miércoles, 12 de junio de 2019

No pidas limosna de amores

DIME QUE ME QUIERES
Si tú me pidieras que fuera descalza
pidiendo limosna, descalza yo iría.
Si tú me dijeras que abriese mis venas,
un río de sangre me salpicaría.
Si tú me pidieras que al fuego me echase,
igual que madera me consumiría,
que yo soy tu esclava 
y tú el absoluto señor de mi cuerpo, 
mi sangre y mi vida.
Y a cambio de esto, que bien poco es, 
oye lo que quiero pedirte a mi vez:

Dime que me quieres, ¡dímelo por Dios!
aunque no lo sientas, aunque sea mentira,
pero dímelo.
Dímelo bajito,
te será más fácil decírmelo así,
y el "te quiero" tuyo será "pa" mis penas
lo mismo que lluvia de mayo y abril.
Ten misericordia de mi corazón, 
dime que me quieres, dime que me quieres,
¡dímelo por Dios!

Si no me mirasen tus ojos de almendra,
el pulso en las sienes se me pararía;
si no me besaran tus labios de trigo,
la flor de mi boca se deshojaría.
Si no me abrazasen tus brazos morenos,
por siempre los míos en cruz quedarían, 
y si me dijeras que ya no me quieres...
¡no sé la locura que cometería!
Y es que únicamente yo vivo por ti,
que me das la muerte o me haces vivir.

Y a cambio de esto, que bien poco es, 
oye lo que quiero pedirte a mi vez:
Dime que me quieres, ¡dímelo por Dios!
aunque no lo sientas, aunque sea mentira,
pero dímelo.
Dímelo bajito,
te será más fácil decírmelo así,
y el "te quiero" tuyo será "pa" mis penas
lo mismo que lluvia de mayo y abril.
Ten misericordia de mi corazón, 
dime que me quieres, dime que me quieres,
¡dímelo por Dios!


Quintero,León y Quiroga


Mendigar es "pedir, implorar o pordiosear una limosna de puerta en puerta o también en las calles o en lugares benéficas. Solicitar, instar o requerir el favor de alguien con importunidad, indiscreción, entremetimiento o impertinencia y hasta con desdén o humillación". (RAE)
En principio, con el vocablo latino ‘mendicus’ se nombraba al que padecía un defecto físico, el cual le impedía poder ganarse la vida y, además, movía a la compasión, pasando después a significar el pobre que obtiene por súplica su sustento. Son de la misma familia los términos latinos ‘mendum’ (defecto), ‘emendo’ (corregir, sacar algo de su estado defectuoso, enmendar), e incluso ‘méndax’ (mentiroso), al relacionarse con la idea de vicio o defecto; y también los castellanos mendicante, mendicidad y enmienda.


Para entender la trascendencia que tiene el reconocimiento en el ser humano, vale la pena recordar la jerarquía de necesidades de Abraham Maslow. Así, una vez que la persona tiene cubiertos los tres primeros niveles de la pirámide (fisiológicas, de alimentación y filiación) llega el cuarto nivel. Maslow define este cuarto escalón como la capacidad de sentirnos bien con el propio autoconcepto. Y lo hacemos gracias al modo en el que nos tratan los demás. Si yo percibo que mi entorno más íntimo y cercano me valora, creceré con mayor seguridad reconocimiento para fortalecer mi autoconcepto y mi autoestima.
En todo esto entra el mito del amor romántico, ese amor que se implora, se ruega y se mendiga porque lo puede todo, que se basa en los celos y en el sacrificio y en la ignorancia del otro. Un mito que refuerza la sociedad heteropatriarcal en su afán por unir a las personas en parejas indisolubles y alienarlas del resto.  
Sin embargo el amor en su sentido más amplio es algo que no se puede mendigar, que no se puede forzar. Si alguien te racanea el tiempo, las palabras y el afecto no te quiere. Dicen que no existe la falta de tiempo, que existe la falta de interés, porque cuando la gente realmente quiere, la madrugada se vuelve día, martes se vuelve sábado y un momento se vuelve oportunidad. No esperes a quien no te espera, valórate y deja de mendigar y de rogar amor. Porque, como hemos dicho, el amor se debe demostrar y sentir, pero jamás implorar. 


