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miércoles, 8 de enero de 2020

La enfermedad de Simba

En 3 meses un tumor cerebral se lo ha llevado.

Un buen día de primeros de octubre se le cerró el ojo derecho y en un principio no me preocupó demasiado, pues podía ser simplemente un rasguño tras una pelea con alguno de los otros gatos.
Esperé unos 2 días y ya vi que había algo que no me encajaba: tenía el tercer párpado tapando el ojo, así que decidí pedir cita con la veterinaria.

Empezamos el periplo de pruebas diagnósticas, puesto que lo que tenía era un síndrome de Horner, que no es más que un conjunto de síntomas en el ojo que pueden tener múltiples causas de diferente naturaleza (infecciosa, tumoral, neurológica, etc...). Lo importante era buscar la causa del Horner, aunque éramos optimistas porque un alto porcentaje de casos en gatos es de causa idiopática, es decir, que aparece y desaparece sin más a las 8-10 semanas. En principio no había motivos para preocuparse en exceso. Simba tenía el ojo con miosis (pupila contraída con poca reacción a la luz), ptosis (párpado superior bajado), enoftalmos (ojo hundido) y el tercer párpado prominente. Lo vio un oftalmólogo veterinario, confirmó el diagnóstico y recomendó analíticas y radiografías de cabeza para descartar patologías de tipo otorrinolaringológico que también son causa frecuente del Horner (otitis media, pólipos nasofaríngeos, etc...).

Gato con síndrome de Horner


Las pruebas salieron bien, por lo que aún éramos optimistas. Se le puso tratamiento para una posible otitis media que es muy difícil de diagnosticar en gatos y se decidió observar y esperar a ver si mejoraba pasadas las 8 semanas del posible Horner idiopático.

En general durante los 2 primeros meses se mantuvo estable, con su ojito cerrado y sin cambios. No tenía otitis y no se le iban los síntomas, así que ya a principios de noviembre se planteó hacer un TAC para ver cuál era la causa y tratarla.
Con mucha dificultad le hice el TAC, ya que es muy caro y no se puede pagar a plazos. Tuve que pedir ayuda porque por desgracia para Simba yo no estoy sobrada de dinero y ya la consulta con el oftalmólogo, la analítica y las radiografías habían supuesto una suma de dinero muy grande para mí. Me sentí muy mal por tener estas limitaciones económicas, quería lo mejor para Simba y quedarme tranquila de que estaba haciendo todo por él, pero por desgracia en la medicina veterinaria las limitaciones económicas determinan mucho todo el proceso diagnóstico y el tratamiento.

Por fin se le pudo hacer el TAC (gracias a todas y a Mary), que era bajo sedación, y la espera de los resultados fue difícil, porque yo ya empezaba a ver que la causa no era benigna. Él sin embargo seguía haciendo vida normal, algo más apagado tal vez que lo habitual, pero comía, se acicalaba, se relacionaba con los otros gatos y pasaba todos los días su ratito bebiendo/remoloneando en la fuente, cosa que le encantaba.

TAC en gato


Al fin tras varios días de espera llegaron los resultados del TAC, que fueron desconcertantes. Se veía una lesión en el lóbulo frontal derecho del cerebro, pero no quedaba claro que fuera de causa tumoral o vascular, por lo que en el informe radiológico se recomendaba realizar una resonancia magnética. Me sentí pesimista e impotente, porque no era posible de ninguna manera realizar una prueba tan cara (unos 800-900 euros), pero debo decir que mis veterinarias fueron muy sinceras y honestas a lo largo de todo el proceso y me dijeron que no veían necesario insistir en hacer la prueba ya que muy probablemente al ser un tumor cerebral casi no había opciones de tratamiento curativas (la cirugía no era viable por la localización y ni la radioterapia ni la quimioterapia funcionan) aunque sí paliativas.

