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viernes, 5 de octubre de 2018

El fin de la amistad frente al amor romántico

En nuestra sociedad actual damos mucha más importancia a las relaciones de pareja y a todo lo que les rodea, y las personas que no estamos emparejadas ni creemos en la pareja como forma de vida lo sabemos muy bien.

Siempre una persona con pareja va a supeditar todo a su emparejamiento y a sus hijos, en caso de tenerlos, y eso no tiene por qué ser ley natural. Ya se han analizado bien en profundidad en este blog todos los aspectos cuestionables de la familia nuclear occidental y del amor romántico, y de lo limitantes y dañinos que resultan en el desarrollo y en los vínculos sociales de las personas.
Quienes no nos sometemos a estas normas sociales también pagamos un alto precio por ello, porque las personas a las que queremos suelen formar parte de una pareja o familia nuclear, lo que nos exlcuye de la mayoría de los aspectos de sus vidas.
El precio de no creer en el sistema y de cuestionarlo son la soledad y la exclusión.


En esta sociedad la amistad es algo accesorio y secundario, algo prescindible y que ante la pareja queda totalmente eclipsada.
Y el error es que la amistad es absolutamente necesaria, es la base de todas las relaciones entre humanos, porque la amistad es la primera consecuencia del amor en su amplio sentido y a partir de allí se construyen todas las demás relaciones humanas, del tipoque sean. El amor no se construye solo, no está basado en la nada o sólo en la atracción sexual. El amor, en toda la extensión de la palabra, es amistad. Y de igual modo que ninguna amistad puede salir adelante si no hay amor entre los amigos, ningún amor puede sobrevivir a la falta de amistad.
El problema es que en este contexto social confundimos "amor" con "amor romántico y/o sexualidad" y "amistad" con tener un conocido o un grupo de conocidos con quienes compartir una actividad o afición. Así, las relaciones humanas se van vaciando de contenido y se quedan en una cáscara hueca. Tengo miles de amigos en redes sociales, amo a esa persona con la que convivo y tengo hijos, pero en el fondo el vínculo y el afecto son circunstanciales y muy tibios.


No podemos vivir sin amigos, no podemos pretender llenar todos nuestros vacíos con un solo humano al que nos sentimos vinculados tal vez por amor pero sobre todo la mayoría de las veces por la obligación y la presión social. Eso sí que es soledad, y no la de quienes decidimos no convivir con una pareja. No hay peor soledad que la que no se reconoce.

De ahí que vivamos en mundo de proyecciones, de imágenes, de narcisismo ante una pantalla y no de un verdadero intercambio entre seres que se miran a la cara y al interior. Yo con mi pareja, mis hijos, mi casa, mi familia, mi, me conmigo. Y lo demás es accesorio y sobra porque me hace salir del ensimismamiento de mi vida socialmente aceptada y libre de autorreproches.


martes, 25 de septiembre de 2018

Cada uno tiene su vida: sociedad del egoísmo

"Cada uno tiene su vida" es una frase hecha que utilizamos para justificar que no nos ayudemos los unos a los otros porque siempre hay cosas más importantes que hacer. A veces pregunto a un paciente si tiene apoyo en su padecimiento y dice que no, que tiene amigos y familiares pero que "cada uno tiene su vida" y, claro, cómo van a dedicar unas horas de su tiempo precioso para confortar, escuchar o apoyar, ni mucho menos cuidar, a un amigo o familiar que sufre. A muchos les da apuro pedir ayuda cuando lo necesitan porque éstos tienen que cuidar de su propia familia (nuclear).


Y así es como venimos justificando la soledad y la deshumanización de este salvaje mundo capitalista, neoliberal y posmoderno, porque cada uno tiene su vida, en la que sólo tienen cabida los miembros de su familia nuclear, a los que hay que cuidar y mantener porque no hay estructuras sociales que ayuden a las familias a sacar adelante a sus miembros más débiles y dependientes. Quien no ha formado una no tiene vida ni derecho a que otros le dediquen un poco de la suya, pues están fuera del sistema de cuidados y apoyo impuesto basado en el amor filial y conyugal.