Fuentes:
wikipedia

viernes, 7 de junio de 2019

El talón de aquiles

Para la mitología griega, Aquiles fue el principal héroe de la Guerra de Troya y el más fuerte, rápido y bello guerrero de la Iliada de Homero. Hijo de Peleo, rey de los Mirmidones en Ftia, y de Tetis, una ninfa marina, Aquiles era considerado invencible, pero no inmortal.
El mito en torno al talón de Aquiles tiene origen en el poema incompleto Aquileida (Achilleis), escrito por Estacio en el siglo I, que contiene una versión del mito del nacimiento de Aquiles que no aparece en otras fuentes. Cuando Aquiles nació, la ninfa Tetis, su madre, intentó hacerlo inmortal sumergiéndolo en el río Estigia. Como lo sostuvo por el talón derecho para sumergirlo en la corriente, ese preciso punto de su cuerpo quedó vulnerable, siendo la única zona en la que Aquiles podía ser herido en batalla. 
Tetis sumergiendo a Aquiles en el Estigia. Rubens

Otra versión cuenta que Tetis lo ponía al fuego del hogar para quemar las partes mortales de su cuerpo y luego ungía al niño con ambrosía, hasta que fue interrumpida por Peleo, quien le arrebató al niño de sus manos y éste quedó con un talón carbonizado. Enfurecida, Tetis los abandonó a ambos y Peleo sustituyó el talón quemado de Aquiles por la taba del gigante Dámiso, famoso por su gran velocidad. Esta versión también comenta por qué le llamaban “el de los pies ligeros”.
En cualquier caso, durante el asedio de Troya, batalla final de la guerra librada entre griegos y troyanos, Paris mató a Aquiles clavándole una flecha envenenada en el talón.
Sin embargo, ninguna de las fuentes anteriores a Estacio hace referencia a esta invulnerabilidad. Al contrario, en la Ilíada Homero menciona que Aquiles es herido: en el Libro XXI el héroe peonio Asteropeo, hijo de Pelegón, desafía a Aquiles junto al río Escamandro. Le arrojó dos lanzas a la vez, alcanzando una el hombro de Aquiles, «del cual brotó negra sangre».​ En la Ilíada, Héctor profetiza la muerte de Aquiles a manos de Paris y de Apolo en las puertas Esceas, pero no se detalla el modo en que se producirá.


Quirón y Aquiles. Pompeya

Tampoco en los poemas fragmentarios del ciclo troyano en los que aparece una descripción de la muerte del héroe —Cipria (autor desconocido), Etiópida de Arctino de Mileto, Pequeña Ilíada de Lesques e Iliupersis de Arctino— hay rastro de referencias a su invulnerabilidad o su famoso talón. En vasijas pintadas posteriores representando la muerte de Aquiles, una flecha (o en muchos casos varias) alcanza su cuerpo.
Aquiles creció junto a Patroclo en el monte Pelión, pupilo del centauro Quirón, donde se alimentaba de fieros jabalíes, entrañas de león y médula de oso para aumentar su valentía. También aprendió el tiro con arco, el arte de la elocuencia y el canto, y la curación de las heridas. Si bien la Ilíada de Homero es el relato más famoso de las hazañas de Aquiles en la Guerra de Troya, ésta solamente abarca unas pocas semanas de la guerra y no narra la muerte de Aquiles. Durante una de las batallas, los troyanos lograron hacer retroceder a las fuerzas griegas y asaltaron sus barcos. Dirigidos por el príncipe Héctor, los griegos parecían estar a punto de caer, hasta que Patroclo logró repeler a los troyanos de las playas, pero murió a manos de Héctor antes de que lograsen tomar la ciudad de Troya.


Ayax y Aquiles

Cuando Aquiles supo la noticia, la ira y el dolor lo invadieron de tal manera que estuvo a punto de quitarse la vida. Patroclo fue velado toda la noche, y Aquiles juró que vengaría su muerte. Le pidió a su madre una nueva y más poderosa armadura y salió al campo de combate, donde mató a Héctor y luego ató su cuerpo inerte a su carro, arrastrándolo por nueve días en torno a los muros de Troya, sin permitir que tuviera los ritos funerales. Hasta que la ayuda del dios Hermes, el rey Príamo lo convenció a Aquiles de que le permitiese celebrar los ritos funerarios de su hijo.
El poderoso Aquiles, aparentemente invencible, finalmente fue derrotado por el príncipe troyano Paris, quien le disparó una flecha envenenada –según algunas versiones- dirigida por el dios Apolo al talón izquierdo y lo mató. Sus restos fueron mezclados con los de su gran amigo Patroclo y su mítica armadura abrió una disputa entre Ulises y Áyax el Grande, primo mayor de Aquiles. Luego su madre Tetis consiguió para su hijo la inmortalidad y esté vivió en la isla de Leuce en la desembocadura del Danubio, donde se le rindió culto.


