miércoles, 23 de mayo de 2018

La asexualidad existe


La asexualidad es la falta de atracción sexual hacia otros, o el bajo o nulo interés en el deseo de actividad sexual.​ Puede ser considerada como la ausencia de orientación sexual o una de sus variaciones junto con la heterosexualidad, la homosexualidad y la bisexualidad.​ También puede usarse como una denominación general para categorizar un espectro más amplio de varias subidentidades asexuales.
La asexualidad es otra cosa diferente a la abstinencia sexual y el celibato,​ que son conductas voluntarias y generalmente motivadas por creencias personales o religiosas. A veces las personas asexuales se involucran en actividades sexuales a pesar de carecer deseo sexual, debido por ejemplo al deseo de complacer a sus parejas románticas (que sí pueden tener) o a un deseo de tener hijos.​ Los asexuales, a pesar de no sentir atracción sexual, sí pueden experimentar atracción romántica que puede estar dirigida hacia uno o ambos sexos. 

La aceptación de la asexualidad como una orientación sexual y como campo de investigación científica es relativamente nueva.​ Por este motivo, mientras que algunos investigadores afirman que la asexualidad es una orientación sexual, otros discrepan.​ Asimismo, el hecho de que la asexualidad haya ganado visibilidad social en los últimos años hace que la cantidad de estudios e investigaciones sobre el tema no sea lo suficientemente grande como para tener datos detallados de su presencia fuera de los países occidentales, ni sobre los mecanismos psicológicos y biológicos que pueden ayudar a entenderlo mejor.​

El concepto de libido esta entendido por Freud como una energía que vincula lo físico con lo psíquico. Se relaciona con la idea de que en el sujeto los estímulos producen un quantum de energía psíquica que se acumula y que es vivida como displacer. Esa energía debe ser descargada. Freud consideraba a la libido como la energía de la pulsión, aquella que llevaba al ser humano hacia la vida y que inicialmente tenía una expresión principalmente sexual, aunque podía sublimarse por diversos medios y manifestarse en multitud de formas. Según comprensiones más modernas desde el psicoanálisis la libido se reconceptualiza como la capacidad deseante del sujeto.


 Eso ocurre desde que nacemos y la sexualidad para el Psicoanálisis está relacionada con la búsqueda del placer, búsqueda que encontrará diversos modos en las diferentes etapas del individuo. Desde este punto de vista, a lo largo de las etapas de evolución de la libido que Freud describe se van formando distintas modalidades y objetos de satisfacción. Ya adultos, las pulsiones en su búsqueda de placer podrán tener distintos “destinos”: a través de diferentes objetos; homosexuales, heterosexuales, narcisistas/auto eróticos, ser reprimidas y quedar en el Inconsciente, dando lugar a satisfacciones disfrazadas a través de síntomas o ser sublimadas, ser desexualizadas y satisfacer la búsqueda de satisfacción a través de producciones no entendibles como “sexuales”.
Como se ve, la sexualidad es un concepto muchísimo mas amplio que lo genital y tiene múltiples manifestaciones. De hecho, la cultura es entendida por Freud como producto de la represión y sublimación de pulsiones sexuales. De ahí, describe un “malestar en la cultura”, derivado específicamente del plano de la represión, que es muy distinto al de la sublimación, ya que el primero conserva su carácter sexual, mientras que el segundo ha cambiado de meta, se ha “desexualizado”. Así para el psicoanálisis la energía que nos mueve es de origen sexual pero puede expresarse en modos que parecerían no ser sexuales en el sentido tradicional. El concepto de sublimación es un punto que todavía hoy presenta oscuridades y ofrece muchas puertas para investigar. Y puede ser interesante pues no significa que la pulsión se reprime sino que cambia y se desexualiza. Desde esta perspectiva, quizá se trate de une herramienta interesante para pensar la asexualidad. Y si no existe un malestar interno al respecto ni un anhelo por estar perdiendo la experiencia de disfrutar de la sexualidad, no existe  una patología ni una represión.


En el caso del autoerotismo, habría sexualidad entendida como búsqueda de placer a través del propio cuerpo. También hay objeto: el propio individuo. Lo que parecería no haber es otro sujeto a quien ligarse libidinalmente.

La asexualidad no es un nuevo aspecto de la sexualidad humana, pero sí es relativamente nueva en el discurso público.​ S. E. Smith de The Guardian no está seguro de que la asexualidad realmente haya aumentado, más bien se inclina hacia la creencia de que simplemente es más visible.​ Por su parte, Alfred Kinsey clasificó a los individuos en un grado de 0 a 6 de acuerdo con su orientación, desde heterosexual a homosexual, conocida como escala de Kinsey. Él también incluyó una categoría que llamó «X» para individuos «sin contacto o reacciones socio-sexuales».​ Kinsey etiquetó al 1.5% de la población de hombres adultos como «X».​ En su segundo libro, Sexual Behavior in the Human Female, él informó un desglose de personas que son «X»: mujeres solteras, 14-19%; mujeres casadas, 1-3%; mujeres previamente casadas, 5-8%, varones solteros, 3-4%; hombres casados, 0%; y varones previamente casados, 1-2%.​ A pesar de que, en tiempos modernos, esto es categorizado como representando a la asexualidad,​ Justin J. Lehmiller dijo que «la clasificación X de Kinsey enfatiza una falta de conducta sexual, mientras que la definición moderna de asexualidad enfatiza la falta de atracción sexual. Como tal, la escala de Kinsey puede no ser suficiente para una clasificación precisa de la asexualidad».


