miércoles, 5 de septiembre de 2018

Semblanza psicológica de "la vieja del visillo": proyección y envidia


Proyección
La proyección es un mecanismo de defensa por el que el sujeto atribuye a otras personas las propias virtudes o defectos, incluso sus carencias. En el caso de la proyección negativa, ésta opera en situaciones de conflicto emocional o amenaza de origen interno o externo, atribuyendo a otras personas u objetos los sentimientos, impulsos o pensamientos propios que resultan inaceptables para el sujeto. De esta forma, se «proyectan» los sentimientos, pensamientos o deseos que no terminan de aceptarse como propios porque generan angustia o ansiedad, dirigiéndolos hacia algo o alguien y atribuyéndolos totalmente a ese objeto externo. Por esta vía, la defensa psíquica logra poner estos contenidos amenazantes afuera. 
El recurso retórico poético de la «personificación» constituye también un verdadero proceso proyectivo que se ejecuta fuera de la psicopatología. El poeta no dice «yo estoy triste», sino «ese árbol llora la / tristeza de mis amores perdidos». Lo propio, es puesto afuera. 


A partir de la proyección, Melanie Klein describió en 1946 un nuevo concepto, la «identificación proyectiva». Esta modalidad de la proyección, que va más allá del mecanismo descrito por Freud. Surge en el contexto de sus investigaciones acerca de los mecanismos de defensa del yo en la infancia temprana, donde Klein lo relaciona con el sadismo infantil. Se trata de un mecanismo inconsciente de defensa que hace que partes del sí mismo se escindan y desprendan para ser proyectadas sobre otra persona introduciéndolas en el objeto, con el fin de tomar posesión de él y causarle daño. La identificación proyectiva constituiría, en palabras de Klein, «el prototipo de la relación de objeto agresiva».​ Este concepto fue desarrollado luego por Otto F. Kernberg en el contexto de sus aportes a la discusión sobre la personalidad limítrofe (borderline).

La vecina
Hablamos de ese clásico personaje rastrero y tiquismiquis cuyo hábitat natural es la escalera del bloque y que se nutre de las idas y venidas de los vecinos y de sus conductas en las zonas comunes; es la denominada "vieja del visillo", que por misoginia se representa en personaje femenino en el imaginario colectivo, aunque puede pertenecer al sexo masculino con la misma frecuencia que al femenino.
En donde yo vivo es una mujer en la sexta-séptima década de la vida y conocida como "la rata".
Sus motivaciones para maquinar sus intrigas y generar conflictos en la comunidad son principalmente el aburrimiento, la proyección tal y como se ha descrito y la envidia. Pasiones bajas del espíritu humano combinadas con sus malas relaciones intrafamiliares y que proyecta al vecino que más encarna su ideal del yo no reconocido.


Esta señora es una persona sin ocupación conocida más allá de controlar quién sube y baja por las escaleras, con quién, con qué y para qué. Su fijación son los olores que ella considera inadecuados, que no se riegue en las terrazas ni se caigan prendas de ropa por el tendedero del patio. El control animal también le incumbe de una manera principal, de modo que si algún vecino convive con no humanos ella lo tendrá registrado y estará especialmente empeñada en rastrear olores, fluidos corporales y ruidos relacionados con los mismos.
También siente preferencia por volcar sus frustraciones en las mujeres del vecindario, pues su machismo idiosincrásico le impide enfrentarse a vecinos varones, con especial fijación en las mujeres más jóvenes que no conviven con señores.
Dado que yo soy mujer, no convivo con machos y tengo gato, me he convertido en objetivo de su persecución escaleril fundada en unas envidias y proyecciones evidentes.



Haré un relato más o menos aproximando del incidente que viví con "la rata" en el día de ayer.
Estaba yo en mi casa a mis cosas a media tarde, cuando llaman al timbre de forma brusca y por la mirilla veo a una señora cuya cara no me es familiar. Asumo que es una vecina y le abro.
Ella, sin presentarse ni saludar, obviando las más elementales normas de educación, empieza a echarme en cara que soy "la única que tiene gato en el bloque" y que vaya peste y que qué verguenza. Deduzco por los retazos de información que me da que se debe de estar quejando de un pequeño rastro de arena de los gatos que se me puede haber salido de la bolsa de basura al bajar las escaleras y que quiere que la recoja.
Pero me siento divida entre decirle "disculpe, ya lo recojo y siento las molestias pero ha sido sin mala intención" y la indignación que me produce que una vecina sin identificar venga a gritarme y a juzgarme a MI CASA. Así pues opto por cortar su perorata y por decirle que no es necesario que me hable en ese tono y con esas formas y que además no la conozco y que se presente.


