En este mundo hiperconectado y orientado hacia el logro y la acción en el que nos ha tocado vivir el tema de cómo empleamos y vivimos nuestro tiempo es muy significativo.
Nos enseñan desde la infancia a ser eficientes, a hacer muchas cosas y a valorar la actividad a la vez que la inactividad está mal vista y se considera una carga o un defecto.
Ya los niños desde muy pronto aprenden a compartimentar su tiempo y a aprovecharlo en cosas "útiles" como hacer los deberes, las actividades extraescolares que cada vez están más orientadas a la productividad futura y a seguir horarios muy estrictos como los que sus padres se ven obligados a seguir, siempre corriendo y siempre mirando el reloj.
Los adultos estamos siempre mirando la hora y empeñados en ser eficientes y no perder tiempo en cosas inútiles o improductivas. Nos levantamos muy temprano, echamos la jornada laboral que suele estar muy marcada por la productividad y la medida de cada minuto empleado en cada tarea, con un control estricto de las horas de entrada y salida. Salimos y seguimos corriendo porque no hay tiempo que perder, hay que hacer cosas: recoger a los niños, limpiar la casa, cocinar, comprar, trasladarse, etc...
Entre el descanso (muchas veces escaso) y la actividad productiva queda poco tiempo para el ocio, que además también está mediatizado cultural y socialmente, volviéndose cada vez más individualista gracias a las nuevas tecnologías (plataformas de series en streaming, videojuegos online, redes sociales...). Incluso nuestra froma de relacionarnos como humanos ha cambiado, también es más eficiente. Mandamos un whatsapp para quedar, felicitar o preguntar algo a otra persona en lugar de llamar y tener una conversación.
Todo está enfocado en la eficiencia y en el hacer, y al final nos quedamos vacíos cuando tenemos tiempo para parar y pensar. No sabemos mirarnos, reconocernos y detectar las señales que nos mandan nuestro cuerpo y nuestra mente y por eso muchas veces enfermamos de estrés y de cansancio, ya sea por trastornos de ansiedad y depresión, trastornos psicosomáticos o patologías físicas asociadas a la falta de autocuidado (dieta, descanso, ejercicio...)
Como se habla en el mindfulness, estamos la mayor parte del tiempo en el "modo hacer" y casi no nos permitimos vivir en el "modo ser". Es decir, que estamos orientados a producir y actuar, pero no a pararnos y vivir. Me llama mucho la atención que aparentemente la gente enferma por temas relacionados con la falta de tiempo o con el exceso de tiempo. Me explico: todos podemos entender que las personas que van a toda prisa por la vida, corriendo del trabajo a casa, de casa al gimnasio, del gimnasio a recoger a los niños, de allí al supermercado, etc... acaben desarrollando los problemas de salud mencionados, o si no al menos sintiendo que su vida es un sinvivir, un huir hacia adelante, una corriente que los arrastra sin verla pasar. Pero lo que más nos cuesta entender es que las personas que disponen de un exceso de tiempo "improductivo" (parados, jubilados, enfermos, discapacitados, etc...) también enferman, incluso más, porque la culpa y la carga de no ser alguien "útil" para la sociedad es muy grande. Tenemos a personas haciendo mil cosas a la vez y personas que no saben qué hacer. Personas que se quejan de que no tienen tiempo ni de sentarse a comer y personas que sienten que su vida es inútil y vacía porque no trabajan, no producen, no cuidan a otros o no aportan nada (aparentemente) a la sociedad.
Yo defiendo que tenemos que estar más en el "modo ser" y dejar de vernos como seres productores. Tenemos que valorar la calma, el descansar y el remolonear, la introspección, la relación con los otros y dejar pasar el tiempo con más naturalidad.
Mostrando entradas con la etiqueta familia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta familia. Mostrar todas las entradas
miércoles, 5 de febrero de 2020
viernes, 5 de octubre de 2018
El fin de la amistad frente al amor romántico
En nuestra sociedad actual damos mucha más importancia a las relaciones de pareja y a todo lo que les rodea, y las personas que no estamos emparejadas ni creemos en la pareja como forma de vida lo sabemos muy bien.
Siempre una persona con pareja va a supeditar todo a su emparejamiento y a sus hijos, en caso de tenerlos, y eso no tiene por qué ser ley natural. Ya se han analizado bien en profundidad en este blog todos los aspectos cuestionables de la familia nuclear occidental y del amor romántico, y de lo limitantes y dañinos que resultan en el desarrollo y en los vínculos sociales de las personas.
Quienes no nos sometemos a estas normas sociales también pagamos un alto precio por ello, porque las personas a las que queremos suelen formar parte de una pareja o familia nuclear, lo que nos exlcuye de la mayoría de los aspectos de sus vidas.
El precio de no creer en el sistema y de cuestionarlo son la soledad y la exclusión.
En esta sociedad la amistad es algo accesorio y secundario, algo prescindible y que ante la pareja queda totalmente eclipsada.