Si eres una mujer soltera y no tienes hijos eres un cero a la izquierda para esta sociedad occidental y moderna, no vales para nada, eres un desecho que no ha cumplido con el mandato de procrear y por tanto mereces el ostracismo de esta sociedad heteropatriarcal en la que el centro es la familia nuclear capitalista absorta en sí misma como unidad de sostén. Sólo las relaciones románticas y de pareja son significativas, aun cuando en pareja la gente esté sola y desvalida física y emocionalmente. El egoísmo a dúo es lo que se lleva, ese egoísmo de yo te cuido, tú me cuidas, ambos nos cuidamos de las injerencias externas que nos distraigan de nuestro mutuo ensimismamiento insolidario y que mantiene la estructura de esta sociedad.

A una mujer soltera sin hijos se le presupone todo el tiempo del mundo para desperdiciar "egoístamente" en sí misma, porque las mujeres tenemos que cuidar siempre, a los hijos, a los ancianos, a los maridos, a los enfermos de otros que tienen menos tiempo que nosotras (hombres con más status económico y profesional). No se te permite tampoco entrar en esas otras vidas cerradas a cal y canto a cuidar, no sólo a ser cuidada, porque no es cosa tuya, y porque eres objeto de envidias.

Tu tiempo es tu condena, objeto de envidias y reproches más o menos velados, porque el tiempo que empleas en tus estudios, en tu formación, en tu salud, en tu autocuidado, es un tiempo perdido que deberías haber dedicado a los que sí cuidan de verdad porque han procreado o retroalimentan el sistema.
Y ese tiempo precioso que malgastas en ti misma o en seres que no son niños, es objeto de las envidias de quienes no lo poseen y se escudan en que lo que te mueve es el egoísmo. Y lo hacen pagar bien caro, con su indiferencia, con su distancia, con su desprecio de lo que te preocupa, con su aire de superioridad moral...

Así el sistema se autoperpetúa, se cierra el círculo, y "cada uno tiene su vida", apartado de las vidas de los demás, centrado en sus propias necesidades y sin conciencia de que un mundo más solidario y más cuidadoso con el otro nos haría vivir vidas más ricas y plenas.



miércoles, 20 de junio de 2018

Rajoy, ese gran hombre impuntual

Ayer los medios de comunicación del stablishment ensalzaban al expresidente del gobierno, ese señor que comparecía en plasma para impedir que los periodistas le pusieran la cara colorada cuando anunciaba medidas de recortes sociales abusivas, o de rescate de los bancos, o de leyes mordazas.
Ese que dejó la ley de Memoria Histórica con un presupuesto 0 y que decía que no entraba en "esas cosas" del feminismo (léase brecha salarial y asesinatos machistas). El mismo que abrió heridas terribles en Cataluña y que miró a otra parte cuando mataron a balazos de goma a personas que entraban nadando en una playa de Melilla para salvar sus vidas.
Ese señor que no ha sido capaz de hilar respuestas coherentes ni discursos mínimamente elaborados y que cuando se veía levemente confrontado se hacía la picha un lío y soltaba estupideces. Nos reíamos, sí, con lo del vecino y el alcalde y lo de la europea, y esas cosas, pero la realidad es que un presidente del gobierno que no es capaz de  argumentar con solidez da mucha vergúenza.
Ha salido del gobierno por un acúmulo de circunstancias vergonzantes, como que ha mentido descaradamente al declarar en un tribunal en una trama de corrupción en el partido que lidera, algo que debería condenarlo al ostracismo social y político.
Pero los medios lo alaban por rechazar su escaño de diputado e incorporarse a su cómodo puesto de registrador de la propiedad ganado a la primera a los 22 años (qué tipo más brillante) al que resulta que llega 50 minutos tarde el primer día.
Ese gran hombre llega 50 minutos tarde a su primer día de trabajo después de casi 30 años de excedencia. Me pregunto, ¿qué nos pasa a cualquier españolito de a pie si llegamos tarde a nuestro puesto de trabajo el primer día?
Pues eso.
Iguales, y una mierda.

El gran hombre corrupto

viernes, 4 de noviembre de 2016

La quema de sujetadores

El 7 de septiembre de 1968, un grupo formado por medio millar de mujeres decidió protestar y manifestarse a favor de la liberación femenina en el marco de la elección de Miss América en New Jersey, Estados Unidos, lideradas por el colectivo "Mujeres radicales de Nueva York". 

