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miércoles, 2 de diciembre de 2020

La "conspiranoia", un error necesario

La Filosofía surgió a partir del momento en que salimos de la oscuridad en la que los seres humanos acudíamos a los mitos para explicar los sucesos del universo y comenzamos a hacer uso de la Razón para dar respuesta tanto a esas preguntas. Se trata del denominado “paso del mito al logos”. Por un lado el pensamiento mítico utiliza relatos protagonizados por seres sobrenaturales que son aceptados de manera dogmática, sin espacio para la reflexión crítica. La Filosofía supondría la existencia de un orden racional en el universo que el ser humano es capaz de conocer a través de su propia racionalidad y del análisis crítico. El universo deja así de ser un caos y pasa a convertirse en un cosmos ordenado según las leyes de la Naturaleza. La humanidad, gracias a la Filosofía, dejaba atrás el oscurantismo mitológico para descubrir la Razón y, consecuentemente, la Filosofía y la Ciencia.


Pero como veremos al ser humano le gusta de vez en cuando volver sobre sus pasos y entregarse de nuevo a los brazos del mito, que no deja de ser un viejo conocido que a veces puede dar explicaciones de la realidad más cómodas y agradables que las que dan la ciencia y la evidencia.

Las expresiones «teoría conspirativa», «teoría de conspiración» o «teoría conspiratoria» se usan para referirse a ciertas teorías alternativas a las oficiales que explican un acontecimiento o una cadena de acontecimientos, comúnmente, de importancia política, social, económica, religiosa o histórica, por medio de la acción secreta de grupos poderosos, extensos y de larga duración (por ejemplo como que la pandemia de coronavirus​ ha sido provocada por ciertas personas poderosas que quieren inocularnos a través de la futura vacuna unos nanochips que nos controlen a todos, entre otras versiones). La hipótesis general de una teoría de conspiración es que ciertos sucesos importantes en la historia han sido causados por conspiraciones ocultas misteriosas. Es aquí cuando el ser humano vuelve al cuento, al mito, para explicarse lo que su ignorancia no comprende o lo que su trauma no acepta.



En su trabajo de dos volúmenes «Las sociedades abiertas y sus enemigos, 1938–1943», Karl Popper usa la expresión «teorías de conspiración». Argumenta que el totalitarismo del siglo XX estuvo fundado en tales teorías, que recurrían a complots imaginarios conducidos por escenarios paranoicos predicados en el tribalismo o el racismo.  El término «conspiracionismo» fue popularizado por el académico Frank P. Mintz en la década de 1980. De acuerdo con Mintz, "el conspiracionismo satisface las necesidades de diversos grupos políticos y sociales en Estados Unidos y otras regiones. Identifica élites, las culpa por las catástrofes económicas y sociales, y asume que las cosas serán mejores una vez la acción popular las pueda remover de las posiciones de poder. Como tales, las teorías conspirativas no tipifican una época o ideología particular". De acuerdo con Berlet y Lyons, «El conspiracionismo es una forma narrativa particular de articular un chivo expiatorio, la cual enmarca enemigos satanizados como parte de un vasto e incisivo argumento contra el bien común, mientras que valora el chivo expiatorio como un héroe para la alarma resonante».​



De acuerdo con algunos estudios psicológicos, una persona que cree en una teoría conspirativa tiende a creer en otras y una persona que no cree en una teoría conspirativa tiende a no creer en otra.​ Esto puede deberse a diferencias en la información en que se basan las partes para formular sus conclusiones. La búsqueda de significado es común en el conspiracionismo y en el desarrollo de teorías conspirativas, y puede ser suficientemente fuerte como para llevar ella sola a la primera formulación de la idea. Una vez concebida, el sesgo de confirmación y la evasión de disonancia cognitiva pueden reforzar la creencia. 