Simba con 3-4 años


Ahora me encontraba con que Simba, que "sólo" tenía un ojito cerrado, tenía un probable tumor cerebral de mal pronóstico, pero no había certeza, así que estuve dando vueltas a qué más podía hacer por él. La incertidumbre es terrible. Se me ocurrió consultar a través de internet con una especialista en Neurología Veterinaria en Barcelona que sorprendentemente se ofreció muy amablemente a consultar el caso con mis veterinarias. Y así fue, las puse en contacto y la neuróloga confirmó que la imagen del TAC y los síntomas concordaban con un tumor cerebral y que iba a cambiar el curso de la enfermedad.


Poco a poco la situación se fue precipitando. Por esa época, a finales de noviembre, en sus revisiones semanales se le empezó a detectar pérdida de sensibilidad y de reflejos en la mitad derecha de la cara y se le puso tratamiento paliativo para intentar controlar las consecuencias del crecimiento del tumor. Pasé a tener que medicarlo cada 12h con un jarabe y una pastilla (cualquiera que haya tenido un gato sabe lo difícil que es darles una pastilla). Me resultaba estresante tener que forzarlo a tragar y pillarlo a traición para medicarlo en contra de su voluntad, pero es lo que había que hacer y lo hice.

Fueron pasando los días y aunque lo que tenía Simba era malo yo creía que aún nos daría unos meses de tregua y de estar juntos. A veces con cierto sentimiento de culpa pensaba "¿y si va más rápido y lo pierdo?", pero intentaba alejar esos pensamientos de mi mente. Lo veía bien, me había acostumbrado a su ojo cerrado, a darle sus pastillas y a vigilar que comía lo suficiente para no perder peso. Tenía aún la esperanza de que de alguna manera se pudiera poner bien y todo hubiera sido un "error".

Pero no, los síntomas iban avanzando, más rápido de lo que yo he podido ir asimilando. Empezó a perder fuerza en la boca y a tener dificultades para tragar, de forma progresiva iba perdiendo peso aunque yo le intentara ofrecer comida húmeda, hasta que me di cuenta el último fin de semana del año de que apenas podía comer. Ese lunes 30 de diciembre fui a la clínica veterinaria y tuve que tomar la difícil decisión de ponerle una sonda de esofagostomía para alimentarlo. Las opciones eran que muriese de inanición o intentar alimentación forzada con jeringa arriesgándome a que pudiera atragantarse o hacer una neumonía por aspiración. En ese momento pensé que aún no estaba para dejarlo ir, que tenía hambre, que aún se acicalaba y que buscaba sitios calentitos para descansar junto a mí, así que se le puso la sonda.
Sonda de esofagostomía

Los primeros días fueron bien. La sonda no es nada traumática ni para él ni para mí: no le duele, no le molesta, los cuidados son sencillos y él estaba con el estómago lleno.
Pero sin embargo iba decayendo, cada vez estaba más apagado, dejó de acicalarse, su maullido se volvió ronco, y tuvo una especie de crisis en la que empezó a lamerse de forma compulsiva y desesperada las patas. Verlo así me producía mucha tristeza, ya no era él, hacía cosas raras, y por lo que me dijeron las veterinarias lo que quedaba ya era todo sufrimiento (crisis convulsivas, parada respiratoria..). Encima venía un fin de semana y un festivo. No había margen para esperar mucho porque seguramente las cosas se iban a precipitar en los próximos días y no iba a tener el apoyo de las veterinarias. Por desgracia los días de fiesta determinaron la decisión de la eutanasia.

Me tomé un día de reflexión junto a él para decidir qué debía hacer. No quería recurrir a la eutanasia de forma prematura ni dejar de proporcionarle el tiempo de vida que le pudiera quedar en las mejores condiciones. Él estaba hecho un saquito de huesos, muy apagado, pasamos ese último día en familia con sus hermanos gatunos, tapadito con una manta a mis pies, y pensé que ya no podía dar más de sí, que estaba cansado y tenía que dejarlo ir. Las veterinarias me apoyaron y todo fue rápido.