Más datos empíricos sobre un grupo demográfico asexual aparecieron en 1994, cuando un equipo de investigación en el Reino Unido llevó a cabo una encuesta exhaustiva de 18876 residentes británicos, impulsado por la necesidad de información sexual a raíz de la pandemia de VIH/sida. La encuesta incluyó una pregunta sobre la atracción sexual en la cual el 1.05% de los encuestados indicaron que «nunca han sentido sexualmente atraídos por nadie».​ El estudio de este fenómeno fue continuado por el investigador canadiense Anthony Bogaert en 2004, él exploró el grupo demográfico asexual en una serie de estudios. La investigación de Bogaert indicó que el 1% de la población británica no experimenta atracción sexual,​ pero él creía que dicha cifra no era un reflejo preciso del porcentaje probablemente mucho mayor personas que se identifican como asexuales, pues observó que el 30% de las personas contactadas para la encuesta inicial optaron por no participar en la encuesta. Dado que las personas con menos experiencia sexual son más propensas a negarse a participar en estudios sobre sexualidad, y los asexuales tienden a tener menos experiencia sexual que los sexuales, es probable que los asexuales estuvieran infrarrepresentados en los participantes que respondieron. El mismo estudio encontró que el número de homosexuales y bisexuales combinados era de aproximadamente el 1.1% de la población, que es mucho más pequeño de lo que indican otros estudios.​


Contrastando la cifra de 1% de Bogaert, un estudio por Aicken et al., publicado en 2013, sugiere que, basado en datos de Natsal-2 de 2000-2001, la prevalencia de la asexualidad en Gran Bretaña es solo del 0.4% para personas entre las edades de 16-44.​ Este porcentaje indica una disminución del 0.9% en la cifra determinada a partir de los datos de Natsal-1 recopilados en el mismo rango de edad una década antes.

Existe un debate significativo sobre si la asexualidad es una orientación sexual o no.​ Ha sido comparado y equiparado con el trastorno del deseo sexual hipoactivo (TDSH), ya que ambos implican una falta general de atracción sexual hacia cualquiera; el TDSH ha sido usado para medicalizar la asexualidad, pero la asexualidad generalmente no se considera un trastorno o una disfunción sexual (tal como la anorgasmia, la anhedonia, etc.), porque no necesariamente define a alguien como que tiene un problema médico o problemas para relacionarse socialmente.​ A diferencia de las personas con TDSH, las personas asexuales normalmente no experimentan «distrés significativo», ni «dificultad interpersonal» en cuanto a sus sentimientos sobre su sexualidad, ni en general una falta de excitación sexual; en la asexualidad se considera la falta o ausencia de atracción sexual como una característica duradera.​ Un estudio encontró que, comparado con sujetos con TDSH, los asexuales reportaron bajos niveles de deseo sexual, experiencia sexual, angustia relacionada con el sexo y síntomas depresivos.​ Los investigadores Richards y Barker repotaron que los asexuales no presentan tasas desproporcionadas de alexitimia, depresión, o trastornos de personalidad.​ Algunas personas, sin embargo, pueden identificarse como asexuales incluso si su estado no sexual se explica por uno o más de los trastornos antes mencionados.



Lo único que cierto es que la asexualidad es una condición que ha existido siempre, que existe en todas las culturas aunque no se ha tenido en cuenta y que parece rondar el 1% de la población y que incluso parece también darse en otras especies animales.

El deseo o libido no tiene por qué materializarse en un impulso sexual, puede sublimarse (que no reprimirse como se ha visto) en otro tipo de impulsos y permitir a una persona adulta vivir una vida plena sin necesidad de tener relaciones sexuales. El sexo no es una necesidad fisiológica como comer, beber, respirar o dormir. Lo cierto es que la sexualidad humana ha estado muy influenciada social y culturalmente por muchos factores que han distorsionado su vivencia "natural"  y no podemos saber, al igual que ha pasado con las orientaciones sexuales diferentes a la heterosexual, cómo de presente ha estado en la vida de las personas la asexualidad.
Para muchas personas descubrir que no tener deseo sexual no es patológico ni malo es una liberación y debemos dejar de patologizar la falta de deseo sexual. Hay que normalizar y respetar.







Psiquentelequia (Enrique Schiaffino)
wikipedia
AVENes (Patricia Pomatti)

viernes, 20 de abril de 2018

Iris, de mensajera de los dioses a camarera de Hera


"Como cae de las nubes la nieve o el helado granizo,
a impulso del Bóreas, nacido en el éter;
tan rápida y presurosa volaba la ligera Iris"
(Ilíada, Canto XV)


En la mitología griega, Iris es hija de Taumante y de la oceánide Electra y hermana de las Harpías y de Arce. En la Ilíada, se la describe como mensajera de los dioses; sin embargo, en la Odisea este papel está reservado a Hermes. También aparece en la Eneida como mensajera de Hera. Eurípides la incluye en su tragedia Heracles, Iris aparece como, otra vez, la mensajera de Hera.
Iris es la diosa del arco iris que anuncia el pacto de los humanos y los dioses y el fin de la tormenta; al igual que Hermes, es la encargada de hacer llegar los mensajes de los dioses a los seres humanos. Está casada con Céfiro, dios del viento del oeste.
Durante la Titanomaquia, Iris fue elegida para ser la mensajera de los Olímpicos mientras que su hermana gemela, Arce, se convirtió en mensajera de los Titanes.
En el himno homérico a Apolo, los dioses presentes en el nacimiento en Delos, enviaron a Iris para que trajera a Ilitia y ayudara a Leto a dar a luz a Apolo y Artemisa.
En la Ilíada, Iris fue quien avisó a Menelao del secuestro de Helena en Esparta. Impidió a Hera y Atenea entrar en combate para ayudar a los aqueos. Ayudó a Afrodita cuando fue herida por Diomedes, donde la llevó al Olimpo conduciendo las riendas del los caballos de Ares. Además, fue la encargada de avisar a Aquiles para que liberara el cadáver de Patroclo, que estaba en poder de los troyanos. A continuación, Iris acude a la morada de los vientos para informarles de las súplicas de Aquiles; que avivaran la hoguera en la que yacía el cadáver de su amigo.