Los psicólogos humanistas sostienen que, a pesar de que el "conciliábulo" detrás de la conspiración es casi siempre percibido como hostil, a menudo la idea de la teoría conspirativa tiene un elemento de tranquilidad para sus creyentes. Esto se debe, en parte, a que es más consolador pensar que las complicaciones y trastornos en los asuntos humanos son creados por los seres humanos mismos en lugar de por factores que escapan al control humano. La creencia en una conspiración es un dispositivo mental que el creyente usa para asegurar a sí mismo que ciertos hechos y circunstancias no son producto del azar, sino originados por una inteligencia humana. Si un "conciliábulo" está implicado en una secuencia de acontecimientos, siempre existe la esperanza, aunque débil, de ser capaz de interferir en los actos del grupo conspirador, o bien de unirse al grupo y ejercer un poco de ese mismo poder. Por último, la creencia en el poder de una conspiración es una afirmación implícita de la dignidad humana, una afirmación, a menudo inconsciente, pero necesaria, de que el hombre no es un ser totalmente indefenso, sino que es responsable, al menos en cierta medida, de su propio destino.



Así, el filósofo Santiago Alba Rico propone varias vertientes para explicar el florecimiento de teorías conspirativas en torno a la pandemia: "Una vertiente es atávica: siempre nos da más miedo una causa contingente incontrolable que una que tiene nombre y cuerpo. Necesitamos encontrar un culpable reconocible. La segunda tiene que ver con la sobrevaloración de la ciencia y la medicina. Creíamos que en occidente estábamos protegidos de la muerte, que la ciencia siempre encontraría el recurso. De pronto nos encontramos ante un virus incontrolable, por lo que tendemos a pensar que cualquier sorpresa tiene que proceder de la mano del hombre, porque ya habíamos vencido a la naturaleza".

En psicopatología se define "delirio" como una creencia que se vive con una profunda convicción a pesar de que la evidencia demuestra lo contrario (como las teorías conspirativas). El concepto de delirio suele usarse dentro del contexto neurológico o psiquiátrico. Algunos de los trastornos mentales que cursan con delirios son los enmarcados dentro del ámbito psicótico. 

En su libro "El delirio, un error necesario", Carlos Castilla del Pino, reputado psiquiatra español, sostiene que el ser humano vive en el error; esto es, que la interpretación de la realidad es necesaria e inevitable, de modo que la persona delirante necesita del delirio, que sería una realidad "paralela" que le proporciona la estabilidad y satisfacción que no le proporciona la realidad real. El ser humano necesita de la interpretación de lo desconocido o atemorizante para alejarse de ello y de la incertidumbre como hemos visto, elaborando teorías que van desde las conspiranoias hasta el delirio pasando por el mito. 




https://es.wikipedia.org/wiki/Teor%C3%ADa_conspirativa

https://chaime1987.wordpress.com/2013/07/16/breve-comentario-sobre-el-delirio-un-error-necesario-short-comment-of-the-delusion-a-necessary-error/

https://www.publico.es/sociedad/teorias-conspiracion-coronavirus-creemos-teorias-conspiracion.html

https://es.wikipedia.org/wiki/Delirio

https://www.elsaltodiario.com/el-rumor-de-las-multitudes/el-paso-del-mito-al-logos-nacimiento-de-la-filosofia-eurocentrismo-genocidio

miércoles, 10 de octubre de 2018

A los incultos científicos

Sabed que la formación estructurada en las instituciones no sólo aporta datos e información, sino comprensión de los fenómenos y pensamiento crítico. Que la universidad tiene mucho que mejorar y mucho que criticar es otra cuestión.



Si no tienes formación sobre una disciplina científica o alguna materia pero por haber hecho una búsqueda en Google te sientes en condiciones de compararte con un experto profesional del tema, eres idiota.

Un idiota colosal, narcisista y frustrado a la altura del señor informático que me dijo que yo por ser médica no sabía más de medicina que él porque tenía acceso a toda la información de Internet.
Si crees que por haber leído algún artículo sobre salud y medicina de andar por casa vas a poder debatir sobre los mecanismos de acción de los antidepresivos y la indicación de los mismos con tu psiquiatra, tu problema no es que tengas un posible o dudoso trastorno mental, es que eres un enteraíllo de mierda y un inculto científico (para lo cual sólo hay dos posibles curas: la humildad o el estudio).