Pude estar con él todo el tiempo, con intimidad e infinito respeto en la consulta, él tumbado sobre su toallita ya exhausto y con su ojito verde despierto pero ya medio apagado. Se durmió entre mis brazos, vi cómo la vida se le escapaba sin dolor y noté su cuerpo enfriarse y relajarse. Sus ojos verdes volvieron a abrirse con la mirada ausente y midriática de la muerte.

Mi Simba se fue un 3 de enero de 2020 después de 3 meses de enfermedad.

Allá donde estés, espero que descanses y que me perdones si no tomé las decisiones adecuadas. Te prometo, mi niño guapo y tierno, mi rubio tierno y gentil, que lo hice todo pensando en lo mejor para tí.
Simba con unos 4-5 meses
https://www.diagnosticoveterinario.com/sindrome-de-horner/2374

https://www.portalveterinaria.com/articoli/articulos/18717/diagnostico-y-tratamiento-de-los-tumores-intracraneales.html

viernes, 19 de enero de 2018

0 pringarse o ser cómplice.

"Los únicos interesados en cambiar el mundo son los pesimistas, porque los optimistas están encantados con lo que hay". José Saramago

"La humanidad lleva su marcha, que es la resultante de todas las fuerzas que actúan y que han actuado sobre ella. Modificar su trayectoria es una locura. No hay hombre, por grande que sea, que pueda hacerlo. Ahora sí, hay un medio de influir en la humanidad, y es influir en uno mismo, modificarse a sí mismo, crearse de nuevo. Para eso no se necesitan bombas, ni dinamita, ni pólvoras, ni decretos, ni nada. ¿Quieres destruirlo todo? Destrúyelo dentro de ti mismo. La sociedad no existe, el orden no existe, la autoridad no existe. Obedeces la ley al pie de la letra y te burlas de ella. ¿Quieres más nihilismo? El derecho de uno llega hasta donde llega la fuerza de su brazo. Después de esta poda, vives entre los hombres sin meterte con nadie". Pio baroja

"El cariño paternal, el contacto físico, la ternura amorosa hacia todos los seres vivos, la responsabilidad social y la atención especial a los menos privilegiados, todos estos conceptos son tan simples de entender. Entonces, ¿por qué su práctica parece costarnos tanto?" Dalai Lama

"Sólo se aguanta una civilización si muchos aportan su colaboración al esfuerzo. Si todos prefieren gozar el fruto, la civilización se hunde". José Ortega y Gasset,



"Ser libre no es meramente soltarse las cadenas, sino vivir de una manera en la que se respete y se amplíe la libertad de los otros". Nelson Mandela
"Nuestra generación no se habrá lamentado tanto de los crímenes de los perversos, como del estremecedor silencio de los bondadosos". Martin Luther King


Todos somos más o  menos conscientes de que este mundo está lleno de injusticias que nos afectan directa o indirectamente. Lo que debemos preguntarnos, como decía Martin Luther King en el seno de la lucha por los derechos civiles de los afroamericanos que le costó la vida, es "¿qué estás haciendo haciendo tú por los demás?".
Porque la posición que tomas frente a todas estas injusticias y opresiones es la que te sitúa como cómplice, como opresor o como alguien que intenta hacer algo por cambiar las cosas. Lo dijo Desmond Tutu, premio Nobel de la Paz y activista por los Derechos Humanos: "si eres neutral en una situación de injusticia, has elegido el lado del opresor". Lo eres porque mantenerte pasivo antes situaciones de flagrante violencia estructural, aunque no te afecten directamente, es consertir y aceptar tácitamente. Hay que luchar contra las situaciones de opresión hacia los débiles, o al menos alzar la voz en contra de esas situaciones.
Lo cómodo es encogerse de hombros y decir "es que yo  no puedo hacer nada", "es que yo no puedo cambiar el mundo". También dijo el premio Nobel de la paz que "hay que hacer pequeños actos de bondad donde estés. Son todos esos pequeños actos los que, sumados, arrollan al mundo". Teniendo en cuenta que lo que parece pequeño para tí puede ser muy grande para otro, y que uniendo las fuerzas de muchos se pueden conseguir cambios imparables ( movimientos revolucionarios, plataformas de afectados, asociaciones de ayuda, ONGs , sindicatos, hasta partidos políticos).