En la Eneida, por orden de Hera, Iris corta el cabello rubio de la reina Dido que une a las personas a la vida. En otro pasaje, Iris toma la forma de la anciana Beroe, para que suscite en las mujeres troyanas el deseo de no viajar más y quemar las naves de Eneas. Por otra parte, Iris acompaña a Turno a la batalla, en donde informa al rey que los troyanos están sin su caudillo.
En la tragedia de Eurípides, Heracles, Iris es la responsable de la locura de Heracles.
En una ocasión, Iris le pide a los Argonautas alados, Calais y Zetes que no maten a sus hermanas las Harpías y promete que Fineo no será molestado por ellas nunca más.
Se representa a Iris como una hermosa joven virgen con alas doradas y con una túnica múlticolor, apresurándose a la velocidad del viento de un extremo a otro del mundo, a las profundidades del mar y del inframundo en donde tenía acceso libre. Es la mensajera especialmente de Hera, y está relacionada con Hermes, cuyo caduceo lleva a menudo. Por orden de Zeus, lleva un jarrón con agua del río Estigia, con la que hace dormir a todos los que perjuran. También es representada suministrando a las nubes el agua que necesitan para inundar el mundo.
Puesto que la función de Iris es transmitir los mensajes de los dioses, Platón relacionaba su etimología con eireín, cuyo significado es «hablar». Así, Iris personificaría la dialéctica y la filosofía. Su origen sería el asombro, puesto que su padre, Taumante, está relacionado etimológicamente con la palabra thoûma(asombro).​
 Apolo entregó a Hermes el caduceo a cambio de la flauta de Pan, inventada por Hermes. También la diosa Iris lo utilizaba para realizar la conexión entre los dos mundos, y para conducir las almas de los muertos al inframundo, o tal vez para adquirir la rapidez del pensamiento en sus traslados. Para algunos autores, el caduceo identifica a los heraldos o mensajeros de los dioses, mientras que otros se refieren a él como símbolo de armonización de contrarios o atributo de paz. Las fuentes iconográficas nos muestran tanto a Iris como a Hermes portando el caduceo, desde finales del siglo VII a.C.

Otro de los atributos distintivos de la diosa son sus sandalias o zapatillas aladas, también utilizadas por los artistas a la hora de representar a Hermes, y que son clara alusión a la rapidez de su curso y a su vuelo. También pueden calzar sandalias aladas el héroe Perseo, Nike, especialmente en la época arcaica, las Gorgonas y los Boréades. Hermes e Iris, como mensajeros divinos, comparten atributos iconográficos y, ocasionalmente, la presencia de ambos puede advertirse, al mismo tiempo, en las obras de arte.
Podría pensarse que a medida que se hizo más importante en la literatura y en las artes el papel de Hermes como mensajero divino, iba disminuyendo la presencia de Iris. Se ha apuntado, también, que mientras Iris quedaba relegada al servicio de Hera, Hermes pasaba a ser el heraldo personal de Zeus y los dioses masculinos. Por lo general, Iris era la encargada de transmitir los mensajes funestos, mientras que a Hermes le correspondía el honor de llevar las buenas nuevas. Hermes fue acrecentando su presencia en el arte griego, mientras que la figura de Iris fue perdiendo popularidad a medida que avanzaba el tiempo. La diosa estuvo asociada, también, a los acontecimientos nupciales, con el thymiaterion o una cista de perfumes; en este sentido, podemos contemplarla en las representaciones plásticas haciendo las funciones de camarera de Hera. 


lunes, 16 de abril de 2018

Un misógino mundo feliz

Hace poco he releído "Un mundo feliz" de A. Huxley y mi indignación y mi sorpresa al descubrir la magnitud de la misoginia del mundo distópico imaginado por el autor han sido estratosféricas.
Leí el libro por vez primera en la adolescencia y algo me rechinó del personaje de Lenina y de la insistencia en mostrarla como objeto sexual "neumático" que apenas interviene en la trama excepto para ser deseada y que los Alfas rivalicen por poseerla. Por lo demás, me dejé seducir como todo el mundo por la trama de la novela y la descripción del mundo sin sufrimiento ni anhelos que muestra.


Una nueva lectura desde una perspectiva madura y feminista me ha dejado impactada, pues así como la primera vez me subyugó todo el tema de la distopía futurista, ahora me resulta insoportable la inexistencia de un papel activo de la mujer en la sociedad fordiana de dentro de 600 años.
Para empezar, dentro el sistema de castas donde los Alfas son la cúspide, los intelectuales y dirigentes del sistema, no se menciona explícitamente a ninguna mujer Alfa. De hecho, no hay ninguna mujer en puestos de responsabilidad. Sólo está Miss Keate en la escuela de Eton como maestra jefa, pero como todos los puestos de enfermeras y maestras son asumidos en esta sociedad por mujeres (cosa nada novedosa, por cierto), no queda claro si esta mujer es una Alfa, o si es una Beta subalterna de algún hombre Alfa. Por no mencionar que su función en la trama es ser amante de uno de los protagonistas masculinos, el timorato de Bernard, un Alfa acomplejado por tener físico de Gamma.
Cuando el Salvaje y Lenina van al cine, la protagonista de la película es una "preciosa y rubia Beta", ¿por qué no una Alfa? y la secuestra un "negro", cuya casta no se menciona. Por supuesto, el racismo también está presente, no vayamos a esperar menos, y tampoco esperemos que se mencione otro tipo de relaciones sexuales que no sean heterosexuales.