Su reacción es de mayor indignación al ver que no tengo registrado su rostro y que no me achanto ante su reclamación justa pero con unas formas que la descalifican. Por lo cual pasa a exponer el verdadero motivo de su visita, y es que cree que "no estoy haciendo las cosas bien". Al parecer mi mudanza le ha molestado y tendría que haber ido a su puerta a llevarle una ofrenda de paz y rendirle pleitesía en su status de dominatrix de vecindario. Pues  no, señora, las mudanzas son mudanzas y así como las obras de ambos bajos no le han resultado molestas, no es de recibo que se me queje de mis mudanzas.
-Tenemos que convivir y tolerar lo que hacen los otros vecinos y yo no he ido a su puerta a gritarle porque su hija fume en el descasillo, cosa prohibida por las normas de la comunidad, ni de los gritos que hay en su casa ni de que su nieta esté con sus amigas haciendo ruidos por las escaleras a la hora de la siesta.
-Pues claro que puedo gritar en mi casa, y tú que vives sola ¿con quién vas a pelearte, con el gato?

¡Touché! Aquí vemos asomar la patita de nuevo a la envidia y a la proyección. Cómo le gustaría a ella estar sin un marido impresentable y solita y a gusto en su casa sin nietas malcriadas que aguantar ni hijas que no la soportan...



En fin, por no alargar mucho el tema la conclusión es que le puse freno a la agresión injustificada de esta persona desequilibrada, sin autocrítica ni autocontrol que proyecta a saco sus miedos y sus inseguridades en quienes personificamos el estilo de vida y las cualidades que ella nunca ha tenido ni podrá tener...



martes, 28 de agosto de 2018

Reflexiones desde una hamaca

Mirando la luna desde una hamaca en otro continente, bajo otro cielo, las mismas estrellas, escuchando acentos y palabras distintos pienso en mí y en mis preocupaciones y me alejo de todo, porque de repente no creo que nada sea tan importante excepto el hecho de estar en la hamaca.
Es fácil tener perspectiva así, desde una hamaca, cuando mirar el cielo es lo único que tienes que hacer.
Pasas revista a tu vida, a las personas que te rodean, a tus errores, al pasado, al futuro y a lo que pudo ser.
Y nada parece tan importante como el momento de plenitud y dicha presente en que la sensación de bienestar inunda todo y parece que puedo abrazar el cielo y atrapar la luna creciente.
Sin dolor, ni hambre, ni sueño la noche es liviana y las estrellas brillan más, los ladridos de los perros en la lejanía, la música de los vecinos, todo genera placidez.
Las tribulaciones del día a día bullen en el fondo de la conciencia, los miedos, las culpas, ahí están. Pero no pueden con la potencia de la sensación presente.
Así transcurre la vida, entre momentos de paz que son un oasis en el bullicio y los percances de la vida cotidiana. ¿Y qué vale más la pena?






https://www.culturagenial.com/es/ser-o-no-ser-esa-es-la-cuestion/

lunes, 6 de agosto de 2018

qué solos se quedan los muertos... y los vivos


Rima LXXIII
Cerraron sus ojos 
que aún tenía abiertos, 
taparon su cara 
con un blanco lienzo, 
y unos sollozando, 
otros en silencio, 
de la triste alcoba 
todos se salieron. 

La luz que en un vaso 
ardía en el suelo, 
al muro arrojaba 
la sombra del lecho; 
y entre aquella sombra 
veíase a intérvalos 
dibujarse rígida 
la forma del cuerpo. 

Despertaba el día, 
y, a su albor primero, 
con sus mil rüidos 
despertaba el pueblo. 
Ante aquel contraste 
de vida y misterio, 
de luz y tinieblas, 
yo pensé un momento: 

?¡Dios mío, qué solos 
se quedan los muertos! 



De la casa, en hombros, 
lleváronla al templo 
y en una capilla 
dejaron el féretro. 
Allí rodearon 
sus pálidos restos 
de amarillas velas 
y de paños negros. 

Al dar de las Ánimas 
el toque postrero, 
acabó una vieja 
sus últimos rezos, 
cruzó la ancha nave, 
las puertas gimieron, 
y el santo recinto 
quedóse desierto. 

De un reloj se oía 
compasado el péndulo, 
y de algunos cirios 
el chisporroteo. 
Tan medroso y triste, 
tan oscuro y yerto 
todo se encontraba 
que pensé un momento: 

¡Dios mío, qué solos 
se quedan los muertos! 



De la alta campana 
la lengua de hierro 
le dio volteando 
su adiós lastimero. 
El luto en las ropas, 
amigos y deudos 
cruzaron en fila 
formando el cortejo. 