LLegaron en autobuses desde Nueva York, Boston, Washington, y se instalaron en el malecón de Atlantic City, en las afueras del Centro de Convenciones, donde se llevaba a cabo el concurso. Consideraban sexistas los concursos de belleza, y con la consigna "No More Miss America", las feministas hicieron un decálogo con sus críticas al concurso. Además de compararlo con una exposición vacuna ,donde se calificaba y puntuaba a las mujeres como si fueran reses, también lo consideraban militarista, dado que "Miss America" visitaba a las tropas estadounidenses en el extranjero. Entre otras críticas se señalaba que el concurso era racista, capitalista y que incentivaba la obsesión de las mujeres con cierto ideal de belleza y que proyectaba una imagen de mujer sumisa y apolítica. Paralela a la protesta feminista se desarrollaba una que atacaba a Miss America por su racismo, y que básicamente era una versión del Miss America para mujeres negras. La primera edición del concurso Miss Black America se desarrolló muy cerca de donde se desarrollaba la final de Miss America 1968. Las feministas no apoyaron la realización del concurso Miss Black America, porque consideraban todos los concursos de belleza como sexistas. 

El símbolo de la protesta era el "Basurero de la Libertad", que no era más que un cubo de basura al que las feministas arrojaban lo que consideraban instrumentos de tortura opresores como fajas, zapatos de tacón alto, pestañas postizas y ejemplares de revistas sexistas como Playboy o Cosmopolitan. Pretendían quemar el contenido del basurero y la policía se lo impidió. Sin embargo eWashington Post publicó al día siguiente un artículo que decía:“La parte final y más trágica de la protesta tuvo lugar cuando varias mujeres quemaron públicamente sus sostenes”. Lindsy Van Gelder publicó en el New York Post un reportaje con el titular "Bra Burners and Miss America."
La quema de sostenes se transformó en el paralelismo feminista de la quema de las tarjetas de reclutamiento que hacían los jóvenes que se negaban a ser reclutados en las tropas estadounidenses que luchaban en la guerra de Vietnam.  La quema de sostenes pasó entonces a ser un símbolo de las protestas feministas creado por la prensa. 
Como legado de la protesta feminista contra el Miss America 1968,  el Movimiento de Liberación de la Mujer y la discusión sobre los estándares de belleza se pusieron en el centro del debate nacional de Estados Unidos. El feminismo ganó una presencia en los medios de comunicación inédita hasta entonces.
Aunque falsa, la no-noticia se propagó rápidamente. Se introdujo en la audiencia norteamericana primero y mundial después de la extravagante visión de un sostén ardiendo como forma de protesta. Desde entonces, la quema de sujetadores (lo que suele llamarse ‘bra-burning’, y a sus protagonistas, ‘bra-burners’) se convirtió en una especie de símbolo universal de la liberación femenina hasta extremos ridículos, porque la verdad es que nadie se llegó a plantear seriamente más allá de la anécdota por qué las mujeres usan sujetador y por qué algunas habían decidido no llevarlo. “El uso de esta imagen quería poner de manifiesto la idea de que el feminismo no sólo rechazaba ser objeto del deseo, sino que también trataba de destruir la imagen femenina, privando así a los hombres del placer de contemplarla y mostrando una envidia poco fraterna hacia otras mujeres más atractivas. Pero la conexión inicial con la protesta por la elección de Miss América se olvidó”, reflexiona la autora inglesa Paula Nicolson en ‘Poder, género y organizaciones’.