Muchas veces esperamos que vengan otros a solucionar los problemas, y esperamos pasivos la actuación de las fuerzas del  orden, de las autoridades, de la administración o de las personas voluntarias que acuden siempre en determinadas situaciones y nos arreglan la papeleta.
Escuchamos que el vecino de al lado le pega palizas a su pareja y no levantamos ni el teléfono para llamar al 016, o vemos a un anciano desatendido y nos da igual, sabemos que hay refugiados en las fronteras de países en nuestra UE pasando frío y hambre y no somos capaces de donar dinero o de salir a la calle a manifestarnos, violan y matan a mujeres en nuestro país de forma sistemática y nos reímos de los chistes machistas de nuestros amigotes.
Podemos hacer muchas cosas, debemos hacerlas, debemos informarnos y comprometernos, porque formamos parte de este mundo injusto y nada de estas cosas son ajenas a nosotros como seres humanos y morales.
Hay varios problemas en concreto que nos obligan a hacer unos cambios de hábitos de vida que son molestos y a los que nos resistimos denodadamente. Cambiar el mundo es jodido, hay que sacrificarse y renunciar a cosas, cualquiera puede leer los informes oficiales sobre el cambio climático y las recomendaciones para frenarlo. Las autoridades hacen oídos sordos y estamos inmersos en una huída hacia adelante terriblemente autodestructiva. Tenemos que dejar de consumir, en general. Tenemos que dejar de consumir productos animales, tenemos que dejar de usar tanto el coche, etc... 

Respecto al tema del abandono y maltrato de animales en nuestro país, un tema especialmente duro y que no está penado relamente por las leyes ni cubierto por las administraciones publicas, que más bien lo que hacen es perseguir a los animales callejeros y hacinarlos en perreras/campos de concentración donde si no se sacrifican mueren de enfermedades o de hambre, también hay que involucrarse.
Primero, no maltratando ni abandonado, claro. Segundo, no llamando jamás a la perrera ante un gato/perro/ave/lo que sea abandonado. Mejor dejarlo tirado en la calle si no se está dispuesto a recogerlo y a ayudarlo que llamar a los exterminadores pagados con dinero público. Y tercero, ayudándolos de verdad. que también implica esfuerzo, dinero, tiempo y estar jodido. Porque en casa ya tenemos bichos, y meter uno más es un rollazo, claro, pero sacar de la indigencia a uno vale la pena, si podemos hacerlo. O ayudar a otra persona o asociación que lo haga.


O nos implicamos y perdemos parte de  nuestra comodidad y nuestro bienestar o todo seguirá igual.

viernes, 12 de enero de 2018

El gato en la ciudad

A un gato
No son más silenciosos los espejos 
ni más furtiva el alba aventurera; 
eres, bajo la luna, esa pantera 
que nos es dado divisar de lejos. 
Por obra indescifrable de un decreto 
divino, te buscamos vanamente; 
más remoto que el Ganges y el poniente, 
tuya es la soledad, tuyo el secreto. 
Tu lomo condesciende a la morosa 
caricia de mi mano. Has admitido, 
desde esa eternidad que ya es olvido, 
el amor de la mano recelosa. 
En otro tiempo estás. Eres el dueño 
de un ámbito cerrado como un sueño.
Borges


