martes, 29 de noviembre de 2016

Institucionalización.

“Brooks no está loco, sino institucionalizado. Ese hombre se ha pasado aquí dentro cincuenta años ,Heywood, cincuenta años, no conoce otra cosa. Aquí dentro es un hombre importante, es un hombre culto. Fuera de aquí no es nada, un viejo inútil con artritis en las manos… No podrá conseguir un puñetero trabajo. Créeme, estos muros embrujan: primero, los odias. Luego, te acostumbras. Y al cabo de un tiempo, llegas a depender de ellos. Eso es institucionalizarse. Te encierran de por vida y eso es justo lo que te quitan, la parte que importa al menos”.
“No creo que sobreviviera fuera de aquí, he pasado aquí más de media vida, estoy institucionalizado, igual que lo estaba Brooks”.
"Cadena perpetua" , F. Darabont, 1994

El concepto de institucionalización tiene diferentes significados dependiendo del contexto al que nos refiramos.  Si nos vamos al contexto que a nosotros nos interesa, adquiere un significado, relacionado con la idea de una sumisión, que se definiría como la adaptación del propio individuo al régimen de vida de una institución como puede ser un orfanato, un asilo, una cárcel, un manicomio, centros de internamiento, etc...
Todas estas instituciones tienen en común una cosa, y es que en ellas los individuos pasan, de forma voluntaria o no, un largo periodo de tiempo. Durante este largo periodo de tiempo internadas las personas acaban generando una dependencia a la institución, acabando con su autonomía, cuando la función primordial era la de la reinserción de la persona en la sociedad.
La dimensión represora de instituciones semejantes (concepto institución disciplinaria) fue puesta de manifiesto a través del análisis de su función histórica que hizo Michel Focault en su obra "Vigilar y castigar.Nacimiento de la prisión", publicado originalmente en 1975




Desde la Edad Medía, el castigo al delincuente estaba estrechamente ligado al suplicio y al escarnio. El procedimiento consistía en manifestar el castigo públicamente, efectuándose la pena más como una venganza soberana que como una forma de reparar el daño que se había cometido. La desaparición del espectáculo punitivo tendrá lugar en Europa durante el siglo XVIII, ya que estos actos a menudo propiciaban altercados y graves desórdenes públicos. A partir de este momento el castigo dejará de presentarse como un acontecimiento público y comenzará a ser parte oculta del mismo proceso penal. Las nuevas penas también serán físicas, pero ahora se centrarán fundamentalmente en privar al delincuente de su libertad. Por otro lado, el suplicio de los condenados empezó a considerarse vergonzoso, contrario a los nuevos valores burgueses que estaban cada vez más presentes en la sociedad europea.  Para Foucault, estas críticas escondían una motivación más profunda: la búsqueda de una economía del castigo.



El aumento de la riqueza que experimenta la burguesía gracias a los cambios socioeconómicos que tuvieron lugar a partir de la segunda mitad del siglo XVIII supuso la disminución de crímenes de sangre. Sin embargo, los crímenes contra la propiedad privada aumentaron de manera considerable. Debido a esta realidad, la burguesía emergente creerá oportuno reformar la justicia, estableciendo leyes que permitan castigar los delitos contra la propiedad privada, delitos poco comunes hasta entonces, ya que la propiedad había sido tradicionalmente comunal. Los reformadores del siglo XVIII propusieron que cualquier delito se castigase con menor crueldad, aplicando castigos universales e institucionalizados. La nueva legislación penal podía resultar menos severa, pero contemplaba el castigo para delitos que antes no eran tenidos en cuenta debido a su poca frecuencia. En este sentido, el sistema penal fue reformado según las aspiraciones económicas de la burguesía, que no eran otras que la de proteger el patrimonio privado. Se entendió el atentar contra la propiedad de un hombre como un ataque a la sociedad en su totalidad, aceptándose que la sociedad tiene el legítimo derecho a defenderse y a castigar conductas que pongan en peligro su integridad. 

Para prevenir las conductas delictivas, la institucionalización de la educación formará también parte del aparato disciplinador del Estado. Pero para Foucault, las instituciones escolares no serán las únicas implicadas en el control de las masas. La prisión, las órdenes monásticas, los cuerpos militares o las mismas fábricas industriales, serán espacios en los que los individuos podrán familiarizarse e interiorizar los valores burgueses hegemónicos.
M. Foucault

Ya en pleno siglo XIX, la privación de la libertad para los delincuentes comenzará a estar enfocada por completo a la rentabilidad económica del castigo y no a efectuar una venganza social sobre el delincuente. Para ello, los principios fundamentales del aislamiento deben asegurar que se ejerza un control y una vigilancia intensa sobre el preso, las cuales facilitan que mediante el trabajo forzado pueda transformarse al individuo para devolverlo después a la sociedad como un sujeto capaz de producir beneficios y estar en concordancia con las normas generales de la sociedad industrial del siglo XIX. Este método corresponde, según Foucault, a dos principios fundamentales: principio de la corrección y principio del trabajo como obligación y como derecho.
panóptico

A lo largo de su obra, pero más concretamente en su libro Vigilar y castigar, Foucault no sólo analizó las dinámicas de cambio dentro de los procesos históricos, sino que también afirmó que la consolidación de los sistemas penitenciarios occidentales no hubiese sido posible sin el desarrollo de la tecnología disciplinaria, la cual no es identificada como una institución ni como un aparato, sino como un tipo de poder, una forma de ejercerlo que se nutre de un conjunto de instrumentos, técnicas y procedimientos. Esta modalidad de poder se vale a su vez de diversos niveles de aplicación, teniendo siempre presente una serie de metas y objetivos.
Las bases de la disciplina penitenciaria se materializarán bajo los principios del Panóptico, un diseño ideal de centro penitenciario diseñado por el filósofo J. Bentham en el año 1791. Este diseño permite la vigilancia constante de los prisioneros sin que estos puedan ser conscientes de los momentos en los que son observados. Al no saber el preso si está siendo observado o no, el funcionamiento del poder se ejerce de forma automática, ya que la conducta del observado es la de un individuo que se siente vigilado constantemente, sin necesidad de existir la presencia permanente de funcionarios que condicionen a los presos haciéndose visibles. El edificio panóptico no sólo permite modificar la conducta de los individuos y vigilarlos constantemente para intervenir en ellos antes de que las faltas se cometan, sino que también facilita reducir la plantilla de vigilantes y aumentar el número de aquellos sobre los que se ejerce el poder.