Del último asilo, 
oscuro y estrecho, 
abrió la piqueta 
el nicho a un extremo. 
Allí la acostaron, 
tapiáronle luego, 
y con un saludo 
despidióse el duelo. 

La piqueta al hombro 
el sepulturero, 
cantando entre dientes, 
se perdió a lo lejos. 
La noche se entraba, 
el sol se había puesto: 
perdido en las sombras 
yo pensé un momento: 

¡Dios mío, qué solos 
se quedan los muertos! 



En las largas noches 
del helado invierno, 
cuando las maderas 
crujir hace el viento 
y azota los vidrios 
el fuerte aguacero, 
de la pobre niña 
a veces me acuerdo. 

Allí cae la lluvia 
con un son eterno; 
allí la combate 
el soplo del cierzo. 
Del húmedo muro 
tendida en el hueco, 
¡acaso de frío 
se hielan sus huesos...! 

* * * 

¿Vuelve el polvo al polvo? 
¿Vuela el alma al cielo? 
¿Todo es sin espíritu, 
podredumbre y cieno? 
No sé; pero hay algo 
que explicar no puedo, 
algo que repugna 
aunque es fuerza hacerlo, 
el dejar tan tristes, 
tan solos los muertos.


G.A. Bécquer


Solos se quedan los muertos, pero qué más da, porque no se dan cuenta.
Más solos están los vivos, los que como tristes espíritus habitan ciudades muertas
Los que muertos de pena viven la tristeza del mundo sin humanidad.
Los que sólo hallan entre sus semejantes rechazo y desdén,
Quienes en su sensibilidad herida sólo chocan las risas crueles de los vivos.
Vivos los que ríen, follan, comen, matan, rompen, destruyen
Los muertos buscan la fosa solitaria y fría para no ser testigos mudos
de vuestra viva orgía de anestesia destructiva.
Dejad solos a los muertos en vuestro egoísmo.

lunes, 30 de julio de 2018

adiós a la juventud

Addio, del passato bei sogni ridenti, 
Le rose del volto gia sono pallenti ; 
L'amore d'Alfredo perfino mi manca, 
Conforto, sostegno dell' anima stanca. 
Conforto ! Sostegno ! 
Ah, della traviata sorridi al desio ; 
A lei, deh, perdona ; tu accoglila, o Dio ! 
Ah ! Tutto, tutto fini. Or tutto, tutto fini !

Le gioie, i dolori tra poco avran fine, 
La tomba ai mortali di tutto e confine ! 
Non lagrima o fiore avra la mia fossa. 
Non croce col nome che copra quest'ossa ! 
Non croce, non fiore 
Ah, della traviata sorridi al desio ; 
A lei, deh, perdona ; tu accoglila, o Dio ! 
Ah ! Tutto, tutto fini. Or tutto, tutto fini !
La Traviata

(Adiós, bellos sueños del pasado/ Las rosas del rostro están pálidas/ Hasta el amor de Alfredo me falta/ Que es el sostén y el conforto de mi alma cansada/ Ah, de la extraviada sonríe al deseo/ Perdónala, acógela, o Dios/ Ah, todo terminó / Las alegrías, los dolores dentro de poco tendrán fin/ la tumba para los mortales es el fin de todo/ Ni lágrimas ni flores tendrá mi fosa/ Ni cruz ni nombre que cubran estos huesos...)



Que te diagnostiquen una patología propia de personas mayores y/o de mediana edad es una bofetada de realidad, una vuelta al barro elemental, una herida narcisista, una mierda.
Porque ya no eres joven, no hay vuelta atrás, el tiempo pasa inexorable por tus arterias y tus ventrículos, por tus riñones y tus vasos cerebrales y ya entras en esa población de riesgo madura que puede tener un infarto o un ictus y nadie dirá "pobrecita, con lo joven que era". Es más, el hecho de que eso sea una posibilidad real para ti y no para otros que son mayores, padres, abuelos, tíos, es un jarro de agua fría que te cae una mañana al despertar del último día de tu tardía juventud.
No hay risas al recordar programas infantiles o planes de estudios obsoletos.
Es la vejez y la muerte las que acechan, y eso hiela el corazón.
No es sólo una pastilla para la tensión. Es el final de una era.


lunes, 23 de julio de 2018

La larga dependencia.

"El inicial desvalimiento del ser humano es la fuente primordial de todos los motivos morales"
Freud




Es el sentimiento de soledad y  de impotencia ante lo desconocido lo que hace que los humanos hagamos las cosas que hacemos y que seamos lo que somos. Somos seres dependientes emocionalmente debido a nuestra larga infancia, en la que somos vulnerables durante muchos años, como también dijo Lacan "lo que caracteriza al ser humano es la prematuración en el momento de su nacimiento, prematuración que, desde un comienzo, lo pone en manos del "Otro" y lo marca para el resto de su vida, en la que nunca alcanzará el estado "ideal"."