Hablar de diagnósticos sin saber ni papa de Fisiología celular y humana, Biología, Anatomía, Anatomía Patológica, Patología General, Fisiopatología, etc... es como hablar del sexo de los ángeles, es decir, hablar sin fundamento ninguno basándose en lo que un desconocido sin acreditar ha escrito en algún sitio, sea inventado o una paparrucha.
La mayor parte del tiempo en las consultas lo paso rebatiendo falsas creencias sobre la enfermedad, la salud, los tratamientos y los medicamentos que traen los "im-pacientes" imbuidas por medios de comunicación y desinformación. Y no pasa nada, forma parte de mi trabajo, pero lo que no es aceptable es que se minusvalore tanto la formación de años y la experiencia de una profesional cualificada de forma sistemática. El pensamiento crítico no es eso. El pensamiento crítico incluye la humildad sobre la propia ignorancia y el respeto a quien ha demostrado unas capacidades y competencias profesionales. ¿O es pensamiento crítico ir a un iletrado en medio de la montaña a que te cure el cáncer? ¿O creerse todos los bulos de internet con sus correspondientes atribuciones paranoicas y conspiranoicas de todo lo que la propia ignorancia no puede explicar?
Por mi parte, cero tolerancia a los incultos científicos que pretenden sentar cátedra de cazurrismo.


viernes, 12 de enero de 2018

El gato en la ciudad

A un gato
No son más silenciosos los espejos 
ni más furtiva el alba aventurera; 
eres, bajo la luna, esa pantera 
que nos es dado divisar de lejos. 
Por obra indescifrable de un decreto 
divino, te buscamos vanamente; 
más remoto que el Ganges y el poniente, 
tuya es la soledad, tuyo el secreto. 
Tu lomo condesciende a la morosa 
caricia de mi mano. Has admitido, 
desde esa eternidad que ya es olvido, 
el amor de la mano recelosa. 
En otro tiempo estás. Eres el dueño 
de un ámbito cerrado como un sueño.
Borges


Los gatos son un buen ejemplo de la variedad de sentimientos que puede despertar una especie animal. Para los antiguos egipcios fueron dioses y para otros fueron y siguen siendo plagas a exterminar.
No importa si nos gustan mucho o poco, o si sólo nos gusta el gato que tenemos en casa y los de la calle nos dan mucho asco. La cuestión es que todos ellos tienen derecho a vivir. Todos ellos son habitantes de este planeta con el mismo derecho a poblarlo que nosotros los humanos o los linces, los pandas y los delfines. Da igual que sean bonitos, feos, bebés, viejos, sanos o enfermos. Su derecho a una vida digna es incuestionable desde un punto de vista ético y biológico. Son seres sintientes que pueblan nuestras ciudades y nuestras urbanizaciones. Nos han acompañados desde hace al menos 4000 años cuando dejaron de ser gatos salvajes africanos y se vinieron con  nosotros para cazar ratones a nuestros graneros y ciudades. Los domesticamos y desde ese momento en que dejaron de ser Felis lybica a ser Felis catus son dependientes de nosotros y por tanto nuestra responsabilidad. No vale buscar excusas y mirar para otro lado.
Tenemos como deber velar por su vida y es más, por su vida digna. No viven bien en nuestras calles, donde no tienen qué cazar y están expuestos a los atropellos y a los envenenamientos de los psicópatas de turno. Hemos de controlar sus poblaciones mediante el CES y buscarles hogares.
No pongamos más excusas. No importa que nos gusten o no. Es una cuestión de justicia y de ética.



martes, 9 de enero de 2018

Elogio de la mediocridad

  • Porque esto es lo que yo más odiaba, detestaba y maldecía principalmente en mi fuero interno: esta autosatisfacción, esta salud y comodidad, este cuidado optimismo del burgués, esta bien alimentada y próspera disciplina de todo lo mediocre, normal y corriente.
    • Herman Hesse, El lobo estepario (1927).
  • Los espíritus mediocres suelen condenar todo aquello que está fuera de su alcance.
    François de La Rochefoucauld (1613-1680) Escritor francés.
  • El hombre mediocre es una sombra proyectada por la sociedad.
  • José Ingenieros, El hombre mediocre (1913)
Sólo conviene la mediocridad. Esto lo ha establecido la pluralidad, y muerde a cualquiera que se escapa de ella por alguna parte.
Blaise Pascal (1623-1662) Científico, filósofo y escritor francés.