A su vez, la disciplina no sólo estará presente en espacios institucionalizados de castigo (como por ejemplo, las cárceles), sino que se verá también respaldada por la producción de conocimiento que proviene de ámbitos como la pedagogía, la psicología, la psiquiatría o la criminología. Todos estos saberes se desarrollarán en paralelo a los nuevos sistemas penitenciarios europeos del siglo XIX, por lo que el poder y el conocimiento se retroalimentarán entre sí, apoyándose en la articulación de un discurso que haga posible la aceptación social de los nuevos medios para encauzar a aquellos que incumplen la ley.
Las técnicas de la institución penal se transportan a la totalidad de la sociedad,  teniendo efectos importantes, ya que el sistema carcelario de la sociedad contemporánea es a la vez un instrumento para generar un conocimiento que el mismo poder necesita para perpetuarse.

Y como hemos visto, las propias instituciones penalizadoras y reguladoras de conductas antisociales son capaces de generar sujetos dependientes de las instituciones mismas, incapaces de sobrevivir fuera de ellas, sin autonomía. La supuesta función de reinserción de los perdedores se pierde por el camino en aras de la perpetuación de los valores burgueses hegemónicos.
Y el poder se autoafirma por los caminos más perversos, como siempre ha venido haciendo.




viernes, 25 de noviembre de 2016

Hojas de hierba, Walt Whitman

Hijo de madre holandesa y padre británico (West Hills, EE UU, 1819 - Camden, id., 1892), fue el segundo de los nueve vástagos de una familia con escasos recursos económicos. Pasó sólo ocasionalmente por la escuela y pronto tuvo que empezar a trabajar, primero, y a pesar de su escasa formación académica, como maestro itinerante, y más tarde en una imprenta. Allí se despertó su afición por el periodismo, que le llevó a trabajar en varios diarios y revistas neoyorquinos. 
Durante su viaje hacia al Sur, que emprendió en 1848, tuvo la oportunidad de contemplar la realidad de las provincias, para él totalmente desconocida y que sería decisiva para su carrera. Cuando regresó a Nueva York, unos meses después, abandonó el periodismo y se entregó por completo a la escritura.



Su trabajo se inscribe en la transición entre el trascendentalismo y el realismo filosófico, incorporando ambos movimientos a su obra. Whitman está entre los más influyentes escritores del canon estadounidense y ha sido llamado el padre del verso libre, aunque no sea el primer autor en utilizarlo. Su trabajo fue muy controvertido en su tiempo, en particular por su libro Hojas de hierba, descrito como obsceno por su abierta sexualidad. Hojas de Hierba (especialmente la primera edición) exaltó el cuerpo y el mundo material. Bajo la influencia de Emerson y el movimiento trascendentalista, una rama del romanticismo, la poesía de Whitman elogia la naturaleza y el papel del individuo humano en ella. Sin embargo, al igual que Emerson, Whitman no disminuye el papel de la mente o el espíritu, sino que eleva la forma y la mente humana, considerando ambas algo digno de alabanza poética.
Walter Whitman publicó en 1855 la primera edición de Hojas de Hierba, que continuaría reeditando toda su vida, hasta sumar un total de nueve ediciones. La novena, denominada «the deathbed edition» (del lecho de muerte), de 1892, es considerada la definitiva. En la nota de autor de esa edición, éste dice que es la que prefiere y recomienda, pues es la completa y autorizada. En cada edición, Whitman agregaba nuevos poemas, corregía los anteriores, suprimía líneas, o inclusive poemas enteros. Su estructura es abierta: no tiene fin. Asimismo, puede tomarse en cualquier punto, y leerse hacia atrás o delante, pues es también circular.

Creo que una brizna de hierba no es inferior a la jornada de los astros

y que la hormiga no es menos perfecta ni lo es un grano de arena...

y que el escuerzo es una obra de arte para los gustos más exigentes...
y que la articulación más pequeña de mi mano es un escarnio para todas las máquinas.
Quédate conmigo este día y esta noche y poseerás el origen de todos los poemas.
Creo en ti alma mía, el otro que soy no debe humillarse ante ti
ni tú debes humillarte ante el otro.
Retoza conmigo sobre la hierba, quita el freno de tu garganta.
(...)
Creo que podría retornar y vivir con los animales, son tan plácidos y autónomos.
Me detengo y los observo largamente.
Ellos no se impacientan, ni se lamentan de su situación.
No lloran sus pecados en la oscuridad del cuarto.
No me fastidian con sus discusiones sobre sus deberes hacia Dios.
Ninguno está descontento. Ninguno padece la manía de poseer objetos.
Ninguno se arrodilla ante otro ni ante los antepasados que vivieron hace milenios.
Ninguno es respetable o desdichado en toda la faz de la tierra.
Así me muestran su relación conmigo y yo la acepto.
(...)
No pregunto quién eres, eso carece de importancia para mí.
No puedes hacer ni ser más que aquello que yo te inculco. "