Recuerdo cuando era una veinteañera despreocupada y en una excursión a la playa con unas amigas hablamos del tema de los sujetadores.
Una de ellas nos habló de lo opresivos que son, de que las tetas tienen que ser libres, de que teníamos que hacer "top less", mientras miraba con reprobación la parte superior de nuestro bikinis. Ella era una chica con poco pecho y corría y jugaba a las palas despreocupada por la playa con sus pechos casi aniñados. La otra chica y yo, ambas tetonas, nos miramos encogiendo los hombros, resignadas a no poder gozar de esa libertad por nuestros pechos grandes y colgones. Ella, la chica con pequeñas tetas, no podía entender lo que era correr y sentir dolor por el movimiento de las mamas. Ni sentir las miradas lascivas y repugnantes de los viejos verdes clavarse a través de la ropa por la calle. ¿No llevar sujetador? ¡Impensable! No, las chicas con poco pecho no lo pueden entender, pensamos.
Está muy bien lo de quemar los sujetadores cuando no tienes una masa de carne hipersexualizada pegada a tu tórax a la que cualquiera se siente con derecho a mirar y criticar, desear o hacer objeto de fantasías lúbricas. Yo quiero aprisionarla en un sujetador reductor, invisibilizarla, minimizarla, disimularla con ropa ancha y encorvarme para que no resalte en mi cuerpo ávido de no llamar la atención, de  no recibir piropos callejeros, agresiones verbales de hombres desconocidos que sólo ven en mí un par de tetas a las que les gustaría estrujar sin considerar que soy una mujer con sentimientos que tiene derecho a caminar por la calle sin saberse objeto de semejantes deseos.
Pasas los años encorvada, llevando sujetadores que te dañan la espalda y se clavan en la piel, evitando correr y moverte demasiado en público por temor a que los pechos resalten y se muevan y algún voyeur te lance una mirada de dominación.
Hasta que te haces consciente de que no hay derecho. Las tetas son una parte más de nuestros cuerpos a las que se le ha otorgado un valor sexual desmesurado. Yo me lo creí, me creí que había que aprisonarlas. Me creía de verdad que sin sujetador dolían al correr. Y sin embargo todo mi anhelo al llegar a casa era quitármelo y lanzarlo al aire.
Con los años las  tetas se van cayendo, se mueven más, y no pasa nada, no duelen.
Quiero correr por la calle y me da igual que se muevan, como se mueve un michelín. No pasa nada, no es sexo. Me han tenido, me he tenido engañada demasiado tiempo.
Soy tetona y no me creo el discurso del sujetador, las quiero libres, pero me sigue dando miedo de las miradas de ellos por la calle. Y por eso no sé si algún día podré quemar mis sujetadores.


viernes, 8 de julio de 2016

Dolce far niente

"Hay muchas formas de disfrutar “il dolce far niente” y para cada persona puede haber una diferente. Lo importante es que sea algo que se pueda disfrutar, que haya un balance entre estar ocupado y tener tiempo de no hacer nada, de descansar sin necesidad de estar ‘produciendo’. Lo dulce de no hacer nada significa llegar al punto en el que no hay nada en exceso, sólo lo suficiente" (Nardone, 2009)


“Dolce far niente” de John William Godward

En italiano "dolce far niente" viene a significar "ociosidad que resulta agradable". Me pregunto en qué momento de nuestro devenir como animales humanos dejamos de considerar cualquier ocio como agradable. 
Cualquier otra especie animal invierte su tiempo de vida en alimentarse y realizar sus funciones vitales y sobre todo en descansar plácidamente, pero nosotros tenemos desde hace unos siglos el deber de producir y trabajar. No es pues algo "natural y biológico". Es algo dado por la sociedad de consumo en que vivimos. Y en esta sociedad en que "el tiempo es oro", literalmente, nuesta ociosidad es también un bien de consumo, aparte de horas de trabajo que le quitamos al capitalista.
Por eso está mal visto estar ocioso, y hasta la pereza es un pecado.

Hay frases que nos enseñan a evitarlo como la peste:


"Así corrompe el ocio al cuerpo humano, como se corrompen las aguas si están quedas".
Ovidio (43 AC-17) Poeta latino.

"Estar en ocio muy prolongado, no es reposo, es pereza".
Séneca (2 AC-65) Filósofo latino.

"La ociosidad camina con lentitud, por eso todos los vicios la alcanzan".
San Agustín (354-430) Obispo y filósofo.

"Nada torna a la gente más desnaturalizada e insubordinada que una larga y constante ociosidad".
Stefan Zweig (1881-1942) Escritor austriaco.

Sin embargo es más posible que lo que resulte insoportable del estado de ociosidad a la mayoría de las personas sea el tener que afrontar los conflictos y los pensamientos más profundos del propio yo.
Mientras se está sumergido en una actividad que impide la instrospección no llegamos a conocernos a nosotros mismos y la relativa paz que procura el cumplimiento del deber impuesto y el desconocimiento de las heridas que no se ven la vida transcurre con calma y sin turbulencias.
El dolce far niente permite la introspección desde la relajación, la pausa, el descanso, la elección del ritmo de vida, la contemplación del entorno y del otro, de uno mismo, del fluir de la vida... 
El dolce far niente es indispensable para una vida plena y auténtica.