Estatua de Aquiles en Corfú.

Patroclo es el primo de Aquiles. Hijo de Menecio y su madre que, aunque no se sabe con exactitud quien fue, se sabe que fue hija de Peleo, dándole el parentesco presente con Aquiles, el de los pies ligeros. Considerado un ser querido de Aquiles, tendría un vínculo muy cercano con él. Al ser reclutado para la guerra al igual que su primo y siendo aconsejado por su padre, se encamina a la sangrienta batalla. Un par de años más joven que Aquiles, es entendible su cualidad de infante traducida en acciones que serían cruciales dentro de la historia. Su papel en la guerra fue el de compañero de armas del famoso Aquiles, además de su destreza y habilidad con los caballos. Patroclo es también quien buscaría a Briseida, la amada de su primo, en la Embajada de Aquiles (episodio de la Ilíada) para poder persuadirlo a volver a pelear después de su enfurecimiento. Al tener a su primo como modelo a seguir, es persuadido por sus emociones y también se ve afectado por la cólera de Aquiles.
Aquiles, en su episodio de ira encerrado en su tienda, le permite a Patroclo utilizar su armadura y participar de forma más activa en la batalla. Una vez en las filas de combate con el yelmo de su primo, dio la ilusión de ser el mismo Aquiles, por lo que ningún soldado troyano se atrevió a enfrentarlo más que el mismo Héctor. La furia lo invade al divisar al de los pies ligeros y lo hiere en la garganta, dejando que fuera ahogado en su propia sangre. Menelao, testigo de la escena, rescata su cuerpo para proceder a las tradiciones funerarias de la época y para llevarle los restos a Aquiles. Más que la participación de Aquiles, es su muerte la que implica un importante capítulo en la historia.
Fue el principal hecho desencadenante que traería a Aquiles de vuelta en la batalla, con una sed de venganza que eclipsaba su deseo de gloria y gracias a la cual asesina traumáticamente a Héctor frente a toda su familia. Para velar a Patroclo, Aquiles procede con múltiples sacrificios a los dioses para poder honrarlo. Posteriormente, con la consiguiente muerte del segundo, la íntima relación familiar de estos dos sería retratada al condecorar sus huesos juntos, como un solo muerto y un solo héroe de guerra en una pira funeraria.
Tetis y Aquiles llorando a Patroclo.

La relación de Aquiles con Patroclo es un aspecto clave de su mito. Su naturaleza exacta ha sido objeto de disputa tanto en el periodo clásico como en la época moderna. En la Ilíada queda claro que los dos héroes tienen una amistad profunda y extremadamente significativa, pero la evidencia de un elemento romántico o sexual es equívoca. Patroclo fue enviado por su padre a Ptía, donde conoce a Aquiles y donde se hace su compañero de armas. Los comentadores del periodo clásico hasta la actualidad han tendido a interpretar la relación a través de las lentes de sus propias culturas. La Ilíada describe a la dupla de héroes como «compañeros de guerra» no sexuales. En el canto IX de la Iliada se presenta a Aquiles y Patroclo durmiendo cada uno con una mujer, Aquiles con Diomeda y Patroclo con Ifis, mujer que por cierto, el propio Aquiles entregó a Patroclo.

Cuando Aquiles oyó las amargas noticias, lloró y se revolvió en el suelo, transido de dolor. Sus amigos trajeron el cuerpo de Patroclo del campo de batalla pero él no les dejó enterrarlo. Se echó sobre él, rodeándolo con sus brazos, sollozando desesperadamente. Su madre, Tetis, vino a consolarle. "Hijo mío, ¿cuánto tiempo seguirás llorando con la mirada extraviada de pena, sin comer ni dormir? Yacer con mujeres y enamorarse de ellas también es bueno." Pero Aquiles no podía pensar en otra cosa que no fuese su compañero enamorado, a quien recriminó amargamente haber jugado con su vida: "No tuviste consideración por mi pura reverencia hacia tus muslos, ingrato a despecho de nuestros muchos besos."
Aquiles y Patroclo