Y tú, mar... También a ti me entrego. Adivino lo que quieres decirme,

Desde la playa veo tus dedos que me invitan,

Y pienso que no quieres marcharte sin haberme besado.
Debemos estar un rato juntos: me desnudo y me llevas muy lejos de la costa,
Arrúllame y durmiendo al vaivén de tus olas,
Salpícame de espuma enamorada, que yo sabré pagarte.
Mar violento, tenaz y embravecido,
Mar de respiros profundos y revueltos,
Mar de la sal de la vida, de sepulcros dispuestos aunque no estén cavados,
Rugiente mar que, a capricho, generas tempestades o calmas,
También soy como tú: con uno y muchos rostros
Partícipe del flujo y del reflujo, cantor soy de los odios y de la dulce paz,
Cantor de los amantes que duermen abrazados
También doy testimonio del amor a mis prójimos:
¿Haré sólo inventario de todos mis objetos olvidando la casa que los tiene y cobija?
No soy sólo el poeta de la bondad, acepto también serlo de lo inicuo y lo malvado,
¿Qué son esos discursos que nos cuentan de vicios y virtudes?
El mal me sugestiona, y lo mismo la reforma del mal, mas sigo imperturbable.
¿Soy un inquisidor, un hombre que desprecia cuanto encuentra a su paso?
No soy más que aquel hombre que riega las raíces de todo lo que crece.
¿Te temes que la terca preñez sólo engendre tumores?
¿Pensabas que las leyes que rigen a los astros admiten ser cambiadas?
Encuentro el equilibrio en un lado lo mismo que en su opuesto.
Las doctrinas flexibles nos ayudan lo mismo que ayudan las más firmes,
Las ideas y acciones del presente nos despiertan y mueven,
Ningún tiempo es más bueno para mí que este ahora que me viene a lo largo de millones de siglos.
No hay nada de asombroso en las acciones buenas de antes o de ahora,
Lo asombroso es que siempre existan los malvados o los hombres sin fe.
Se borran el pasado y el presente, pues ya los he colmado y vaciado,
Ahora me dispongo a cumplir mi papel en el futuro.
Tú, que me escuchas allá arriba: ¿Qué tienes que decirme?
Mírame de frente mientras siento el olor de la tarde,
(Háblame con franqueza, no te oyen y sólo estaré contigo unos momentos.)

¿Que yo me contradigo?

Pues sí, me contradigo. Y, ¿qué?

(Yo soy inmenso, contengo multitudes.)
Me dirijo a quienes tengo cerca y aguardo en el umbral:
¿Quién ha acabado su trabajo del día? ¿Quién terminó su cena?
¿Quién desea venirse a caminar conmigo?
Os vais a hablar después que me haya ido, cuando ya sea muy tarde para todo?

Ya he dicho que el alma no vale más que el cuerpo,

Y he dicho que el cuerpo no vale más que el alma,

Y que nada, ni Dios, es más grande para uno que uno mismo,
Que aquel que camina sin amor una legua siquiera, camina amortajado hacia su propio funeral,
Que tú o yo, sin tener un centavo, podemos adquirir lo mejor de este mundo,
Que el mirar de unos ojos o el guisante en su vaina confunden el saber que los tiempos alcanzan,
Que no hay oficio ni profesión tan bajos que el joven que los siga no pueda ser un héroe,
Que el objeto más frágil puede servir de eje a todo el universo,
Y digo al hombre o mujer que me escucha:
"Que se eleve tu alma tranquila y sosegada ante un millón de mundos."
Y digo a la humanidad: "No te inquietes por Dios,
Porque yo, que todo lo interrogo, no dirijo mis preguntas a Dios,
(No hay palabras capaces de expresar mi postura tranquila ante Dios y la muerte.)
Escucho y veo a Dios en cada cosa, pero no le comprendo,
Ni entiendo que haya nada en el mundo que supere a mi yo.
¿Por qué he de desear ver a Dios mejor de lo que ahora le veo?
Veo algo de Dios cada una de las horas del día, y cada minuto que contiene esas horas,
En el rostro de los hombres y mujeres, en mi rostro que refleja el espejo, veo a Dios,
Encuentro cartas de Dios por las calles, todas ellas firmadas con su nombre,
Y las dejo en su sitio, pues sé que donde vaya
Llegarán otras cartas con igual prontitud.

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miércoles, 23 de noviembre de 2016

Los Sucesos de Casas Viejas

Los sucesos de Casas Viejas, también denominados masacre de Casas Viejas, es el nombre con el que han pasado a la historia los episodios que tuvieron lugar entre el 10 y el 12 de enero de 1933 en la pequeña localidad de Casas Viejas, en la provincia de Cádiz, y que constituyen uno de los hechos más trágicos de la Segunda República Española. Abrió una enorme crisis política en el primer bienio de la República y fue el inicio de la pérdida de apoyos políticos y sociales que conduciría meses después a la caída del gobierno republicano-socialista de Manuel Azaña.
Si bien el anarquismo había visto con buenos ojos la proclamación de la República en abril de 1931, de cuya proclamación se reclamó parte por su insistente participación en la oposición a la dictadura de Primo de Rivera en colaboración con otras fuerzas políticas, el movimiento libertario había reclamado cuestiones que la República no concedió. 