John William Godward


viernes, 6 de mayo de 2016

El miedo a la libertad

"¿Por qué la vida del hombre es tan diferente de la del cordero? Su historia se escribió con sangre; es una historia de violencia constante, en la que la fuerza se usó casi invariablemente para doblegar su voluntad. ¿Exterminó Talaat Pachá por sí solo millones de armenios? ¿Exterminó Hitler por sí solo a millones de judíos? ¿Exterminó Stalin por sí solo a millones de enemigos políticos? Esos hombres no estaban solos, contaban con miles de hombres que mataban por ellos y que lo hacían no sólo voluntariamente, sino con placer."
Erich Fromm

En su obra "El miedo a la libertad", Fromm hace una interesante reflexión sobre cómo tiende a reaccionar el ser humano cuando se siente liberado de las fuerzas opresoras que le han impedido desarrollarse como personas durante siglos. En contra de lo que podamos pensar, tiende a surgir un sentimiento de vacío e inseguridad en este proceso de verse libre de la autoridad.
Para entenderlo, en este proceso de volverse libre de la autoridad, los humanos quedan con sentimientos de desesperanza (Fromm compara esto al proceso de individualización de un niño como parte de su desarrollo) que no desaparecerán hasta que usen la libertad positiva y desarrollen un reemplazo para el orden u opresión que conocían antes. Sin embargo, un sustituto común para la libertad positiva o la autenticidad es someterse a un sistema autoritario que reemplace el orden anterior con una apariencia exterior diferente pero con la misma función para el individuo: eliminar la incertidumbre prescribiendo qué pensar y cómo actuar.
 Para Fromm el principal mecanismo de evasión de este sentimiento de vacío que genera la liberación delas fuerzas opresoras es el autoritarismo, que se trata de abandonar la independencia propia para juntarse con algo y conseguir la fuerza y seguridad que no se poseen con la propia individualidad. Entendiendo esto, y el contexto histórico, es fácil entender por qué Hitler llega al poder. Y todos los fascismos.
A. Hitler



El autor añade a su tesis otro mecanismo de evasión: la conformidad automática, muy común en la sociedad moderna. Consiste en la adopción por completo del tipo de personalidad que rige la cultura, lo que produce la pérdida total de la propia personalidad. Este comportamiento se presenta cuando la gente incorpora inconscientemente las creencias, normativas y procesos de razonamiento de su sociedad y las experimenta como si fueran propias. Esto no les permite tener pensamientos libres genuinos. Esto quiere decir que el individuo se cree libre por liberarse de ataduras externas y por poder expresar lo que cree que son sus opiniones propias, que no es más que una síntesis de lo que opinan los demás.
 Fromm también expone que el modo de educar crea barreras a la libertad, ya que a los niños se les enseña siguiendo un modelo social consiguiendo de este modo una disminución de la capacidad crítica del niño. Esta es la causa de la inseguridad del hombre moderno y de que tome como propias las opiniones de los demás, es decir, que el hombre moderno se refugia entre las masas para no sentirse desplazado ni inseguro, con lo cual al final acepta cualquier ideología.
 Pero cuando el hombre dice lo que realmente quiere y no se refugia en lo que opina y dice la mayoría, ese hombre aún conserva su capacidad crítica.
Erich Fromm

Erich Fromm afirma, en su obra El corazón del hombre, que el ser humano actual se caracteriza por su pasividad y se identifica con los valores del mercado porque el hombre se ha transformado a sí mismo en un bien de consumo y siente su vida como un capital que debe invertirse provechosamente. El hombre se ha convertido en un consumidor eterno, y el mundo para él no es más que un objeto para calmar su apetito.
Según el autor, en la sociedad actual el éxito y el fracaso se basan en saber "invertir" la vida. El valor humano se ha limitado a lo material, en el precio que pueda obtener por sus servicios y no en lo espiritual (cualidades de amor,  razón, capacidad artística). La autoestima en el ser humano depende de factores externos y de sentirse triunfador con respecto al juicio de los demás. Por eso se vive pendiente de los otros, y que la seguridad reside en la conformidad; en no apartarse del rebaño. El individuo debe estar de acuerdo con la sociedad, ir por el mismo camino y no apartarse de la opinión o de lo establecido por ésta.
Para que la sociedad de consumo funcione bien, necesita una clase de individuos que cooperen dócilmente en grupos numerosos que quieren consumir más y más, cuyos gustos estén estandarizados y que puedan ser fácilmente influidos y anticipados. Este tipo de sociedad necesita miembros que se sientan libres o independientes, que no estén sometidos a ninguna autoridad o principio o conciencia moral y que, no obstante, estén dispuestos a ser mandados, a hacer lo previsto, a encajar sin roces en la máquina social. Los hombres actuales son guiados sin fuerza, conducidos sin líderes, impulsados sin ninguna meta, salvo la de continuar en movimiento, de avanzar. Esta clase de individuo es el autómata, persona que se deja dirigir por otra.

