comienzos de 1940, había sido un fracaso absoluto. Su corazón estaba roto por las recientes muertes de su mujer e hijos a causa de una meningitis, por lo que Verdi tenía sus facultades mermadas.
De este modo, cuando en un día de invierno de 1841, el empresario Giovanni Merelli le insistió para que aceptara poner música a un libreto del poeta Temistocle Solera, Verdi, al llegar a apartamento, tiró el manuscrito sobre la mesa. Afortunadamente, como él mismo contaría años después, «el libro se abrió en la caída y, sin saber cómo, di un vistazo a la página que yacía abierta tras de mí; tan sólo leí una línea, Va, pensiero, sull’ali dorate, pero desde ese preciso instante no pude alejar el Nabucco de mi cabeza». Verdi leyó tres veces la obra esa noche, «por lo que por la mañana conocía entero el libreto de Solera desde el fondo de mi corazón». El texto de Solera ahondaba en las vicisitudes padecidas por el pueblo judío bajo el poder despótico del tirano Nabucodonosor. Cualquier italiano podía leer entre líneas: el pueblo judío no era otro que el italiano, y Nabucodonosor un símbolo de la tiranía del Imperio austríaco.




Un año después, el 9 de marzo de 1842, el Nabucco se estrenaba en el teatro La Scala de Milán. Fue un éxito rotundo, llegando a ser representada en su primer año hasta 64 veces. Con Nabucco, Giuseppe Verdi consiguió enfervorecer el orgullo patrio de los espectadores, especialmente en el tercer acto, con el «coro de los esclavos judíos», cuyos emocionantes versos musicados –Oh mia patria sì bella e perduta– quedaron grabados a fuego en el imaginario colectivo. Y es que pocos coros han sido tan cantados y mitificados en vida de su autor como lo fue este, que se difundió rápidamente por toda Italia y se convirtió en el himno no oficial de los revolucionarios.
Desde Nabucco, Verdi tomó conciencia de la responsabilidad de su esta posición, pues los encargos florecieron, pero también la censura y la persecución. Afortunadamente, Verdi contó con la protección de la condesa Maffei y el círculo liberal que ella misma lideraba en Milán.
Al poco de estrenarse su siguiente ópera, I Lombardi alla prima crocciata (1843),Verdi tuvo el primer encontronazo con la censura austríacaEl cardenal y arzobispo de Milán Gaetano Gaisruk escribió una carta al jefe de policía en la que denunciaba el contenido de la ópera y amenazaba con escribir al emperador, Fernando I. Al día siguiente, la policía imperial comunicaba a la compañía que I Lombardi no podía ser representado en La Scala ni en ningún otro teatro imperial, a menos que se modificaran algunos pasajes. Ante la rotunda negativa del compositor a cambiar ni una nota de lugar –«Se dará así o no se dará de ninguna otra manera», dijo Verdi–, el propio jefe de policía aceptó no tocar ninguna nota de la partitura, pues «no seré yo quien corte las alas a este joven genio».



Verdi también intervino políticamente. En 1859 representó a su ciudad natal, Busseto, en la asamblea que decidió la anexión libre del ducado de Parma al poderoso Piamonte. Asimismo, a instancias de su ministro Cavour, Verdi aceptó convertirse en diputado del primer parlamento italiano, cargo que ostentó de 1861 a 1865, año en que se retiró para dedicarse de nuevo a su carrera musical. Cavour insistió y, finalmente, el huraño Maestro no tuvo más remedio, a regañadientes, que aceptar su candidatura y elección de senador. Fue otra astucia política, con la intención de que el primer gobierno ganara en respeto, confianza y credibilidad popular. Verdi tenía que sentarse en el senado. Afortunadamente pudo continuar dedicándose a sus dos actividades preferidas: la finca de Santa Ágata y mantenerse como un prolífico compositor.



Multitudinario entierro de Verdi en Milán

Fuentes:
Wikipedia
http://www.nationalgeographic.com.es/historia/grandes-reportajes/giuseppe-verdi-el-idolodel-risorgimento-italiano_7754/3
http://www.operaworld.es/viva-verdi-apuntes-de-historia-italiana/

viernes, 15 de septiembre de 2017

El odio nos hace humanos


"Cuando odiamos a alguien, odiamos en su imagen algo que está dentro de nosotros".
Hermann Hesse 
"No se odia mientras se menosprecia. No se odia más que al igual o al superior".
Friedrich Nietzsche
"El odio del contrario es el amor del semejante: el amor de esto es el odio de aquello. Así, pues, en sustancia, es una cosa misma odio y amor".
Giordano Bruno
“La experiencia enseña que para la mayoría de los seres humanos existe un límite más allá del cual su constitución no puede obedecer al reclamo de la cultura. Todos los que pretenden ser más nobles de lo que su constitución les permite, caen víctimas de las neurosis; se habrían sentido mejor de haberles sido posible ser peores.” 
Freud




El odio es un sentimientos asociado con la parte más oscura del ser humano. Frecuentemente está vinculado con la destrucción, con el mal, por lo que nos suele costar abordarlo en su complejidad y totalidad. Es un sentimiento inherente al ser humano y está presente en todas las vinculaciones que tenemos con los objetos del mundo, muy ligado al amor y casi indisociable del mismo. 
Algunos filósofos han ofrecido definiciones del odio. Descartes ha visto el odio como la conciencia de que algo está mal, combinada con un deseo de retirarse de él. Spinoza definió el odio como un tipo de dolor que se debe a una causa externa. Aristóteles ve el odio como un deseo de la aniquilación de un objeto que es incurable por el tiempo. Por último, David Hume cree que el odio es un sentimiento irreductible que no es definible en absoluto.​ Suelen considerar al odio como lo opuesto al amor.
Centrándonos en el psicoanálisis, que suele ofrecer explicaciones profundas y para mí satisfactorias en estas cuestiones, Sigmund Freud define el odio como un estado del yo que desea destruir la fuente de su infelicidad.