Esta situación de desamparo inicial es para Freud la causa principal para el surgimiento de eso que llama "motivos morales", noción que debe entenderse en el sentido de que son las demandas que vienen del "Otro", a merced de quien el niño se encuentra en el comienzo de su vida, lo que hace del niño desde un comienzo un ser humano, un sujeto que habla y cuyo deseo tendrá que ser modelado inevitablemente por la palabra que viene de ese "Otro".

En el inicio de su vida el sujeto está en manos del "Otro" de quien depende para sobrevivir. Pero pronto advertirá que la "omnipotencia" que le atribuye es una ilusión que su propio desvalimiento produce. Queda, de todos modos, una nostalgia por esa omnipotencia supuesta y esta nostalgia será la base de toda creencia porque toda creencia se basa en la creación de una instancia dotada de esos poderes plenos que pueden asegurar amparo al sujeto. 
Así, toda la vida añoraremos ese estado de seguridad y dependencia en el que un "Otro" omnipotente nos proveía y estaba ahí de forma permanente para saciar y colmar todas nuestras necesidades (o no, causando la neurosis). Permanecemos en ese estado de incompletud, en esa búsqueda absurda de la media naranja que nos complete cuando la carencia está en nuestra psique y en nuestra neurosis. 
Hemos neurotizado nuestra sociedad y nuestra cultura romantizando esa búsqueda del amor, enalteciendo y cantando a esa completud falsa que no es más que nuestra neurosis y que sólo tiene cura mirándonos con sinceridad a nosotros mismos.




En sus reflexiones, Freud testimonia cómo en su búsqueda racional de las causas de ese estado carencial, el hecho de que la causa es finalmente esa "naturaleza de la enfermedad", el ser en falta, la causa como causa perdida, es decir, eso de lo que el sujeto nada quiere saber y por eso se aferra al creer. 
Necesitamos aferrarnos a nuestra incompletud porque forma parte de nuestra esencia imperfecta e insana, nuestra búsqueda del amor imposible, el estar en el mundo del humano nunca es en armonía como los demás animales.
Los demás animales tienen una infancia más corta y un periodo de dependencia menor, están en armonía con su entorno y consigo mismos y no son tan grotescamente conscientes de sí mismos y de sus egos.
¿Hace falta preguntar quiénes se han adaptado mejor al mundo y quiénes son menos auto y hetero destructivos?



wikipedia-Freud, Lacan
http://www.acheronta.org/acheronta23/gerber.htm

martes, 17 de julio de 2018

El enjambre y la intimidad

 “Lo enseñamos todo en Internet, y la autoexposición es más eficiente que la tortura a la hora de sacarnos información”.
Byung-Chul Han

Una de las consecuencias de la implantación de los smartphones y de las redes sociales en nuestras vidas es la total pérdida de la intimidad y de la privacidad.

Una de las cosas que más me impresiona es la retransmisión en tiempo real y con todo lujo de detalles de parcelas íntimas de nuestras vidas. Ahora mismo, por ejemplo, estoy al tanto de que la hermana de una persona que trabaja en el mismo lugar que yo está con oxitocina y la epidural y que aún no tiene contracciones fuertes. Pero la culpa no es de internet ni de los móviles, sino de las personas que sienten la necesidad de compartir en grupos cada vez más amplios información que no debería trascender la esfera de lo privado. Y el problema está en que no existe lo privado porque somos una "colectividad enjambre" como dice Byung-Chul Han. El individuo se pierde en la masa de la red social y de la sociedad postcapitalista. Estamos tan aislados en nuestras islas desiertas tecnológicas que nos ilusionamos con la compañía fantasma del móvil.

Las distancias que regulaban la vida pública hace unos años, y que establecían ciertos niveles de respeto en la convivencia cotidiana, han sido eliminadas. También han desaparecido los filtros que la distancia y la falta de inmediatez nos permitían en los medios de comunicación clásicos, y ahora en el caos de la falta de reflexión y de la inmediatez absoluta cedemos al impulso de contestar, postear y clicar sin pensar y de forma muy impulsiva. Nos revelamos al medio digital al desnudo y por eso surgen esos fenómenos virales horrendos que desvelan que no estamos tan civilizados como creíamos.