Y el error es que la amistad es absolutamente necesaria, es la base de todas las relaciones entre humanos, porque la amistad es la primera consecuencia del amor en su amplio sentido y a partir de allí se construyen todas las demás relaciones humanas, del tipoque sean. El amor no se construye solo, no está basado en la nada o sólo en la atracción sexual. El amor, en toda la extensión de la palabra, es amistad. Y de igual modo que ninguna amistad puede salir adelante si no hay amor entre los amigos, ningún amor puede sobrevivir a la falta de amistad.
El problema es que en este contexto social confundimos "amor" con "amor romántico y/o sexualidad" y "amistad" con tener un conocido o un grupo de conocidos con quienes compartir una actividad o afición. Así, las relaciones humanas se van vaciando de contenido y se quedan en una cáscara hueca. Tengo miles de amigos en redes sociales, amo a esa persona con la que convivo y tengo hijos, pero en el fondo el vínculo y el afecto son circunstanciales y muy tibios.
No podemos vivir sin amigos, no podemos pretender llenar todos nuestros vacíos con un solo humano al que nos sentimos vinculados tal vez por amor pero sobre todo la mayoría de las veces por la obligación y la presión social. Eso sí que es soledad, y no la de quienes decidimos no convivir con una pareja. No hay peor soledad que la que no se reconoce.
De ahí que vivamos en mundo de proyecciones, de imágenes, de narcisismo ante una pantalla y no de un verdadero intercambio entre seres que se miran a la cara y al interior. Yo con mi pareja, mis hijos, mi casa, mi familia, mi, me conmigo. Y lo demás es accesorio y sobra porque me hace salir del ensimismamiento de mi vida socialmente aceptada y libre de autorreproches.
Siempre una persona con pareja va a supeditar todo a su emparejamiento y a sus hijos, en caso de tenerlos, y eso no tiene por qué ser ley natural. Ya se han analizado bien en profundidad en este blog todos los aspectos cuestionables de la familia nuclear occidental y del amor romántico, y de lo limitantes y dañinos que resultan en el desarrollo y en los vínculos sociales de las personas.
Quienes no nos sometemos a estas normas sociales también pagamos un alto precio por ello, porque las personas a las que queremos suelen formar parte de una pareja o familia nuclear, lo que nos exlcuye de la mayoría de los aspectos de sus vidas.
El precio de no creer en el sistema y de cuestionarlo son la soledad y la exclusión.
En esta sociedad la amistad es algo accesorio y secundario, algo prescindible y que ante la pareja queda totalmente eclipsada.
Y el error es que la amistad es absolutamente necesaria, es la base de todas las relaciones entre humanos, porque la amistad es la primera consecuencia del amor en su amplio sentido y a partir de allí se construyen todas las demás relaciones humanas, del tipoque sean. El amor no se construye solo, no está basado en la nada o sólo en la atracción sexual. El amor, en toda la extensión de la palabra, es amistad. Y de igual modo que ninguna amistad puede salir adelante si no hay amor entre los amigos, ningún amor puede sobrevivir a la falta de amistad.
El problema es que en este contexto social confundimos "amor" con "amor romántico y/o sexualidad" y "amistad" con tener un conocido o un grupo de conocidos con quienes compartir una actividad o afición. Así, las relaciones humanas se van vaciando de contenido y se quedan en una cáscara hueca. Tengo miles de amigos en redes sociales, amo a esa persona con la que convivo y tengo hijos, pero en el fondo el vínculo y el afecto son circunstanciales y muy tibios.
No podemos vivir sin amigos, no podemos pretender llenar todos nuestros vacíos con un solo humano al que nos sentimos vinculados tal vez por amor pero sobre todo la mayoría de las veces por la obligación y la presión social. Eso sí que es soledad, y no la de quienes decidimos no convivir con una pareja. No hay peor soledad que la que no se reconoce.
De ahí que vivamos en mundo de proyecciones, de imágenes, de narcisismo ante una pantalla y no de un verdadero intercambio entre seres que se miran a la cara y al interior. Yo con mi pareja, mis hijos, mi casa, mi familia, mi, me conmigo. Y lo demás es accesorio y sobra porque me hace salir del ensimismamiento de mi vida socialmente aceptada y libre de autorreproches.
Etiquetas:
amistad,
amor,
amor romántico,
cultura,
deshumanización,
familia,
hijos,
narcisismo,
neoliberalismo,
pareja,
sociedad,
vacío
martes, 25 de septiembre de 2018
Cada uno tiene su vida: sociedad del egoísmo
"Cada uno tiene su vida" es una frase hecha que utilizamos para justificar que no nos ayudemos los unos a los otros porque siempre hay cosas más importantes que hacer. A veces pregunto a un paciente si tiene apoyo en su padecimiento y dice que no, que tiene amigos y familiares pero que "cada uno tiene su vida" y, claro, cómo van a dedicar unas horas de su tiempo precioso para confortar, escuchar o apoyar, ni mucho menos cuidar, a un amigo o familiar que sufre. A muchos les da apuro pedir ayuda cuando lo necesitan porque éstos tienen que cuidar de su propia familia (nuclear).