A ello se une que medidas tan reclamadas por la clase obrera española como la reforma agraria se producían de forma lenta. Por ello, esperaban una rápida aplicación de dicha medida. La lentitud del proceso, unido a la falta de recursos, tierras y el hambre que pasaban los jornaleros españoles, hizo que se produjeran levantamientos y motines. 
 En un Pleno de Regionales de la CNT, celebrado el 1 de diciembre de 1932 en Madrid, el sindicato de ferroviarios solicitó el apoyo para declarar una huelga general en la que se reclamarían aumentos salariales. Al final, los ferroviarios se echaron atrás porque más de la mitad de sus secciones sindicales pensaban que la huelga resultaría un fracaso. Desde el 1 de enero se fueron produciendo movimientos en distintos lugares como Barcelona, Madrid, Zaragoza, Murcia, Oviedo, Valencia, etc. La insurrección no tuvo un seguimiento muy amplio. El Ejército y la Guardia Civil tomaron posiciones estratégicas en los lugares donde se preveían desórdenes y los dirigentes sindicales fueron detenidos. En algunas barriadas de Barcelona hubo choques entre anarquistas y fuerzas de orden público. Hubo huelgas, incidentes con explosivos y proclamaciones del comunismo libertario en algunas poblaciones de Aragón, y la Región de Valencia. En el municipio de Pedralba (Valencia) el choque entre la fuerza pública y los trabajadores se saldo con un guardia civil y un guardia de asalto muerto y diez trabajadores asesinados.
El día 10 de enero de 1933, y tras una serie de malos infortunios (nadie avisó a los campesinos de Casas Viejas que la huelga había fracasado por problemas de comunicación), un grupo de militantes libertarios de la pequeña población tomó el cuartel de la Guardia Civil por asalto, quedando dos guardias civiles heridos , que fallecieron después. Proclamaron el comunismo libertario, izaron la bandera rojinegra e incautaron los productos de primera necesidad dando a los tenderos un vale que les sería canjeado una vez triunfase la revolución.

A las dos de la tarde del 11 de enero, un grupo de doce guardias civiles al mando del sargento Anarte llegaron a Casas Viejas, liberaron a los compañeros que quedaban en el cuartel y ocuparon el pueblo. Temiendo las represalias, muchos vecinos huyeron y otros se encerraron en sus casas. Tres horas después llegó un nuevo grupo de fuerzas de orden público al mando del teniente Gregorio Fernández Artal, compuesto por cuatro guardias civiles y doce guardias de asalto. Inmediatamente comenzaron a detener a los presuntos responsables de ataque al cuartel de la Guardia Civil, dos de los cuales, después de ser golpeados, acusaron a dos hijos y al yerno de Francisco Cruz Gutiérrez, apodado “Seisdedos”, un carbonero de setenta y dos años que acudía de vez en cuando a la sede del sindicato de la CNT, y que se habían refugiado en su casa, una choza de barro y piedra. Se intentó tomar la choza por asalto pero los habitantes se atricheraron y, con escopetas, dispararon a los guardias de asalto, produciéndose un muerto y un herido. Pasada la medianoche, llegó a Casas Viejas una unidad compuesta de cuarenta (o noventa según otras fuentes) guardias de asalto, al mando del capitán Rojas, que había recibido la orden del Director General de Seguridad en Madrid, Arturo Menéndez, para que se trasladara desde Jerez y acabara con la insurrección, abriendo fuego “sin piedad contra todos los que dispararan contra las tropas”.


 El capitán Rojas mandó disparar con ametralladora sobre la choza y lanzar bolas de algodón empapadas en gasolina e incendiadas sobre el techo de la misma. Dos de sus ocupantes, un hombre y una mujer, fueron acribillados cuando salieron huyendo del fuego. Seis personas quedaron calcinadas dentro de la choza (probablemente ya habían muerto acribilladas cuando se inició el incendio), entre ellos “Seisdedos”, sus dos hijos, su yerno y su nuera. La única superviviente fue la nieta de “Seisdedos”, María Silva Cruz, conocida como “la Libertaria”, que logró salvar la vida al salir con un niño en brazos. Rojas ordenó a tres patrullas que detuvieran a los militantes más destacados, dándoles instrucciones para que dispararan ante cualquier mínima resistencia. Mataron al anciano Antonio Barberán Castellar, de setenta y cuatro años, cuando volvió a cerrar su puerta tras la llamada de los guardias y gritó “¡No disparéis! ¡Yo no soy anarquista!”. Detuvieron a doce personas y las condujeron esposadas a la choza calcinada de “Seisdedos”. Les mostraron el cadáver del guardia de asalto muerto y a continuación el capitán Rojas y los guardias los asesinaron a sangre fría.
Poco después abandonaron el pueblo. La masacre había concluido. Diecinueve hombres, dos mujeres y un niño murieron. Tres guardias corrieron la misma suerte. La verdad de los hechos tardó en conocerse, porque las primeras versiones situaban a todos los campesinos muertos en el asalto a la choza de “Seisdedos”, pero la Segunda República ya tenía su tragedia. De otras actuaciones de las tropas, según las últimas investigaciones y aclaraciones de lo sucedido, resultaron muertas dos personas más: Rafael Mateos Vela, por bala, y Joaquina Fernández, que recibió una brutal paliza de la que se derivó su muerte. En total veintiséis personas muertas o veintiocho si se consideran otras dos aquejadas de infarto a consecuencia de la tragedia que vivieron esos días.

Conocidos los hechos en el resto de España, se produjo un gran escándalo periodístico y parlamentario que conmocionó a la sociedad española. Los sucesos de Casas Viejas se convirtieron en un grave problema político para el gobierno republicano-socialista de Manuel Azaña (Diego Martínez Barrio, del Partido Republicano Radical, denominó al gobierno de Azaña de “barro, sangre y lágrimas”). Las explicaciones de Azaña ante el congreso no fueron convincentes y se desplazó una comisión parlamentaria a Casas Viejas para emitir un informe de los sucesos. Con ella, fueron dos periodistas que plasmaron lo que allí sucedió en artículos y libros: Ramón J. Sender y Eduardo de Guzmán.la Comisión elaboró un informe definitivo en el que reconoce la existencia de los fusilamientos pero exculpa al Gobierno.
Las primeras dudas sobre la versión oficial (que todas las muertes se habían producido en el asalto a la casa de “Seisdedos”) aparecieron en una crónica del escritor Ramón J. Sender y el periodista Eduardo de Guzmán que habían ido a Casas Viejas y que fue publicada por el periódico La Tierra. Al año siguiente, Ramón J. Sender publicó un libro con el título “Viaje a la aldea del crimen”, en el que reconstruyó los hechos a partir de las declaraciones hechas por los campesinos a los investigadores parlamentarios.