lunes, 13 de mayo de 2019

Medea la hechicera y Medea la asesina de sus hijos

Medea es el arquetipo de bruja o hechicera, y comparte su condición de mujer autónoma e inusual, contraria al prototipo ideal de la época, con Calipso y Circe, entre otras. Era, asimismo, nieta del dios Helios. Su personaje tendría una gran repercusión en generaciones posteriores, sobre todo de manos de autores trágicos de la talla de Eurípides ( en su obra Medea) y Séneca, sobre todo por el supuesto asesinato de los hijos que tuvo con Jasón. Esta parte del mito es controvertida y muy posiblemente sea una leyenda negra para denostar la figura de la mujer poderosa y sabia que fue.


Medea era hija del rey de la Cólquide, Eetes, y su esposa Idia. Aprendió las artes mágicas de la maga Circe, que además era familiar lejana. Un día, Jasón y su tripulación llegaron a la corte de su padre para conseguir el vellocino de oro. Debido a las artes de Eros quedó perdidamente enamorada del aventurero y no dudó en ofrecerle su ayuda para poder conseguir cumplir los encargos de su padre a cambio de que se casase con ella y la llevase con él a Grecia. Jasón aceptó y tras conseguir cumplir sus planes, huyó con Medea y se casó con ella hasta que llegaron a la tierra natal de él, Yolco. Medea, para agradecerle todo a su esposo, decidió rejuvenecer a su padre, Esón, mediante sus artes mágicas. El rey de Yolco había sido desplazado del trono por su propio hermano, Pelias. Las hijas de este último le pidieron a Medea que por favor rejuveneciera también a su padre. Medea entonces cogió un carnero y delante de ellas lo descuartizó y lo echó a un caldero en el que había preparado una pócima. Poco después salió de él un joven ternerillo. Las hijas de Pelias, excepto Alcestes, decidieron ir entusiasmadas y descuartizar a su padre, pero éste no resucitó. Debido a esta desgracia, tanto Medea como Jasón fueron expulsados a Corinto. Una vez instalados allí, vivieron felices hasta que Jasón decidió rechazar a Medea para poder casarse con la hija del rey de Corinto, Glauca. Antes de ser desterrada, decidió vengarse de toda la familia real. Para ello, regaló un vestido a la princesa Glauca. Cuando ésta se lo puso, el vestido se incendió, prendiendo fuego también a su padre y al palacio. Los hijos que Medea tuvo con Jasón, según unas versiones, fueron lapidados por los corintos y según otras fueron sacrificados por la propia Medea en honor a Hera. 

Profundizando en el tema de la muerte de sus propios hijos, que convertiría a Medea en prototipo de mujer maligna, encontramos diferentes versiones, como la que narra que los corintios fueron quienes los mataron, como castigo por el hechizo que ésta había realizado a Glauca. Pero a su vez, como castigo, una epidemia fue acabando con todos los niños de la ciudad. Los corintios no se libraron de esta maldición hasta que, por consejo del oráculo de Delfos, realizaron sacrificios solemnes a los hijos de Medea y obligaron a los suyos a guardar luto.​ Esto justificaría por qué los dirigentes de Corinto, en el siglo V a. C., pagaron al dramaturgo Eurípides para que narrara la tragedia de Medea atribuyendo a la protagonista toda la lista de asesinatos y lavando así la imagen de la ciudad.​ Esta manipulación acabaría con otras versiones que consideraban a Medea como una mujer virtuosa y fiel esposa.
Su historia tras ser abandonada por Jason y supuestamente matar a sus hijos sigue. Helios le proporcionó un carro para que pudiera llegar volando hasta Atenas, donde se casó con el rey Egeo. Sin embargo, cuando el hijo de Egeo, Teseo, llegó a la isla, Medea trató de matarle para que no le usurpara el poder, pero finalmente tuvo que huir. Se marchó a la Cólquide y consiguió reconciliarse con su familia, que la perdonaron por haberse marchado con Jasón. Tras huir precipitadamente de Atenas, Medea se refugió en Italia, donde enseñó a los nativos cómo encantar serpientes, y ellos la venerarían como diosa, con el nombre de Angitia.  Cuando Medea murió, moró en los Campos Elíseos, donde vivió feliz para toda la eternidad. Según algunas fuentes, es posible que se casara con Aquiles.
Según otra versión del mito, la de Creófilo de Samos, son los familiares de Creón los que se encargarían de difundir esta leyenda negra de asesina de niños. Según Alain Moreau, Medea no llega directamente a Atenas, sino que hace una parada en Tebas, donde encuentra a Hércules, que se ha vuelto loco y no puede prestarle su ayuda. Medea socorre al héroe gracias a la magia, si bien este episodio es poco conocido ya que, como observamos, el objetivo de las demás versiones parece ser el de desacreditar a la hechicera.
Maria Callas en la película de Passolini