Y así es como venimos justificando la soledad y la deshumanización de este salvaje mundo capitalista, neoliberal y posmoderno, porque cada uno tiene su vida, en la que sólo tienen cabida los miembros de su familia nuclear, a los que hay que cuidar y mantener porque no hay estructuras sociales que ayuden a las familias a sacar adelante a sus miembros más débiles y dependientes. Quien no ha formado una no tiene vida ni derecho a que otros le dediquen un poco de la suya, pues están fuera del sistema de cuidados y apoyo impuesto basado en el amor filial y conyugal.
Si eres una mujer soltera y no tienes hijos eres un cero a la izquierda para esta sociedad occidental y moderna, no vales para nada, eres un desecho que no ha cumplido con el mandato de procrear y por tanto mereces el ostracismo de esta sociedad heteropatriarcal en la que el centro es la familia nuclear capitalista absorta en sí misma como unidad de sostén. Sólo las relaciones románticas y de pareja son significativas, aun cuando en pareja la gente esté sola y desvalida física y emocionalmente. El egoísmo a dúo es lo que se lleva, ese egoísmo de yo te cuido, tú me cuidas, ambos nos cuidamos de las injerencias externas que nos distraigan de nuestro mutuo ensimismamiento insolidario y que mantiene la estructura de esta sociedad.
A una mujer soltera sin hijos se le presupone todo el tiempo del mundo para desperdiciar "egoístamente" en sí misma, porque las mujeres tenemos que cuidar siempre, a los hijos, a los ancianos, a los maridos, a los enfermos de otros que tienen menos tiempo que nosotras (hombres con más status económico y profesional). No se te permite tampoco entrar en esas otras vidas cerradas a cal y canto a cuidar, no sólo a ser cuidada, porque no es cosa tuya, y porque eres objeto de envidias.
Tu tiempo es tu condena, objeto de envidias y reproches más o menos velados, porque el tiempo que empleas en tus estudios, en tu formación, en tu salud, en tu autocuidado, es un tiempo perdido que deberías haber dedicado a los que sí cuidan de verdad porque han procreado o retroalimentan el sistema.
Y ese tiempo precioso que malgastas en ti misma o en seres que no son niños, es objeto de las envidias de quienes no lo poseen y se escudan en que lo que te mueve es el egoísmo. Y lo hacen pagar bien caro, con su indiferencia, con su distancia, con su desprecio de lo que te preocupa, con su aire de superioridad moral...
Y así es como venimos justificando la soledad y la deshumanización de este salvaje mundo capitalista, neoliberal y posmoderno, porque cada uno tiene su vida, en la que sólo tienen cabida los miembros de su familia nuclear, a los que hay que cuidar y mantener porque no hay estructuras sociales que ayuden a las familias a sacar adelante a sus miembros más débiles y dependientes. Quien no ha formado una no tiene vida ni derecho a que otros le dediquen un poco de la suya, pues están fuera del sistema de cuidados y apoyo impuesto basado en el amor filial y conyugal.
Tu tiempo es tu condena, objeto de envidias y reproches más o menos velados, porque el tiempo que empleas en tus estudios, en tu formación, en tu salud, en tu autocuidado, es un tiempo perdido que deberías haber dedicado a los que sí cuidan de verdad porque han procreado o retroalimentan el sistema.
Y ese tiempo precioso que malgastas en ti misma o en seres que no son niños, es objeto de las envidias de quienes no lo poseen y se escudan en que lo que te mueve es el egoísmo. Y lo hacen pagar bien caro, con su indiferencia, con su distancia, con su desprecio de lo que te preocupa, con su aire de superioridad moral...
Así el sistema se autoperpetúa, se cierra el círculo, y "cada uno tiene su vida", apartado de las vidas de los demás, centrado en sus propias necesidades y sin conciencia de que un mundo más solidario y más cuidadoso con el otro nos haría vivir vidas más ricas y plenas.
Etiquetas:
aislamiento,
amor,
amor romántico,
capitalismo,
compasión,
deshumanización,
familia,
hijos,
humanidad,
neoliberalismo,
posmoderno,
sociedad,
Soledad,
solidaridad
miércoles, 5 de septiembre de 2018
Semblanza psicológica de "la vieja del visillo": proyección y envidia
Proyección
La proyección es un mecanismo de defensa por el que el sujeto atribuye a otras personas las propias virtudes o defectos, incluso sus carencias. En el caso de la proyección negativa, ésta opera en situaciones de conflicto emocional o amenaza de origen interno o externo, atribuyendo a otras personas u objetos los sentimientos, impulsos o pensamientos propios que resultan inaceptables para el sujeto. De esta forma, se «proyectan» los sentimientos, pensamientos o deseos que no terminan de aceptarse como propios porque generan angustia o ansiedad, dirigiéndolos hacia algo o alguien y atribuyéndolos totalmente a ese objeto externo. Por esta vía, la defensa psíquica logra poner estos contenidos amenazantes afuera.