No es de extrañar que en una sociedad de castas en la que las mujeres no tienen un "valor biológico" puesto que la reproducción se hace de forma artificial, no existe el amor romántico ni el matrimonio, con una perspectiva heteropatriarcal, el valor de las mujeres sea el de meras compañeras sexuales. No hace falta que sean Alfas, no hace falta hablar con ellas ni convivir con ellas. No necesitan pensar ni tener cerebro.
Las mujeres como Lenina y Fanny son condicionadas a ser promiscuas y a complacer a los hombres, e incluso la mayoría son estériles, lo que nos refuerza el papel meramente sexual del sexo femenino en esta sociedad.
Mujeres Alfa,¿ para qué? Mujeres que piensen, que tengan ideas propias, como podría haberlo sido Linda, la mujer que se quedó atrapada en la reserva de salvajes. Su hijo, el Salvaje, es un personaje fascinante y central en la trama. Linda no es más que una pobre tonta drogadicta que no quiere saber nada de lo que ocurre a su alrededor.

La excusa para toda esta misoginia no puede ser que el libro se escribiera en 1932, pues en esa época ya estaba el sufragio femenino aprobado en muchos países, ya había muchas autoras escribiendo hacía siglos, ya se sabía que las mujeres tenemos alma y sentimientos, y por poner un ejemplo Jane Austen ya había escrito "Sentido y sensiblidad" un siglo antes, dando voz a los pensamientos de las mujeres.
Sólo me queda pensar que Huxley era un machista, o que intencionadamente quiso hacer de su "mundo feliz" un mundo aún más infeliz para las mujeres.


viernes, 13 de abril de 2018

Viva la feria


Ellas van por la vida pisando fuerte
hablando fuerte
arrollando con su mediocridad.
Por esa vida llena de ruido y furia
contada por idiotas que pisan muy fuerte
y que nada significa.
Nada significa tu puto zapato de tacón ruidoso
ni tu mierdoso pintaúñas de colores químicos
Ni tu noche del pescaíto frito en aceites insalubres
ni tus farolillos de papel disueltos por la lluvia.
Tus complementos de flamenca cuidadosamente escogidos
fabricados en china por manos esqueléticas,
tu tapita servida por un currito explotado
tus cacharritos montados por feriantes depauperados
tu comida hecha de animales torturados
tu préstamos de cofidis para pagarlo

Tu vida es idiota
Tú eres idiota
Por meterte en una caseta que huele a sobaco
a no escuchar palabras y a alcoholizarte.
Idiota, ruido y furia.
Eso es lo que quieres.
Es lo que eres.



jueves, 12 de abril de 2018

La verdadera naturaleza del amor.

Edipo y la esfinge

El gran error que hemos cometido es creer que el amor es algo innato y universal que surge de forma automática y que no necesita por nuestra parte nada más que dejarlo ser y estar.
Nada más lejos de la realidad para cualquier manifestación del amor.
El amor no es innato, de hecho existen personas incapaces de amar, y de hecho es más fácil odiar. Dado que como se vio en un post anterior el odio es un mecanismo básico de autoconservación del yo, que se fija en el objeto odiado con especial atención para combatirlo.
 Al fin y al cabo, el odio es algo más básico que el amor, es más fácil odiar que amar, es más fácil destruir que construir, el yo primitivo odia, pero no ama.
Entonces, el amor se identificaría con el sentimiento que surge cuando somos capaces de darnos cuenta de que hay un otro que nos preocupa igual o más que nosotros mismos, por cuyo bienestar nos hacemos responsables e, incluso, por quien no nos importa hacer sacrificios, ya que el solo hecho de verlo feliz nos compensa. 
Amor y Psique


El amor se da en función de otro, pero no como alguien separado, sino como otro con el que se hace pareja, con quien existe una unión que nutre y hace crecer a la pareja y al individuo. Ambas personas ofrecen, se impulsan, se ayudan avanzar y crean juntos. Una relación así se consigue si cada uno es capaz de aportar lo que le corresponde, si puede entender cuál es su función y su lugar, si cede y es capaz de recibir lo que el otro da, sabiendo que todo se hace para el bienestar y crecimiento común, así como de la pareja y de la familia. Para ello, es necesario renunciar al deseo de tener la razón, el poder o el control del otro. Es preciso ser humildes y modestos; poder ser feliz realmente a través de dar a otro. Por eso el amor es tan complejo, nos asusta, sentimos que nos deja vulnerables, pues exige hacer a un lado el orgullo y la arrogancia.
Pero en ocasiones ( y en muchas ocasiones) cuando creemos hacer algo por amor, tal vez lo que nos impulse sea una mezcla de sentimientos más primitivos o infantiles (enojo, posesividad, celos, rivalidad, envidia, miedo). Incluso, podemos llegar a dudar si somos capaces de llevar a cabo una tarea tan compleja como es amar. Sin embargo, también es cierto que siempre oscilaremos entre el amor y muchas otras emociones, no hay sentimientos puros y completamente definidos. 