Se ha descrito de forma poco unánime y escasamente reconocida el "síndrome de Medea", que "se refiere a un cuadro de síntomas que caracteriza a la madre (en ocasiones el padre) que en respuesta a los conflictos y al estrés que se derivan de la relación con su pareja, descarga todas sus frustraciones con agresividad hacia su descendencia, llegando incluso a utilizar a su hijo o hija como un instrumento de poder y de venganza hacia su pareja, hasta arrebatarle la vida, se piensa que algunas mujeres identifican la maternidad con la feminidad, reafirmándola con el reconocimiento del otro, matando al hijo destruyen el vínculo de unión con su compañero, valorando a los hijos como a cualquier adquisición material".
Como vemos, se demoniza la figura de Medea, la hechicera y mujer sabia desde la obra de Eurípides como la asesina de sus propios hijos. Si bien a la mujer se la condena como protopipo de maldad por el asesinato de los hijos, el mismo acto por parte del padre se condena con mucha menos severidad. En la antigua Roma el padre tenía el derecho de matar a sus propios hijos bajo la ley "Patria potestas" hasta el siglo cuarto. Otras culturas a través de la historia han tratado el asesinato de los hijos por parte del padre de la misma forma. Cristo, por ejemplo, es el hijo de un Dios que baja a la tierra para que le maten. Jehová manda a las plagas de Egipto que maten a los primogénitos. Saturno devoró a sus hijos para que no lo destronaran, etc...


Medea ha sido siempre considerada una figura que engendra el miedo, formando parte de una categoría de la alteridad, de lo extraño y misterioso entre los griegos (Jean Pierre Vernant, "La mort dans les yeux. Figure de l’Autre en Grèce ancienne")  El prototipo de Medea se convirtió desde muy pronto, para los hombres, en una suerte de idealización negativa y temible de la mujer. Medea es “la mujer que mata a sus hijos”. En resumen, ella simboliza lo Otro que se reafirma y se levanta contra la encarnación de lo estipulado, orden representado por Jasón.
Antes de la representación de Eurípides, Medea era considerada una diosa madre, no una bárbara asesina. Una percepción que cambia en el mundo griego, pues Medea proviene de Oriente, de un mundo bárbaro a ojos del mundo occidental. El bien y el mal quedan así trastocados. El estatuto de extranjera, de extraña, se mostraba ante el público griego para poder comprender la acción asesina: un crimen tan atroz (matar a sus propios hijos) no podía provenir de un conciudadano.
Según Nita Krevans (“Medea as foundation-heroine”), el nombre de Medea está en relación con la representación de la madre tierra, pues, desde su partida de la Cólquida, sus pasos hacen de ella una heroína fundadora de ciudades. Píndaro, en el Canto IV de las Píticas, describe a Medea profetizando la fundación de Cirene. Sin embargo, Medea siempre estará ligada a Jason,. Si estudiamos el mito de Medea en su globalidad, todos los crímenes cometidos por la heroína se realizan para salvaguardar a su compañero. Además, en la tradición más extendida del mito, Afrodita es la instigadora del amor por el caudillo de los argonautas. En Apolonio de Rodas, Atenea y Hera son las causantes de esta pasión. Las diosas piden a Afrodita que hable con su hijo, Amor (Eros), para herir a Medea con una de sus flechas para ayudar a Jasón.
Esta intervención de Afrodita reforzaría la idea de que el mito del amor romántico es le que arrastra a Medea a actuar traicionando a los suyos en aras del amor a Jasón, sacrificiando su identidad y su individualidad que recupera tras ser abandonada por él y convirtiéndose en la malvada asesina de sus hijos.