Algo mediocre es aquello que no alcanza su máxima expresión o perfección, es lo que se encuentra en un estado medio entre lo mínimo y lo máximo. Esto sería algo positivo, pues como decía Aristóteles, lo virtuoso es lo que se encuentra en el justo medio, entre dos vicios, siendo tanto malo lo que es excesivo, como lo que es escaso. Sin embargo, el término vulgarmente alude a algo o alguien de baja calidad o calificación, aludiendo a que sin ser totalmente malos, no son ni originales, ni creativos, ni interesantes. 

En 1913, José Ingenieros, médico y sociólogo argentino, diferenció al hombre mediocre del inferior y del idealista. El inferior es casi un animal humano, a quien le es difícil adaptarse al cuerpo social; el idealista sigue sus convicciones, progresa, cuestiona, y levanta las banderas por las que lucha, en busca de un ideal. El mediocre se encuentra en el medio, es un ser adaptado a la sociedad, a la que no cuestiona, sino que sigue las tradiciones culturales impuestas, sin pensar que existe algo más allá de ellas, o que lo que se le ha inculcado puede tener vicios o defectos; es aquel que no se diferencia de la masa popular, que dócilmente acata lo que políticos, religiosos o cualquier otra autoridad le impone como cierto. Es el sujeto ideal para la dominación, que no transforma el orden social, sino que tiende a su conservación
José Ingenieros dice que "no hay hombres iguales", y los divide a su vez en tres tipos: El hombre inferiorel hombre mediocre y el hombre superior; no arremete contra los dos primeros, sino que describe a los tres y exalta al idealista.

El hombre mediocre es incapaz de usar su imaginación para concebir ideales que le propongan un futuro por el cual luchar. De ahí que se vuelva sumiso a toda rutina, a los prejuicios, a las domesticidades y así se vuelva parte de un rebaño o colectividad, cuyas acciones o motivos no cuestiona, sino que sigue ciegamente. El mediocre es dócil, maleable, ignorante, un ser vegetativo, carente de personalidad, contrario a la perfección, solidario y cómplice de los intereses creados que lo hacen borrego del rebaño social. Vive según las conveniencias y no logra aprender a amar. En su vida acomodaticia se vuelve vil y escéptico, cobarde. Los mediocres no son genios, ni héroes, ni santos.

Un hombre mediocre no acepta ideas distintas a las que ya ha recibido por tradición (aquí se ve en parte la idea positivista de la época, el hombre como receptor y continuador de la herencia biológica), sin darse cuenta de que justamente las creencias son relativas a quien las cree, pudiendo existir hombres con ideas totalmente contrarias al mismo tiempo. A su vez, el hombre mediocre entra en una lucha contra el idealista por envidia, intenta opacar desesperadamente toda acción noble, porque sabe que su existencia depende de que el idealista nunca sea reconocido y de que no se ponga por encima de sí.
El hombre inferior es un animal bellaco. Su ineptitud para la imitación le impide adaptarse al medio social en que vive; su personalidad no se desarrolla hasta el nivel corriente, viviendo por debajo de la moral o de la cultura dominante, y en muchos casos fuera de la legalidad. Esa insuficiente adaptación determina su incapacidad para pensar como los demás y compartir las rutinas tan comunes que los demás, mediante la educación imitativa, copian de las personas que los rodean para formarse una personalidad social adaptada.