Lupa capitolina y Rómulo y Remo

Para el psicoanálisis el amor es del orden del deseo: no una pasión imaginaria donde el sujeto tiende, sin conseguirlo, a completarse sino un don activo. Cada vez que vuelvo a caer en la ilusión de completud tengo inhibiciones para trabajar, para amar, para crear. El sujeto, cuando acepta que no puede poseer al otro acepta su carencia y se transforma en sujeto deseante en continua transformación. El amor surge, por lo tanto, ahí donde un amado se transforma en amante, es decir un deseable en deseante. Eros tiende a la unión pero sin principio de muerte (Thanatos) moriríamos todos ahogados en su abrazo. Es decir que para que se pueda forjar en mí la dimensión del amor tendré que haber aceptado el límite que la muerte impone a mi existencia material. Cuando acepto ser mortal, alcanzo un grado más de humanización que me permite transformar la realidad.

Cuando uno de nosotros está capacitado para crear (amar). Crear es la expresión más alta del amor: dar lo que no se tiene a quien ni siquiera conozco. En Psicología de las masas Freud escribe que en el desarrollo de la  Humanidad, como en el individuo, es el amor que ha revelado ser el principal factor de civilización, y aún quizá el único. El amor nace de un trabajo en común. En efecto, no hay amor sin un trabajo: el trabajo de producir sin descanso el amor, el trabajo de transformarse en humano. Y lo que nos hace humanos es encontrarnos con el lenguaje, sumergirnos en el mundo del deseo.
Tánatos

Ya vimos que el niño al nacer no tiene conciencia de la realidad que le rodea o de sí mismo. Tan sólo siente la estimulación del calor de la madre y el alimento, la satisfacción y seguridad que la madre le produce; lo exterior es real en función de sus necesidades. Cuando crece aprende a percibir las cosas, aprendiendo a manejar las cosas y a la gente. Siente el amor incondicional materno. Los niños entre los ocho y medio a los diez años ya pueden amar y no sólo responder con gratitud y alegría al amor que reciben. El niño pasa de su egocentrismo a valorar las necesidades de los demás, donde dar o amar es más satisfactorio que recibir, sintiendo una nueva sensación de unión. Fromm lo reduce a lo siguiente "El amor infantil sigue el principio: ‘Amo porque me aman’. El amor maduro obedece al principio: ‘Me aman porque amo’. El amor inmaduro dice: ‘Te amo porque te necesito’. El amor maduro dice: ‘Te necesito porque te amo’. La base de la salud mental y el logro de la madurez son fruto del éxito de la relación madre-niño y padre-niño. La neurosis es fruto del fracaso o ciertos desajustes en esta relación. 


El amor no es una relación con una persona específica, es una actitud, una orientación del carácter que determina el tipo de relación de una persona con el mundo como totalidad, no como un « objeto » amoroso. Si una persona ama solo a otra persona es indiferente al resto de sus semejantes, su amor no es amor, sino una relación simbiótica, o un egotismo ampliado.


Tánatos


El amor fraternal es el amor a todos los seres humanos; se caracteriza por su falta de exclusividad. Si he desarrollado la capacidad de amar, no puedo dejar de amar a mis hermanos. En el amor fraternal se basa en la experiencia de que todos somos uno. Las diferencias en talento, inteligencia, conocimiento, son despreciables en comparación con la identidad humana común a todos los hombres.

El amor es amor entre iguales: pero, sin duda, aun como iguales no somos siempre «iguales»; en la medida en que somos humanos, todos necesitamos ayuda.


En el amor erótico hay una exclusividad que falta en el amor fraterno y en el amor materno.  Ese carácter exclusivo requiere un análisis más amplio. La exclusividad del amor erótico suele interpretarse erróneamente como una relación posesiva. Es frecuente encontrar dos personas «enamoradas» la una a la otra que no siente amor por nadie más. Su amor es, en realidad, un egotismo.

Se supone que en la medida en que me amo a mí mismo, no amo a los demás, que amor a sí mismo es lo mismo que egoísmo. Freud identifica el amor a sí mismo con narcisismo, es decir, la vuelta de la libido hacia el propio ser. El narcisismo constituye la primera etapa del desarrollo humano, y la persona que en la vida adulta regresa a su etapa narcisista, es incapaz de amar; en los casos extremos, es insano.

Eros
Así pues, para amar a otros necesitamos haber sido criados por personas que tengan capacidad de amar y respetar, que nos hayan mirado como a seres independientes de sí mismos y merecedores de amor en sí mismos sin ser depositarios de frustraciones y miserias arrastradas de una crianza deficitaria previa.
Necesitamos abandonar el narcisismo primario del que partimos todos para sobrevivir a la primera infancia y ser capaces de reconocer a los demás como a objetos y sujetos de amor independientes de nosotros mismos, más allá del amor infantil del "te amo porque me amas" y superar las tentaciones del pseudoamor del "te amo porque te necesito".
Visto así, ¿quién, honestamente, puede decir que tiene una capacidad de amar madura, libre de dependencias y de miedos?
"EL arte de amar" de Erich Fromm debería ser una lectura universal y la educación emocional, obligatoria. Como seres humanos podemos pasar sin saber hacer raíces cuadradas, pero sin saber relacionarnos y vincularnos de una manera sana con nuestros semejantes, no.


http://www.centroeleia.edu.mx/blog/algunas-ideas-del-amor-desde-el-psicoanalisis/ http://www.colpsicoanalisis-madrid.com/el-amor-en-la-quiebra-de-los-vinculos-sociales/Carmen Gallano
http://psicologiadeamor.blogspot.com.es/2011/11/el-amor-segun-freud.html

martes, 10 de abril de 2018

Aleluyas blancas de los zarzales floridos

Aleluya blanca


"La primavera ha venido.
Nadie sabe cómo ha sido.
La primavera ha venido.
¡Aleluyas blancas
de los zarzales floridos!"