"A diferencia de la masa clásica, el enjambre digital consta de individuos aislados, carece de alma, de un nosotros capaz de una acción común, de andar en una dirección o de manifestarse en una voz. La hipercomunicación digital destruye el silencio que necesita el alma para reflexionar y para ser ella misma. Se percibe solo ruido, sin sentido, sin coherencia. Todo ello impide la formación de un contrapoder que pudiera cuestionar el orden establecido, que adquiere así rasgos totalitarios (...) creemos que vivimos en plena libertad, pero en realidad estamos más controlados que nunca. También hay espacio para la crítica hacia los efectos negativos que se producen debido a la elevada dependencia de la tecnología, como cuando afirma que “lo enseñamos todo en Internet, y la autoexposición es más eficiente que la tortura a la hora de sacarnos información”.




domingo, 24 de junio de 2018

Redes sociales y narcisismo posmoderno


Las redes sociales son una catapulta para el narcisismo que se esconde en el corazón de cada ser humano de esta sociedad posmoderna en la que reinan el vacío y la incomunicación.
Las redes permiten dar una imagen engrandecida del yo, mostrando una persona que realmente no existe pero que nos gustaría ser, ajustada a las fantasías de grandeza del sujeto. 
Las fotos, los selfies, las frases bonitas y grandilocuentes que nos convienen y que se ajustan a la imagen pública que queremos dar construyen una identidad falsa e idealizada que muestran a otro yo más popular, más guapo, más altruista, más feliz, más amado, más aceptado y más socializado que el real.
Partiendo de la base de que no es necesario ser exhibicionista en la redes sociales, que se pueden tener perfiles privados y no mostrar fotos de uno mismo ni selfies, y que hasta se pueden tener sólo unos pocos seguidores seleccionados con los que mostrarse tal y como una es, es evidente que quienes eligen tener perfiles públicos para exhibir sus fotos y sus vidas lo hacen por algún motivo. Que ese motivo sean unos rasgos marcados de narcisismo/ histrionismo es algo que no es difícil de adivinar. Y esto per se no es malo ni bueno, es un rasgo de nuestro tiempo.


Damos por sentado que al otro le interesa qué estamos haciendo, qué cocktail estamos tomando, qué modelito estamos llevando, de qué color llevamos pintadas las uñas, con qué amigos estamos de juerga, qué libro estamos leyendo o decimos leer o qué estamos desayunando. No existe la privacidad ni la capacidad de compartir entre unos cuantos amigos una información relevante, y menos aún la confidencia cara a cara con una sola persona de lo que no es bonito ni valorado socialmente.
La distopía de "Black Mirror" de ser valorados socialmente como en las redes sociales con 1 a 5 estrellas está en marcha. Tantos seguidores tienes, tanto vales socialmente. Tantos likes tienes, tanta credibilidad tienes. Si una foto o un texto rompedor, o un chiste consiguen muchos likes o son compartidos muchas veces subes en el escalafón social y tu ego se ve reforzado.
Si eres capaz de no entrar en esa dinámica y eres capaz de meter el dedo en la llaga de los que intentan cosechar likes a costa de una imagen muchas veces irreal, caerás en picado.


Que haya influencers que viven sin tapujos de su imagen mediática me es indiferente dentro de este fenómeno del narcisismo posmoderno. No ocultan lo que son, viven de una imagen deformada y engrandecida de sí mismos y no sólo no lo ocultan sino que se envanecen de ello.
Sin embargo existe el "contrafenómeno" de los activistas de las redes que dicen ser seres superiores y estar por encima de todo este fenómeno ( feministas, ecologistas, animalistas, antifascistas, antiespecistas, etc...) que pretenden usar su espacio y sus seguidores como plataforma para hacer del mundo un lugar mejor y luchar por una causa noble pero que no dejan de ser influencers. Con sus selfies, con sus fotos en las manifas, con sus amigos comiendo ( y haciendo publicidad), enseñando los viajes que hacen, exhibiendo su bondad y sus logros. Muy bien, por un lado dando ejemplo, pero exhibiéndose también y a expensas de la colecta de likes. Y a veces a expensas de destruir a un rival que lucha por la misma causa en una despiadada lucha de egos. O a expensas de hacer chistes y gracias que pueden ser contradictorios con otras causas: la feminista que hace chistes especistas, el anarquista que hace comparaciones machistas, el antiespecista que hace bromas capacitistas, etc...