El idealista es un hombre capaz de usar su imaginación para concebir ideales legitimados sólo por la experiencia y se propone seguir quimeras, ideales de perfección muy altos, en los cuales pone su fe, para cambiar el pasado en favor del porvenir; por eso está en continuo proceso de transformación, que se ajusta a las variaciones de la realidad. El idealista contribuye con sus ideales a la evolución social, por ser original y único; se perfila como un ser individualista que no se somete a dogmas morales ni sociales; consiguientemente, los mediocres se le oponen. El idealista es soñador, entusiasta, culto, de personalidad diferente, generoso, indisciplinado contra los dogmáticos. Como un ser afín a lo cualitativo, puede distinguir entre lo mejor y lo peor; no entre el más y el menos, como lo haría el mediocre.
Algunas de sus categorías fueron tomadas y reformuladas dos décadas después, por el español José Ortega y Gasset, para construir su conocida antinomia entre el hombre-masa y el hombre-noble, realizada en su libro "La rebelión de las masas".

No ha de extrañar que Aristóteles, hace más de 2.300 años, desarrollara como premisa inicial en su obra La Política, la sentencia de que “la sociedad es un hecho natural” ; esto lo enunciaba siempre y cuando dicha asociación tendiera al bien, es decir, a su accionar ético y moral. Desde allí todas las formas de gobiernos u organizaciones políticas son estudiadas bajo estas dos categorías, y por tanto, desde un plano ideal. 
En pocas palabras esto es lo que busca plantear Ingenieros, una sociedad que busca el bien y el progreso por medio de las dimensiones éticas y morales.
A José Ingenieros, reconocido intelectual argentino, le tocó vivir una gran experiencia dentro de la vida diplomática y política de su Nación, esto le permitió conocer de cerca los acontecimientos y relaciones existentes dentro de un sistema de gobierno. Experimentó la realidad gubernamental de Argentina a principios del Siglo XX, conoció sus vicios y virtudes y los tipifico principalmente en una de sus obras llamada el Hombre Mediocre, la cual es una crítica a la moralidad, ya que, Ingenieros, transitó su accionar político por medio de crisis institucional en el sentido de lo ético y moral.
El término mediocracia no es un concepto para José Ingeniero, es más bien un clima generado por varios factores; es el efecto que causa el accionar de un gobierno mediocres, es decir, que va en una escala, de lo medio a lo malo, pero nunca a lo superior. La mediocracia no es natural, los sistemas de administración nacional no tienden espontáneamente a ella, ésta es producida por dirigentes políticos y tácticas regimentadas, que bloqueando todo intento de superioridad, abisman a las sociedades a la más significante pobreza ética, moral, material, cultural e intelectual.



Para Ingeniero la perfectibilidad es la cima de la moralidad. Para llegar a ella hay que transitar por los escalones de la virtud y la justicia. La perfectibilidad es lo más contrario a la mediocridad, ella es un sentimiento que ayuda a crecer y dignifica. Quien tiende a la perfección, procura armonizar su vida con los excelsos ideales. Ingeniero, continua diciendo: “Toda perfección en el mundo moral, se concibe en función de la sociedad” . 
Para Ingenieros, la realidad está conformada por partes, él sostiene que “la armonía del todo, consiste en la perfección de las partes” , y esto lo va a mantener a lo largo de su teoría. Piensa que hay un segmento del mundo en primer plano, este, es visible y que a todos nos afecta y por la cual las individualidades se relacionan, en este ámbito están las sociedades y gobiernos; por otro lado de esta esfera, están las individualidades, la cuales también son parte del conjunto que conforman un Estado. En resumido caso, un Estado está conformado por individuos y los individuos viven dentro de un Estados, el mismo Estado representa la plataforma donde se desarrolla toda interrelación entre los hombres, por tanto, los afecta como realidad tangible. 


Las dos secciones (Estado-Hombre) de este primer ámbito de la realidad deben buscar la perfectibilidad, en consecuencia, si una de las partes se vuelve contraria a este ideal toda la realidad tiende a la mediocridad. Si un individuo camina en contra de la perfectibilidad se vuelve mediocre, pero si lo hace un Estado su gobierno se torna Mediocracia. 
Ingeniero realiza una advertencia, dice: “Los Estados se convierten en mediocracia; la falta de inspiración que mantenga alto el nivel de moral y de cultura” . El punto está, en que un gobierno puede condenar a un pueblo entero a la mediocridad, lo enajena al vicio, ejerciendo una fuerza tal que nivele a todos los individuos, impidiendo toda superioridad y particularidades en sus sociedades. Desarrollando sombras, hombres sin características propias, es decir: mediocres, todo esto con el fin de arruinar a la Nación tanto ética como material, ya que, esto beneficia a los dirigentes políticos sin méritos. 