"Nubes, sol, prado verde y caserío
en la loma, revueltos. Primavera
puso en el aire de este campo frío
la gracia de sus chopos de ribera
Los caminos del valle van al río
y allí, junto al agua, amor espera"

"Tejidos sois de primavera,amantes,
de tierra y agua y viento y sol tejidos.
La sierra en vuestros ojos los campos florecidos,
pasead vuestra mutua primavera,
y aún bebed sin temor la dulce leche
que os brida hoy la lúbrica pantera,
antes que, torva, en el camino aceche."

"Tú y yo, silenciosamente,
trabajamos , compañera,
en esta noche de marzo,
hilo a hilo, letra a letra
¡con cuánto amor! mientras duerme
el campo de primavera"

"La primavera besaba
suavemente la arboleda,
y el verde nuevo brotaba
como una verde humareda.
Las nubes iban pasando
sobre el campo juvenil..."

Primavera , en la obra de Antonio Machado




jueves, 22 de marzo de 2018

Erich Fromm y el amor


 “El hombre ordinario con poder extraordinario es el principal peligro para la humanidad y no el malvado o el sádico”

Erich Seligmann Fromm (1900, Alemania-18 de marzo de 1980 en Suiza) fue un destacado psicoanalista, psicólogo social y filósofo humanista de origen judío alemán
Son de importancia trascendental sus estudios acerca de la relación que existe entre los sistemas políticos totalitarios y las religiones monoteístas. Según Fromm, las religiones monoteístas educan a los individuos en la obediencia ciega a una autoridad superior, que pone las normas por encima de cualquier razón o discusión. Así, el individuo queda reducido a un mero servidor de un dios todopoderoso. Esta mentalidad masoquista, adquirida desde la infancia, sería la base psicológica que ha hecho que muchos hombres sigan ciegamente a dictadores como Hitler. En su libro "Anatomía de la destructividad humana" planteó la idea de que el hombre se decanta en su vida entre dos fuerzas: la biofilia y la necrofilia. La primera es la fuerza que impulsa al ser humano a amar la vida y a crear. La necrofilia surge cuando el hombre se decanta por el egoísmo, y conlleva la soberbia, la codicia, la violencia, el ansia de destruir y el odio a la vida.

Fromm fue un firme defensor de los derechos de la mujer, por eso se mostró siempre entusiasmado por las obras de Bachofen, así lo expresó: “La comprensión plena de esta ideología patriarcal exigiría un análisis más detallado. Baste decir que las mujeres constituyen una clase dominada y explotada por los hombres en todas las sociedades patriarcales; como todos los grupos explotadores, los hombres dominantes deben producir ideologías a fin de explicar su dominación como natural, y por lo tanto necesaria y justificada. Las mujeres, como la mayoría de las clases dominadas, han aceptado la ideología masculina, aunque en privado sustentaban sus propias ideas contrarias. Parece que la liberación de la mujer comenzó en el siglo XX, y que va acompañada por un debilitamiento del sistema patriarcal en la sociedad industrial, aunque ni siquiera hoy existe en país alguno una igualdad total, de facto, de las mujeres”.



En su obra "El arte de amar" Fromm postula que el amor puede ser producto de un estudio teórico puesto que es un arte, "así como es un arte el vivir" y, para el dominio de cualquier arte es imperiosamente necesario que se llegue a un dominio profundo, tanto de la teoría como de la práctica. El libro postula principalmente que el amor es la respuesta al problema de la existencia humana, puesto que el desarrollo de éste conlleva a una disolución del estado de separación o separatividad sin perder la propia individualidad. Asimismo estudia la naturaleza del amor en sus diversas formas: amor fraternal, amor de padre y de madre, amor a uno mismo, amor erótico y amor a Dios. El autor postula que los elementos necesarios para el desarrollo de un amor maduro son el cuidado, la responsabilidad, el respeto y el conocimiento. En el capítulo tres Fromm realiza un análisis del amor y su significado en la sociedad actual, con base en el cual llega a la conclusión de que el modo capitalista de producción tiende a enajenar al hombre y a imposibilitarlo -al menos socialmente- para amar.

En  "El corazón del hombre" tiene como eje la enunciación y caracterización de dos síndromes, el de crecimiento (amor a la vida, a la independencia y la superación del narcisismo) y el de decadencia (amor a la muerte, a la simbiosis incestuosa y al narcisismo maligno). Fromm concluye que “El hombre ordinario con poder extraordinario es el principal peligro para la humanidad y no el malvado o el sádico”, lo cual se puede concretizar cuando se combinan en él las tres orientaciones que forman el síndrome de decadencia y que “mueve al hombre a destruir por el gusto a la destrucción y a odiar por el gusto de odiar.” En contraposición, describe el síndrome de crecimiento: “el amor a la vida (en cuanto opuesto al amor a la muerte) el amor al hombre (opuesto al narcisismo) y el amor a la independencia (opuesto a la fijación simbiótico-incestuosa).
En los animales, sus afectos constituyen una parte de su instinto, algo que también permanece en el hombre. El hombre sufre la necesidad de superar su separatidad, de abandonar "la prisión de su soledad", porque la vivencia de la separatidad provoca angustia.
Fromm nos habla de "estados orgiásticos". Muchos rituales de tribus primitivas utilizaban las drogas como forma de escapar del estado de separación, o a través de la experiencia sexual, siendo el orgasmo un estado similar al provocado por un trance o los efectos de ciertas drogas. Las orgías sexuales comunales formaban parte de muchos rituales primitivos. Participar en estos estados orgiásticos, al ser una práctica común e incluso exigida por los médicos brujos o sacerdotes, no producía angustia, sentimiento de culpa o vergüenza.
En una cultura no orgiástica se trata de escapar de la separatidad a través del alcohol o las drogas, experimentando el individuo sentimientos de culpa y remordimiento. El acto sexual sin amor no elimina, salvo en forma momentánea, el abismo que separa a dos seres humanos. En esta cultura esta forma de escapar de la separatidad provoca una cada vez mayor sensación de separación.
Las uniones orgiásticas son intensas, ocurren en mente y cuerpo, son transitorias y periódicas.