El recurso retórico poético de la «personificación» constituye también un verdadero proceso proyectivo que se ejecuta fuera de la psicopatología. El poeta no dice «yo estoy triste», sino «ese árbol llora la / tristeza de mis amores perdidos». Lo propio, es puesto afuera.
A partir de la proyección, Melanie Klein describió en 1946 un nuevo concepto, la «identificación proyectiva». Esta modalidad de la proyección, que va más allá del mecanismo descrito por Freud. Surge en el contexto de sus investigaciones acerca de los mecanismos de defensa del yo en la infancia temprana, donde Klein lo relaciona con el sadismo infantil. Se trata de un mecanismo inconsciente de defensa que hace que partes del sí mismo se escindan y desprendan para ser proyectadas sobre otra persona introduciéndolas en el objeto, con el fin de tomar posesión de él y causarle daño. La identificación proyectiva constituiría, en palabras de Klein, «el prototipo de la relación de objeto agresiva». Este concepto fue desarrollado luego por Otto F. Kernberg en el contexto de sus aportes a la discusión sobre la personalidad limítrofe (borderline).
La vecina
Hablamos de ese clásico personaje rastrero y tiquismiquis cuyo hábitat natural es la escalera del bloque y que se nutre de las idas y venidas de los vecinos y de sus conductas en las zonas comunes; es la denominada "vieja del visillo", que por misoginia se representa en personaje femenino en el imaginario colectivo, aunque puede pertenecer al sexo masculino con la misma frecuencia que al femenino.En donde yo vivo es una mujer en la sexta-séptima década de la vida y conocida como "la rata".
Sus motivaciones para maquinar sus intrigas y generar conflictos en la comunidad son principalmente el aburrimiento, la proyección tal y como se ha descrito y la envidia. Pasiones bajas del espíritu humano combinadas con sus malas relaciones intrafamiliares y que proyecta al vecino que más encarna su ideal del yo no reconocido.
Esta señora es una persona sin ocupación conocida más allá de controlar quién sube y baja por las escaleras, con quién, con qué y para qué. Su fijación son los olores que ella considera inadecuados, que no se riegue en las terrazas ni se caigan prendas de ropa por el tendedero del patio. El control animal también le incumbe de una manera principal, de modo que si algún vecino convive con no humanos ella lo tendrá registrado y estará especialmente empeñada en rastrear olores, fluidos corporales y ruidos relacionados con los mismos.
También siente preferencia por volcar sus frustraciones en las mujeres del vecindario, pues su machismo idiosincrásico le impide enfrentarse a vecinos varones, con especial fijación en las mujeres más jóvenes que no conviven con señores.
Dado que yo soy mujer, no convivo con machos y tengo gato, me he convertido en objetivo de su persecución escaleril fundada en unas envidias y proyecciones evidentes.
Haré un relato más o menos aproximando del incidente que viví con "la rata" en el día de ayer.
Estaba yo en mi casa a mis cosas a media tarde, cuando llaman al timbre de forma brusca y por la mirilla veo a una señora cuya cara no me es familiar. Asumo que es una vecina y le abro.
Ella, sin presentarse ni saludar, obviando las más elementales normas de educación, empieza a echarme en cara que soy "la única que tiene gato en el bloque" y que vaya peste y que qué verguenza. Deduzco por los retazos de información que me da que se debe de estar quejando de un pequeño rastro de arena de los gatos que se me puede haber salido de la bolsa de basura al bajar las escaleras y que quiere que la recoja.
Pero me siento divida entre decirle "disculpe, ya lo recojo y siento las molestias pero ha sido sin mala intención" y la indignación que me produce que una vecina sin identificar venga a gritarme y a juzgarme a MI CASA. Así pues opto por cortar su perorata y por decirle que no es necesario que me hable en ese tono y con esas formas y que además no la conozco y que se presente.
Su reacción es de mayor indignación al ver que no tengo registrado su rostro y que no me achanto ante su reclamación justa pero con unas formas que la descalifican. Por lo cual pasa a exponer el verdadero motivo de su visita, y es que cree que "no estoy haciendo las cosas bien". Al parecer mi mudanza le ha molestado y tendría que haber ido a su puerta a llevarle una ofrenda de paz y rendirle pleitesía en su status de dominatrix de vecindario. Pues no, señora, las mudanzas son mudanzas y así como las obras de ambos bajos no le han resultado molestas, no es de recibo que se me queje de mis mudanzas.
-Tenemos que convivir y tolerar lo que hacen los otros vecinos y yo no he ido a su puerta a gritarle porque su hija fume en el descasillo, cosa prohibida por las normas de la comunidad, ni de los gritos que hay en su casa ni de que su nieta esté con sus amigas haciendo ruidos por las escaleras a la hora de la siesta.
-Pues claro que puedo gritar en mi casa, y tú que vives sola ¿con quién vas a pelearte, con el gato?