Por otro lado, existe en filosofía de la ciencia un principio de mediocridad, que afirma que no existen observadores privilegiados para un fenómeno dado. Una manera simple de explicarlo es refiriéndonos a la tesis de Copérnico, que afirma que la Tierra no es el centro del Universo. Ni el planeta Tierra, ni la Humanidad, son algo especial a escala cosmológica. Humildemente, somos simple vulgaridad astronómica. Quizá sea por ello, que también a escala humana parecemos dominados por la mediocridad. La excelencia es algo desconocido para lo que podría llamarse mediocracia, ese imperio de la persistencia en la zona de confort, escondido bajo la apariencia de normalidad, bajo la consideración de comportamiento correcto. La simetría nos pierde. Aristóteles, como ya hemos visto, hablaba de lo correcto como el justo medio entre los opuestos, la media de todas las medias. Pero en realidad, el valor está siempre en la diferencia, en lo que sobresale, en lo que sobrepasa a la media, en la ganancia neta.



https://deconceptos.com/general/mediocre
https://es.linkedin.com/pulse/20140626095852-4722256-la-regla-de-oro-de-la-mediocridad
http://encuentrofilosofico959.blogspot.com.es/2010/06/el-hombre-mediocre-la-mediocracia.html

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Maltrato animal y andaluzofobia

Como en todas las causas nobles y desinteresadas, como en  todo grupo humano, hay sectores en el movimiento animalista que destruyen más que construyen, y en este sentido, se pueden poner bastantes ejemplos.
Sin embargo, me voy a centrar en una facción especialmente destructiva y tenaz que suele aparecer por las redes sociales de forma cada vez más recurrente. 
Me refiero a quienes insultan a los andaluces, a quienes nos tachan a todos de cabrones maltratadores, de hipócritas que lloran en semana santa cuando llueve pero abandonamos animales bajo la lluvia, de vividores que nos vamos de romería y matamos caballos, de mover mucho el culo bailando sevillanas y no mover el culo para rescatar animales abandonados, ¿qué pasa en el Sur que la gente es tan salvaje y tan mala?. Todo esto lo he leído repetidamente en comentarios en facebook de difusiones de animales que necesitan ayuda en Andalucía. Por cierto, animales difundidos y ayudados por personas andaluzas y asociaciones andaluzas. No es necesario decir que quienes hacen estos comentarios no son andaluces ni viven aquí. Como mucho argumentan que tienen un familiar andaluz o que han estado de vacaciones aquí y esto les autoriza a sentenciar sobre la idiosincrasia y el carácter maltratador del andaluz.
Si se les señala que están haciendo comentarios ofensivos hacia el pueblo andaluz, que están alimentando estereotipos falsos y por tanto injustos y generalizando nunca admiten su error. La andaluzofobia es así, nadie cree ser andaluzófobo, porque es algo que en toda España se tiene tan interiorizado y normalizado que a nadie le parece que esté incurriendo en ella.

Tengamos una mínima capacidad de análisis. No sólo por no insultar a todo un pueblo formado por casi 9 millones de personas, sino  por comprender que si cuantitativamente hay muchos casos de maltrato animal en Andalucía es porque es la CA más poblada de España, y por tanto, en la que más animales domésticos hay. A esto se suma que es la segunda más pobre y que en la provincia de Cádiz están las zonas con más paro de Europa. Pobreza es igual a deshaucios, abandono y dificultad para dar cuidados, no sólo a un animal nohumano, sino a los humanos. ¿Cuesta mucho entender esto? Para algunas mentes preclaras parece que sí, que sus privilegios de barrigas llenas y falta de perspectiva geopolítica les ciegan.

En Andalucía no hay subvenciones públicas para asociaciones protectoras ( raro,¿ verdad? en la tierra de las subvenciones y del PER ) como sí  me consta que hay en otras CCAA, por lo que las personas que ayudan a los animales lo hacen todo con su tiempo libre y con donaciones altruistas de dinero, y esas personas tenemos que escuchar que somos cabrones, vagos, maltratadores, psicópatas y vividores...