Los gatos son un buen ejemplo de la variedad de sentimientos que puede despertar una especie animal. Para los antiguos egipcios fueron dioses y para otros fueron y siguen siendo plagas a exterminar.
No importa si nos gustan mucho o poco, o si sólo nos gusta el gato que tenemos en casa y los de la calle nos dan mucho asco. La cuestión es que todos ellos tienen derecho a vivir. Todos ellos son habitantes de este planeta con el mismo derecho a poblarlo que nosotros los humanos o los linces, los pandas y los delfines. Da igual que sean bonitos, feos, bebés, viejos, sanos o enfermos. Su derecho a una vida digna es incuestionable desde un punto de vista ético y biológico. Son seres sintientes que pueblan nuestras ciudades y nuestras urbanizaciones. Nos han acompañados desde hace al menos 4000 años cuando dejaron de ser gatos salvajes africanos y se vinieron con  nosotros para cazar ratones a nuestros graneros y ciudades. Los domesticamos y desde ese momento en que dejaron de ser Felis lybica a ser Felis catus son dependientes de nosotros y por tanto nuestra responsabilidad. No vale buscar excusas y mirar para otro lado.
Tenemos como deber velar por su vida y es más, por su vida digna. No viven bien en nuestras calles, donde no tienen qué cazar y están expuestos a los atropellos y a los envenenamientos de los psicópatas de turno. Hemos de controlar sus poblaciones mediante el CES y buscarles hogares.
No pongamos más excusas. No importa que nos gusten o no. Es una cuestión de justicia y de ética.



miércoles, 21 de diciembre de 2016

Maltrato animal y andaluzofobia

Como en todas las causas nobles y desinteresadas, como en  todo grupo humano, hay sectores en el movimiento animalista que destruyen más que construyen, y en este sentido, se pueden poner bastantes ejemplos.
Sin embargo, me voy a centrar en una facción especialmente destructiva y tenaz que suele aparecer por las redes sociales de forma cada vez más recurrente. 
Me refiero a quienes insultan a los andaluces, a quienes nos tachan a todos de cabrones maltratadores, de hipócritas que lloran en semana santa cuando llueve pero abandonamos animales bajo la lluvia, de vividores que nos vamos de romería y matamos caballos, de mover mucho el culo bailando sevillanas y no mover el culo para rescatar animales abandonados, ¿qué pasa en el Sur que la gente es tan salvaje y tan mala?. Todo esto lo he leído repetidamente en comentarios en facebook de difusiones de animales que necesitan ayuda en Andalucía. Por cierto, animales difundidos y ayudados por personas andaluzas y asociaciones andaluzas. No es necesario decir que quienes hacen estos comentarios no son andaluces ni viven aquí. Como mucho argumentan que tienen un familiar andaluz o que han estado de vacaciones aquí y esto les autoriza a sentenciar sobre la idiosincrasia y el carácter maltratador del andaluz.
Si se les señala que están haciendo comentarios ofensivos hacia el pueblo andaluz, que están alimentando estereotipos falsos y por tanto injustos y generalizando nunca admiten su error. La andaluzofobia es así, nadie cree ser andaluzófobo, porque es algo que en toda España se tiene tan interiorizado y normalizado que a nadie le parece que esté incurriendo en ella.

Tengamos una mínima capacidad de análisis. No sólo por no insultar a todo un pueblo formado por casi 9 millones de personas, sino  por comprender que si cuantitativamente hay muchos casos de maltrato animal en Andalucía es porque es la CA más poblada de España, y por tanto, en la que más animales domésticos hay. A esto se suma que es la segunda más pobre y que en la provincia de Cádiz están las zonas con más paro de Europa. Pobreza es igual a deshaucios, abandono y dificultad para dar cuidados, no sólo a un animal nohumano, sino a los humanos. ¿Cuesta mucho entender esto? Para algunas mentes preclaras parece que sí, que sus privilegios de barrigas llenas y falta de perspectiva geopolítica les ciegan.