Hay otro aspecto a considerar, la unión basada en la conformidad con el grupo. El hombre pasó de vivir en un grupo pequeño a integrarse en ciudades, estados, miembros de una iglesia. La uniformidad predomina en una unión donde el ser individual desaparece en pro de la pertenencia al rebaño. La conformidad con el rebaño es la forma predominante, donde los pensamientos, las costumbres, la forma de vestir, los empleos, el ocio... no difieren apenas entre los ‘diferentes’ individuos que forman parte de la colectividad. Se cree ser diferente, tener ideas o pensamientos propios cuando en realidad son prácticamente los mismos, creer que poder elegir entre unas determinadas diferencias aceptadas por una mayoría representa una ausencia de conformismo o que esto es ser individualista. La igualdad como condición para el desarrollo de la individualidad. Esta estandarización o igualdad conviene a la sociedad, como forma de evitar fricciones. 

Pero la unión por la conformidad no soluciona per se la angustia de la separatidad. Síntomas de sus fallos son el alcoholismo, el abuso de las drogas, la sexualidad compulsiva o el suicidio. Al mismo tiempo, a diferencia de las soluciones orgiásticas, afecta sobre todo a la mente y no al cuerpo. La única ventaja de la conformidad es la permanencia. Otros aspectos a considerar son la rutina en el trabajo y el ocio. Existe poca iniciativas ante unas tareas prescritas por la organización del trabajo.

Una tercera forma de lograr la unión sería la actividad creadora, donde el individuo que crea y su objeto se tornan uno. Esto no englobaría al trabajador de una cadena de montaje, que se siente bastante alejado de aquello que produce en su trabajo rutinario.




Pero la unión lograda en la fusión orgiástica es transitoria, la que proporciona la conformidad es una pseudo-unidad y la actividad creadora no es interpersonal. Así, Fromm concluye que ante estas respuestas parciales sólo el amor puede lograr la fusión con otra persona, siendo el "impulso más poderoso que existe en el hombre". Tan convencido está Fromm de ello que llega a escribir que "sin amor, la humanidad no podría existir un día más".
Sin embargo, Fromm critica el amor como unión simbiótica, lo considera una forma inmadura de amar. La sumisión o masoquismo, donde la persona renuncia a su integridad convirtiéndose en instrumento de alguien o algo ajeno a él; la dominación o sadismo, forma activa frente a la pasiva que representa la sumisión, quien escapa de su soledad creando en otro individuo la prolongación de su ser.
Es por ello que cuando Fromm habla de amor se refiere a un amor maduro donde "se da la paradoja de dos seres que se convierten en uno y, no obstante, siguen siendo dos". Hay que entender la capacidad de amar como acto de dar, sin pensar en el sentido mercantilista donde dar implica recibir. Al final, dar significa recibir, porque cuando se da con sinceridad no se deja de recibir, o como bien dice Fromm "el amor es un poder que produce amor". Y esto no sería circunscribible sólo al amor, podríamos por ejemplo hablar del maestro que aprende de sus alumnos.
Pero el amor no sólo es dar, también implica cuidado, responsabilidad, respeto y conocimiento, todos conformando una interdependencia mutua. No amamos aquello que no cuidamos. La persona que ama, responde. Respeto como preocupación por el prójimo, evitando así que la responsabilidad degenere en dominación. Pero el cuidado, la responsabilidad o el respeto no son posibles si conocer a la persona, como dice Fromm, "el conocimiento sería vacío si no lo motivara la preocupación". Sólo el amor hace posible el conocimiento, en el acto de amar me encuentro a mí mismo.



El niño al nacer no tiene conciencia de la realidad que le rodea o de sí mismo. Tan sólo siente la estimulación del calor de la madre y el alimento, la satisfacción y seguridad que la madre le produce; lo exterior es real en función de sus necesidades. Cuando crece aprende a percibir las cosas, aprendiendo a manejar las cosas y a la gente. Siente el amor incondicional materno. Los niños entre los ocho y medio a los diez años ya pueden amar y no sólo responder con gratitud y alegría al amor que reciben. El niño pasa de su egocentrismo a valorar las necesidades de los demás, donde dar o amar es más satisfactorio que recibir, sintiendo una nueva sensación de unión. Fromm lo reduce a lo siguiente "El amor infantil sigue el principio: ‘Amo porque me aman’. El amor maduro obedece al principio: ‘Me aman porque amo’. El amor inmaduro dice: ‘Te amo porque te necesito’. El amor maduro dice: ‘Te necesito porque te amo’. La base de la salud mental y el logro de la madurez son fruto del éxito de la relación madre-niño y padre-niño. La neurosis es fruto del fracaso o ciertos desajustes en esta relación. 