Solidaridad, hermanos animalistas ilustrados y desarrollados del norte, vosotros que sois tan civilizados y tan amantes de los animales, solidaridad con estos pobres salvajes del sur... antes de escribir topicazos insultantes sobre la semana santa y la feria y lo vagos y catetos que somos los andaluces informaros un poco sobre nuestra realidad, y si no queréis hacerlo, mejor no escribáis nada.
Ni os sintáis superiores, porque no lo sois, al menos no moralmente, con esos aires de superioridad y esa ignorancia.


martes, 7 de junio de 2016

Los incompetentes sabios

 «La ignorancia genera confianza más frecuentemente que el conocimiento»  Charles Darwin

“Gran parte de las dificultades por las que atraviesa el mundo se debe a que los ignorantes están completamente seguros y los inteligentes llenos de dudas” (Bertrand Russell)
B. Russell

He leído últimamente bastantes referencias sobre el "síndrome del impostor", y eso me ha llevado a buscar qué es exactamente y a qué se refiere. Al parecer este fenómeno, que no síndrome, fue descrito en 1978 por las psicólogas Pauline Clance y Suzanne Imes, que analizaron una muestra de mujeres con unos logros notables que eran incapaces de internalizar. Se puede resumir de esta manera: 
“A pesar de contar con logros académicos y profesionales extraordinarios, las mujeres que sufren el síndrome de la impostora están convencidas de que en realidad no son inteligentes y de que han engañado a quienes creen que sí lo son. (…) (Creen que) su éxito ha sido… cuestión de suerte y que (….) salvo que realicen un trabajo hercúleo (…) no podrán mantener el engaño”.
Las mujeres (y hombres) que experimentan este síndrome no quieren “correr el riesgo” de ser descubiertos en su impostura. Por lo tanto, no quieren hacer visible su talento porque, al no internalizar sus logros, desconfían de sus propias capacidades.
¿quién es el impostor?


Pero lo que me parece más interesante es que buscando sobre el "fenómeno del impostor" he llegado a algo mucho más interesante y revelador, que vendría a ser el efecto contrario: el "efecto Dunning-Kruger", descrito por David Dunning y Justin Kruger de la Universidad de Cornell como un "sesgo cognitivo, según el cual los individuos con escasa habilidad o conocimientos en una materia sufren de un sentimiento de superioridad ilusorio, considerándose más inteligentes que otras personas más preparadas, midiendo incorrectamente su habilidad por encima de lo real". Este sesgo se explica por una incapacidad metacognitiva del sujeto para reconocer su propia ineptitud. Por el contrario, los individuos altamente cualificados tienden a subestimar su competencia relativa, asumiendo erróneamente que las tareas que son fáciles para ellos también son fáciles para otros.
Tal como señalan Dunning y Kruger, esta percepción irreal se debe a que las habilidades y competencias necesarias para hacer algo bien son, precisamente, las habilidades requeridas para poder estimar acertadamente el propio desempeño en la tarea.
Lo curioso de este efecto psicológico es que, además, estas personas incompetentes “no solo llegan a conclusiones equivocadas y toman malas decisiones, sino que su incompetencia no les permite tomar conciencia de ello”, señalan Dunning y Kruger.
El troll de internet es el prototipo de incompetente sabio

No parece difícil encontrar ejemplos de esto en la vida real, de hecho es bastante habitual en redes sociales, en la televisión, en el mostrador de un bar, escuchar a incompetentes pontificar sobre temas  que requieren mayor o menor capacitación profesional o al menos un mínimo de conocimientos con la mayor desenvoltura, utizando términos técnicos discriminadamente de forma incorrecta y con su público extasiado aplaudiendo. Lo que a mí más me sorprende es la nula autocrítica de ciertos personajes. El efecto Dunning-Kruger puede explicar este extendido fenómeno en parte, aunque el narcisismo es una opción que hay que tener muy en cuenta y no descartar a la ligera...