En Andalucía no hay subvenciones públicas para asociaciones protectoras ( raro,¿ verdad? en la tierra de las subvenciones y del PER ) como sí  me consta que hay en otras CCAA, por lo que las personas que ayudan a los animales lo hacen todo con su tiempo libre y con donaciones altruistas de dinero, y esas personas tenemos que escuchar que somos cabrones, vagos, maltratadores, psicópatas y vividores...

Solidaridad, hermanos animalistas ilustrados y desarrollados del norte, vosotros que sois tan civilizados y tan amantes de los animales, solidaridad con estos pobres salvajes del sur... antes de escribir topicazos insultantes sobre la semana santa y la feria y lo vagos y catetos que somos los andaluces informaros un poco sobre nuestra realidad, y si no queréis hacerlo, mejor no escribáis nada.
Ni os sintáis superiores, porque no lo sois, al menos no moralmente, con esos aires de superioridad y esa ignorancia.


viernes, 21 de octubre de 2016

Amiga humana

Amiga humana:

He nacido en lo que tú llamas la calle.
He parido en un rincón lleno de basura a mis hijos y los he visto morir.
He pasado hambre, dolor y miedo.
Pero ahora, en este momento, estoy bien.
No pienso en el pasado porque para mí no existe.
No pienso en el futuro porque tampoco existe.
Sé que ahora no tengo hambre, ni frío y ronroneo.
Creo que puedo confiar en tí. Aunque seas humana.
Perteneces a una especie cruel y egoísta.
Pero no he pasado hambre desde que vivo contigo.
No he sufrido dolor por tu causa.
No he pasado frío bajo tu tutela.
La lluvia y las inclemencias del tiempo no son más que un mal recuerdo para mí ahora.
Sé que no eres mala. Tampoco eres buena.
Porque eres humana.
Yo quería vivir en libertad con mis hijos y mis congéneres pero no puedo.
Porque tus congéneres lo han destruído todo.
Mi mundo ahora es el tuyo.
Me tienes en tu casa, en una cárcel de cemento.
Lo acepto, es el mal menor.
Pero no soy libre.
No soy yo.
Y sin embargo tú eres tú, humana, es tu naturaleza cruel y egoísta.

viernes, 7 de octubre de 2016

La responsabilidad según Hans Jonas

"La bendición de la ciencia, puede convertirse en maldición: el hermano Caín (la bomba) es malo, pero el hermano Abel (el pacífico reactor) también lo puede ser".  
Hans Jonas
La obra de Hans Jonas es hoy uno de los referentes con mayor influencia en el ámbito de las éticas aplicadas y su libro "El principio de responsabilidad: Ensayo de una ética para la civilización tecnológica" constituye un referente inexcusable en el campo de las éticas deontológicas, con repercusión en bioética, tecnoética y ética ecológica.
Su referente es la crisis de la modernidad. Jonas ni quiso ser moderno ni vio en el pensamiento cuyo origen está en las Luces, otra cosa que un totalitarismo tecnológico.
Su reflexión sobre la responsabilidad no puede entenderse sin la experiencia de la Shoah: su madre murió en Auschwitz y él fue voluntario en la Brigada Judía del ejército británico en la II G.M. Para comprender a Jonas hay que tener en cuenta su conferencia "El concepto de Dios después de Auschwitz", en la que considera que el nazismo es la expresión de un mundo en que Dios ha renunciado al poder para que el hombre pueda existir. Por eso tampoco en la técnica habrá nada bueno en sí mismo. El punto de partida es la existencia del mal.