Si partimos de la premisa de que el amor es una capacidad del carácter maduro, observando la sociedad occidental es indudable que el amor es un fenómeno relativamente raro, dándose en realidad diferentes formas de pseudoamor o "desintegración del amor". La estructura social regida por el capitalismo, en un principio de supuesta libertad política y de mercado, necesita mano de obra obediente y eficiente, al mismo tiempo que consumidores impulsivos y poco críticos, personas que se sientan libres e independientes que encajen sin dificultades en el engranaje social. Esto ha producido en el hombre la enajenación de sí mismo y de lo que le rodea, en una situación de angustia e inseguridad que hace imposible superar una separatidad. Los autómatas no pueden amar, el amor llega a equiparse con las condiciones mercantilistas que rigen la sociedad, en unas relaciones que suelen ser artificiales.

Fromm insiste en el error frecuente de pensar que el amor significa necesariamente la ausencia de conflicto, cuando en realidad los ‘conflictos’ de la mayoría de la gente son formas de evitar los "verdaderos conflictos reales", no siendo éstos últimos en absoluto destructivos.
El amor es un desafío constante, que parte desde el centro de nuestra existencia, en la experiencia de dos seres "que son el uno con el otro al ser uno consigo mismo y no al huir de sí mismos".




Ya se comentó que el amor es un arte, y todo arte requiere disciplina, concentración, paciencia, una preocupación suprema por el dominio del arte y, por último, ser consciente de que un arte no se aprende sino de una forma indirecta. El hombre moderno es excesivamente indisciplinado fuera del entorno laboral. La falta de concentración nos impide estar a solas con nosotros mismos. Todo a nuestro alrededor se muestra acelerado, lejos de esa paciencia necesaria para la quietud y el disfrute verdadero, creyendo que algo se pierde cuando no actuamos con rapidez, cuando es justamente lo contrario. 
En primer lugar es necesario superar el propio narcisismo y adquirir una visión lo más objetiva posible del mundo exterior sólo alcanzable utilizando la propia razón en una actitud de humildad. Así, el amor requiere humildad, objetividad y razón. La objetividad y la razón representan la mitad del camino hacia el dominio del arte de amar, pero sin olvidar que no basta con aplicarlo a la persona amada, pues del no aplicarlo al resto del mundo estaríamos abocados al fracaso en ambos sentidos. Hay que tener fe, pero no la fe irracional en una persona o una idea donde hay que someterse a una autoridad también irracional, sino una fe racional en el propio pensamiento y en el juicio, tener fe en otra persona como signo de confianza, "de la esencia de su personalidad, de su amor". Al mismo tiempo es imprescindible la fe en uno mismo, pues "sólo la persona que tiene fe en sí misma puede ser fiel a los demás", la fe en el propio amor, la fe en la humanidad.

Porque, en definitiva, "el amor es la única respuesta satisfactoria al problema de la existencia humana".




http://nonopp.com/ar/Psicologia/99/arte_amar.htm
Wikipedia

jueves, 8 de marzo de 2018

Las monedas que nos tocan

Hace tiempo que me contaron un cuento-parábola que me resultó difícil de digerir en esos momentos de mi vida, pero con el tiempo me he dado cuenta de que lo mejor es aceptar lo que nos transmite. Dice así:

Todos los padres del mundo le legan a sus hijos algo. Lo que pueden, a nivel material, emocional, afectivo, de cuidados y de respeto. Y también de cargas. Ese legado se simboliza en unas monedas que te dejan al final de sus vidas. Te las ofrecen con todo su amor y su cariño, fruto de todos sus esfuerzos y de sus desvelos, convencidos, equivocados o no, de que lo han hecho lo mejor que han podido. Te tienden con sus manos cansadas esas monedas, que pueden ser de oro y abundantes, pueden ser unas pocas monedas de plata, o alguna de cobre, o una humilde moneda de barro.


A algunos hijos les duele ver que su legado es escaso. Recordemos que no hablamos sólo de lo material. Echan en falta más cercanía, más cuidados, más calidez, más comprensión, una relación de más cariño y empatía tal vez. Pero recordemos que partimos de la base de que los padres han dado lo que han podido y lo que han sabido dar, que lo han hecho lo mejor que han podido y con la mejor de sus intenciones, con sus limitaciones y sus equivocaciones. Desde su punto de vista ese hijo que pide más, que se siente agraviado y dolido es un desagradecido que no valora todo lo que han hecho por él y por dejarle ese legado que, sea el que sea, es el que ellos han podido dejarle en la medida de sus posibilidades y de sus circunstancias vitales, afectivas y materiales.


Se produce un choque terrible entre el hijo que no entiende cómo los padres no son capaces de ver que se siente dolido, abandonado y herido y los padres que lo perciben como un desagradecido.

Realmente, lo más maduro y sano para ambas partes es que el hijo sane sus heridas por sus propios medios, asumiendo que los padres no son capaces de ayudarle, porque esas heridas son dolorosas y profundas, y que acepte gustoso y con agradecimiento el legado que sus padres le han ofrecido con todo su corazón y su esfuerzo, creyendo siempre que hacían lo mejor por su descendencia.



El dolor y las carencias que una persona adulta sufre a lo largo de la vida y que puede achacar a experiencias tempranas o a actitudes distantes y exigencias desmedidas parentales son muchas y muy variadas. No se habla de culpas, no se habla de resarcimiento. Quizá tan sólo con el reconocimiento de que hay unas heridas basta, sin más.
Mirarse mutuamente, escucharse como personas adultas y decir "a mí me duele esto y a tí te duele esto, es cierto, tal vez a mí me cueste entender y reconocer tu herida porque sólo tengo fuerzas para cargar con la mía, pero reconozco que tú tienes la tuya".

A partir de ahí se puede construir un nuevo camino y volver a empezar, sin rencores ni exigencias por ninguna de las partes. Cada uno con sus cargas y sus deficiencias, pero sin perder un lazo que no debería romperse.