Profundizando en la teoría freudiana existen dos variedades de pulsiones, las de vida y las de muerte (Eros y Tanatos). El Eros o pulsión de vida comprende las pulsiones sexuales genuinas así como la pulsión de autoconservación. La energía de estas pulsiones es la libido, encargada de investir objetos, de buscar la reunión, la síntesis y con ello lograr la conservación de la vida. Las llamadas pulsiones de muerte o Thanatos se exteriorizan como pulsión de destrucción o de apoderamiento, mientras otra parte, que permanece en el interior del organismo, nos es ocultada. No podemos pensar las pulsiones de vida separadas de las de muerte, están íntimamente ligadas desde el comienzo. Así como Eros lucha por la conservación de la vida, las pulsiones de muerte laboran en el sentido contrario, quieren hacer retornar al organismo a un estado anterior. Las pulsiones de vida buscan la unión, la síntesis, el ligar libidinalmente los componentes para la consecución de la vida. En tanto que las pulsiones de muerte trabajan en pos de la descomposición, la disgregación, la separación de la materia. La pulsión de muerte se exterioriza a través de la pulsión de destrucción, y ésta no tiene una voluntad propia, no piensa, no siente, es una fuerza que sólo procesa a su manera, o sea, disgregando, separando, desarticulando todo lo que toca.
¿Qué es lo que guía a la pulsión de destrucción? Freud aquí es claro: la pulsión de destrucción es guiada por el odio. Dice: “...nos contenta mucho que podamos pesquisar en la pulsión de destrucción, a la que el odio marca el camino, un subrogado de la pulsión de muerte, tan difícil de asir”.

Eros

El odio y el amor no parten de algo común, no son el lado bueno y malo de una misma cosa, como se piensa, sino que sus orígenes son diversos y cada uno de ellos tiene desarrollos particulares. El odio es más originario que el amor, surge en reacción del narcisismo originario frente al mundo exterior. Desde el primer momento que nos relacionamos con el mundo éste nos aparece como hostil; de él nos vienen los estímulos que perturban la estabilidad del aparato psíquico, por ello en un comienzo coinciden lo odiado, el mundo exterior y los objetos.


El odio parte del yo, es el yo quien odia a todo aquello que le procura una sensación displacentera y arremete contra ello sin ningún tipo de miramiento: “El yo odia, aborrece y persigue con fines destructivos a todos los objetos que se constituyen para él en fuente de sensaciones displacenteras, indiferentemente de que le signifiquen una frustración de la satisfacción sexual o de la satisfacción de necesidades de conservación. Y aún puede afirmarse que los genuinos modelos de la relación de odio no provienen de la vida sexual, sino de la lucha del yo por conservarse y afirmarse”.
Hace referencia a la conservación del yo en tanto instancia psíquicaEntonces, podría ser que la lucha por conservarse y afirmarse, sea la lucha contra aquello que ponga en jaque la propia identidad, es decir, alguna de las identificaciones o rasgos de carácter del yo, o contra aquello que pueda derivar en el resquebrajamiento del propio ideal. En este sentido, el odio se dirigiría contra lo que hace peligrar alguno de los aspectos de esa conformación con el objetivo de eliminarlo, ya que la desestabilización en este caso viene dada por el temor a la pérdida de algo que cree propio.

Thanatos
Ejemplificándolo, el yo odia al que me hace ver que no soy tan fantástico como pensaba, al que desmiente mi gentileza y amabilidad, al que me devuelve la opacidad de mi ser. Emerge cuando el yo siente peligrar su grandiosidad.
Llevado por el odio, el yo emprende una auténtica investigación, un análisis exhaustivo de ese a quien está dirigido. De pronto el otro se transforma en el enemigo, y es a quien se dedica la máxima atención. El yo toma notas de lo que dice, de lo que hace. Evalúa sus fortalezas y debilidades. Lo observa para saber cómo piensa, cómo siente. Sigue con su mirada inquisitiva la mirada del otro, lo desnuda en su ser. Entregado a la pulsión de destrucción, el yo desgrana, descompone al otro en partes con la crueldad de un niño que despieza un grillo.
En esta línea y llevado al extremo, el odio es altamente destructivo. Sin embargo, en otro aspecto, si observamos la modalidad con la que procesa y trabaja, advertimos que en verdad lo que realiza es un análisis exhaustivo del objeto o la situación que vive como amenazantes.
Así pues, el odio es un mecanismo de autoconservación a ultranza del yo, que se fija en el objeto con especial énfasis y atención para destruirlo y combatirlo, lo cual lo convierte en una herramienta muy útil para deshacernos de lo que sentimos como amenaza. Al fin y al cabo, el odio es algo más básico que el amor, es más fácil odiar que amar, es más fácil destruir que construir, el yo primitivo odia, pero no ama.
Odiar nos hace los monstruos humanos que somos.



Fuentes:
Wikipedia
https://www.epbcn.com/textos/2014/01/el-odio-y-sus-despliegues-algunas-particularidades/http://www.consultabaekeland.com/p/es/psicoanalista-madrid-blog/que-son-el-odio-y-el-amor.phphttps://experienciafreudiana.wordpress.com/2014/12/02/psicologia-del-odio/