Fuentes:

Wikipedia

miércoles, 17 de abril de 2019

El señor Patata

No hay nada más frustrante a nivel laboral que tener como superior a un señor patata.
Todos conocemos ese juguete de los años 60 que consistía en un muñeco con forma de patata al que se le iban añadiendo accesorios y órganos (corbata, ojos, pelo, orejas, gafas, etc) hasta que tenía la apariencia de un señor "normal".
Pues lo mismo pasa con algunos jefes y jefecillos. Son patatas sin ningún atributo ni mérito que se van invistiendo de cosas que les dan apariencia de señores con cierto prestigio y capacidad de gestión.


Pero un patata es un patata, y no es un señor con capacidades organizativas y ciertas competencias.
Un patata o papa frita en mi tierra es un "pa na", un inútil, vago, sin ingenio, incompetente, sin creatividad ni capacidad de trabajo. Un señoro con corbata que aparenta ser algo que no es, una "persona de poca valía e imbécil, también engreída".
El señor patata tiene la formación justa, más bien tirando a escasa o inexistente, pero su curriculum está engrosado por méritos cuestionables, como ser hijo de alguien o pertenecer a una iglesia, hermandad u organización de esas que otorgan brillo y prestancia a quien no tiene otra cosa. De ahí los complementos que se le añaden como postizos al famoso juguete. Al papafrita se le acoplan cosas de las que carece y de las que carecerá siempre puesto que se las puede apropiar sin esfuerzo alguno.
El jefe señor patata es un señor con traje y corbata, puesto que esta vestimenta siempre otorga como unas gafas postizas a una patata un aire de respetabilidad. suele ser una persona además de con escasa formación para supuesto un incmpetetente que se limita a pasearse por la oficina o centro de trabajo sin hacer nada en concreto, aparentando estar ocupado pero ocioso hasta el aburrimiento. Tan inepto que no abre el correo de la empresa ni soluciona nada.
Señores patata tenemos muchos en los cargos más relevantes de la administración pública, pero también en las empresas más modestas.



Porque sin esta figura, ¿qué sería de todos esos hijos de papá que no saben hacer la o con un canuto?  Pobrecitos, estarían sin un carguito, serían unos don nadie, unas patatas rasas sin más.








https://fititu.es/definicion/cadiz-cai/papafrita/

lunes, 15 de abril de 2019

El origen pagano de la Semana Santa

Diosa Astarté
Sabemos que muchas de las tradiciones de la religión católica son de origen pagano. Esto es debido a que en la época en que la religión católica se encontraba en auge era necesario hacer la conversión de muchas personas que profesaban religiones de diferentes orígenes, tomando elementos de festividades ya existentes en religiones y culturas preexistentes. 
Un ejemplo de ello es el origen de la Navidad, Natividad o el Nacimiento de Jesús que fue ajustado para coincidir con las fechas de celebración de Saturnalia, donde además se utiliza el famoso árbol de Navidad, que fue tomado del Árbol de la vida llamado Yggdrasil de la Mitología Nórdica.
La semana santa no cae siempre en la misma fecha, se elige como domingo de resurrección el primer domingo después de la primera luna llena tras el equinoccio de primavera, una fecha muy importante para muchas religiones paganas y la luna, que puede estar relacionado con las celebraciones paganas en honor a la Diosa Ostara, o diosa de la primavera. De hecho es común en muchos países hacer la celebración de las Pascuas, que tiene origen Judío, que esta celebración incluya los huevos de Pascua y el conejo de pascua lo que es interesante, ya que el conejo es un animal que siempre ha acompañado a la Diosa Ostara en sus representaciones.

Diosa Celta Ostara


El equinoccio de primavera marca simbólicamente la entrada de una nueva estación y en las sociedades agrícolas el comienzo de la temporada de siembra. Esta era una fecha importante por lo tanto para estas sociedades, y no es extraño que muchos calendarios la contemplen como un acontecimiento importante, una festividad, o incluso como el comienzo del año. Esto pasaba con los calendarios chino y romano, que celebraban en estas fechas fiestas agrícolas. También sucedía con el calendario hebreo, aunque este pueblo paso de celebrar una fiesta agrícola a conmemorar la salida de Egipto en el mes que comenzaba  la primavera. Si añadimos a esta asimilación de las fiestas de la siembra y la primavera el que los carnavales tienen su origen en estas mismas sociedades, la historia que nos cuenta es la de la cristianización de unas ceremonias paganas.Hay muchos vínculos por tanto entre las celebraciones de la Semana Santa y los ritos ancestrales de fecundidad y de cambio de ciclo.