Y lo que pasa es que los narcisistas, ya sea en las redes o en la vida real, son dañinos, porque para ellos no existe el otro, ni sus necesidades, solo lo que le pueda aportar a su ego engrandecido y a su voraz necesidad de adulación. Y cuando se les señala que tienen los pies de barro o que en el selfie tienen un grano se enfurecen y muestran su verdadero rostro demoniaco, el del retrato del desván de Dorian Gray.



miércoles, 20 de junio de 2018

Rajoy, ese gran hombre impuntual

Ayer los medios de comunicación del stablishment ensalzaban al expresidente del gobierno, ese señor que comparecía en plasma para impedir que los periodistas le pusieran la cara colorada cuando anunciaba medidas de recortes sociales abusivas, o de rescate de los bancos, o de leyes mordazas.
Ese que dejó la ley de Memoria Histórica con un presupuesto 0 y que decía que no entraba en "esas cosas" del feminismo (léase brecha salarial y asesinatos machistas). El mismo que abrió heridas terribles en Cataluña y que miró a otra parte cuando mataron a balazos de goma a personas que entraban nadando en una playa de Melilla para salvar sus vidas.
Ese señor que no ha sido capaz de hilar respuestas coherentes ni discursos mínimamente elaborados y que cuando se veía levemente confrontado se hacía la picha un lío y soltaba estupideces. Nos reíamos, sí, con lo del vecino y el alcalde y lo de la europea, y esas cosas, pero la realidad es que un presidente del gobierno que no es capaz de  argumentar con solidez da mucha vergúenza.
Ha salido del gobierno por un acúmulo de circunstancias vergonzantes, como que ha mentido descaradamente al declarar en un tribunal en una trama de corrupción en el partido que lidera, algo que debería condenarlo al ostracismo social y político.
Pero los medios lo alaban por rechazar su escaño de diputado e incorporarse a su cómodo puesto de registrador de la propiedad ganado a la primera a los 22 años (qué tipo más brillante) al que resulta que llega 50 minutos tarde el primer día.
Ese gran hombre llega 50 minutos tarde a su primer día de trabajo después de casi 30 años de excedencia. Me pregunto, ¿qué nos pasa a cualquier españolito de a pie si llegamos tarde a nuestro puesto de trabajo el primer día?
Pues eso.
Iguales, y una mierda.

El gran hombre corrupto

miércoles, 6 de junio de 2018

Los tutoriales de maquillaje

Navegando por YouTube el otro día, entre los vídeos que inexplicamente la aplicación me recomendaba había unos "tutoriales" de maquillaje. Por alguna pulsión de tipo voyeurista me puse a mirarlos, y la verdad es que mis prejuicios negativos no fueron desmentidos.
Son unos vídeos en los que chicas (y chicos) muy jóvenes, algunas de apenas 14-15 años, incluso niñas de 7-8 años acompañadas de sus madres, dedican mucho tiempo delante del espejo y de la cámara a mostrar complicadas sesiones de maquillaje.
Con muy escasas excepciones se trata de chicas muy guapas, de belleza normativa, que muestran al mundo cómo transforman su rostro en otro aún más normativo y conforme al gusto patriarcal: sin arrugas, sin manchas, de piel lisa y uniforme como la de un bebé, pestañas largas e imposibles (y postizas), labios hinchados y brillantes, facciones predeterminadas por cánones de papel cuché.


Toda chica sencilla y con facciones propias termina convertida en la misma muñeca hinchable de boca abultada, ojos subrayados, piel bronceada y pómulos salientes. No hay individualidad ni señas de identidad, hay que fundirse en ese modelo de actriz porno de labios semiabiertos y receptivos.
Horas y horas invertidas en sesiones de maquillaje, prueba de productos, de colores, de practicar el perfilado perfecto, de calcular el ángulo perfecto para el rabillo del ojo, la cantidad de polvos adecuada para disimular la nariz demasiado ancha, etc... sin contar el dinero gastado en los cosméticos y la industria que se mueve detrás de la elaboración de estas máscaras vivientes.
En esta sociedad de consumo en la que nos sentimos libres de elegir un producto con el que pintarnos la máscara que nos borre nuestro verdadero rostro pasamos horas mirándonos al espejo y calculando qué corrector, qué sombra, qué perfilador nos convertirán en la muñeca perfecta.
Miramos una imagen de lo que deberíamos ser, no lo que realmente somos. Una máscara que nos asfixia y nos deshumaniza.



miércoles, 23 de mayo de 2018

La asexualidad existe


La asexualidad es la falta de atracción sexual hacia otros, o el bajo o nulo interés en el deseo de actividad sexual.​ Puede ser considerada como la ausencia de orientación sexual o una de sus variaciones junto con la heterosexualidad, la homosexualidad y la bisexualidad.​ También puede usarse como una denominación general para categorizar un espectro más amplio de varias subidentidades asexuales.
La asexualidad es otra cosa diferente a la abstinencia sexual y el celibato,​ que son conductas voluntarias y generalmente motivadas por creencias personales o religiosas. A veces las personas asexuales se involucran en actividades sexuales a pesar de carecer deseo sexual, debido por ejemplo al deseo de complacer a sus parejas románticas (que sí pueden tener) o a un deseo de tener hijos.​ Los asexuales, a pesar de no sentir atracción sexual, sí pueden experimentar atracción romántica que puede estar dirigida hacia uno o ambos sexos. 