 En julio de 1934, 26 campesinos de Casas Viejas fueron juzgados por los delitos de posesión de armas de guerra y ejecución de actos contra las fuerzas armadas. Diez fueron absueltos y, de los restantes, uno condenado a 6 años de prisión, cuatro a 5 años, dos a 3 años, seis a 2 años y tres a 1 año.
Lo que también es cierto fue que todos los directores de la represión en Casas Viejas se sublevaron posteriormente contra la República en julio de 1936 en el golpe de estado que perpetró el general Franco. El capitán Rojas, que fue condenado por estos sucesos, salió de prisión y se unió a los sublevados, participando activamente en la represión en Granada. Bartolomé Barba, que ya había tenido cargos durante la dictadura de Primo de Rivera, fue uno de los organizadores de la UME (Unión Militar Española), dirigió la represión en Zaragoza y fue gobernador civil con Franco. El general Cabanellas, director general de la Guardia Civil durante los sucesos de Casas Viejas, fue otro de los sublevados contra la República, presidió la Junta de Defensa Nacional hasta que tomó el mando definitivo Franco.

Conviene recordar estos hechos y sí, remover el pasado, por mucho que a algunos les desagrade hacerlo, pues de la represión de los derechos civiles y de las revueltas de los desfavorecidos y oprimidos vienen los grandes cambios, algunos funestos y eternos como el que tuvo lugar en julio de 1936 en este país traumatizado por el clamor de los muertos sin desenterrar en sus fosas.



lunes, 21 de noviembre de 2016

Oda a Afrodita, de Safo

La poetisa Safo nació en la isla de Lesbos, Grecia, en la ciudad de Mitilene, alrededor del año 620 a.C , en el seno de una familia aristocrática. Pasó su infancia y parte de su juventud en Lesbos hasta que en 603 a.c  se vio obligada a exiliarse en Siracusa. Además de su actividad literaria y artística, Safo participó asiduamente en las luchas polítcas que tuvieron lugar en Lesbos y cargó muy duramente contra el tirano Pítaco. Parece ser que incluso estuvo implicada en una conspiración para matarlo, junto a Alceo y otros camaradas, y que descubierta esa conspiración, Pítaco les mando arrestar. Aunque finalmente les perdonó la vida, a cambio hubieron de partir al exilio en Siracusa. Esto ocurrió en torno al año 593 a.C.
Volvería a su tierra natal en el año 595 a.C. ,donde viviría hasta el 560 a.C. dedicándose a la composición y a la educación de las jóvenes aristócratas de la isla de Lesbos, creando la llamada "Casa de las Musas". Esta escuela estaba dedicada a la educación de las jóvenes vírgenes, instruyéndolas en varias artes. A diferencia de otras educaciones destinadas a mujeres casaderas, en esta escuela se celebraba el canto a la boda y no a la maternidad, al placer del amor de una pareja y no a la procreación, buscando el placer de acercarse a la belleza y no a la búsqueda de los hijos. Este ideal de búsqueda de belleza nos remite a la poesía, la danza y la música que allí se cultivaba.

Safo de Milene fue una reconocida poetisa de su época, maestra de la poesía lírica, la cual se cantaba acompañada de una lira, consiguiendo innovarla desde un punto de vista técnico y estilístico. Técnicamente, desarrolló lo que se llama la “estrofa sáfica”. Su obra estaba escrita en dialecto eólico y se caracterizaba por ser la primera vez que se hablaba en primera persona y se trataban sentimientos personales en la poesía, puesto que trataba del amor, cantaba a lo cotidiano, a las contradicciones, las pasiones y las ternuras. Se sabe que Safo amó tanto a mujeres como a hombres, algo que entre los antiguos griegos se consideraba habitual y se  normalizaba, y en sus versos cantó su amor hacia las mujeres sin tapujo alguno, lo cual hizo que a lo largo de los siglos tuviera muchos detractores. Como es bien sabido el nombre de Safo dio origen al término "sáfico", mientras el lugar de su nacimiento, Lesbos es el origen del término "lesbianismo".
Lejos de su misteriosa muerte y de su vida, lo que más nos ha llegado o perdurado es su obra, o más bien la importancia que tuvo ésta, ya que, desgraciadamente, tan sólo conocemos de la misma pequeños fragmentos a través de otros autores. Casi toda su poesía está dedicada a otras mujeres amadas, y alguna a sus hermanos. En total escribió nueve libros de odas, epitalamios o canciones nupciales, elegías e himnos, pero apenas se conserva una mínima parte de ellos. Su poema más importante es la Oda a Afrodita. También conviene decir que, ya en pleno siglo XX , se descubrió un papiro con seis fragmentos de sus poemas y la Oda a las Nereidas.


Aunque su persona tuviera una gran relevancia en su tiempo, el simple hecho de ser mujer la persiguió a lo largo de la Historia. Por expresar abiertamente la atracción que sentía hacia sus discípulas y describir y alabar la relación erótica que puede haber entre dos mujeres (algo que también pasaba en las escuelas griegas masculinas pero que no tenía relevancia ninguna y no era considerado "anormal") le achacaron la falsa imagen de prostituta y perversa sexual.  Safo comenzó a recibir los primeras descalificaciones ya en vida, por parte de diversos autores, principalmente de Atenas, una sociedad donde solamente las cortesanas (hetairas) tenían acceso a la cultura y la vida social, mientras que las demás mujeres se quedaban limitadas al ámbito de lo doméstico sin poder optar a una educación y ocupándose de las labores de la casa. Esto nos da una idea del pensamiento con el que Safo fundó su academia, en un acto de llevar la contraria a las ideas patriarcales atenienses.
A menudo los historiadores y la propia literatura, en su habitual línea de invisibilizar a las mujeres en la Historia, han dejado de lado a Safo, aunque en la Grecia antigua después de su muerte se llegaron a acuñar monedas y erigir estatuas con su imagen, y el mismísimo Platón la elogió y se refirió a ella como la "Décima Musa".