El origen de los carnavales parece estar en una  celebración babilónica en la que se nombraba rey a un reo por un día. El protagonista gobernaba durante todo el día como si fuera el autentico rey, se le concedían todos los caprichos, y al acabar este periodo se le ejecutaba. Todavía en muchos lugares se quema a un pelele con corona para finalizar los carnavales, y en otros lugares se produce el llamado “entierro de la sardina” para cerrar estas fiestas. La fiesta babilónica pasó a celebrarse también por los griegos y romanos. Estos últimos lo llamaban bacanales y la celebraban el 17 de marzo (con el comienzo de la primavera). Eran fiestas en las que se bebía sin medida y se daba, parece ser, rienda suelta a los placeres carnales. Este fue el origen de los carnavales que se celebraban en la edad media.
Saturnales romanas
El origen de la palabra “Pascua” es de origen judío, fiesta ordenada por Jehová (Lev. 23: 27-44) como Sábado de Expiaciones en recuerdo a la salida de Israel de Egipto. En las regiones Nórdicas de Europa, así como también en los Estados Unidos y Canadá, el Domingo de Pascua es celebrado como ya se ha mencionado con varias costumbres que provienen de Babilonia, tales como el pintar huevos de diferentes colores, éstos se esconden y los niños los buscan para comerlos.
Según un mito Babilonio, había un huevo de gran tamaño que había caído desde el cielo al río Eufrates. De este maravilloso huevo fue engendrada la diosa Astarté. Por esto el símbolo del huevo llegó a ser asociado con esta diosa. Los antiguos druidas portaban un huevo como emblema sagrado de su fe. La procesión de Ceres, en Roma, era precedida por un huevo y en los misterios de Baco se consagraba un huevo como parte de la ceremonia festiva. En China, hasta nuestros días, se siguen usando huevos de colores en su festival sagrado. En el Japón, una vieja costumbre consiste en colorear los huevos sagrados de forma muy brillante. En la Europa del Norte, en tiempos paganos, los huevos eran usados como un símbolo de la Diosa. 

La Semana Santa o Pascua Cristiana fue establecida de forma oficial por la Iglesia Católica en el I Concilio de Nicea, en el año 325. Desde entonces la Cristiandad conmemora la muerte de Cristo y su resurrección al tercer día después de muerto. Sin embargo, la Iglesia de Roma nunca dijo nada de que se sacasen imágenes de Cristo a las calles durante esos días. Se celebra en la semana de la pascua Judía. Podemos decir que en la biblia no existe ninguna referencia sobre la celebración de la semana santa y que ésta es un invento de la iglesia católica del siglo V.
Procesiones en honor de Isis
Otra de las tradiciones más arraigadas por la religión católica es la de las procesiones. Mucho antes del cristianismo existieron rituales similares, un ejemplo son las llamadas “pompas” de origen griego en la que comitivas de bailarines músicos y carros se organizaban para adorar divinidades paganas. Grupos de personas desfilan desde un lugar a otro, normalmente templos religiosos, para conmemorar un hecho divino o para rogar a Dios algo. Los cristianos de todo el mundo celebraron procesiones desde el siglo I d.C. si bien, al principio eran secretas e incluso con estilo militar para evitar las persecuciones a las que los sometían los romanos. Desde la Edad Media (siglos XII y XIII) se celebraban en muchas localidades de la Península procesiones religiosas durante los días de Semana Santa. Era, como lo es hoy, una manifestación pública de religiosidad, igual que las muchas que se celebraban a lo largo del año en toda la Cristiandad. Se potenciaron y favorecieron las expresiones colectivas de religiosidad. Se incitaba a los fieles laicos a formar asociaciones religiosas llamadas cofradías y a salir a las calles a expresar su fervor religioso. Es decir, justo lo contrario de lo que había propuesto Lutero. La Semana Santa y el Corpus se convirtieron en las mejores ocasiones para esas manifestaciones de fervor religioso compartido. Con ellas se demostraba el triunfo de la Iglesia Católica frente a los protestantes.
Goya



Fuentes:



jueves, 11 de abril de 2019

Aceptación


La aceptación radical es “reconocer con claridad lo que estamos sintiendo en el presente, de manera que podamos lidiar con esa experiencia con compasión”. Tara Brach




Con origen en el término latino "acceptatio", el concepto de aceptación hace referencia a la acción y efecto de aceptar. Este verbo, a su vez, está relacionado con aprobar, dar por bueno o recibir algo de forma voluntaria y sin oposición. Se suele distinguir entre aceptar las ideas de otro y compartirlas: en el primer caso, no es necesario estar de acuerdo, por otro lado, compartir indica claramente que se piensa del mismo modo.