La aceptación de la asexualidad como una orientación sexual y como campo de investigación científica es relativamente nueva.​ Por este motivo, mientras que algunos investigadores afirman que la asexualidad es una orientación sexual, otros discrepan.​ Asimismo, el hecho de que la asexualidad haya ganado visibilidad social en los últimos años hace que la cantidad de estudios e investigaciones sobre el tema no sea lo suficientemente grande como para tener datos detallados de su presencia fuera de los países occidentales, ni sobre los mecanismos psicológicos y biológicos que pueden ayudar a entenderlo mejor.​

El concepto de libido esta entendido por Freud como una energía que vincula lo físico con lo psíquico. Se relaciona con la idea de que en el sujeto los estímulos producen un quantum de energía psíquica que se acumula y que es vivida como displacer. Esa energía debe ser descargada. Freud consideraba a la libido como la energía de la pulsión, aquella que llevaba al ser humano hacia la vida y que inicialmente tenía una expresión principalmente sexual, aunque podía sublimarse por diversos medios y manifestarse en multitud de formas. Según comprensiones más modernas desde el psicoanálisis la libido se reconceptualiza como la capacidad deseante del sujeto.


 Eso ocurre desde que nacemos y la sexualidad para el Psicoanálisis está relacionada con la búsqueda del placer, búsqueda que encontrará diversos modos en las diferentes etapas del individuo. Desde este punto de vista, a lo largo de las etapas de evolución de la libido que Freud describe se van formando distintas modalidades y objetos de satisfacción. Ya adultos, las pulsiones en su búsqueda de placer podrán tener distintos “destinos”: a través de diferentes objetos; homosexuales, heterosexuales, narcisistas/auto eróticos, ser reprimidas y quedar en el Inconsciente, dando lugar a satisfacciones disfrazadas a través de síntomas o ser sublimadas, ser desexualizadas y satisfacer la búsqueda de satisfacción a través de producciones no entendibles como “sexuales”.
Como se ve, la sexualidad es un concepto muchísimo mas amplio que lo genital y tiene múltiples manifestaciones. De hecho, la cultura es entendida por Freud como producto de la represión y sublimación de pulsiones sexuales. De ahí, describe un “malestar en la cultura”, derivado específicamente del plano de la represión, que es muy distinto al de la sublimación, ya que el primero conserva su carácter sexual, mientras que el segundo ha cambiado de meta, se ha “desexualizado”. Así para el psicoanálisis la energía que nos mueve es de origen sexual pero puede expresarse en modos que parecerían no ser sexuales en el sentido tradicional. El concepto de sublimación es un punto que todavía hoy presenta oscuridades y ofrece muchas puertas para investigar. Y puede ser interesante pues no significa que la pulsión se reprime sino que cambia y se desexualiza. Desde esta perspectiva, quizá se trate de une herramienta interesante para pensar la asexualidad. Y si no existe un malestar interno al respecto ni un anhelo por estar perdiendo la experiencia de disfrutar de la sexualidad, no existe  una patología ni una represión.


En el caso del autoerotismo, habría sexualidad entendida como búsqueda de placer a través del propio cuerpo. También hay objeto: el propio individuo. Lo que parecería no haber es otro sujeto a quien ligarse libidinalmente.

La asexualidad no es un nuevo aspecto de la sexualidad humana, pero sí es relativamente nueva en el discurso público.​ S. E. Smith de The Guardian no está seguro de que la asexualidad realmente haya aumentado, más bien se inclina hacia la creencia de que simplemente es más visible.​ Por su parte, Alfred Kinsey clasificó a los individuos en un grado de 0 a 6 de acuerdo con su orientación, desde heterosexual a homosexual, conocida como escala de Kinsey. Él también incluyó una categoría que llamó «X» para individuos «sin contacto o reacciones socio-sexuales».​ Kinsey etiquetó al 1.5% de la población de hombres adultos como «X».​ En su segundo libro, Sexual Behavior in the Human Female, él informó un desglose de personas que son «X»: mujeres solteras, 14-19%; mujeres casadas, 1-3%; mujeres previamente casadas, 5-8%, varones solteros, 3-4%; hombres casados, 0%; y varones previamente casados, 1-2%.​ A pesar de que, en tiempos modernos, esto es categorizado como representando a la asexualidad,​ Justin J. Lehmiller dijo que «la clasificación X de Kinsey enfatiza una falta de conducta sexual, mientras que la definición moderna de asexualidad enfatiza la falta de atracción sexual. Como tal, la escala de Kinsey puede no ser suficiente para una clasificación precisa de la asexualidad».