¡Touché! Aquí vemos asomar la patita de nuevo a la envidia y a la proyección. Cómo le gustaría a ella estar sin un marido impresentable y solita y a gusto en su casa sin nietas malcriadas que aguantar ni hijas que no la soportan...
En fin, por no alargar mucho el tema la conclusión es que le puse freno a la agresión injustificada de esta persona desequilibrada, sin autocrítica ni autocontrol que proyecta a saco sus miedos y sus inseguridades en quienes personificamos el estilo de vida y las cualidades que ella nunca ha tenido ni podrá tener...
Etiquetas:
amargada,
animales,
bajeza moral,
deshumanización,
familia,
feminismo,
gatos,
gentuza,
machismo,
patriarcado,
personas tóxicas,
proyección,
psicología,
relaciones,
sociedad,
Soledad,
vecinos
jueves, 8 de marzo de 2018
Las monedas que nos tocan
Hace tiempo que me contaron un cuento-parábola que me resultó difícil de digerir en esos momentos de mi vida, pero con el tiempo me he dado cuenta de que lo mejor es aceptar lo que nos transmite. Dice así:
Todos los padres del mundo le legan a sus hijos algo. Lo que pueden, a nivel material, emocional, afectivo, de cuidados y de respeto. Y también de cargas. Ese legado se simboliza en unas monedas que te dejan al final de sus vidas. Te las ofrecen con todo su amor y su cariño, fruto de todos sus esfuerzos y de sus desvelos, convencidos, equivocados o no, de que lo han hecho lo mejor que han podido. Te tienden con sus manos cansadas esas monedas, que pueden ser de oro y abundantes, pueden ser unas pocas monedas de plata, o alguna de cobre, o una humilde moneda de barro.
A algunos hijos les duele ver que su legado es escaso. Recordemos que no hablamos sólo de lo material. Echan en falta más cercanía, más cuidados, más calidez, más comprensión, una relación de más cariño y empatía tal vez. Pero recordemos que partimos de la base de que los padres han dado lo que han podido y lo que han sabido dar, que lo han hecho lo mejor que han podido y con la mejor de sus intenciones, con sus limitaciones y sus equivocaciones. Desde su punto de vista ese hijo que pide más, que se siente agraviado y dolido es un desagradecido que no valora todo lo que han hecho por él y por dejarle ese legado que, sea el que sea, es el que ellos han podido dejarle en la medida de sus posibilidades y de sus circunstancias vitales, afectivas y materiales.
Se produce un choque terrible entre el hijo que no entiende cómo los padres no son capaces de ver que se siente dolido, abandonado y herido y los padres que lo perciben como un desagradecido.
Realmente, lo más maduro y sano para ambas partes es que el hijo sane sus heridas por sus propios medios, asumiendo que los padres no son capaces de ayudarle, porque esas heridas son dolorosas y profundas, y que acepte gustoso y con agradecimiento el legado que sus padres le han ofrecido con todo su corazón y su esfuerzo, creyendo siempre que hacían lo mejor por su descendencia.
El dolor y las carencias que una persona adulta sufre a lo largo de la vida y que puede achacar a experiencias tempranas o a actitudes distantes y exigencias desmedidas parentales son muchas y muy variadas. No se habla de culpas, no se habla de resarcimiento. Quizá tan sólo con el reconocimiento de que hay unas heridas basta, sin más.
Mirarse mutuamente, escucharse como personas adultas y decir "a mí me duele esto y a tí te duele esto, es cierto, tal vez a mí me cueste entender y reconocer tu herida porque sólo tengo fuerzas para cargar con la mía, pero reconozco que tú tienes la tuya".
A partir de ahí se puede construir un nuevo camino y volver a empezar, sin rencores ni exigencias por ninguna de las partes. Cada uno con sus cargas y sus deficiencias, pero sin perder un lazo que no debería romperse.
Todos los padres del mundo le legan a sus hijos algo. Lo que pueden, a nivel material, emocional, afectivo, de cuidados y de respeto. Y también de cargas. Ese legado se simboliza en unas monedas que te dejan al final de sus vidas. Te las ofrecen con todo su amor y su cariño, fruto de todos sus esfuerzos y de sus desvelos, convencidos, equivocados o no, de que lo han hecho lo mejor que han podido. Te tienden con sus manos cansadas esas monedas, que pueden ser de oro y abundantes, pueden ser unas pocas monedas de plata, o alguna de cobre, o una humilde moneda de barro.
A algunos hijos les duele ver que su legado es escaso. Recordemos que no hablamos sólo de lo material. Echan en falta más cercanía, más cuidados, más calidez, más comprensión, una relación de más cariño y empatía tal vez. Pero recordemos que partimos de la base de que los padres han dado lo que han podido y lo que han sabido dar, que lo han hecho lo mejor que han podido y con la mejor de sus intenciones, con sus limitaciones y sus equivocaciones. Desde su punto de vista ese hijo que pide más, que se siente agraviado y dolido es un desagradecido que no valora todo lo que han hecho por él y por dejarle ese legado que, sea el que sea, es el que ellos han podido dejarle en la medida de sus posibilidades y de sus circunstancias vitales, afectivas y materiales.