El humano debe trabajar para satisfacer sus deseos, los cuales son constantemente estimulados y dirigidos por la maquinaria económica. 
Y en esto nos hemos convertido en nuestro miedo a ser libres. Somos un engranaje en la poderosa maquinaria del sistema capitalista.

lunes, 18 de abril de 2016

Fiestas pervertidas

"la fiesta es un exceso tolerado e incluso ordenado", "es la violación solemne de una prohibición"
S. Freud
Por lo que he visto, dos rasgos definen la fiesta a nivel antropológico:
1) La ruptura con lo cotidiano, es decir, los hábitos, la organización social y los tabúes. 
2) La liberación explosiva de los instintos, aspiraciones y sentimientos.
La idea de ruptura, de saltarse las normas es indisociable de la fiesta, como Freud decía. Hay autores muy reputados que defienden que la fiesta está casi indisolumente unida a lo sagrado, a la divinidad, al culto y no se podría entender el fenómeno de la fiesta sin las religiones.
Ejemplo ilustrativo de fiesta pervertida

En las sociedades industriales y consumistas se integran todas las manifestaciones de la vida colectiva en un circuito de producción/consumo y consecuentemente se deterioran las relaciones interpersonales. Y, si a veces se habla de "civilización del ocio", también en ella la fiesta queda atrapada en una organización y comercialización del tiempo libre que la priva de sus valores propios.Y ni siquiera la escasez de formas bajo las que parece sobrevivir esa imagen de la fiesta colectiva, se escurre de la dinámica de la sociedad de consumo, que la organiza y comercializa de acuerdo con su previsible rentabilidad.

Maltrato hasta la muerte de animales en fiestas

Partiendo de estas bases y sobre todo del último concepto que nos habla de una "perversión" (así lo llamo yo) de la fiesta en la sociedad de consumo, convertida por tanto en un bien que se vende y que pierde su esencia, quisiera abundar en el fenómeno de estas "fiestas pervertidas", convertidas en objetos de consumo y que como buenas fiestas siguen siendo canales para la liberación de los instintos de la muchedumbre alienada por esa misma sociedad neoliberal que la pone a su servicio con oscuros fines. Los elementos comunes y casi exclusivos de esas fiestas desvirtuadas son:
-El consumo excesivo y exagerado de alcohol como droga principal, haciendo de anestésico moral y desinhibidor de la conducta reprimida.
-La música rítmica a muy elevado volumen hasta que se convierte en una suerte de anulador sensorial que impide la comunicación entre personas y favorece la alienación.
-La concentración de muchas personas en lugares relativamente pequeños para favorecer el sentimiento de pertenencia y a la vez el de exclusión del aquellos que no se suman a la celebración.
-El desarrollo de conductas no permitidas en otras circunstancias, como maltrato de animales (corridas de toros, correbous, etc...), vestirse de forma pintoresca (trajes regionales, disfraces grotescos,...), la desinhibición sexual, conductas de riesgo ("balconing", "mamading"...) como sublimación de los bajos instintos.
Torturar y matar a un animal como fiesta, la perversión por antonomasia

Por tanto, la fiesta se convierte en un fenómeno decadente mercantilizado por agencias de viajes, medios de comunicación de masas y hosteleros, que se copia a sí misma para autocaricaturizarse , alejada de sus orígenes primigenios basados en la celebración de un ritual sagrado, que tenía un sentido ( señalar el inicio de la primavera, la recogida de la cosecha, etc...) y convertirse en un fenómeno masificado que no tiene sentido ni creatividad, utilizado para sublimar de forma más o menos insalubre las frustraciones de la vida en la sociedad de consumo.