La oda a Afrodita es uno de los poemas más conocidos de Safo. Además, tiene la particularidad de que es probablemente el único poema de ella que nos ha llegado completo. A esta oda, solo le falta un pequeño pedazo al inicio del tercer verso de la quinta estrofa. De los demás poemas de Safo lo que nos ha llegado son estrofas o versos sueltos omenciones en obras de autores contemporáneos.
La obra sáfica es por lo tanto revolucionaria en cuanto estructura y por aportar una visión de mundo desde el paradigma femenino, subvirtiendo la mirada masculina patriarcal que caracterizaba la Edad Arcaica. El mundo heroico, brusco y fuerte de la poesía épica y las gestas militares del pasado, da paso a uno sensible, delicado y suave, es decir, femenino. Safo adopta en su obra una posición subjetiva, tomando como objeto de su arte su propia interioridad; vaciaba su propia alma en el molde de los versos, para que los demás nos identificáramos o nos disociáramos de ellos.

Oh, tú en cien tronos Afrodita reina,
Hija de Zeus, inmortal, dolosa:
No me acongojes con pesar y sexo
Ruégote, Cipria!

Antes acude como en otros días,

Mi voz oyendo y mi encendido ruego;
Por mi dejaste la del padre Zeus
Alta morada.

El áureo carro que veloces llevan

Lindos gorriones, sacudiendo el ala,
Al negro suelo, desde el éter puro
Raudo bajaba.

Y tú ¡Oh, dichosa! en tu inmortal semblante

Te sonreías: ¿Para qué me llamas?
¿Cuál es tu anhelo? ¿Qué padeces hora?
—me preguntabas—

¿Arde de nuevo el corazón inquieto?

¿A quién pretendes enredar en suave
Lazo de amores? ¿Quién tu red evita,
Mísera Safo?

Que si te huye, tornará a tus brazos,

Y más propicio ofreceráte dones,
Y cuando esquives el ardiente beso,
Querrá besarte.

Ven, pues, ¡Oh diosa! y mis anhelos cumple,

Liberta el alma de su dura pena;
Cual protectora, en la batalla lidia
Siempre a mi lado.


jueves, 10 de noviembre de 2016

La Guerra Civil en Sevilla

"Yo os autorizo a matar, como a un perro, a cualquiera que se atreva a ejercer coacción ante vosotros. Que si lo hiciereis así, quedaréis exentos de toda responsabilidad.¿Qué haré?. Pues imponer un durísimo castigo para callar a esos idiotas congéneres de Azaña".
"Por ello faculto a todos los ciudadanos a que, cuando se tropiecen a uno de esos sujetos, lo callen de un tiro. O me lo traigan a mí, que yo se lo pegaré."
"Nuestros valientes legionarios y regulares han enseñado a los rojos lo que es ser hombre. De paso también a las mujeres de los rojos que ahora, por fin, han conocido hombre de verdad y no castrados milicianos. Dar patadas y berrear no las salvará." "Ya conocerán mi sistema: por cada uno de orden que caiga, yo mataré a diez extremistas por lo menos, y a los dirigentes que huyan, no crean que se librarán con ello; les sacaré de debajo de la tierra si hace falta, y si están muertos, los volveré a matar".
 El General Queipo de Llano en Radio Sevilla 



"En memoria de las víctimas que lucharon por la libertad y fueron asesinadas en Triana. Para que no habite el olvido". La placa de crámica conmemorativa hace alusión al poema de Luis Cernuda ( poeta de la Generación del 27 fallecido en el exilio) titulado 'Donde habite el olvido'. Se colocará en el barrio de Triana de Sevilla, con acuerdo de todos los grupos municipales y con abstención de Ciudadanos y PP, para recordar a los que fueron asesinados por las fuerzas rebeldes tras el golpe de Estado en el arranque de la guerra civil española.
 La zona este de Andalucía, Sevilla, Huelva y Cádiz, cayó rápido en manos golpistas. La represión franquista sembró de terror cada localidad a su paso. El barrio de Triana destacó por su oposición a las tropas franquistas que pretendían derrocar al Gobierno de la Segunda República. "Existen documentos gráficos sobre asesinatos que se produjeron entre la actual calle Pelay Correa y Rodrigo de Triana, siendo por tanto calles que simbolizan la resistencia al fascismo", lugar donde se colocará la placa. (Diario de Andalucía)
La sublevación fascista en Sevilla sobrevino en las primeras horas del Alzamiento a partir de un golpe de efecto del propio Queipo, a cargo de las fuerzas armadas en Sevilla en esos días, que según celebran sus hagiógrafos redujo por sí mismo y sin disparar un solo tiro a los oficiales que estaban presentes en la Comandancia General.O los mandaría disparar, mientras se oía su voz tenebrosa por los micrófonos de Unión Radio Sevilla EAJ-5, amenazando a todos los alrededores: "Y ahora tomaremos Utrera, así que vayan sacando las mujeres sus mantones de luto".
En torno a la figura de Queipo de Llano se construyó una leyenda que pretendía exagerar su valor y su astucia. Se hizo creer que Queipo tomó Sevilla con solo un puñado de soldados y que consiguió que los barrios de izquierdas se rindieran simplemente paseando a tropas moras montadas en camiones. En realidad los golpistas contaron con varios miles de soldados, casi toda la guarnición de Sevilla excepto la Guardia de Asalto y la base de Tablada. Una crónica anónima titulada Historia del alzamiento glorioso de Sevilla y publicada en 1937 detalla los nombres de 5782 hombres que lucharon en el bando sublevado aquellos días. Los barrios de izquierdas solo fueron conquistados tras violentos combates.