Aceptar es abandonar una lucha hacia algo que no tiene solución y buscar otros caminos que nos permitan vivir como nos gustaría, de acuerdo a nuestros valores. 
Practicar la aceptación radical simplemente significa que estás reconociendo la realidad, que reconoces lo que sucedió o está sucediendo, porque luchar contra ello solo intensificará tu reacción emocional. La práctica de la aceptación radical no significa sumisión ni resignación pasiva sino que abre el camino a la resolución de los problemas. Si no te gusta algo, lo primero que debes hacer es aceptar que eso está ocurriendo, porque si estás demasiado ocupada luchando contra esa realidad, no tendrás suficiente energía para cambiarla o mejorarla.

La aceptación radical es una técnica que forma parte de la Terapia Dialéctica Conductual desarrollada por Marsha M. Linehan, una psicóloga de la Universidad de Washington, aunque ha sido Tara Brach, psicóloga y profesora de meditación y budismo, quien la ha popularizado. De hecho, la aceptación radical tiene sus raíces en la filosofía budista, según la cual es fundamental abandonar las expectativas irreales, que son las que alimentan el sufrimiento.
Según Tara Brach, la aceptación radical es “reconocer con claridad lo que estamos sintiendo en el presente, de manera que podamos lidiar con esa experiencia con compasión”. Carl Rogers también se refirió a la aceptación: “La curiosa paradoja es que solo puedo cambiar cuando me acepto a mí mismo tal como soy”. Y hace ya varios siglos William James escribió: “La aceptación de lo que ha sucedido es el primer paso para superar las consecuencias de cualquier desgracia”.

La aceptación radical significa aceptar la vida como es sin resistirse a todo aquello que no podemos cambiar. Por tanto, implica decir sí a la vida, tal como es, tal como viene. Sin embargo, combatir la realidad y resistirse a ella solo crea sufrimiento. Mientras que el dolor es inevitable en la vida, el sufrimiento es opcional. El sufrimiento es lo que te sucede cuando te niegas a aceptar el dolor. El dolor viene de situaciones que no podemos evitar como la enfermedad, la muerte y la pérdida en general. El sufrimiento viene de la resistencia a aceptar que esos hechos que nos causan dolor ocurren y que no podemos cambiarlos, lo que genera rabia, ira, frustración que nos paralizan en el proceso de aceptación del dolor.



De hecho, neurocientíficos de la Universidad de Harvard comprobaron que cuando no somos capaces de aceptar lo ocurrido y pasar página, las vivencias emocionales traumáticas se quedan grabadas como huellas dolorosas en nuestro cerebro, y cada vez que se activan generan sufrimiento. 
La aceptación no significa aprobar la maldad, las injusticias o las desigualdades en la vida.  Nos puede ayudar a ver las cosas de manera más clara y cómo son. Ver por qué las cosas ocurren de la manera como lo hacen.  Al hacer una pausa para aceptar y observar cómo son las cosas y por qué, aumentamos las oportunidades de hacer mejores selecciones y llevar a cabo acciones más sabias que pueden llevarnos a mejorar la situación o al menos a no crearnos un sufrimiento que es innecesario. 

El pararse a conocer las cosas y a nosotros mismos antes de actuar de forma impulsiva e irreflexiva movidos por el sufrimiento y la emoción permite generar un proceso de reflexión, aceptación de lo externo y de nosotros mismos y abre la posibilidad de vivir más intensa y plenamente el presente y la realidad de que estamos vivos en este preciso instante. Debemos amar primero y aceptarnos antes de amar y aceptar a otros.  
Vivimos inmersos en un mundo en el que prima la acción. La reflexión y la contemplación están devaluadas en el seno de una sociedad capitalista y finalista. Sin embargo, centrarse en el ser, en lugar del hacer permite vivir con aceptación, calma y no apegarse a emociones y pensamientos que conducen al sufrimiento. Permitirse ser, no lanzarse a juzgar y hacer, facilita un estado de conexión más íntimo con nuestra propia esencia y nuestra humanidad.