Se produce un choque terrible entre el hijo que no entiende cómo los padres no son capaces de ver que se siente dolido, abandonado y herido y los padres que lo perciben como un desagradecido.
Realmente, lo más maduro y sano para ambas partes es que el hijo sane sus heridas por sus propios medios, asumiendo que los padres no son capaces de ayudarle, porque esas heridas son dolorosas y profundas, y que acepte gustoso y con agradecimiento el legado que sus padres le han ofrecido con todo su corazón y su esfuerzo, creyendo siempre que hacían lo mejor por su descendencia.
El dolor y las carencias que una persona adulta sufre a lo largo de la vida y que puede achacar a experiencias tempranas o a actitudes distantes y exigencias desmedidas parentales son muchas y muy variadas. No se habla de culpas, no se habla de resarcimiento. Quizá tan sólo con el reconocimiento de que hay unas heridas basta, sin más.
Mirarse mutuamente, escucharse como personas adultas y decir "a mí me duele esto y a tí te duele esto, es cierto, tal vez a mí me cueste entender y reconocer tu herida porque sólo tengo fuerzas para cargar con la mía, pero reconozco que tú tienes la tuya".
A partir de ahí se puede construir un nuevo camino y volver a empezar, sin rencores ni exigencias por ninguna de las partes. Cada uno con sus cargas y sus deficiencias, pero sin perder un lazo que no debería romperse.
Etiquetas:
Corazón,
culpa,
depresión,
dolor,
empatía,
familia,
hijos,
legado,
maternidad,
respeto,
responsabilidad,
Tristeza
martes, 12 de diciembre de 2017
Familia y amor romántico en tiempos de soledad
En su acepción más común, el término familia nuclear se refiere a un grupo doméstico conformado por un padre y una madre, padre y padre o madre y madre y sus hijos. George Murdock describía la familia en estos términos: "La familia es un grupo social caracterizado por una residencia común, la cooperación económica y la reproducción. Contiene adultos de ambos sexos, los cuales mantienen una relación sexual socialmente aprobada. También incluye uno o más hijos, propios o adoptados, de los adultos que cohabitan sexualmente".
El término "familia" procede del latín famīlia, "grupo de siervos y esclavos patrimonio del jefe de la gens", a su vez derivado de famŭlus, "siervo, esclavo", que a su vez deriva del osco famel. El término abrió su campo semántico para incluir también a la esposa e hijos del pater familias, a quien legalmente pertenecían, hasta que acabó reemplazando a gens. Tradicionalmente se ha vinculado la palabra famŭlus, y sus términos asociados, a la raíz fames («hambre»), de forma que la voz se refiere, al conjunto de personas que se alimentan juntas en la misma casa y a los que un pater familias tiene la obligación de alimentar. La familia supone por un lado una alianza, el matrimonio, y por el otro una filiación, los hijos.
El término "familia" procede del latín famīlia, "grupo de siervos y esclavos patrimonio del jefe de la gens", a su vez derivado de famŭlus, "siervo, esclavo", que a su vez deriva del osco famel. El término abrió su campo semántico para incluir también a la esposa e hijos del pater familias, a quien legalmente pertenecían, hasta que acabó reemplazando a gens. Tradicionalmente se ha vinculado la palabra famŭlus, y sus términos asociados, a la raíz fames («hambre»), de forma que la voz se refiere, al conjunto de personas que se alimentan juntas en la misma casa y a los que un pater familias tiene la obligación de alimentar. La familia supone por un lado una alianza, el matrimonio, y por el otro una filiación, los hijos.
Las representaciones acerca de lo que constituye una familia cambian de acuerdo con la cultura, la movilidad, la salud, la tradición. En todas las sociedades, la necesidad de ser apoyado socialmente es un hecho común, especialmente en aquellos sitios donde los costos económicos para la formación de un patrimonio son muy elevados. En esos contextos, la familia nuclear se vuelve un obstáculo más que una oportunidad, y por ello surgen formas familiares distintas, como aquella que en Occidente se llama familia extendida.
Según expone Claude Lévi-Strauss, la familia tiene su origen en el establecimiento de una alianza entre dos o más grupos de descendencia a través del enlace matrimonial entre dos de sus miembros. La familia está constituida por los parientes, es decir, aquellas personas que por cuestiones de consanguinidad, afinidad, adopción u otras razones diversas, hayan sido acogidas como miembros de esa colectividad.