Sin embargo, en aquella Sevilla que apenas notó la guerra civil, se cuentan hasta 3028 muertes sumarísimas desde mediados de julio de 1936 hasta enero de 1937. Ejecuciones sin juicio previo, y entre sus víctimas figuran nombres ilustres como los de Blas Infante, el notario de Coria que había abanderado el proyecto andalucista, el diputado José González y Fernández de la Bandera o el alcalde sevillano Horacio Hermoso. Claro que también exportó la muerte a otras provincias, como detalla Francisco Espinosa en su libro "1936-1945, la justicia de Queipo", en una espiral represiva que se extendió a toda la II División, que englobaba a las provincias de Sevilla, Huelva, Cádiz, Córdoba, Málaga y Badajoz.
En el bando opuesto murieron un total de 13 personas, incluyendo tanto bajas en combate como civiles linchados por partidarios del Gobierno. Sevilla se convirtió en una de las bases principales de los sublevados, que desde allí lanzaron ofensivas sobre Huelva (julio 1936), Madrid (por Extremadura) (agosto 1936) y Málaga (enero-febrero 1937).

Fosa común en el cementerio de Sevilla
En la capital andaluza Queipo contaba, en principio, con el respaldo de un célebre torero llamado José García Carranza "El Algabeño", que en principio le había ofrecido mil quinientos falangistas que se vieron, sin embargo, reducidos a quince a los que se sumaron otros setenta, tras ser liberados de la cárcel. Ese fue el núcleo de un grupo de pistoleros que aterrorizó inicialmente a la ciudad y que luego sembró el miedo en los campos, una "policía montada", que llegó a utilizar garrochas para reducir a los campesinos fugitivos, en una sórdida atmósfera donde abundaban piquetes falangistas o requetés, sin descuidar a los paramilitares.Emulando sus tardes de gloria taurina, hay algún testimonio que asegura que El Algabeño llegó a torear a algunos presos utilizando su fusil como muleta. Autor de numerosos crímenes de guerra, el diestro de La Algaba murió como consecuencia de las heridas sufridas en la batalla de Lopera contra las Brigadas Internacionales. Eso sí, en virtud de sus méritos, Franco le nombró a título póstumo teniente honorario de Caballería.



La represión de Queipo no acabó en los paredones y en las cárceles que muy pronto se multiplicaron. También en las prohibiciones. Prohibido el luto. Prohibido inscribir a los muertos. Prohibido hacer fotografías en todo el territorio sublevado.Dejando aparte anécdotas hagiográficas escritas por amigos del general Queipo, la toma consolidada de Sevilla en los días siguientes por el Tercio y los Regulares llegados de Cádiz se produce por el empleo indiscriminado de la artillería y del salvaje terror africanista en los barrios que resistían. Para reducir los costes de la rebelión ante posibles represalias y como respuesta a la resistencia de los adversarios, los golpistas habían acordado emplear en territorio español las mismas medidas represivas y de escarmiento de Marruecos; una combinación brutal de detenciones, violaciones, fusilamientos, emasculaciones y otras sevicias. Los crímenes, sin ningún tipo de juicio, declaración o defensa se sucedieron generalmente junto a los cementerios o en las cunetas de las carreteras. En los libros registros civiles de juzgados y en los de cementerios puede leerse: «Desconocido o bien Fulano [...] fallecido el día XX de julio de 1936 a las [en blanco] a consecuencia de aplicación del bando de guerra». En otros casos el médico certificaba lo evidente «por herida de bala, hemorragia, anemia aguda, etc.». La acusación era verbal, sobre la base de delaciones, listas negras o informes oficiosos, en todo caso consentidos o inducidos por la autoridad militar: se los llevaban y eran fusilados en el acto. En los escasos registros o sumarios encontrados, las víctimas civiles fueron acusadas de «delitos» como ser votante de izquierda, ser familia de republicanos destacados, haber discutido con alguien de política o haber mirado mal al cura. Cualquier cosa, por insignificante que fuera, podía ser motivo para el escarmiento.
Utilizó los medios de comunicación de su época -el micrófono, el teléfono o el telégrafo-para imponer su ley al grito de "dadles café", el acrónimo de "Camaradas Arriba Falange Española" (se dice que esta fue la orden que dio para mandar ejecutar a Lorca).
Más de ocho mil españoles leales a la Segunda República fueron ejecutados en la provincia de Sevilla por orden del general Gonzalo Queipo de Llano, nacido en Tordesillas, a quien se le otorgó un marquesado que en el primer mandato de Rajoy renovó Alberto Ruiz Gallardón, como ministro de Justicia, y Juan Carlos I como Rey de España. Otra paradoja de su posteridad: sus restos mortales siguen enterrados en la capital hispalense, en la capilla de La Macarena, el barrio que él contribuyó a reprimir a sangre y fuego junto con el de Triana o San Julián.


Así pues, un asesino del régimen franquista tiene su tumba en un sitio ilustre en la ciudad de Sevilla, con el conocimiento y el beneplácito de la Iglesia, mientras otros miles de víctimas suyas no sólo permanecen aún bajo tierra en fosas comunes, sino que según el partido en el poder no merecen siquiera una placa que conmemore sus asesinatos.

Conocí a una persona que llevaba el apellido de Queipo de Llano con orgullo en Sevilla. Y yo me sorprendí de que no lo ocultara ni agachara la cabeza avergonzada. Qué ingenua puedo llegar a ser.


Fuentes: Diario de Andalucía, Wikipedia

viernes, 4 de noviembre de 2016

La quema de sujetadores

El 7 de septiembre de 1968, un grupo formado por medio millar de mujeres decidió protestar y manifestarse a favor de la liberación femenina en el marco de la elección de Miss América en New Jersey, Estados Unidos, lideradas por el colectivo "Mujeres radicales de Nueva York". 