La ética de Jonas arranca de un hecho: el hombre es el único ser conocido que tiene responsabilidad. Sólo los humanos pueden escoger consciente y deliberadamente entre alternativas de acción y esa elección tiene consecuencias. La responsabilidad emana de la libertad. O, en sus propias palabras: la responsabilidad es la carga de la libertad. La responsabilidad es un deber, una exigencia moral que recorre todo el pensamiento occidental, pero que hoy se ha vuelto más acuciante todavía, porque ,en las condiciones de la sociedad tecnológica, ha de estar a la altura del poder que tiene el hombre.
La ciencia y la técnica han modificado profundamente las relaciones entre hombre y mundo. Para los antiguos, la potencia humana era limitada y el mundo, en cambio, era infinito. Pero hoy la situación se ha invertido y la naturaleza se conserva en parques naturales, rodeados de civilización y tecnología. Hoy la naturaleza es débil y está amenazada. El hombre tiene, pues, el deber moral de protegerla y ese deber aumenta en la medida que sabemos lo fácil que es destruir la vida. La ética hoy debe tener en cuenta las condiciones globales de la vida humana y de la misma supervivencia de la especie.  
La idea fundamental sobre la que se sustenta la ética de Jonas es la experiencia de la vulnerabilidad. Las generaciones actuales tienen la obligación moral de hacer posible la continuidad de la vida y la supervivencia de las generaciones futuras. Ese deber es explicitado como imperativo categórico.

Hacer hoy el bien, significa hacerlo en las condiciones de la tecnología. El imperativo tecnológico significa, en consecuencia, partir de un criterio que ya no pude ser de "dominio", pero que aún no puede ser de "comunidad", puesto que la comunidad mundial es un espejismo. 
Jonas es un enemigo radical de las utopías. La utopía consideraba que en el mundo todo era posible y nada estaba escrito. Pero la experiencia de la bomba atómica, de la contaminación y de la Shoah demuestra que, moralmente, la utopía puede acabar siendo la justificación del asesinato en gran escala y de la destrucción del planeta. La utopía decía a los hombres "Tu puedes hacerlo; y, en cuanto puedes, debes". La responsabilidad exige, sin embargo el cálculo de riesgos y, en la duda, si algo puede fallar, es mejor no hacerlo.  



A diferencia del imperativo categórico kantiano que se dirigía al comportamiento privado del individuo, el nuevo imperativo de la responsabilidad se dirige al comportamiento público y social. No se trata de buscar la concordancia del hombre consigo mismo, la coherencia personal del humano que quiere estar a la altura de su deber, como acontecía en Kant, sino que se pone el acento en la dimensión de futuro que, al revés de lo que acontece con la utopía, no se ve como promesa sino como amenaza.  
Si la ética de Jonas se pretende con valor universal, no es porque todo el mundo hace lo mismo sino porque, obrando así, defendemos la vida de todos (todos los seres vivos del planeta).

El imperativo ético que propone Jonas arranca del miedo. Es el miedo a las consecuencias irreversibles del progreso (manipulación genética, destrucción del habitat), lo que nos obliga a actuar imperativamente. El motor que nos impulsa a obrar es la amenaza que pende sobre la vida futura.
En la civilización actual es mucho más fácil saber qué es el mal que indagar sobre el bien: Un mal absoluto, como la desaparición de la especie, debe obligarnos absolutamente. Si nos damos cuenta de los efectos a largo término de nuestros actos y somos capaces de experimentar el sentimiento de pérdida posible, necesariamente debemos sentirnos impelidos a obrar. No hay técnica "buena" y técnica "mala". 


El miedo es un sentimiento negativo, pero de esa negatividad puede salir algo positivo: hay que prestar más atención a la profecía de la desgracia que a la de la felicidad utópica, y obrar en consecuencia, tomando en serio la amenaza que planea sobre el futuro de la humanidad y que nos invita a obrar con responsabilidad.
Obviamente, este imperativo categórico colectivo arranca de una opción por el hombre y por la continuidad de la evolución.
  Pero, y eso es lo más importante, quiere ser  una "ética del futuro", lo que no quiere decir una ética "en" el futuro, concebida para que algún día la lleven a cabo nuestros descendientes, sino una ética que ,desde hoy, se preocupa por el futuro y trata de protegerlo. Mañana puede ser tarde y los optimistas tal vez no se dan cuenta...