![]() |
| Claude Lévi-Strauss |
Lo que distingue a nuestras sociedades industrializadas de las sociedades exóticas [es] el hecho de que nuestros grupos sociales se reclutan menos sobre la base del parentesco que sobre las clases de edad, la clase social, la afinidad amical, el lugar de trabajo, el ejercicio del ocio, etcétera", apunta por ejemplo la etnóloga francesa, Martine Segalen. (...) Este, afirma que el grupo doméstico antiguo, del cual no existe un único tipo sino varios, "es tan inestable como la célula conyugal contemporánea". Y que, en este sentido, "nuestra sociedad no ha inventado ni la movilidad geográfica ni la inestabilidad de los matrimonios sometidos". (...) Para esta autora, la estructura familiar predominante en las sociedades industriales es una figura "efímera" y "transitoria" entre los modelos clásicos y los que están apareciendo actualmente.Revista Teína: Detrás de la palabra "familia".
![]() |
| M. Segalen |
Una hipótesis similar había sido realizada por Engels, quien sostuvo que lo que la sociedad llama "civilización" es un proceso centrado en la organización de las familias, la que evolucionó desde los primitivos gens hasta la forma moderna como manera de acumular riquezas, pero no por parte de la sociedad sino en forma individual. En su concepto, el fenómeno obedece a la lucha de clases, genera injusticias y es insostenible:
La disolución de la sociedad se yergue amenazadora ante nosotros, como el término de una carrera histórica cuya única meta es la riqueza, porque semejante carrera encierra los elementos de su propia ruina. La democracia en la administración, la fraternidad en la sociedad, la igualdad de derechos y la instrucción general, inaugurarán la próxima etapa superior de la sociedad, para la cual laboran constantemente la experiencia, la razón y la ciencia. "Será un renacimiento de la libertad, la igualdad y la fraternidad de las antiguas gens, pero bajo una forma superior".F. Engels: El origen de la familia, la propiedad privada y el estado.
![]() |
| Engels |
La familia nuclear – Padre, Madre e Hijos – (donde el padre es el proveedor, la madre y sus hijos son sujetos pasivos bajo su autoridad y protección) se encuentra históricamente vinculada a los cambios sociales introducidos por la Revolución Industrial europea en el mundo del trabajo (eliminación del salario familiar y pago individual de la mano obra), a las migraciones del campo (donde la forma de subsistencia era familiar) a barrios obreros en las ciudades (donde la forma de subsistencia era individual nacida del intercambio mano de obra individual por dinero), que conllevaron nuevas formas de ocupación de los espacios urbanos de convivencia, nuevos roles y formas de vinculación entre sujetos y por ende a la reducción del número de los integrantes de la familia. Estos cambios fueron en un primer momento anticipados por las transformaciones del modo de significación de la realidad, en concreto la “individualización” (atribución de nuevos roles y deberes) de los sujetos según la nueva concepción del ser humano, como individuo libre de “todas las ataduras” grupales (comunidad, Rey, Iglesia).
El nuevo sistema económico del capitalismo industrial requirió una reducción numérica de los integrantes de la familia y el cumplimiento de funciones como: la reproducción, formación (hasta cierta edad) de nuevos individuos productores y consumidores de los productos producidos – valga la redundancia – por ellos o por otros (Lasch, 1984). Este es el verdadero origen de la familia nuclear. El sistema industrial demanda individuos independientes y con pocos vínculos reales entre sí salvo los del trabajo racional en las fabricas, empresas y de los intercambios comerciales.
Pero, ante la necesidad humana de vinculación fuerte entre sujetos, el nuevo sistema socioeconómico propone como sustitutos de la vieja familia y comunidad: la Nación, a la ideología, el culto al líder político, grandes tótems que vincularan a los individuos por un tiempo. Sin embargo, la familia nuclear será el único refugio genuino de socialidad que le quedara al individuo occidental ante la competencia descarnada del todos contra todos dentro del sistema socioeconómico capitalista industrial (Lasch, 1984).
En tiempos de disolución de la tribu y de distanciamiento de la familia como grupo de apoyo, de sostén y cuidado, surge el ideal del amor romántico como sustituto total de todo lazo afectivo y emocional. Como explica Coral Herrera Gómez, "el amor romántico se adapta al individualismo porque no incluye a terceros, ni a grupos, se contempla siempre en uniones de dos personas que se bastan y se sobran para hacerse felices el uno al otro. Esto es bueno para que la democracia y el capitalismo se perpetúen, porque de algún modo se evitan movimientos sociales amorosos de carácter masivo que podrían desestabilizar el statu quo". El amor romántico, que es el inicio de la formación de la familia nuclear, es la nueva alternativa a la familia en la sociedad occidental postcapitalista. Y eso en lo smedio sde comunicación y en los porudctos culturales se no sinunda del ideal del amor "basado en la dependencia, la búsqueda de seguridad, necesidad del otro, la renuncia a la interdependencia personal, la ausencia de libertad, celos, rutina, adscripción irreflexiva a las convenciones sociales, el enclaustramiento mutuo", fomentando lo que DH Lawrence llamó egoísmo a dúo.
Es la soledad del no amor y de la no comunicación, la no familia, la no pertenencia y la no amistad. La falta de relaciones genuinas. El narcisismo y la atomización de las redes antisociales.