LLegaron en autobuses desde Nueva York, Boston, Washington, y se instalaron en el malecón de Atlantic City, en las afueras del Centro de Convenciones, donde se llevaba a cabo el concurso. Consideraban sexistas los concursos de belleza, y con la consigna "No More Miss America", las feministas hicieron un decálogo con sus críticas al concurso. Además de compararlo con una exposición vacuna ,donde se calificaba y puntuaba a las mujeres como si fueran reses, también lo consideraban militarista, dado que "Miss America" visitaba a las tropas estadounidenses en el extranjero. Entre otras críticas se señalaba que el concurso era racista, capitalista y que incentivaba la obsesión de las mujeres con cierto ideal de belleza y que proyectaba una imagen de mujer sumisa y apolítica. Paralela a la protesta feminista se desarrollaba una que atacaba a Miss America por su racismo, y que básicamente era una versión del Miss America para mujeres negras. La primera edición del concurso Miss Black America se desarrolló muy cerca de donde se desarrollaba la final de Miss America 1968. Las feministas no apoyaron la realización del concurso Miss Black America, porque consideraban todos los concursos de belleza como sexistas. 

El símbolo de la protesta era el "Basurero de la Libertad", que no era más que un cubo de basura al que las feministas arrojaban lo que consideraban instrumentos de tortura opresores como fajas, zapatos de tacón alto, pestañas postizas y ejemplares de revistas sexistas como Playboy o Cosmopolitan. Pretendían quemar el contenido del basurero y la policía se lo impidió. Sin embargo eWashington Post publicó al día siguiente un artículo que decía:“La parte final y más trágica de la protesta tuvo lugar cuando varias mujeres quemaron públicamente sus sostenes”. Lindsy Van Gelder publicó en el New York Post un reportaje con el titular "Bra Burners and Miss America."
La quema de sostenes se transformó en el paralelismo feminista de la quema de las tarjetas de reclutamiento que hacían los jóvenes que se negaban a ser reclutados en las tropas estadounidenses que luchaban en la guerra de Vietnam.  La quema de sostenes pasó entonces a ser un símbolo de las protestas feministas creado por la prensa. 
Como legado de la protesta feminista contra el Miss America 1968,  el Movimiento de Liberación de la Mujer y la discusión sobre los estándares de belleza se pusieron en el centro del debate nacional de Estados Unidos. El feminismo ganó una presencia en los medios de comunicación inédita hasta entonces.
Aunque falsa, la no-noticia se propagó rápidamente. Se introdujo en la audiencia norteamericana primero y mundial después de la extravagante visión de un sostén ardiendo como forma de protesta. Desde entonces, la quema de sujetadores (lo que suele llamarse ‘bra-burning’, y a sus protagonistas, ‘bra-burners’) se convirtió en una especie de símbolo universal de la liberación femenina hasta extremos ridículos, porque la verdad es que nadie se llegó a plantear seriamente más allá de la anécdota por qué las mujeres usan sujetador y por qué algunas habían decidido no llevarlo. “El uso de esta imagen quería poner de manifiesto la idea de que el feminismo no sólo rechazaba ser objeto del deseo, sino que también trataba de destruir la imagen femenina, privando así a los hombres del placer de contemplarla y mostrando una envidia poco fraterna hacia otras mujeres más atractivas. Pero la conexión inicial con la protesta por la elección de Miss América se olvidó”, reflexiona la autora inglesa Paula Nicolson en ‘Poder, género y organizaciones’.

Recuerdo cuando era una veinteañera despreocupada y en una excursión a la playa con unas amigas hablamos del tema de los sujetadores.
Una de ellas nos habló de lo opresivos que son, de que las tetas tienen que ser libres, de que teníamos que hacer "top less", mientras miraba con reprobación la parte superior de nuestro bikinis. Ella era una chica con poco pecho y corría y jugaba a las palas despreocupada por la playa con sus pechos casi aniñados. La otra chica y yo, ambas tetonas, nos miramos encogiendo los hombros, resignadas a no poder gozar de esa libertad por nuestros pechos grandes y colgones. Ella, la chica con pequeñas tetas, no podía entender lo que era correr y sentir dolor por el movimiento de las mamas. Ni sentir las miradas lascivas y repugnantes de los viejos verdes clavarse a través de la ropa por la calle. ¿No llevar sujetador? ¡Impensable! No, las chicas con poco pecho no lo pueden entender, pensamos.
Está muy bien lo de quemar los sujetadores cuando no tienes una masa de carne hipersexualizada pegada a tu tórax a la que cualquiera se siente con derecho a mirar y criticar, desear o hacer objeto de fantasías lúbricas. Yo quiero aprisionarla en un sujetador reductor, invisibilizarla, minimizarla, disimularla con ropa ancha y encorvarme para que no resalte en mi cuerpo ávido de no llamar la atención, de  no recibir piropos callejeros, agresiones verbales de hombres desconocidos que sólo ven en mí un par de tetas a las que les gustaría estrujar sin considerar que soy una mujer con sentimientos que tiene derecho a caminar por la calle sin saberse objeto de semejantes deseos.
Pasas los años encorvada, llevando sujetadores que te dañan la espalda y se clavan en la piel, evitando correr y moverte demasiado en público por temor a que los pechos resalten y se muevan y algún voyeur te lance una mirada de dominación.
Hasta que te haces consciente de que no hay derecho. Las tetas son una parte más de nuestros cuerpos a las que se le ha otorgado un valor sexual desmesurado. Yo me lo creí, me creí que había que aprisonarlas. Me creía de verdad que sin sujetador dolían al correr. Y sin embargo todo mi anhelo al llegar a casa era quitármelo y lanzarlo al aire.
Con los años las  tetas se van cayendo, se mueven más, y no pasa nada, no duelen.
Quiero correr por la calle y me da igual que se muevan, como se mueve un michelín. No pasa nada, no es sexo. Me han tenido, me he tenido engañada demasiado tiempo.
Soy tetona y no me creo el discurso del sujetador, las quiero libres, pero me sigue dando miedo de las miradas de ellos por la calle. Y por eso no sé si algún día podré quemar mis sujetadores.