Más datos empíricos sobre un grupo demográfico asexual aparecieron en 1994, cuando un equipo de investigación en el Reino Unido llevó a cabo una encuesta exhaustiva de 18876 residentes británicos, impulsado por la necesidad de información sexual a raíz de la pandemia de VIH/sida. La encuesta incluyó una pregunta sobre la atracción sexual en la cual el 1.05% de los encuestados indicaron que «nunca han sentido sexualmente atraídos por nadie».​ El estudio de este fenómeno fue continuado por el investigador canadiense Anthony Bogaert en 2004, él exploró el grupo demográfico asexual en una serie de estudios. La investigación de Bogaert indicó que el 1% de la población británica no experimenta atracción sexual,​ pero él creía que dicha cifra no era un reflejo preciso del porcentaje probablemente mucho mayor personas que se identifican como asexuales, pues observó que el 30% de las personas contactadas para la encuesta inicial optaron por no participar en la encuesta. Dado que las personas con menos experiencia sexual son más propensas a negarse a participar en estudios sobre sexualidad, y los asexuales tienden a tener menos experiencia sexual que los sexuales, es probable que los asexuales estuvieran infrarrepresentados en los participantes que respondieron. El mismo estudio encontró que el número de homosexuales y bisexuales combinados era de aproximadamente el 1.1% de la población, que es mucho más pequeño de lo que indican otros estudios.​


Contrastando la cifra de 1% de Bogaert, un estudio por Aicken et al., publicado en 2013, sugiere que, basado en datos de Natsal-2 de 2000-2001, la prevalencia de la asexualidad en Gran Bretaña es solo del 0.4% para personas entre las edades de 16-44.​ Este porcentaje indica una disminución del 0.9% en la cifra determinada a partir de los datos de Natsal-1 recopilados en el mismo rango de edad una década antes.

Existe un debate significativo sobre si la asexualidad es una orientación sexual o no.​ Ha sido comparado y equiparado con el trastorno del deseo sexual hipoactivo (TDSH), ya que ambos implican una falta general de atracción sexual hacia cualquiera; el TDSH ha sido usado para medicalizar la asexualidad, pero la asexualidad generalmente no se considera un trastorno o una disfunción sexual (tal como la anorgasmia, la anhedonia, etc.), porque no necesariamente define a alguien como que tiene un problema médico o problemas para relacionarse socialmente.​ A diferencia de las personas con TDSH, las personas asexuales normalmente no experimentan «distrés significativo», ni «dificultad interpersonal» en cuanto a sus sentimientos sobre su sexualidad, ni en general una falta de excitación sexual; en la asexualidad se considera la falta o ausencia de atracción sexual como una característica duradera.​ Un estudio encontró que, comparado con sujetos con TDSH, los asexuales reportaron bajos niveles de deseo sexual, experiencia sexual, angustia relacionada con el sexo y síntomas depresivos.​ Los investigadores Richards y Barker repotaron que los asexuales no presentan tasas desproporcionadas de alexitimia, depresión, o trastornos de personalidad.​ Algunas personas, sin embargo, pueden identificarse como asexuales incluso si su estado no sexual se explica por uno o más de los trastornos antes mencionados.



Lo único que cierto es que la asexualidad es una condición que ha existido siempre, que existe en todas las culturas aunque no se ha tenido en cuenta y que parece rondar el 1% de la población y que incluso parece también darse en otras especies animales.

El deseo o libido no tiene por qué materializarse en un impulso sexual, puede sublimarse (que no reprimirse como se ha visto) en otro tipo de impulsos y permitir a una persona adulta vivir una vida plena sin necesidad de tener relaciones sexuales. El sexo no es una necesidad fisiológica como comer, beber, respirar o dormir. Lo cierto es que la sexualidad humana ha estado muy influenciada social y culturalmente por muchos factores que han distorsionado su vivencia "natural"  y no podemos saber, al igual que ha pasado con las orientaciones sexuales diferentes a la heterosexual, cómo de presente ha estado en la vida de las personas la asexualidad.
Para muchas personas descubrir que no tener deseo sexual no es patológico ni malo es una liberación y debemos dejar de patologizar la falta de deseo sexual. Hay que normalizar y respetar.







Psiquentelequia (Enrique Schiaffino)
wikipedia
AVENes (Patricia Pomatti)