Pero, ante la necesidad humana de vinculación fuerte entre sujetos, el nuevo sistema socioeconómico propone como sustitutos de la vieja familia y comunidad: la Nación, a la ideología, el culto al líder político, grandes tótems que vincularan a los individuos por un tiempo. Sin embargo, la familia nuclear será el único refugio genuino de socialidad que le quedara al individuo occidental ante la competencia descarnada del todos contra todos dentro del sistema socioeconómico capitalista industrial (Lasch, 1984).
En tiempos de disolución de la tribu y de distanciamiento de la familia como grupo de apoyo, de sostén y cuidado, surge el ideal del amor romántico como sustituto total de todo lazo afectivo y emocional. Como explica Coral Herrera Gómez, "el amor romántico se adapta al individualismo porque no incluye a terceros, ni a grupos, se contempla siempre en uniones de dos personas que se bastan y se sobran para hacerse felices el uno al otro. Esto es bueno para que la democracia y el capitalismo se perpetúen, porque de algún modo se evitan movimientos sociales amorosos de carácter masivo que podrían desestabilizar el statu quo". El amor romántico, que es el inicio de la formación de la familia nuclear, es la nueva alternativa a la familia en la sociedad occidental postcapitalista. Y eso en lo smedio sde comunicación y en los porudctos culturales se no sinunda del ideal del amor "basado en la dependencia, la búsqueda de seguridad, necesidad del otro, la renuncia a la interdependencia personal, la ausencia de libertad, celos, rutina, adscripción irreflexiva a las convenciones sociales, el enclaustramiento mutuo", fomentando lo que DH Lawrence llamó egoísmo a dúo.
"Este enclaustramiento de parejas propicia el conformismo, el viraje ideológico a posiciones más conservadoras, la despolitización y el vaciamiento del espacio social, con notables consecuencias para las democracias occidentales y para la vida de las personas. Las redes de cooperación y ayuda entre los grupos ylas peprsonas se han debilitado o han desaparecido como consecuencia del individualismo y ha aumentado el número de hogares monoparentales. La gente dispone de poco tiempo de ocio para crear redes sociales en la calle, y el anonimato es el modus vivendi de la ciudad: un caldo de cultivo, pues, ideal para las uniones de dos en dos (a ser posible monogámicas y heterosexuales)".
![]() |
| DH Lawrence |
Erich Fromm afirma, en su obra El corazón del hombre, que el ser humano actual se caracteriza por su pasividad y se identifica con los valores del mercado porque el hombre se ha transformado a sí mismo en un bien de consumo y siente su vida como un capital que debe invertirse provechosamente. El hombre se ha convertido en un consumidor eterno, y el mundo para él no es más que un objeto para calmar su apetito.
Según el autor, en la sociedad actual el éxito y el fracaso se basan en saber "invertir" la vida. El valor humano se ha limitado a lo material, en el precio que pueda obtener por sus servicios y no en lo espiritual (cualidades de amor, razón, capacidad artística). La autoestima en el ser humano depende de factores externos y de sentirse triunfador con respecto al juicio de los demás. Por eso se vive pendiente de los otros, y que la seguridad reside en la conformidad; en no apartarse del rebaño. El individuo debe estar de acuerdo con la sociedad, ir por el mismo camino y no apartarse de la opinión o de lo establecido por ésta.
Se habla de que el amor constituye una realidad utópica porque choca con la realidad del día a día, normalmente monótona y rutinaria para la mayor parte de la Humanidad, es decir la alienación de las horas de trabajo y los deberes que nos vacían de sentido como personas y que nos dejan con ese sentimiento de soledad que parece que sólo se puede aliviar con una pasión idealizada como el amor romántico de las películas y las canciones. Es el el hombre en busca de sentido de Frankl que se vuelca en un narcisismo a dúo en una relación amorosa utópica e idealizada que lo aísla de los otros. Es el mismo Homo consumens de Fromm "cuyo objetivo principal no es poseer cosas sino consumir cada vez más para compensar así su vacío interior", que así busca un amor desaforado, con todos su productos culturales, sosteniendo el mercado inmobiliario, de la ropita de bebé, las bodas, las joyas, los muebles, las vacaciones...Es la soledad del no amor y de la no comunicación, la no familia, la no pertenencia y la no amistad. La falta de relaciones genuinas. El narcisismo y la atomización de las redes antisociales.
http://www.entretantomagazine.com/2012/10/21/el-amor-romantico-como-utopia-emocional-de-la-posmodernidad/ de Coral Herrera Gómez
https://laviagaussiana.wordpress.com/2010/02/21/la-familia-nuclear-nacimiento-desarrollo-y-muerte-de-una-institucion-social/
wikipedia
Etiquetas:
alienación,
amor romántico,
capitalismo,
existencialismo,
familia,
Filosofía,
narcisismo,
patriarcado,
política,
sociedad,
Soledad
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






