La obra de Jonas está hoy en el centro del debate ecológico. Pero Jonas ha tenido una "fama póstuma" pues, en vida, lo obscureció un "optimismo tecnológico" muy propio del progresismo político.
En la obra de Jonas se hallan elementos muy poco "modernos", pero que deberían ser pensados con detenimiento:
Da muy poca -o ninguna- importancia a la autonomía moral del individuo, que para él es un espejismo. El hombre es inseparable del colectivo y su autonomía siempre es parcial.  
Recupera un elemento que en la modernidad parecía olvidado: el mal. Recordar su existencia tal vez sea de mal gusto pero, vista la historia reciente, es una obviedad.  
Centra su ética en la abstención, cuando la tradición occidental piensa, en cambio, la acción.
No acepta la idea de la reciprocidad entre deberes y derechos. Los humanos tienen deberes, especialmente con la supervivencia de la vida y con los no nacidos, más allá de la generación presente  


viernes, 2 de septiembre de 2016

Animalismo

"Hasta que no hayas amado a un animal, una parte de vuestra alma permanece dormida."
Anatole France
Anatole France

De hecho, una investigación multidisciplinar que se hizo en Escocia hace algunos años demostró que la mayoría de los sujetos que habían sido denunciados por maltrato animal habían cometido también crímenes violentos contra otras personas.
El animalismo, que es como se denomina el movimiento en pro de los derechos de los otros animales, es un producto moral e intelectualmente superior. La conciencia animalista forma parte del proceso de civilización, y cuanto más culta y democrática sea una sociedad, menos cruel será con absolutamente todos los seres vivos.
"Un país, una civilización se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales", decía  Mahatma Gandhi. 

George T. Angell, un abogado estadounidense del siglo XIX que fue uno de los pioneros en la lucha animalista, dijo: "a veces me preguntan: ¿Por qué inviertes todo ese tiempo y dinero hablando de la amabilidad con los animales cuando existe tanta crueldad hacia el hombre? A lo que yo respondo: Estoy trabajando en las raíces".
Desde los albores de la humanidad nosotros los "Homo sapiens sapiens" nos hemos creído superiores al resto de las especies animales de las que somos hermanos, debido a que tenemos una exagerada conciencia de nosotros mismos.
Sin embargo no hay gran diferencia entre el funcionamiento y  la estructura de nuestros cerebros y los de los demás animales. Sólo tenemos un poco más de corteza cerebral. Y viendo el resultado de nuestro breve paso por el planeta es muy cuestionable que seamos una especie superior. En lugar de adaptarnos a nuestro entorno lo hemos destruído masivamente prácticamente sin remedio.

Nos creemos el centro de la creación, la medida de todas las cosas, pero la realidad es que no somos más que un simio con un poco más de corteza cerebral y una gran capacidad de destruir.
Lo único que puede redimirnos como especie es el respeto hacia los otros animales, hacia su ser en la naturaleza, hacia su entorno, hacia su vida. 
No amarlos es no amar nuestro yo animal, que al fin es nuestra parte más noble y sincera, la más gozosa, la que vive en el presente y nunca haría daño si no es por mero instinto de supervivencia. 
No amarlos es asumir que somos superiores por nuestra enorme capacidad de dañar, por nuestra inédita capacidad de odiar y de hacer el mal por el mal, por nuestra refinada capacidad de torturar a nuestros semejantes y a todo ser sensible y viviente.
Cuando miras a un animal no humano a los ojos y sientes cómo te devuelve una mirada más pura e inocente, te vuelves más compasivo, te acercas más a la naturaleza más sensible y honesta que todos deberíamos portar, y te alejas de lo más destructivo y ruin que tenemos todos los humanos.
Mirar a los ojos a un animal no humano te abre a la ternura y a la gratitud, a los valores más sencillos y que más recompensas aportan en este mundo creado para que todos podamos vivir sin dañar.

Un esquema en el que se puede apreciar nuestro pequeño lugar en el mundo.